lamarea.com

martes 21 agosto 2018

Opinión

Democracia participativa en la ciudad

“El derroche se produce silenciosamente en plazas, espacios interbloques y todo tipo de ámbitos intermedios entre edificaciones”. El autor reivindica la “apropiación ciudadana” del espacio público

<em>Democracia participativa en la ciudad</em>
Imagen de la Puerta del Sol en Madrid.

¿Qué piensan los políticos municipales sobre la participación ciudadana? Para algunos participar significa exclusivamente votar cada 4 años un programa electoral que nadie lee y guardar silencio hasta las siguientes elecciones. Para otros de ninguna manera.

En los programas electorales municipales, donde no hay injerencias ni de la Troika ni de Berlín, el equipo de gobierno -y el presupuesto disponible- deciden las prioridades. Los programas son cerrados pero… ¿Deben ser también un contrato con los ciudadanos que los votan?

¿Qué pasa por la mente de un alcalde cuando tiene que administrar en plena crisis la principal partida -la urbanística- de un limitadísimo presupuesto municipal? Por ejemplo podría pensar en ir dejando resueltos problemas puntuales locales, sin endeudarse, en espera de mejores tiempos en los que acometer obras de transformación si de verdad se precisaran. Pero desengañémonos. Lo que -con honrosas excepciones- termina haciendo es dejar su impronta en la historia de la ciudad lanzándose a grandes obras, tan costosas como innecesarias y generalmente al margen de los vecinos cuando no en su contra… salvo que éstos sean “los comerciantes de la zona”, colectivo-pretexto siempre listo para ser invocado en estos casos.

Está en curso la revisión del planeamiento urbanístico de Madrid. Técnicamente se conoce como “Plan General de Ordenación Urbana”. El “Plan General” es como “la Constitución” de la ciudad. De él emana todo lo relacionado con el urbanismo y la vivienda.

Para imaginarse lo que significa vean este simple dato: más de la mitad de los expedientes municipales de Madrid tiene que ver con Urbanismo y Vivienda. Entre el 20 y el 25% con Economía y Hacienda y el 25-30% restante con todo lo demás. Es decir, la documentación oficial que produce un Ayuntamiento en materia de urbanismo y vivienda casi dobla a la relacionada con el tráfico, transporte, limpieza, seguridad, artes, deportes y dependencia, ¡juntos! Piensen por tanto en cómo todos estos ámbitos de la vida ciudadana se ven condicionados por las políticas urbanística y de vivienda.

Como cualquier otro documento legal, tiene como Preámbulo una Memoria justificativa que expone tanto los criterios estratégicos en que se fundamenta, como los procedimientos jurídicos y técnicos para llevarlos a cabo.

Dicha Memoria ha sido impecablemente elaborada por el equipo técnico del área, que gestionó de forma modélica la aportación de organizaciones profesionales y diferentes sectores de la sociedad civil. Es todo un catálogo de buenas prácticas y maravillosas intenciones. En él el Ayuntamiento, a lo largo de su mandato, se compromete a cosas como éstas:

– Desarrollar planes de regeneración integrada de áreas vulnerables, atendiendo a los intereses de grupos sociales desfavorecidos (mayores, niños, mujeres, discapacitados, jóvenes, inmigrantes).

– Construir modelos de participación ciudadana para tomar decisiones colectivas especialmente en el diseño de los espacios públicos de su entorno cercano.

– Potenciar la igualdad entre mujeres y hombres para conseguir una ciudad socialmente cohesionada, implicándolos activamente en la planificación urbanística a fin de optimizar su tiempo y conciliar la vida personal, familiar y profesional.

– Realizar actuaciones de acupuntura urbana: es decir intervenciones estratégicas públicas o privadas que irradien sucesivas actuaciones contiguas, suya suma conseguirá progresivamente la regeneración social y urbana del barrio.

– Configurar un sistema integral de equipamientos básicos (colegios, hospitales, centros de día, centros culturales, polideportivos…), procurando maximizar la rentabilidad social de los existentes, fomentando su rehabilitación y haciendo más atractiva su presencia.

– Implantar sistemas de información geográfica mediante indicadores que diagnostiquen permanentemente las condiciones de habitabilidad.

– Producir energías limpias y renovables tanto cerca de las viviendas como a escala urbana y transformar la red eléctrica convencional en inteligente.

– Convertir la ciudad en una smart-city (ciudad inteligente).

Si la alcaldesa, que en un patinazo verbal condenó los “atentados” de Gamonal, lo leyera, pensaría que se trata del comunicado de una banda técnico-subversiva. Pero no se preocupen, lo rubricará. ¿Quién puede estar en contra? Muy al contrario lo presentará con orgullo, pronunciando siempre que pueda las palabras “sostenibilidad”, “participación ciudadana”, “smart-city” y el resto del repertorio.

El problema por tanto es cómo se interpretan los textos, ¿Qué se entiende por “potenciar”, “optimizar”, “impulsar” o “transformar”? Evidentemente tanto los técnicos redactores, como los representantes sociales que intervinieron o cualquiera de nosotros mismos, entendemos perfectamente “qué” quieren decir esos hermosos párrafos. Pero ¿qué querrán entender los políticos? y sobre todo ¿qué decidirán hacer?

Política de proximidad

Para quien sólo se “potencia”, “optimiza”, “impulsa” y sobre todo se “transforma” a base de grandes obras, va a tener razón la alcaldesa, pues Gamonal es todo un atentado a sus esquemas conceptuales, a su forma de concebir el progreso urbano y -si hacer política es administrar presupuestos- a su modelo de hacer política.

