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viernes 23 febrero 2018

Economía

Sonia Gatius: “O recuperamos la conciencia del ‘juntos sí se puede’ o el sindicalismo pasará a la historia”

Sonia Gatius, exresponsable de Justicia de UGT Lleida, se autodenomina sindicalista sin sindicato.

28 abril 2017
13:43
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La entrevista a Sonia Gatius forma parte del dossier Sindicatos para el siglo XXI, que puedes descargar por 1,90 euros o adquirir en kioscos por 4,50

“Quienes hemos intentado hacer nuestro trabajo más allá de intereses políticos sabemos a la perfección que nos coartan el camino por temor. Hay que empoderar a la clase trabajadora”, afirma Sonia Gatius, exresponsable de Justicia de UGT Lleida. Ella se autodenomina sindicalista sin sindicato.

¿Cómo tiene que ser en líneas generales un sindicatos del siglo XXI?

Así como la economía se ha globalizado, debe existir un sindicalismo globalizado, presente y  fuerte en sociedades en las que ahora el mundo del trabajo es similar a la esclavitud, donde no existe regulación laboral alguna. La deslocalización empresarial tiene como eje fundamental de su existencia la mano de obra barata. Hay que conseguir que esos países donde ahora mueren cada día personas por su precariedad laboral, exista un sindicalismo fuerte. Puede parecer algo complejo de llevar a cabo, pero si los derechos de los trabajadores y trabajadoras se extienden, los grandes ricos que gobiernan este mundo puede que empiecen a perder un poco de su poder. Creo que desde aquí tenemos una enorme responsabilidad en conseguir eso.

Antes nos era a todos muy fácil denominarnos “trabajadores”, hoy parece que el concepto de clase trabajadora y las connotaciones que tenía en los años ochenta se haya desinflado y esa visión no es del todo errónea. El trabajo está tan fragmentado que tenemos personas pobres sin trabajo y personas pobres con trabajo y el modelo hacia el que apunta el mercado es generalizar la existencia del segundo grupo. Tener un sueldo de miseria, saber que puedes ser sustituido en cualquier momento y tener que seguir pagando tus deudas es ahora aprovechado por las empresas para intentar negociar a la baja, pero lo que los sindicatos no han entendido todavía es que no pueden participar, como lo están haciendo, en procesos de sustitución de unos trabajadores bien pagados por otros mal pagados y eso está sucediendo en la actualidad. Por tanto o se recupera una fuerte conciencia social del “juntos sí se puede” o bien el sindicalismo pasará a la historia en unas pocas décadas.

Existen críticas sobre la dependencia del poder.

Es necesario también desligarse de una vez de los partidos políticos “madre” y de los sindicalistas que están en la política y viceversa. Hoy en día hay demasiados matices que unen a los sindicatos de clase con los viejos partidos y al final si levantas la cabeza te das cuenta de que son el reflejo unos de los otros en un espejo roto. Estas relaciones están además fuertemente ancladas desde las ejecutivas sindicales y quienes hemos intentado hacer nuestro trabajo más allá de intereses políticos sabemos a la perfección que nos coartan el camino por temor. Ahí se produce un ciclo de recambio de determinados delegados descontentos sin que eso transcienda de lo interno. En mi caso no ha sido así pero la gente suele marcharse sin hablar porque otra cosa que no han aprendido los sindicatos de clase es que la libertad de expresión es un derecho constitucional, pero ellos están completamente cerrados a cualquier tipo de crítica. A mí se me ponían los pelos de punta cuando quienes tomaban la palabra siempre en los congresos eran políticos del PSC, de CiU o del PP. “Cortesía institucional” me decían, yo solía levantarme ante tanta hipocresía. Cuando hablo de sindicatos de clase quiero que se entienda que me refiero a lo que tienen la consideración de representativos en las mesas de negociación y en los comités de empresa y en este país esa dualidad está repartida entre UGT y Comisiones Obreras.

¿Qué necesitan para volver a conectar con la sociedad?

Los sindicatos son ahora simples gestorías de necesidades individuales de una persona trabajadora, la pérdida de masa industrial en este país ha sido un cataclismo para el sindicalismo de clase que ha visto como los sectores más fuertes, como la minería o la siderurgia se han difuminado y muchas veces han sido esos sindicatos de clase los que han acabado pactando sin contar con el trabajador. Actuando de ese modo no es fácil volver a tener credibilidad. Aunque la legislación española les dé la capacidad de negociar en nombre de todos y todas, ellos saben que no cuentan con consensos porque llevan tiempo firmando acuerdos que suponen una pérdida general de derechos para todos. Así que habría que empezar por cambiar la Ley Orgánica de Libertad Sindical para que los grandes acuerdos se firmen únicamente con el consenso de la clase trabajadora. Por otro lado, tras tres huelgas generales fallidas algunas mentes pensantes deberían empezar a darse cuenta de que la huelga de un día no es útil, tampoco está resultando útil darse un paseo por las calles con unas pancartas cada uno de mayo.

