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Jueves 22 Junio 2017

Los socios/as escriben

“Gente de la Universidad”, ¿para quién trabajan?

“Hoy hago y comparto una reflexión personal: ¿para quién trabajo?”, señala el autor, investigador en la Universitat de València

<em>“Gente de la Universidad”, ¿para quién trabajan?</em>
Alumnos en la Universidad. MÓNICA PATXOT

El ascenso de Podemos y la enorme popularidad de algunos de sus dirigentes (como Iglesias, Errejón, Monedero y Echenique) han provocado que en España se hable sobre la comunidad universitaria. Se escucha en la calle una variedad de juicios y prejuicios sobre Podemos en particular y sobre la “gente de la Universidad” en general. Van desde la admiración ciega (“¡Están muy preparados!”) hasta la sospecha y el desprecio (“¿Qué han hecho, además de estar en la Universidad?”).

Llevo ya cerca de 20 años, toda mi vida adulta, en la Universidad: 5 años estudiando y 15 trabajando (sí, la tesis es un trabajo). Y ciertamente, creo que vale la pena preguntarse: ¿para qué vale la Universidad? Dentro de los muchos enfoques posibles, hoy hago y comparto una reflexión personal: ¿para quién trabajo? La pregunta admite multitud de respuestas, y aunque mi enfoque es personal seguro que muchas personas del entorno universitario se ven reflejadas en alguna de las respuestas que doy.

Empezamos por la más obvia: trabajo en la Universitat de València. Pero ¿trabajo para la Universitat de València? Sigamos el rastro del dinero: ¿quién me paga?, y por tanto, ¿quién decide los criterios de calidad para seleccionarme o no en convocatorias competitivas? ¿Quién decide qué se incentiva? Siguiendo ese rastro, dependiendo del año acabamos en la Comunitat Valenciana, en el Reino de España o en la Unión Europea. Si nos creemos que vivimos en democracia, mi jefe es el pueblo. Si somos un poco más críticos, mi jefe es el conseller, el ministro, la Comisión Europea.

Otro punto de vista razonable para saber para quién trabajas es: ¿contra quién haces huelga? Una vez escuché algo como que “los científicos no podemos hacer huelga, porque trabajamos para nosotros mismos”. Una expresión del individualismo carente de conciencia de clase… O un reconocimiento de la reorganización social que ha roto las formas de lucha sindical que tantos logros nos han dado. Desde ese punto de vista (que no comparto), trabajo para mejorar mi currículum y para asegurar un sueldo que me permita vivir con comodidad [1]. Alargando hasta el otro extremo esa visión que sigue el rastro del dinero, trabajo, a mi pesar, para las empresas capitalistas que se llevan gran parte de mi sueldo. Y trabajo, con gusto, para las cooperativas y colectivos de transformación social que se llevan la otra parte.

Y en el día a día ¿cómo decido lo que hago? ¿Quién manda en las decisiones subjetivas que rigen mi investigación? Tengo que pensar entonces que mi jefe es la comunidad científica internacional, que decide los temas de moda y que evalua día tras día y año tras año mi trabajo. Primero, juzgando si es digno de ser publicado, y luego decidiendo si merece ser citado en otros trabajos. Esos dos criterios, número de publicaciones y número de citas, elevan y hunden carreras. Y, como la investigación es una tarea colectiva, también trabajo para mis compañeros, tanto aquellos que se puedan considerar mis jefes como aquellos que me puedan considerar su jefe (escribo esto con reticencia, porque creo en la división de tareas y responsabilidades, pero no en la jerarquía). En menor medida, y volviendo por un momento al lucro, trabajo para las editoriales científicas que viven de vender mi trabajo a otros científicos.

