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lunes 19 febrero 2018

Opinión

El largo y tortuoso camino de Podemos hacia las elecciones

Podemos se enfrenta a las elecciones del 20-D después de una aparición fulgurante. El trayecto hasta los próximos comicios ha estado lleno de incoherencias, obstáculos y victorias.

06 diciembre 2015
10:31
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El largo y tortuoso camino de Podemos hacia las elecciones
Pablo Iglesias, durante el acto final de la Ruta del Cambio - PODEMOS

MADRID// Podemos y Pablo Iglesias encaran la recta final de su proceso de cambio con el resuello justo. Un partido que nació para ganar y que moduló sus ideales para lograr el triunfo ha llegado al término de la carrera con el hálito suficiente para luchar por el podio. Como el corredor de medio fondo con mucho ímpetu que lo da todo en los 400 metros de la primera vuelta y le falta el aire para inflar el pecho en la línea de llegada.

Podemos nació cuando la indignación llenaba las calles, criado al albur del ambiente del 15-M fue capaz de recoger lo que ninguno supo, abrió el camino de ruptura del bipartidismo que nadie logró hacer antes que ellos y metió el miedo en el cuerpo a los defensores de su statu quo. Ese estado de las cosas que fomenta la desigualdad y favorece a los que más tienen. Al menos así lo dice el nuevo premio Nobel de Economía, Angus Deaton: “Las crisis están creadas para beneficiar a los ricos”.

Podemos tiene un magnífico discurso de denuncia. Se siente cómodo a la contra, en la demanda. Evidenciando los fallos del sistema y enardeciendo la indignación de las clases populares que asienten ante las palabras en las que se ven reflejados porque son las suyas y ven, por fin, a quien les representa. Sin embargo, el relato de Podemos para proponer soluciones a esos problemas se ha visto seriamente confrontado. Las élites y los medios de comunicación han tenido más facilidades para desmontar o rebatir las propuestas que para criticar una denuncia que todos los ciudadanos conocían y en la que todos estaban de acuerdo, o al menos no se atrevían a criticar. No es fácil rebatirle a Podemos la situación de extrema precariedad de la clase obrera, “los de abajo” para ellos, porque es una evidencia empírica que su situación ha ido empeorando hasta lo inaguantable. Pero es mucho más fácil criticarle la propuesta inicial de una Renta Básica Universal para paliar esa situación. Es una utopia costosísima. No hay recursos. Rebatido.

Los contrincantes no negarán que los ciudadanos tienen problemas. Ahí Podemos es invencible. Todos negarán que una Renta Básica Universal es la solución, ahí Podemos es vulnerable. No significa ni siquiera que estén en contra de una medida de ese tipo o que en realidad sea inasumible. Pero es el flanco débil para vencer a Podemos. No es casualidad que una de las frases más recurrentes en el debate de confrontación ante la formación de Pablo Iglesias sea: “Compartimos el diagnóstico, pero no estamos de acuerdo en la solución”. Una frase que han usado para diferenciarse de Podemos, tanto Albert Rivera, como Pedro Sánchez.

La indefinición por el viaje hacia el centro

Podemos es consciente de que con hacer un diagnóstico certero y señalando a los culpables de la situación de los ciudadanos no le alcanzaría para llegar a las elecciones del 20 de diciembre con posibilidades de triunfo. Por esta razón intentó adoptar una postura de partido de estado y ganar el centro. Lo que Pablo Iglesias llamó centralidad del tablero y que insistía en que no era lo mismo que el centro ideológico. Su análisis teórico de la dicotomía centro-centralidad podría ser compartido o no, pero era argumentado y tenía una base social cierta, aunque era demasiado farragoso para conseguir transmitirlo a la sociedad de una forma comprensible sin que se asociara a un simple viaje hacia el centro. Una evolución que han hecho, o intentado hacer, todos los partidos que han aspirado a gobernar. Pero Podemos tenía en esa travesía un problema enorme de credibilidad. El pasado activista de Pablo Iglesias, un comunicador de izquierdas, comprometido y que no rehuía los temas de debate más polémicos empezaba a aflorar. Se tuvo que enfrentar al problema de las incoherencias.