Al ciudadano normal le resulta inalcanzable la “alta política”, la que practica el Ministerio de Economía ante el BCE o el de Industria ante la Casa Rosada. Aunque no termine de entender qué hacían Wert en Londres, Valcárcel en Kiev o Rajoy en el despacho oval, no duda que debieron tratar temas importantísimos. Sin embargo sí duda de la utilidad de construir un parking subterráneo, de pago y con plazas en propiedad a 20.000 Euros cuando ahora tiene el mismo servicio gratis y sin obras. De que se presupuesten ocho millones de Euros para “potenciar”, “impulsar” y transformar” un barrio y cero para lo único que habían pedido: una guardería.

Los ciudadanos burgaleses salieron a la calle porque les estaban avasallando delante de su casa con algo que tienen perfectamente identificado y para lo que sí saben -y quieren- opinar. Entienden y visualizan con exactitud los costos económicos y funcionales de peatonalizar una calle o de abrir una gran avenida.

El desarrollo de las ciudades y la “recuperación inmobiliaria” española -y no sólo española- tendrá mucho más que ver con esos juiciosos párrafos del preámbulo que con nuevos desarrollos urbanísticos. Váyanse ustedes acostumbrando a términos como “Regeneración integrada de áreas vulnerables”, “Regeneración de barrios” y “Ciudad inteligente”. Lean lo que dicen Jordi Borja sobre la “Apropiación ciudadana del espacio público” y Jaime Lerner sobre la “Acupuntura urbana”, conceptos expresamente recogidos el texto. Indaguen acerca de los “Sistemas integrales de equipamientos básicos” y su consecuencia directa: Los “edificios polivalentes”.

Luego piensen en su ciudad, seguramente sobredimensionada en costosísimos espacios deportivos, los más caros de todos y… arruinada. Piensen por ejemplo en Madrid, dueña de la trilogía “Palacio de los Deportes”+”Vista Alegre”+“Madrid-Arena”. Dueña a su vez, tanto de un anfiteatro válido para corridas de toros, conciertos de Los Beatles o finales de Copa Davis contra Estados Unidos, como de una insostenible e infrautilizada “Caja Mágica”. Recuerden el “Allianz-Arena” de Munich, que cambia de color según juegue cada uno de los dos equipos de la ciudad o la selección nacional y luego calculen el costo de tener “La Peineta” más el nuevo “Santiago Bernabéu”.

Ese mismo derroche se produce silenciosamente en plazas, espacios interbloques y todo tipo de ámbitos intermedios entre edificaciones, especialmente de la periferia urbana. La “apropiación ciudadana del espacio público” pasa por diagnosticar las necesidades del entorno, estudiar del uso idóneo del espacio libre y recuperar las plantas bajas para utilización dotacional y comercial, (considerando para ello la movilidad, el arbolado, la escorrentía, reciclaje del agua, recogida de basuras, etc.) Apunten otro término: “Urbanismo de proximidad”, que viene a significar “Incrementar el bienestar de muchos ciudadanos a muy bajo costo” y lleva aparejado otro concepto ahora de moda: “Democracia participativa”. ¿Se imaginan que los usuarios no intervengan en la transformación de su espacio vital común? ¿Que tengan que limitarse a votar cada cuatro años? Participar significa controlar, desde los residuos a las cuentas y balances, desde el cumplimiento de horarios del transporte público al cumplimiento de los programas electorales.

Pero desgraciadamente los tiros van por otro lado. El urbanismo de proximidad también es aplicable a los espacios emblemáticos con simbología nacional. En estos días la reforma de la Puerta del Sol está dejando en evidencia tanto al Ayuntamiento como al Gobierno regional. El Colegio de Arquitectos ha convocado un concurso -no vinculante- en el que ha ganado una propuesta minimalista que recupera su configuración original. Pero ambas administraciones no van por esa línea. Para ellas “habilitar” espacio para uso público y “optimizar” económicamente la plaza, significa “privatizarla” a base de terrazas. Tras la remodelación, el espacio icónico de las concentraciones de la izquierda -equivalente a la Plaza de Colón para la derecha- fragmentado mediante terrazas, parterres, bancos, toldos, árboles y escalones, perderá la capacidad física de albergar otro 15-M. Políticamente habrá quedado reducido a “la nada”, otra palabra de moda.

Corresponderá a futuros ayuntamientos de izquierda recomponer la situación. No cabe esperar que el Partido Popular, que no practica la democracia interna dentro de su partido, proponga potenciar la democracia participativa para el conjunto de los ciudadanos. Y UPyD está a otra cosa. Pero se equivocará esa izquierda si afronta la regeneración urbana exclusivamente desde su óptica. Necesitará buscar consensos con la derecha. En democracia las transformaciones urbanas duraderas y eficaces de las ciudades occidentales se hicieron siempre, repito siempre, mediante acuerdos.

*Fernando Caballero Baruque es arquitecto y antropólogo. Experto en vivienda.

¿Sabes que 'La Marea' rechaza la publicidad sexista y la del Ibex35?

Un medio debe ser tan libre como coherente.

Protege nuestra independencia.

SuscríbeteHaz una donación

Fernando Caballero Baruque

Fernando Caballero Baruque

1 comentario

  1. Verbarte
    Verbarte 23/03/2014, 20:02

    Juntar en un mismo espacio cerebros apagados bajo un casco, cerebros cegados por capuchas y cerebros enrocados en un despacho, los tres tipos estorbando el sosiego de la dignidad, da miedo. http://wp.me/p2v1L3-ux

    Responder a este comentario

Escribir un comentario

No se publicará tu dirección de email.
Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Última hora

LM62 – Julio/Agosto 2018

Cómprala 4 €

Tus artículos

Un generador solar fotovoltaico para contagiar la solidaridad

La campaña Recupera el Sol impulsa la socialización de plantas fotovoltaicas existentes y en desuso, poniéndolas al alcance de la mayor cantidad de personas posible.