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Miércoles 23 Agosto 2017

cambio climático

“La relación entre turismo de masas y cambio climático es directa e inequívoca”

Rodrigo Fernández Miranda reflexiona en esta entrevista sobre los impactos que tienen los modelos de turismo imperantes: “A medida que los impactos sean mayores y la insostenibilidad más evidente, el margen de crecimiento de esta industria será menor”.

27 Julio 2017
23:45
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“La relación entre turismo de masas y cambio climático es directa e inequívoca”
Rodrigo Fernández Miranda.

Recientemente se publicaba en este medio las implicaciones del consumo también en periodo veraniego. En pleno proceso de fuga vacacional queremos reflexionar sobre los impactos que tienen los modelos de turismo imperantes, y lo hacemos de la mano de Rodrigo Fernández Miranda, docente e investigador experto en la materia.

¿Qué efectos medioambientales está generando este turismo de masas?

El modelo dominante de turismo en la globalización ha tenido una construcción histórica como la del capitalismo en su conjunto. Desde el final de la II Guerra Mundial, traccionado por procesos desregulatorios de actividades económicas, un modelo de energía barata, la mercantilización de los espacios y las prácticas y lógicas consumistas, fue creciendo y consolidándose una industria turística transnacional. Actualmente este turismo constituye el principal sector económico en la globalización y el comercio internacional, hasta el punto de que hace cinco años superó la barrera de los 1.000 millones de turistas anuales.

Los impactos medioambientales de este modelo suelen ser diversos y también profundos, aunque varían en función de la modalidad de explotación turística. Más allá de especificidades, el sector turístico, junto con sus actividades económicas conexas, se encuentra entre los principales agentes de deterioro ambiental global y local, existiendo una relación directa entre los procesos turísticos en un territorio y el nivel de deterioro de su entorno natural.

En 2005, Ernest Cañada y Jordi Gascón aportaban un análisis sobre los factores de cambio en los procesos de masificación turística, donde a partir de cuatro factores señalaban efectos ambientales, tales como la sobreexplotación y destrucción de recursos, los impactos de las infraestructuras para la recepción, movimiento, alojamiento, recreación y consumo, así como las consecuencias derivadas del aumento del transporte motorizado por tierra y aire, pérdida de biodiversidad, contaminación, entre otros.

No dejamos de leer noticias este verano sobre los impactos que ya estamos sufriendo por el cambio climático (incendios, subida de temperaturas…), ¿cómo afecta este modelo de ocio a este fenómeno?

La relación entre crecimiento del turismo de masas y avance del cambio climático es directa e inequívoca. El turismo es uno de los principales factores de contribución al cambio climático, principalmente el que se basa en el transporte aéreo, que ha aumentado en torno al 80% desde los años 90. El investigador Joan Buades estimaba a mediados de la pasada década que la contribución del turismo al calentamiento global oscilaban entre el 5 y el 14%.

También hay que considerar la incidencia política de los factores de poder del sector por evitar cualquier forma de legislación o regulación sobre este fenómeno. Por último, faltaría contemplar un tercer elemento, el fuerte aparato de comunicación de las transnacionales del sector, que viene construyendo en el imaginario colectivo la idea del turismo globalizado como la “industria sin chimeneas”.

¿Qué otras huellas podemos encontrar a su paso?

En el centro de los efectos económicos de la industria globalizada del turismo emerge una sistemática y progresiva ausencia de equidad: los beneficios se concentran en un puñado de actores transnacionales que controlan los flujos comerciales y financieros, y lo que económicamente se destruye se socializa entre las mayorías. Bajo esta lógica, las necesidades de las poblaciones locales quedan subsumidas a los deseos de los turistas. Los recursos de los territorios dejan de ser para la vida de las comunidades, y son tratados como materias primas de un mercado globalizado.

Cuánto menor es el grado de participación de las sociedades locales en la toma de decisiones que rigen la actividad, o cuánto más desreguladora y favorable a los intereses corporativos es la intervención del Estado, mayores serán los efectos negativos de este turismo.

¿Podrá seguir creciendo la industria turística ante el panorama de colapso en el que nos encontramos?

Son muchos los estudios que ponen en evidencia que los impactos antes mencionados generan una saturación de los territorio, perdiendo incluso su aptitud para seguir siendo un destino turístico como tal. Por otra parte, los efectos negativos de este modelo turístico, además de afectar principalmente a sectores más vulnerables en el presente, ponen en riesgo el bienestar y la calidad de vida de las generaciones futuras.

Entonces, a medida que los impactos sean mayores y la insostenibilidad más evidente, el margen de crecimiento de esta industria será menor, tendiendo cada día a cero. Lo que es difícil prever es cómo se detendrá, de qué manera se pondrá freno a ese modelo de crecimiento: si será a través de la política, de movimientos sociales y ambientales de resistencia y contestación, de la promoción de modelos y prácticas económicas alternativas de turismo, de una transformación cultural…o bien serán los límites biofísicos los que se impongan al proceso de desmadre turístico.

¿Existe un turismo responsable y consciente con los límites planetarios? ¿Cómo sería?

Sin duda. Otro modelo de turismo implica un cambio radical de las lógicas y las prácticas económicas y culturales que rigen la actividad en su modalidad dominante. Hace muchos años que se viene articulando una pluralidad de iniciativas de turismo alternativo. Otro modelo turístico debería ser equitativo en la distribución de los beneficios y el producto social, participativo y democrático en la toma de decisiones, y responsable medioambientalmente, con una gestión consciente y respetuosa de los recursos y la biodiversidad en el territorio que garantice los derechos ambientales. Y tendría que desarrollarse de manera articulada e integrada, a partir de las especificidades socioambientales, económicas y culturales del territorio como destino. Para todo ello no se puede perder de vista  el papel de los Estados respecto a las políticas públicas que implementen, las regulaciones que impongan al mercado y el papel que asignen a la participación ciudadana.

Hagamos un ejercicio futurista, ¿qué modelo de turismo prevé a 20 años?

Con la velocidad que ha tomado el capitalismo en los últimos años resulta difícil pensar a 20 años, así que prefiero centrar la respuesta en lo que espero que suceda. Factores como una correlación menos desigual entre capital y comunidades,  gobiernos populares más cercanos a la ciudadanía y una comunicación como derecho y no como mercancía pueden contribuir a cambiar los criterios que hoy prevalecen en el turismo por una racionalidad económica sometida a las necesidades de las personas, las sociedades y a la reproducción de la vida. Pero esto no solo es una cuestión económica, sino que pasa principalmente por dar una disputa política por los espacios y una batalla cultural por los sentidos. No obstante, no creo que haga falta aclarar que las previsiones parecen apuntar en un sentido contrario…

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Blanca Crespo y Patricia Luque/ La Transicionera

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