Preguntado por La Marea por este proceso de evolución del partido -que él llamó madurez- desde las europeas a su estado actual, Pablo Iglesias argumentaba que Podemos decía básicamente lo mismo en su discurso previo a los comicios al Europarlamento y en la actualidad, pero que ha cambiado el tono con el que se realiza el discurso. Iglesias considera que en grandes rasgos el discurso siempre ha sido similar, porque es un relato de rechazo hacia el comportamiento de las élites.

Pero las incoherencias o cambios discursivos se produjeron desde las europeas. Son muchos los ejemplos en los que la posición de Pablo Iglesias anterior a la formación de Podemos entraban en conflicto con la nueva visión más moderada que el partido intenta transmitir después de las elecciones europeas. Una intervención de Pablo Iglesias en su programa de La Tuerka en octubre de 2013 recoge todas las ideas que defendía y después tuvo que rechazar.

“¿Qué debería hacer una fuerza democrática que ganara unas elecciones en el sur de Europa? Yo no tengo dudas. Debería tomar el control de la política monetaria saliendo del euro e inmediatamente devaluar para favorecer las exportaciones, debería también decretar la suspensión del pago de la deuda y nacionalizar la banca, para garantizar así la inversión y el crédito para las familias. Debería establecer sistemas de control para evitar la fuga de capitales y para proteger las condiciones de trabajo dignas, ampliar la titularidad pública a las áreas claves de la economía como la energía, el transporte, los servicios públicos y todos los demás sectores estratégicos, debería además iniciar un proceso de reindustrialización mediante inversión pública apostando por formas de economía verde y alta tecnología… ¿Sería esto posible en el marco del sur de Europa con un solo país? Ni de coña. Europeos uníos”

Todas estas medidas que Pablo Iglesias tenía claro que habría que aplicar en caso de ganar no se pueden defender para lograr una victoria electoral en la España contemporánea. Eso es lo que se deduce de la cita anterior. Y ese es el problema de credibilidad que ha tenido Podemos en su viraje hacia el centro. Pablo Iglesias es conocedor de que sus ideas no pueden vencer unas elecciones en esta España de 2015 y en esta Europa de 2015. Por eso intenta modular el discurso, suavizar los conceptos y renegar de cierto lenguaje para alcanzar unos objetivos que de otra manera tendrían vetados. Pero ese es precisamente su handicap. ¿Provoca confianza en aquellos que rechazan esas propuestas de izquierdas que cambie sus medidas sabiendo cuáles son sus verdaderos ideales? La respuesta es no. Por eso su intento de ocupar la centralidad del tablero, entendido a grandes rasgos como centro ideológico, ha resultado infructuoso. Agravado además por la aparición de un nuevo actor que ha actuado como una rémora para Podemos. El partido de Albert Rivera.

La tormenta perfecta contra Podemos. (Cs-Monedero)

“Los sondeos de medios de comunicación son siempre instrumentos para crear opinión en favor o en contra de algún partido”. Albert Rivera (2010)

En el último año la opinión pública se ha movido imbuida y empujada por un ambiente demoscópico. Las encuestas han sido las que han servido de pilar sobre el que se ha estructurado la agencia mediática. Esta situación ha ocasionado que hoy se vea a Podemos a la baja. Aunque lo cierto es que en los únicos momentos en los que se han celebrado elecciones a nivel estatal y por lo tanto se puede medir de forma efectiva el apoyo la formación de Iglesias no ha hecho más que crecer. Los resultados en las elecciones municipales y autonómicas son, objetivamente, un excepcional resultado para un partido aparecido un año antes. La tendencia a la baja que se aprecia se debe únicamente al comportamiento de la formación en las encuestas. A finales del año 2014 aparecían muestras en las que Podemos era la primera fuerza de España. Unos sondeos aparecidos en un momento en el que los actores políticos concernidos por ese ascenso, PP y PSOE, se empeñaban en minusvalorar su importancia y crecimiento. Esas encuestas cambiaron la impresión que hasta entonces se había tenido de Podemos en la opinión pública. Ahora Pablo Iglesias era una amenaza para el statu quo, ya no era una comparsa o una banda de frikis como decía Arriola. La presión mediática contra la formación se intensificó y tuvo como máximo exponente el caso Monedero, que de manera justa o injusta (no es el motivo de análisis de este artículo) supuso el fin de la inocencia de Podemos ante la ciudadanía. Su caso eliminó el factor diferenciador que el partido tenía hasta ese momento con los partidos a los que se enfrentaba.

