“Las mujeres migrantes somos el proyecto de ‘lo común’ personificado”

Mercedes Herández, directora de la asociación Mujeres de Guatemala. Ilustración: Diana Moreno / porCausa.

El trabajo Mercedes Hernández, defensora de derechos humanos, feminista y especialista en feminicidios ha significado un parteaguas para la difusión de las realidades latinoamericanas en contextos de violencia dentro de territorio español.

Con acento / porCausa // ¿Vienes como migrante o vas a estudiar? ¿Trabajas como canguro o en trabajo doméstico? Son de las preguntas más comunes para las mujeres que un día llegan a territorio español con su cabello oscuro y la piel tostada y traen en sus maletas algo más que la búsqueda de una vida mejor. Reconocer la diversidad de historias que puede haber detrás de los estereotipos de “las mujeres latinoamericanas” a veces cuesta trabajo porque los espacios de interculturalidad siguen sin ser transversales y comunes. De esto sabe Mercedes Hernández, directora de la asociación Mujeres de Guatemala, un espacio de resistencia que va entre el defender los derechos humanos de las mujeres migrantes que encuentran dificultades para regular su residencia en España y el ser un espacio de referencia para conversar.

La conversación como acción tiene matices interesantes en especial para las mujeres nacidas en América Latina, ya que se concibe y se práctica como un acto de resistencia: “La resistencia de las mujeres empieza con las opresiones y en algunos lugares del mundo como nuestro continente Abya Yala, –ahora llamada Latinoamérica–, ha sido la tradición oral lo que nos ha mantenido vivas”, explica Mercedes, que al ser consciente de ello, decidió convocar a encuentros de mujeres que le ayudasen a ella, –pero también a otras mujeres– a cuestionar y hacer preguntas para que entre todas encontráramos respuestas. Fruto de esta inquietud personal, Mercedes, a lo largo de diez años, ha colocado en la ciudad de Madrid el Ciclo de conferencias internacionales Mujeres contra la impunidad como un referente cultural en el que mujeres de distintas nacionalidades y activismos se dan a la tarea de escuchar y ser escuchadas.

“Yo llegué a España y me hice voluntaria en una organización de derechos humanos, por lo que empecé a tener un perfil público y gracias a ello empecé a hablar del por qué me exilié en España y por qué es tan importante protestar especialmente cuando estás en lugar donde no corres peligro. Hablar, romper el silencio, fue lo que hizo que yo dejara de ser perseguida. Y además yo pensaba: hay tantas mujeres en Guatemala que siguen hablando de represión, de la violencia, de los feminicidios y de otras tantas cosas a pesar de correr peligro, que yo que tenía este lugar privilegiado, no podía guardar silencio”.

¿Y es en este momento cuando decides crear la Asociación Mujeres de Guatemala?

Sí y no, porque en realidad la creación de Mujeres de Guatemala se concretó porque en una de las organizaciones en las que yo colaboraba me dijeron: “Te vemos muy feminista y esta no es una organización feminista, entonces, si tienes tanto interés en hacer algo, hazlo tuyo”. Y pensé: pues sí, eso es lo que tengo que hacer: reunir a compañeras que estaban consternadas por lo que pasábamos y vivíamos –además con mucha culpa de estar a salvo– y que además seguíamos con este duelo migratorio. Era un necesitar respuestas y seguir cuestionando lo que experimentábamos aquí en España.

¿Cómo es que te reúnes con otras mujeres latinoamericanas? Porque parece que es muy fácil encontrar personas migrantes y que además comparten nuestros intereses…

Yo creo que ahí la identidad hace de imán. Para una mujer migrante toda la carga de  identidad se refuerza porque nosotras ya no solo somos mujeres buscando a nuestras pares –que esto nos podría ocurrir en nuestros países también–, sino que somos mujeres que compartimos una misma discriminación por el hecho de ser migrantes. Estamos buscando a esa otra persona que también lo siente porque en otros espacios no hay un interés generalizado en escuchar historias de mujeres indígenas y menos de esta identidad tan dispersa que es el de las mujeres mestizas. Ahora mismo el relato de las mujeres mestizas está en una especie de limbo porque pertenece al no-lugar.

¿Cuál es tu estrategia para hacerte escuchar?

Esto es a base de años y años de trabajo. A mí me impresiona cómo en el Estado español de repente dos mujeres se unen, abren una cuenta de Twitter y de pronto son reconocidas como iguales y rápidamente son escuchadas y al día siguiente están vendiendo libros y demás y a nosotras nos cuesta infinitamente más todo. Yo llevo quince años viviendo aquí y me ha costado mucho.

Y esta crítica la conecto también cuando se habla del #8M porque aunque es maravilloso que las calles se llenen de mujeres, –ya que eso nos beneficia a toda–, la realidad es que donde se están haciendo las revoluciones es en los lugares más oprimidos del mundo, en lo microsocial y en la comunidad y hablo de personas como Berta Cáceres o Marielle Franco.

