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domingo 21 octubre 2018

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Quorum Global o cómo construir en común

“Las recetas aplicadas hasta ahora no han conseguido el giro de timón que necesitamos. Debemos aprender a escucharnos y a detectar temas, valores y actitudes colectivos”, asegura el autor

10 octubre 2018
20:10
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Quorum Global o cómo construir en común

RAMÓN MUÑAGORRI // Tras años de luchas cuyos avances han  sido innegables, el discurso dominante, neoliberal, excluyente e injusto, no solo continúa vigente, sino que además ha conseguido neutralizar muchas de las demandas ciudadanas. Qué es lo que ha ocurrido  por qué y, sobre todo, qué es lo que nos aguarda en el futuro . Con estos interrogantes, hace poco más de un año  varias organizaciones sociales de distinto tipo nos juntamos para hacer frente a una realidad que escuece. 

Con más preguntas que respuestas, con más convicción que certezas, tuvimos, y tenemos,  claro que la confluencia de nuestras luchas es urgente. Es la hora de ofrecer un llamamiento articulado y común a la ciudadanía global.

Así nació en junio de 2017 Quorum Global, un proceso de articulación colectivo que es mucho más que una simple suma de propuestas: la confluencia de resistencias multiplica nuestra capacidad para construir soluciones colectivas y duraderas ante una encrucijada marcada por el desbordamiento ecológico, los retrocesos democráticos, las altísimas concentraciones de riqueza o el incremento de las violencias. En ese momento establecimos un marco común, unas bases para transitar hacia las transformaciones profundas requeridas por  las amenazas globales que enfrentamos.

El diálogo en este tiempo ha sido crucial para construir una nueva narrativa de lo que es posible y de lo que no; para avanzar hacia la soberanía popular y su capacidad para articular propuestas de futuro comunes, globales y realistas. No basta con decir basta; defenderse y resistir ya no es suficiente. Es urgente conseguir que el presente se vaya pareciendo a un futuro más justo, con nuevas relaciones de cuidados con la naturaleza; un presente que apueste por la sostenibilidad, por los feminismos; que construya sociedades que se basen en los derechos humanos y no en la capacidad de consumo; y en el que la economía vuelva a hablar de relaciones entre personas.

Islas conectadas para otro futuro

En el proceso hemos aprendido a relacionarnos de otra manera, sabiendo que nuestros problemas no están en el otro, ni en el distinto, ni siquiera en nuestras legítimas discrepancias. La clave está en ser capaces de construir, desde nuestra riqueza, narrativas y propuestas de acción en común. Esa es la principal aportación de Quorum Global que nos lleva al siguiente paso: concretar esas iniciativas en un mar de propuestas de cambio real.

Del 19 al 21 de octubre, Málaga acoge el encuentro Islas Encendidas. Con más de 300 personas inscritas, reunirá a integrantes  de distintos movimientos sociales -ecologistas, feministas, de desarrollo, derechos humanos…-, de universidades, medios de comunicación, etc. Su objetivo: dibujar una brújula común que oriente las diversas navegaciones y frene la deriva global.

Las recetas aplicadas hasta ahora no han conseguido el giro de timón que buscábamos. Necesitamos ir más allá de las emergencias diarias, con una mirada a largo plazo e integradora de nuevos paradigmas económicos, políticos territoriales, tecnológicos, sociales, medioambientales, feministas y vitales.

Existen algunas experiencias que pueden iluminar la senda. La periodista, escritora y activista canadiense, Naomi Klein, propone algunas recetas que podrían valernos para esta cultura de Quorum Global. La primera: “asumir que mi crisis no es más grave que la tuya”. La segunda: “aprender a clasificar los problemas según su importancia, establecer prioridades”. Y tercera: “encontrar soluciones integradas”, puesto que muchas crisis se entrecruzan. 

Este ejercicio nos obliga a aceptar que no todas mis demandas y reivindicaciones caben en la agenda colectiva. Lo que no significa que abandonemos o decaiga nuestra lucha, nuestro propio proyecto. Obliga también y principalmente a entender que construimos en común y que “el conflicto respetuoso es sano”. La identificación y gestión de las discrepancias nos permite seguir avanzando y encontrar alternativas colectivas a problemas comunes.

Si algo hemos aprendido en las últimas décadas es que no estamos aisladas. La conexión entre problemas que, en principio, parecen distintos es hoy más evidente que nunca. Ahora bien, la confluencia no puede quedarse restringida a nuestros colectivos en una suerte de “amalgama indescifrable” que nadie entiende. La explicación de nuestras propuestas en un lenguaje comprensible es crucial para que la mayoría social se sume al cambio. Nada de jeroglíficos. Basta de la cultura del No, apostemos por el Sí, por contar las muchas iniciativas que están demostrando que los cambios son posibles.

No podemos resolver todo en dos días. Debemos seguir el camino colectivo aprendiendo a escuchar y a detectar los temas comunes,  los valores y actitudes colectivos. Con todo lo que ya llevamos en nuestras maletas, y con aquello de lo que las llenemos en Málaga, volveremos a nuestros quehaceres diarios con un nuevo horizonte  en el que reconocernos y en el que reivindicar uno de nuestros elementos más valioso: la relación entre nosotros. Pequeñas islas conectadas que construyen otros mundos posibles. Ese es el reto.

 

Ramon Muñagorri Triana es activista y miembro de Alianza por la Solidaridad, organización impulsora de Quorum Global.