¿Cómo se llega a los pequeños autónomos, al camarero del bar de la esquina?

Resulta imprescindible por dichos motivos el cambio de legislación. Es curioso y paradójico pero ese papel de los sindicatos de asumir y monopolizar los derechos de la clase trabajadora ha convertido precisamente a los trabajadores y trabajadoras en elementos pasivos porque el conocimiento de sus derechos lo tienen otros en exclusiva. Sales a las calles y preguntas a la gente por su convenio y lo desconocen, preguntas por el Estatuto de los Trabajadores y apenas conocen su contenido porque en teoría ya hay “otros” que se ocupan de estas cuestiones. Por eso hay que devolver al trabajador lo que es suyo y eso debe hacerse extensible a todos los sectores. Se habla mucho hoy día de empoderamiento, pues bien, se debe empoderar a la clase trabajadora y hacerla partícipe de todo. El monopolio sindical debe finiquitarse precisamente para ser más fuertes todos.

Las pequeñas empresas no son todavía conscientes de que un trabajador bien pagado y contento de ir cada mañana a su puesto de trabajo es un trabajador que rinde más. Lo que ahora están haciendo con los contratos por horas es absolutamente indignante. Ahora resulta que hay trabajadores que no saben cuánto cobrarán a fin de mes porque un día les llamarán para hacer cinco horas, al día siguiente no les llamarán pero trabajarán doce horas el  sábado. Lo primero para poder actuar es concienciar y para poder hacerlo hay que forzar un cambio en la legislación pero parece ser que los sindicatos de clase no están dispuestos a buscar formas alternativas de lucha y es lamentable porque en este país cuando se ha luchado de verdad siempre ha tenido que ser por encima de leyes injustas, con un alto coste para muchos y muchas pero hoy día cuesta mucho ver en las caras de los dirigentes sindicalistas ni una mota de polvo de lo que sus antecesores fueron e hicieron.

¿Recetas para las nuevas situaciones de precariedad y el desempleo?

La precariedad y el desempleo no la han creado las personas trabajadoras de este país y habría que empezar teniendo eso muy presente. La precariedad la han creado las grandes empresas, la burbuja inmobiliaria y la vampirización que se ha hecho de la clase trabajadora junto con la imprescindible colaboración del Gobierno y la legislación. Los ricos siguen aumentando sus ingresos cada año, del bolsillo de cada uno de nosotros se ha rescatado a la banca y donde antes teníamos plantillas de cincuenta trabajadores ahora hacen el mismo trabajo la mitad. El problema no es la crisis, el problema es que algunos han creado precariedad y desempleo para enriquecerse. Un nivel alto de desempleo genera una competencia entre la clase trabajadora que es difícil combatir y eso los grandes del IBEX 35 lo saben perfectamente y por eso se están adueñando de parte del trabajo que existe en lo público. Solo hace falta ver las adjudicaciones que desde las distintas administraciones se están dando a empresas como ACS, Ferrovial, Revaloriza o FCC. Por tanto, ante la precariedad y el desempleo hace falta una oferta pública de ocupación de grandes dimensiones. Solo por poner un ejemplo, si por cada dependiente creáramos un puesto de trabajo tendríamos ya reducido un 30% del actual desempleo. Lo que no debemos aceptar es que el tercer sector ahora se esté convirtiendo en la nueva fuente de generación de riqueza para los de siempre. ¿Qué hace un tipo como Florentino Pérez a cargo de miles de puestos de trabajo en el sector de la dependencia? Es más que preocupante esta situación y no veo que nadie haga nada para impedir esas intromisiones. Los sindicatos están bien calladitos y los gobiernos  están vendiendo lo que es de todos a este tipo de empresas. Ahí radica uno de nuestros grandes problemas: la privatización de lo público.

¿Debería abordar un sindicato luchas como las de la PAH con los desahucios?

