lamarea.com

Miércoles 23 Agosto 2017

Opinión

¿Por qué seguimos aquí? Taburete, ‘indie’ y los pijos de clase

“La música no es impermeable al capitalismo. Resulta que, en el mundo de la música ‘independiente’ hay dos maneras de entrar en la rueda: trabajar mucho o pagar”.

07 Abril 2017
09:59
Compartir
¿Por qué seguimos aquí? Taburete, ‘indie’ y los pijos de clase

Vale, admito que la polémica de la que voy a hablar está -quizás- ya “pasada de moda” en términos de actualidad. Pero, por favor, díganme ustedes si, alguna vez en su vida de lectores, vieron un titular como el que nos ocupa: “Así son los fans de Taburete”. Unido a una galería fotográfica en la que lo más granado del pijerío adolescente nos saludaba con jerseys al hombro y polos de Ralph Lauren. ¿Se imaginan ustedes cualquier galería fotográfica con este encabezado? “Así son los fans de Bisbal”. “Así son los fans de Vetusta Morla”. El titular, claramente despectivo en su objetividad (“Así son”) llamaba a la risa de los lectores: “jo-jo-jo, mírales, qué pijos de mierda, jo-jo-jo”. Cuando la triste realidad es que no nos da risa. La realidad es que nos jode.

Para aquellos que no conozcan de qué va “la movida” de Taburete, aquí una breve explicación: Taburete es la banda de apariencia indie del ínclito hijo de Bárcenas (el extesorero del PP). Además, es un grupo que no ha sonado ni suena en ninguna radio comercial, que no ha aparecido ni aparece en ninguna revista de música y que, las pocas entrevistas que ha concedido (porque parece que no son muy amigos de la prensa) se han enfocado más en el parentesco familiar del primogénito con su padre en lugar de su música. Pese a todo, recientemente colgaron el cartel de “todo vendido” en el Palacio de los Deportes, aparentemente (parece que en esta familia todo ha de ser prefijado con el “presuntamente”) gracias a una -carísima- estrategia de marketing y promoción basada en el big data.

Y nos jode. Claro que nos jode. Igual que nos jodía en el instituto pasarnos horas y horas trabajando mientras estudiamos para pagarnos una motillo y ver, al día siguiente, que el pijo de clase se había comprado otra mil veces mejor que la nuestra con el dinero de su padre. Como nos jodía en la Universidad ver que nos quedamos sin beca, pero el pijo de clase la consigue porque su padre no declara a Hacienda todo lo que gana, y “resulta” que, para el sistema, él era más pobre que nosotros. Nos jode, siempre nos jode, que bajo el argumento de la meritocracia que tanto gusta de esgrimir a los conservadores (esos que abogan por eliminar becas, limitar la indemnización por despido, contratar a becarios en lugar de a trabajadores), se esconde la trampa del capitalismo: da igual todo lo que trabajes, siempre habrá alguien que llegue más lejos que tú, solamente porque tiene más dinero. La casta. Esas cosas.

La música, ese mundo de apariencia colorida, divertida y cool, no es impermeable al capitalismo. Resulta que, en el mundo de la música “independiente” hay dos maneras de entrar en la rueda: trabajar mucho, intentar llegar lejos a base de horas de ensayo, recopilando público que te siga y pague incluso los conciertos en los lugares más infectos de la ciudad o… pagar. Pagar por un equipo de management, un equipo de comunicación, un productor de prestigio, una edición en vinilo, pagarte un nombre. Y “tadáa”. De repente, tocar en los festivales donde tu agencia de management “tiene mano”, ser entrevistado por la prensa especializada que tu equipo de comunicación tiene convenientemente indexada, aparecer en Premios de Música Independiente en flamantes teatros (a 12 euros la entrada para los profanos que quieran sentirse parte del moderneo por un día). Y, por supuesto, pagar el local de ensayo, porque ni siquiera el dinero puede conseguir que tengas un talento con el cual no has nacido.

Taburete se ha saltado ambos caminos. Tienen más dinero. En un mundo en el que todo se puede comprar, incluso la “autenticidad”, la pregunta que nos hacemos todos los que hemos decidido vivir al margen del sistema es… ¿Por qué seguimos aquí? Porque nos jode, sí. Pero no lo suficiente para dejarlo. Por no darles el gusto a los pijos de clase. Porque la motillo que hemos comprado con el sudor de nuestra frente no corre tanto como la del pijo de clase, pero nos lleva a donde nosotros queremos. A lugares que el dinero no puede comprar. (Todavía).

Elena Rosillo

Elena Rosillo

0 comentarios

No hay comentarios

There are no comments at the moment, do you want to add one?

Escribir un comentario

Escribir un comentario

No se publicará tu dirección de email.
Los campos obligatorios están marcados con *

Última hora

LM51 – Julio/Agosto 2017

Tus artículos

Quien pone la bala

"El mayor acto de resistencia frente a la barbarie, el odio y la ignorancia es una apuesta decidida por la normalidad".

Juana y Las Ramblas, neomachismo supremacista blanco en el Estado español y el papel de las izquierdas

"Enriquezcamos ya la nueva política con los imaginarios y personas activistas, técnicas e intelectuales críticas musulmanas, feministas, afros, LGTBI, gitanas y/o antirracistas, entre otros muchos perfiles diversos. O parte de lo que pase, también será responsabilidad nuestra".

Terroristas haciéndose ‘selfies’: de qué hablamos cuando hablamos de la ideología del terrorismo yihadista global

"El “integrista” islámico no es íntegramente islamista; su particular islamismo sólo puede sobrevivir, como si dijéramos, mezclado con el elemento que lo niega, empotrado en una subjetividad neoliberal que impera globalmente y que hace de su necesidad goce. ¿Cómo explicar, si no, el 'selfie'?", argumenta el profesor Víctor Pueyo

Los socios/as escriben

¿Guerras de religión?

"El mayor peligro es que entremos en su dinámica del enfrentamiento de religiones con su secuela de odio y violencia".