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2 comentarios

  1. Carmen C.
    Carmen C. 14/10/2018, 21:36

    “Usted lo que necesita no es un psicólogo sino un sindicato” (El Salto)
    La medicina y la psicología en muchas (muchísimas) ocasiones son utilizadas como instrumentos de atomización de las respuestas colectivas, de responsabilización individual sobre problemas en los que la responsabilidad hace mucho que quedó fuera del individuo.
    Cuando Juan José o Miriam vienen a consulta pidiendo ir al psicólogo/psiquiatra/psicoterapeuta porque trabajan para una empresa de trabajo temporal donde curran semana sí semana no en trabajos físicos que les dejan hechos polvo y con una inseguridad financiera que hace que no puedan dormir porque no saben si el mes que viene podrán pagar el alquiler y la factura de la luz, decirles que lo que necesitan es un sindicato y no un psicoterapeuta no tiene mucho que ver con la persona a la que ha de ser referido, sino con que la respuesta a su problema no puede ser individual, aunque desde la individualidad tratemos de ayudarles.
    El sufrimiento psíquico y su(s) respuesta(s) son uno de los muchos marcadores de qué rumbo toma la sociedad en cada momento. En un contexto social donde la división trabajo-vida personal se desdibuja progresivamente (soy asalariado pero también comerciante en Wallapop, casero en Airbnb, transportista en Blablacar, etc), que el sufrimiento vaya progresivamente cabiendo solo en formatos reglados y tarifados tiene connotaciones ideológicas y políticas complicadas. Por supuesto esto no invalida en absoluto la utilidad de las psicoterapias. Simplemente convierte en peligroso que sea la única forma de responder al sufrimiento que concebimos. Ante esta unicidad surgen dilemas como el de psicólogo-sindicato. Como si fueran excluyentes y soluciones absolutas.
    ¿No hay alternativa a esa dicotomía? Por supuesto que sí, la articulación de respuestas colectivas que consideren la salud individual en el contexto de la lucha colectiva por los derechos laborales debería ser uno de los objetivos de la acción comunitaria en salud en muchos barrios y en muchos grupos etarios. Pero también la forma en la que concebimos el malestar de nuestro interlocutor, en el trabajo, en la familia, en los amigos, en toda esa amalgama de gente en la interfaz trabajo-vida personal. Nuestra respuesta individual ante cada relato de sufrimiento forma parte de un discurso más amplio que, como un río, a veces nos dirige a donde conviene a otros y, a veces, podemos, poco a poco y entre todos, redirigir hacia el destino que queremos.

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  2. ArroyoClaro
    ArroyoClaro 13/10/2018, 16:15

    Casi todos los problemas los pare el mismo monstruo: el capitalismo.
    El mismo que nos ha despojado de ideales y valores.
    Bastaría con recuperar éstos.
    Los que iluminaron a la generación que luchó por la segunda República y a las mejores personas.
    Aquellas personas que trabajan por un mundo más justo suelen ser resistentes más que ganadoras, pero en el fondo son las triunfadoras ¿porque qué sería del mundo sin esos muros ante los que se estrella la perversidad, la alienación, la codicia, sin esos muros que le impiden pasar a campo través?
    Como estos PERDEDORES DE LARGO RECORRIDO.
    (A estudiantes, residentes, profesionales y legos relacionados con el mundo de la enfermedad y la salud).
    A veces, muchas veces, tendrás ganas de abandonarte, de apartarte del camino, de decir “no puedo más y aquí me quedo”. Son muchos los que lo sienten, y muchos los que lo transforman en hechos y dejan el camino en que tantos los necesitan. O peor, se transforman en cínicos que ya nada intentan, que todo lo aceptan, y que en su caminar sin ilusión contagian a quienes resisten sabiendo que el camino es largo y que tenemos que ser corredores de fondo.

    De hecho, tenemos que aceptar tantas derrotas, tantos fracasos en lo personal y profesional, que acabamos siendo perdedores de fondo, de largo recorrido. Perdedores sí, pero sin cejar.
    Al final hay una mayoría de profesionales que sacan el trabajo adelante por vocación o haciendo de tripas corazón. Pero el sistema sanitario público de cobertura universal se va degradando y empobreciendo, cada vez más, convertido en una beneficencia para pobres.
    La sensación es de abandono de compromiso, dignidad, ética, profesionalidad y solidaridad. La sensación es de fracaso, de haber perdido todas las batallas, de haber querido cambiar todo y no haberlo logrado en ningún caso. Y es cierto, somos perdedores natos. Pero si creemos que ya no vale la pena, entonces habremos perdido para siempre.
    Vale la pena vivir la vida por más que seamos perdedores de largo recorrido, pues somos capaces de encontrar más dignidad en cada una de las mil batallas perdidas que en una batalla ganada.

    No es baladí el empeño, pues de una guerra se trata y el dolor, sufrimiento y muertos los pone una población que precisa un sistema sanitario público de cobertura universal que disminuya la inequidad.

    Estamos ayudando a pasar entre todos una antorcha de ciencia, conciencia y coraje a generaciones futuras. Una antorcha esencial para la salud de pacientes y poblaciones, y para el profesionalismo sanitario. Vale la pena intentarlo.
    (Juán Gervás – médico jubilado)
    https://www.actasanitaria.com/perdedores-de-largo-recorrido/

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