Pero el capitalismo ahí sigue

Varias personas queman billetes en una manifestación anticapitalista. FERNANDO SÁNCHEZ

"Quedarnos en la amenaza nos inmoviliza, nos hace sentirnos derrotados de antemano. Tenemos que plantear cómo nos enfrentamos a ese poder inhumano".

Podemos decir que la izquierda ha respirado aliviada con el resultado de las elecciones generales. Se ha evitado el peligro de que una derecha, cada vez más ultramontana, se hiciera con el poder político y nos llevara por la línea del autoritarismo y la completa destrucción de los derechos sociales. El PSOE ha conseguido una amplia mayoría, que no le evita la necesidad de llegar a pactos con otras fuerzas políticas, pero que le facilita llevar adelante su programa de reconstrucción de un amplio estado del bienestar.

El gran problema es que el capitalismo sigue ahí. Sigue ahí a nivel cultural e ideológico. El imaginario colectivo de nuestra sociedad, como muy bien afirmaba Zygmunt Bauman, es el imaginario burgués. Un imaginario construido sobre los valores y las aspiraciones del hombre burgués, capitalista, para el cual la aspiración fundamental de los seres humanos, la aspiración a la felicidad, se satisface con el consumo inagotable de bienes y servicios. Un imaginario en el cual el problema medioambiental, la conservación de la vida en nuestro planeta tal como la conocemos, apenas aparece, y cuando parece, se le aparta recurriendo al engañoso término de desarrollo sostenible.

Sigue ahí en un poder económico que sobrevuela por encima de unos gobiernos democráticos, y puede fácilmente interferir en las decisiones y las posturas que esos gobiernos pretendan tomar. Creo que la práctica totalidad de nuestros políticos son conscientes de esta realidad. Para los de derechas que, se llamen PP, Ciudadanos o VOX, siguen fielmente las directrices marcadas por ese poder económico, eso no supone ningún problema, más bien se encuentran arropados y generosamente retribuidos por los ‘señores del dinero’.

¿Y los líderes políticos de la izquierda? ¿Piensan que van a poder llevar adelante un serio programa de redistribución de la riqueza y la reconstrucción de un tejido de empresas y servicios públicos que cubra los sectores estratégicos de la economía nacional? ¿Creen que van a poder revertir la privatización de amplios sectores de la sanidad y la educación sin sufrir una feroz ofensiva por parte de todas las grandes fortunas implicadas en esos sectores económicos? ¿Y sin que el ataque de esos grandes monstruos sin alma, los mercados, haga temblar los cimientos de la economía del país?

Realmente, se puede decir que sobre esto no hemos oído una palabra en la campaña electoral. No recuerdo haber oído pronunciar el término capitalismo a ninguno de los participantes en los debates entre los cabezas de lista. Sobre los problemas medioambientales se habló ampliamente en un debate promovido por Greenpeace y eldiario.es, pero apenas se hizo alguna leve mención entre los aspirantes a presidente del Gobierno. Como si el poder económico no existiera o no tuviera capacidad para intervenir decisivamente en la vida económica de cualquier nación.

¿Piensa Pedro Sánchez que ignorar el riesgo que supone el capitalismo para cualquier proyecto social de un gobierno democrático es suficiente para conjurar el riesgo? ¿No deberíamos valorar más la amenaza mortal que el capitalismo significa para la democracia?

Quedarnos en la amenaza nos inmoviliza, nos hace sentirnos derrotados de antemano. Tenemos que plantear cómo nos enfrentamos a ese poder inhumano. Recuerdo el pensamiento de George Orwell que citaba en mi artículo anterior: «En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario”. Hoy reafirmo ese pensamiento con una cita tomada en un campo muy alejado de Orwell, el Evangelio de Juan. En él se afirma tajantemente: ”La verdad os hará libres”. Un campo de batalla fundamental es la lucha por la verdad frente a la avalancha de falsedades, medias verdades, deformaciones de la realidad,  infundios y falacias que los medios afines al capital difunden continuamente.

Es verdad que nos enfrentamos a un enemigo muy potente, pero tenemos a nuestro favor que cada vez es más evidente que el sistema capitalista es incapaz de hacer frente a los grandes problemas de la humanidad. Por el contrario, nos lleva a lo mismo en el campo ecológico que en el social: a desastres sin precedentes. Nuestra gran arma es esa verdad que cualquiera puede ver a poca buena voluntad que ponga. No soñemos con la engañosa quimera de un capitalismo bueno, que nos permita un estado de bienestar para todos y conservar el medio ambiente para las generaciones futuras. Como dice el papa Francisco: “Esta economía mata”. Digámoslo alto y claro.

aportacion la marea

Antonio Zugasti

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Comentarios

2 respuestas a “Pero el capitalismo ahí sigue”

  1. A los «valores» del capital hay que oponerles valores morales, virtudes, cultura y mucha fuerza de voluntad para ir a contracorriente de un mundo dominado por la propaganda vacía, superficial, consumista, individualista, insolidaria e inhumana del capital.
    Es preciso educar a la ciudadanía; pero el enemigo se ha hecho con el «altavoz», nos ha «robado» la voz.
    Y el ser humano somos egoístas por naturaleza y poco dados a la reflexión.
    Pesimista estoy…

  2. ¿De que izquierda hablas Antonio?
    ¿De la socialdemocracia parlamentaria?
    Lxs auténticos de izquierdas están hoy encarcelados, procesados, perseguidos, exiliados y, lo peor, olvidados por la clase social cuyos derechos y libertades defienden . Y no sólo en este país, está pasando a nivel global. El capital ha ganado por goleada.
    El papa Francisco no tiene autoridad ninguna para hablar pues es el presidente/director de la multinacional capitalista más poderosa y codiciosa del mundo. Tan codiciosa que en este país estamos todos obligados a pagarle impuestos (cada español pagamos unos 287 euros mensuales, queramos o no y creamos o no en sus falacias sobre la representación que les cedió un revolucionario «sin techo».)
    El capital y la iglesia siempre han ido juntos….
    (no digo que dentro de la iglesia no haya personas honestas, pero harían un favor a la sociedad que no le dieran su poder, para creer no se necesitan intermediarios peores que uno mismo, mejor ir directamente, desde el corazón).

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