Yo misma como responsable de Justicia por UGT en Lleida estuve en movilizaciones de la PAH. Realmente era la única sindicalista de mi sector que participó en encierros en bancos y en algún desahucio. Sé que ahí ha habido miembros del sindicato que han estado presentes, al menos en Lleida, no sé lo que ha pasado en otros lugares pero el problema luego me lo encontraba al volver a toparme con algunas funcionarios afiliados que había o tenían que formar parte de estas lamentables comisiones de lanzamiento. Porque la prensa sigue llamándole desahucio pero el acto en sí se denomina brutalmente como he dicho, lanzamiento. Estos trabajadores a los que yo representaba no tenían ningún interés en mi presencia en esos actos así que resultaba complejo hacerles entender que lograr que la gente mantuviera una vivienda y que consiguiera la dación en pago era una realidad a la que incluso ellos podían enfrentarse y que yo no estaba solo defendiendo a la PAH sino a todo un futuro de personas que podían verse de un día para otro en una situación similar. Solo hace falta tener una hipoteca y que uno de los miembros de la pareja pierda su trabajo para verse en poco tiempo inmersos en un procedimiento hipotecario. Algunos lo entendían y otros no, la realidad es que sucedió así, algunos compañeros que trabajan precisamente en la Administración de Justicia se han visto en esta situación.

¿Tendrían que ser grandes o pequeños? ¿Generales o específicos?

Hoy día prolifera el sindicalismo específico o de sector en muchos lugares y para mí eso es un debilitamiento de la lucha colectiva. Un sindicato para médicos, otros para enfermeras, otro para auxiliares y así sucesivamente. Es cierto que son colectivos con distintas responsabilidades pero fragmentarse en pequeños sindicatos no les da más poder ni más fuerza para negociar sus condiciones laborales, en todo caso los trabajadores pueden tener la percepción de que es así pero a la hora de conseguir mejoras colectivas que nos conciernen a todos esos sindicatos no están teniendo la capacidad de unirse y trabajar juntos.

¿Cómo tendrían que organizarse y financiarse?

No se trata ya únicamente de financiarse, que creo que debería llevarse a cabo a través de las cuotas de cada afiliado, de ahí la necesidad de independencia respecto al gobierno de turno. Depender de subvenciones te debilita pero de esta cuestión ni UGT ni CCOO están por la labor puesto que perderían parte de sus ingresos. Hoy día estos sindicatos ofrecen seguros médicos, seguros de hogar, de coche, descuentos en grandes empresas, pisos y un sinfín de simplezas que desdibujan por completo su sentido.

La jerarquía sindical hoy es una de las principales barreras para el cambio. Dígale usted a un señor o señora de la ejecutiva que lleva veinte años liberado que vuelva a su puesto de trabajo. La respuesta es que no vuelven, que se quedan anclados a los sillones y que impiden la renovación con la entrada de gente joven sin miedos ni favores a devolver al entorno político. Mi renuncia a continuar estando en UGT vino precisamente por esa jerarquía porque pasaba más tiempo teniendo luchas internas con ellos que dedicándome a mi labor sindical. ¿Alguien puede creerse que cuando los empleados públicos catalanes hemos recibido los mayores recortes en derechos laborales UGT te prohíba manifestarte ante la sede de CIU? Pues imagínate hasta qué punto hay que tener vínculos con CIU para que quien se autodenomina “sindicato” acabe prohibiéndote tu labor. No entiendo cómo algunos pueden dormir con la conciencia tranquila.

Mucha gente prefiere la lucha individual…

Te pondré un ejemplo que explica a la perfección cómo se consiguen ganar pequeñas batallas y eso responde a la pregunta y es vía es el futuro o debería serlo. Esto ocurrió ya en mi etapa final como sindicalista. Cayó en mis manos un escrito del TSJ de Catalunya en el que pretendían aniquilar los juzgados de Violencia sobre la Mujer de la mayor parte de Catalunya, proyecto que pretendía llevar a cabo también el propio Departament de Justicia. Cuando leí aquello empecé a pensar qué hacer. Contacté con una de las personas en Lleida que para mí es un ejemplo de lucha absolutamente envidiable, Victoria Pacheco, miembro de diferentes mareas. Junto con ella nos reunimos en un bar con Jaume Moya, actual portavoz de Justicia en el Congreso por las distintas confluencias de Podemos. Luego empecé a distribuir el escrito entre miembros de la marea lila, otros partidos que sabía que apoyarían la iniciativa, como la CUP, y llegó también a las manos de UGT en Catalunya. Entre todos llegamos a hacer una presión de tal calado que el conseller, Carles Mundó, tuvo que salir a rectificar y remitir un escrito en el que decía que no se iba a llevar a cabo el proyecto de reducción de juzgados de Violencia sobre la Mujer en Catalunya. Ahí tenemos partidos políticos comprometidos, asociaciones de mujeres, los movimientos de las mareas y sí, también tenemos el sindicato. Este es el camino, cada uno de nosotros dejó atrás nuestras banderas o nuestras siglas y nos pusimos todos y todas al servicio de una causa. Creo que no tardamos una semana en conseguir la rectificación.

¿Cómo se puede afrontar el cambio de modelo inevitable ante amenazas como el cambio climático?