Pero tú te uniste a la huelga feminista…

Me uní porque yo creo que los espacios hay que ocuparlos todos pero me molesta profundamente que se le dé extremo valor a las calles llenas cuando son las mujeres anónimas, de todos los lugares del mundo, las que verdaderamente se están enfrentando a los mayores riesgos y a los mayores peligros. Ahí sí soy muy crítica porque además en el caso específico del Estado español han llovido ríos de tinta sobre el movimiento #MeToo y la norma ha sido ignorar y olvidar a Tarana Burke, la autora, quien es una mujer negra. Tal como ocurrió en el caso de la campaña #Yotecreo que impulsamos desde AMG para nuestra compañera Ana –refugiada guatemalteca– que fue brutalmente violada en España y después agredida por el sistema de justicia: a esta campaña le han salido “nuevas madres” que se adjudican su autoría, lo cual es terriblemente injusto para Ana porque ella fue muy valiente al hacer pública su historia, que a pesar de lo mediática que fue, no promovió que el feminismo español la llamara “hermana”, como sí ha sucedido en otros casos. Entonces, se habla del gran movimiento que fue el #15M pero no se reconoce la herencia de la primavera árabe, en donde también fue una mujer Tawakkul Karman la que estuvo a la cabeza. ¿Por qué no se le reconoce como la madre de la ocupación del espacio público actual, porque es musulmana, porque es yemení?

Pero tú te has hecho escuchar, ¿cómo ha sido? Porque también es importante hablar de esto…

Porque he sido constante y optimista y porque me respalda la resistencia que nosotras hemos consolidado aquí pero que se inició en los lugares en los que hemos crecido. Esa resistencia es la que nos hace seguir adelante y mantenerse en optimista.

Hablemos de este optimismo, cuéntame sobre cualidades de ser migrantes, de ser mujeres diversas…

Una de las mejores y más grandes virtudes de las personas que somos migrantes es que hemos superado la idea de frontera, –es verdad que la frontera nos atraviesa pero todos los días–, hacemos un esfuerzo enorme no por ser de aquí, si no por ser y conciliar de todos los lugares donde hemos vivido, donde hemos estado. Pero no hablo de esta utopía del enriquecimiento personal, hablo de un trabajo incesante en el que unificamos todos nuestros “yo” y esto tiene una profundidad humana tremenda porque nos construimos todos los días y construimos lo que hay a nuestro alrededor y esto hace que irradiemos energía y que con esa energía empaticemos con otras personas; y además tenemos la capacidad de poder imaginar la diversidad porque lo vivimos en nuestra propia piel, por lo tanto la aceptamos y nos hace creer en un posible proyecto común porque nosotras somos ese proyecto de “lo común” personificado.

¿Te refieres a que existe la posibilidad de hablar de mujeres diversas que encuentran comunidad?

Hay que ser cuidadosas con estos términos porque la diversidad es siempre una moneda de dos caras. Bien canalizada debería traducirse en un diálogo respetuoso desde lo que nos distingue, en escucha atenta y enriquecimiento mutuo. Lamentablemente, la otra cara está muy presente entre mujeres de diferentes orígenes: empieza como desemejanza y termina materializándose en desigualdad y discriminación. 


Mujeres de Guatemala AMG ha logrado la creación de redes entre mujeres refugiadas, desplazadas, migrantes, etcétera; residentes en España, que junto con compañeras de distintos lugares del mundo comparten sus conocimientos y han logrado poner dentro del debate público la necesidad de defender los derechos humanos de las mujeres. El trabaio de Mercedes Hernández y su asociación ha sido fundamental en mujeres que han tenido que enfrentarse a las fronteras legales y mentales.


Con Acento es una sección creada por porCausa para visibilizar a mujeres de origen culturalmente diverso.

aportacion la marea

Brenda Navarro / porCausa.org

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Comentarios

2 respuestas a ““Las mujeres migrantes somos el proyecto de ‘lo común’ personificado””

  1. El 8M las calles llenas, sí, pero ¿dónde se meten cuando se trata de reivindicar otras muchas causas justas?
    En este país cada cual a lo suyo.
    Si se reconoce al #15M justo es saber valorar a aquellas personas que no luchan unos meses sino toda su vida, esas son las imprescindibles. Luchaban por un mundo mejor mucho antes del 15M y siguen haciéndolo, algunas de ellas están encarceladas, o procesadas, represaliadas, hostigadas, o han tenido que exiliarse. Siempre ha sido así. El sistema no es democrático aunque nos empeñamos en llamarle democracia.
    MI PATRIA ES EL MUNDO, MI FAMILIA LA HUMANIDAD, si lo sentimos así, siento sana envidia de tener mente y conciencia así de abiertas.

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