¿Y desde el punto de vista vocacional? Expliqué recientemente, dándole la vuelta, mi punto de vista sobre la propiedad, incluida la propiedad de los resultados de mi trabajo. Como se puede imaginar leyendo aquel texto, trabajo, o intento trabajar, por encima de todos estos jefes que ya he mencionado, para la Humanidad. Agradecido por todo lo que me ha regalado la Humanidad pasada, y en deuda por todos los recursos no renovables que contribuyo a dilapidar, robándoselos a la Humanidad futura. Esa es mi motivación principal por la ciencia básica, y por la ciencia pública. En la medida en la que esa motivación coincida con las formas y con los objetivos de la Universidad, seguiré trabajando para la Universidad.

Tras el empacho de personalismo, quiero cerrar con un punto de vista sobre los objetivos del trabajo investigador, y del trabajo activista en investigación, que no es el mío particular, sino el consensuado por la Federación de Jóvenes Investigadores, en la que participé durante mi doctorado a través de Joves Investigadors y de la que nuevamente formo parte. ¿Para quién o para qué trabaja este colectivo asambleario? El lema de la FJI es Otra investigación es posible, y este es su decálogo de objetivos:

1. Creación de un marco regulador y presupuestario estable y adecuado que eleve la inversión en I+D+i civil siguiendo las directrices europeas de inversión pública del 3% del PIB.

2. Desaparición de períodos sin derechos laborales ni remuneración durante la carrera investigadora.

3. Eliminación de los actuales límites de la tasa de reposición del empleo público en el sector I+D.

4. Planificación adecuada de los recursos humanos necesarios en cada etapa de la carrera investigadora y convocatoria de contratos o concursos de plazas en concordancia.

5. Regularidad y coordinación de todas las convocatorias para la financiación de recursos humanos y proyectos de I+D con un calendario real que se cumpla rigurosamente por la Administración.

6. Evaluación objetiva para hacer efectivos los principios de igualdad, mérito y capacidad en el acceso al empleo.

– Mejora de la publicidad y la transparencia de las convocatorias (bases, baremos, resultados y tribunales).
– Evaluación de la investigación adecuándose a la DORA (San Francisco Declaration on Research Assessment).
– Evaluación en todas las fases, incluida la estabilización.
– Evaluación rigurosa en la concesión y seguimiento de los proyectos de I+D.

7. Introducción de la I+D+i en el tejido empresarial, fomentando a su vez la colaboración entre OPIs, universidades, empresas y otras organizaciones.

8. Adopción de medidas para acabar con la endogamia y permitir la movilidad real de investigadores entre universidades, OPIs y entidades de financiación privada, fomentando la colaboración entre grupos.

9. Publicación de libre acceso de todos trabajos de investigación realizados con financiación pública.

10. Desarrollo de programas de divulgación científica de calidad que permitan acercar la ciencia al gran público y en consecuencia lograr un mayor reconocimiento social de la carrera investigadora y posibilitar la salida laboral de investigadores formados a otros sectores diferentes.

[1] Para situarnos en qué es la comodidad universitaria, nuevamente parto de lo que yo he visto en mi entorno: desde trabajar sin cobrar, como becario o con contrato submileurista hasta ingresar algo más de 2000 euros netos al mes (más todavía saliendo de España), frecuentemente con una inestabilidad laboral medida en meses.

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Alejandro Gaita

Alejandro Gaita

Investigador en magnetismo molecular y computación cuántica. Sobre ciencia, racionalidad, mundo académico y temas sociales.

  • Si, en estos momentos nos faltan estos articulos que nos situan en la realida y marcan una salida. Una, Otra. Para ser mas colectiva hace falta difusión y puntos de encuentro de otras voces desde otros angulos educativos. PARA DERRIBAR la Mercantilizacion y Privatizacion de la educacion, unica arma de futuso para el 99%. (Russafa)Valencia

  • Alexis

    Magnífico, felicito al autor porque me siento muy identificado con lo que expone. Le doy las gracias por darme a conocer los movimientos de jóvenes investigadores en ESP. Y le animo a que continúe su trabajo de difusión para, como dice al final de su artículo, acercar el mundo académico al mundo “real”, con el fin que este último pueda incorporarase activamente a la tarea del primero (o sea, hacer una humanidad mejor de que nos hemos encontrado).

LM50 – Junio 2017

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