Esta es la cuestión esencial y es que estamos hablando de trabajo y de futuro, sabiendo que o bien cambiamos de modelo productivo o bien en breve no quedará nada, ni trabajo, ni futuro. En eso la resistencia de la gente es enorme, cuando se plantea el cierre de una central nuclear las presiones son enormes por parte de la gente que vive de ella pero no son conscientes de que ni sus nietos ni sus bisnietos vayan a estar ahí cuando ellos hayan desaparecido, probablemente no exista ya nada más que desertificación y una enorme chimenea resultado de la arqueología industrial. Y ante esta cuestión no hay sindicato que se atreva a posicionarse pero deben hacerlo, aquí ya no estamos hablando de unos cuantos puestos de trabajo, estamos hablando de nuestra supervivencia, algo que ni las grandes potencias quieren afrontar. El cooperativismo y la ecología deben integrarse en nuestro futuro como clase trabajadora, si las grandes empresas están dispuestas a dejarnos sin nada, habrá que organizarse para volver a tener el poder que nos han sustraído. De ahí la importancia -que quiero recalcar de nuevo- de empoderar a la clase trabajadora y esa labor se debe llevar a cambio desde muy temprano y no debemos olvidarnos de la educación como trampolín para llegar a esa finalidad. 

¿Cuál es entonces el principal reto?

Su principal reto quizás no quieran asumirlo y es el de abandonar el mando y convertir las decisiones en colectivas. Y el reto está también ahí para la clase trabajadora. Me sentí muchas veces criticada por pertenecer a UGT pero luego me fijaba en los resultados electorales y UGT y CCOO son los sindicatos más votados, por tanto algo tendrá la propia clase trabajadora de responsabilidad en que sigan siendo ellos quienes decidan. De igual forma que esta sociedad tiene también responsabilidad en que un partido como el PP siga gobernando a pesar de los escándalos de corrupción y de llevarnos a situaciones extremas de pobreza y exclusión social.

¿Tenemos que asumir que hay derechos que no se van a recuperar?

Yo misma he asumido ese mantra que repetido una y otra vez, parece una gran verdad. No obstante y a pesar de mi enorme decepción con el sindicalismo de clase, no quiero dejar de creer que habrá un “estallido” de presión social en algún momento que revierta la actual situación que vivimos. No hay nada más triste que asumir como lo estamos haciendo, de una forma tan natural, que “nuestros hijos no vivirán mejor que nosotros”. Seguramente estamos errando en lo que significa “vivir mejor” porque, y eso es una opinión personal, vivir mejor no es trabajar más horas, ni ganar mucho dinero, ni comprar un coche cada cinco años; vivir mejor es ser el dueño de tu destino y en este sentido me niego a dejar de tener esperanza aunque viva momentos de flaqueza. Ese mantra nos ha sido inculcado de tal modo que en este punto creo que todos debemos asumir nuestra responsabilidad y nuestra indiferencia. Es fácil sentarse a esperar que alguien cambie las cosas, yo lo he vivido durante estos años cuando intentaba hablar con la gente “porque los sindicatos debéis…”. ¿Perdón? Yo soy una trabajadora como tú que ha asumido únicamente una responsabilidad distinta a la tuya pero tu barco y el mío son los mismos. El Estado del Bienestar entendido como un pacto de la socialdemocracia para evitar el comunismo nos ha acostumbrado a dar las cosas por hechas.

Así es lógico que la gente considere que las vacaciones, las horas extra, los descansos, un buen sueldo, una educación de calidad o una sanidad universal son cosas que han surgido de la nada pero eso no es así. Han costado sudores, han costado la sangre de muchas personas, la represión, la tortura y la cárcel y arreglar esas mentalidades burguesas de un simple trabajador pasa por un trabajo enorme e intenso de educación y conocimiento pero personalmente no acepto el victimismo como excusa para no hacer nada. Yo sueño con volver a recuperar el espíritu de la CNT y la FAI que tanto hicieron por los derechos sociales en este país. Hoy día puede que solo nos quede la esperanza de que la CGT vuelva a reforzarse y a ganar más afiliación porque desde mi perspectiva es el único sindicalismo de clase que podría agrupar el actual descontento social. 

* La foto que originalmente incluía este artículo fue realizada por Raquel Gaspar. Ha sido retirada porque la fotógrafa ha notificado a La Marea que la imagen fue un regalo de uso privado a la entrevistada y en ningún momento autorizó cesión a terceros. 

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1- Paula Rodríguez: “La conciliación debe ser una de las principales luchas de los sindicatos”

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3- Cecilio Gordillo: “Los sindicatos no pueden estar solo para subir tres pesetas el sueldo, sino para meterse en camisa de once varas”

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7- Ángela Muñoz (Las Kellys): “Los sindicatos mayoritarios nos consideran intrusas”

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Olivia Carballar

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