La maleta de Belgrado

Un hombre, arropado con una manta para protegerse de las temperaturas bajo cero, espera a que se caliente agua en un bidón para ducharse en las proximidades de la Estación Central de Belgrado.

Este reportaje fotográfico está incluido en #LaMarea69: ¡Se necesitan periodistas!, que puedes comprar en nuestra tienda online. También puedes suscribirte aquí.

Belgrado se convirtió desde 2015 en una parada habitual en el éxodo por Europa de cientos de miles de personas, después de haber dejado atrás sus países de origen con contextos sociopolíticos complejos, como Iraq, Siria, Afganistán o Pakistán. Inicialmente, la capital serbia, en muchas ocasiones, era una etapa más antes de que llegasen a sus destinos finales, pero en marzo de 2016 el escenario cambió completamente cuando se cerraron algunas fronteras europeas. Como consecuencia de ello, miles de migrantes quedaron bloqueados en países de la conocida como Ruta de los Balcanes, esperando y buscando la oportunidad para continuar su viaje.

Alrededor de 1.500 hombres, en su mayoría afganos y pakistaníes, vivían en enero de 2017 en unos barracones en desuso junto a la Estación Central de Belgrado y sus alrededores. A pesar de las bajas temperaturas de la ciudad, hasta -16ºC, este grupo de migrantes se quedó en estas naves por miedo a ser deportados si acudían a campos oficiales del Estado serbio y por su proximidad a la estación, donde podían coger un tren para viajar hasta algún pueblo fronterizo con Hungría para intentar cruzar al país vecino.

La mayor parte de ellos había realizado su viaje por tierra. En el trayecto cruzaron por Irán, Turquía y Bulgaria. Muchos de ellos denunciaron agresiones físicas y robos de sus pertenencias personales por parte de las autoridades de los países por los que pasaron. Pero este calvario no terminaba en Serbia:  les esperaba Hungría, posiblemente la frontera más complicada junto a la búlgara. Allí recibieron humillaciones y golpes de la policía húngara. Después fueron devueltos en caliente.

En la primavera de 2017, este ‘campamento’ improvisado fue desalojado. Este reportaje fotográfico muestra cómo vivieron estos hombres aquellos días. Actualmente, todavía quedan miles de personas atrapadas en este y otros países europeos al no haber tenido la oportunidad de atravesar las barreras físicas o burocráticas que les separan de sus destinos. Otros muchos han podido llegar a Bélgica, Francia o Austria. Son otras guerras, 20 años después de Belgrado.

Grupo de migrantes afganos y pakistaníes reunidos en torno a una hoguera frente a unos edificios cuya construcción corre a cargo de Eagle Hills, compañía de inversión y desarrollo inmobiliario con sede en Abu Dabi (Emiratos Árabes). 
Varias personas duermen arropadas con mantas en uno de los barracones, donde pasaban gran parte del día para refugiarse de las bajas temperaturas. En varias de estas naves la concentración de humo desprendida por las hogueras era muy alta, lo que producía a muchos de los migrantes que vivían en ellas una tos constante. 
Sahil, 20 años, se calienta junto a una hoguera en el interior de una de las naves. Hace seis meses abandonó Afganistán, perseguido por los talibanes. Antes de entrar en Serbia, donde llevaba tres meses esperando la apertura de la frontera con Hungría, estuvo un mes detenido en Bulgaria. 
Ismail, 15 años, procedente de Afganistán, se ducha en una pequeña habitación en el interior de una de las naves en desuso cerca de la Estación Central de Belgrado. Nueve meses antes, Ismail vivía en una tienda de campaña junto a un canal del río Sena, en París.  
Joven asomado en la ventana de un vagón abandonado, donde se puede leer Food y Shoes Please. En algunos casos solo realizaban una comida al día, cuando un grupo de voluntarios repartía alimentos a las 13.00 horas. Más adelante, otra organización, con voluntarios procedentes de España en su mayoría, también ofrecía cenas todos los días.
Es la primera vez que un medio español publica este reportaje fotográfico íntegro, premiado hasta en 13 ocasiones.
Un migrante camina hacia una de las naves donde vivían cientos de personas en Belgrado, a la espera de continuar su viaje por Europa.
aportacion la marea

Alejandro Martínez Vélez

Madrid, 1991. Es un fotoperiodista independiente especializado en coberturas internacionales y nacionales de carácter humanitario. Comenzó su formación fotográfica en la Escuela Lens de Artes Visuales, mientras finalizaba sus estudios de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid, y documentaba los movimientos sociales de su ciudad natal. Durante tres años estuvo fotografiando la problemática de la vivienda en España. Actualmente se encuentra trabajando sobre temas migratorios y fronterizos en diferentes países. Sus imágenes han sido expuestas en Madrid, Moscú, Estambul, Shanghái, Varsovia, Ciudad del Cabo, Johannesburgo, Budapest, Ciudad de México o Beirut. También ha sido galardonado con el Premio Enrique Meneses de Fotoperiodismo concedido por la Asociación Nacional de Informadores Gráficos de Prensa y Televisión (ANIGP-TV); Premio de Fotografía Humanitaria del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR); Premio Internacional Andrei Stenin de Fotoperiodismo; Premio Manos Unidas de Fotoperiodismo; Premio Nacional de Fotoperiodismo de Siero o una Mención de Honor en el Atlanta Photojournalism Seminar, entre otros.

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Comentarios

2 respuestas a “La maleta de Belgrado”

  1. Irak, Siria, Afganistan…. entró Atila, el genocida, en estos países, inventándose pretextos para saquearles los recursos o con fines geoestratégicos y ¡desafortunados países, aún siguen desangrándose!

  2. Usted,querido escritor de este reportaje,por que cree que estos 1500 hombres no se habían quedado en Turquia?Han pasado por ahí y en Turquia se vive bien,no?Además, mayoría son de religión musulmana como estos refugiados.Le invito a investigar por que estos 1500 HOMBRES quieren estar en Europa y no en Turquia.A que si que no hay mujeres y niños entre ellos?Infórmese bien por que es así y no escribirá de esta manera,como que tenemos que apoyarles. La cosa cambia ,completamente,si están con sus mujeres y niños ,como refugiados.Dejamonos de tonterías ya,por favor.Un niño entendería de lo que hablo

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