Monedero supuso un argumento al que las formaciones interpeladas se agarraban para decir a Podemos que no era tan diferente a lo que se quería oponer. A la par de esta campaña mediática apareció Ciudadanos, el Frankenstein de las élites. La formación de Albert Rivera floreció inesperadamente en una encuesta de Metroscopia en El País en enero de 2015 con un 8%. Su alzamiento demoscópico le sitúo en el foco de la opinión publicada y Ciudadanos aprovechó ese espacio, que Podemos se había labrado, para crecer utilizando el mismo lenguaje desideologizado. El partido de Rivera contó con escasa resistencia por parte de los medios de comunicación, que lo veían como la oportunidad para frenar a Podemos. Alabaron el discurso del sentido común que Ciudadanos usaba y que antes rechazaban en Podemos y a la vez rechazando las soluciones que el partido de Pablo Iglesias proponía. El deseado Podemos de derechas ya era una realidad. Había aparecido un nuevo actor con más credibilidad para ocupar ese centro ideológico que anuló la mayor parte de las aspiraciones de Podemos para lograr la victoria electoral el 20 de diciembre. Ya sólo le quedaba la pretensión de ocupar toda la izquierda del espectro, aunque no quisiera llamarla así, y robarle al PSOE el electorado más socialista.

La lucha de la confluencia en la izquierda

Otro problema con el que se ha encontrado la formación morada en su camino al 20-D ha sido el desgaste de la confluencia. Los momentos en los que a Pablo Iglesias se le ha visto más descarnado y agresivo han sido a la hora de valorar los movimientos que se produjeron desde sectores afines a Alberto Garzón para lograr una integración total de toda la izquierda en una candidatura de confluencia sin el paraguas de la marca de Podemos. En un acto de Podemos en Vallecas se mostró muy duro con Izquierda Unida tras la presentación de la candidatura de confluencia Ahora en común. Iglesias entendía ese espacio de convergencia como una maniobra de presión desde el entorno garzonista. El líder de Podemos aseguró que no cedería al chantaje para aceptar los términos de concurrencia tal y como interesaban a IU. La decisión de no acudir con IU en una coalición nacional provocó un gran desgaste entre su potencial electorado. Pero los acuerdos alcanzados a nivel regional en Cataluña, Galicia y Valencia han recuperado parte de ese menoscabo. Unas coaliciones que son muy eficientes a la hora de lograr escaños y que incluso estando IU en dichos acuerdos van a pedir el voto para Pablo Iglesias. Como es el caso de Ada Colau con Barcelona en Comú – Podem.

Podemos y su líder Pablo Iglesias tienen dos semanas de campaña por delante para poder lograr el segundo puesto que le permita estar en una posición de fuerza frente al PSOE y lograr su apoyo para desbancar al Partido Popular. El tiempo de asaltar los cielos ya ha pasado. La realidad a la que Podemos se enfrenta es mucho más mundana, la habitual que sufren los de abajo y que suele acabar en decepción. En dos semanas sabremos si este largo y tortuoso trayecto supone una derrota más o el triunfo de un nuevo relato.

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Antonio Maestre

Antonio Maestre

Periodista y Documentalista. Aspirante a imitador de Günter Wallraff.

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