Arturo Ruiz, el joven asesinado la víspera de Atocha

El joven estudiante Arturo Ruiz.

Como tantos otros crímenes cometidos en la Transición, el de este joven estudiante quedó impune.

Manuel Ruiz llama por teléfono y dice: “Estoy junto al monumento dedicado a los abogados de Atocha”. La frase guarda un halo de tristeza, tal vez incomodidad, que expresa después en la entrevista: “Es que creo que el crimen de los abogados ensombrece la muerte de mi hermano y la de la estudiante Mari Luz Nájera”. Su hermano se llamaba Arturo Ruiz. Fue asesinado por un guerrillero del grupo ultraderechista Cristo Rey el 23 de enero de 1977, la víspera del asesinato de los abogados laboralistas. Mari Luz Nájera murió también esa misma semana trágica de enero de 1977 en la manifestación de protesta contra el asesinato de Ruiz. “Somos las familias las que tenemos que estar peleando para que se reconozcan y se sepan estos hechos, para que se honre a estas víctimas”, prosigue. Como tantos otros crímenes cometidos en la Transición, quedaron impunes.

¿Cómo recuerda a su hermano?

Mi hermano políticamente era bastante activo, se movía mucho y andaba metido en todas las historias, de la Joven Guardia Roja… Políticamente estaba muy significado. El otro día estuve hablando con un amigo suyo y me lo recordaba. De ocho hermanos –ahora somos siete–, él era el sexto. Yo soy el quinto. Tenía 19 años cuando lo mataron. Era, como decía mi madre, un abogado de pleitos, estaba en todos los fregados. Peleaba por la amnistía, por la autonomía… y le pegaron un tiro. 

¿Por qué cree que sucedió?

Días antes habían tenido un enfrentamiento en una manifestación con los guerrilleros de Cristo Rey. Él no pasaba desapercibido. Era muy adelantado a su tiempo, llevaba el pelo a lo afro… Y creo que iban a por él. 

¿Cómo vivieron usted y su familia aquellos días?

Los días posteriores fueron terribles. Al día siguiente mataron a los abogados de Atocha y a la estudiante Mari Luz Nájera en una protesta por la muerte de mi hermano. Por casa pasó gente de todo tipo, a tantear a la familia, recuerdo a uno con un abrigo Loden, no sé si del servicio de inteligencia o qué. La idea era siempre mirar por la seguridad de mis padres. Mis hermanos mayores ya estaban independizados. Los únicos que vivíamos aún con mis padres éramos Arturo, mis dos hermanas y yo.

¿Y su padre y su madre cómo afrontaron esa situación? 

Mis padres no superaron nunca nada. Mi padre había estado en la guerra y tenían mucho miedo. Lo único que querían es que no pasara nada en casa. Mi madre lo llevó fatal. Y durante mucho tiempo, todos los años, cuando se acercan estas fechas, nadie decía nada en la familia. No se hablaba del tema para no hacer daño a nadie. Mi padre permanecía callado, era una situación muy tensa. 

¿A qué se dedicaban sus padres?

Mi madre trabajaba en casa y mi padre era secretario en Darro, un pueblo de Granada, pero con tantos niños pensaron que era mejor venirse a Madrid. Nosotros estábamos trabajando y estudiando. Casi todos mis hermanos han estudiado Derecho. Nadie nos comunicó nada oficialmente. Nos enteramos por la tele. 

¿No les llamó nadie?

No, literalmente nos enteramos por la tele. Recuerdo que yo tenía el carné recién sacado. Fuimos al Instituto de Medicina Forense, donde ahora está el Museo Reina Sofía. Después, cuando mis padres se jubilaron se fueron a vivir a Granada de nuevo y se lo llevaron para allá. Está enterrado allí. 

¿Han hecho algo allí en reconocimiento a su hermano?

No. En el viaje que hicimos a Bruselas hace unos meses acompañando a la familia de Manuel José García Caparrós se lo dije de manera rotunda a la eurodiputada del PSOE Clara Aguilera, que es de Granada. Hasta la fecha, nadie se ha comprometido conmigo para nada. En Madrid está pendiente de colocarse una placa en la calle de Silva, esquina con la de Estrella.

¿Cuándo empezó usted a mover la historia de su hermano?

Pues empezamos cuando mis padres ya no estaban. Ahora estoy prejubilado y antes tenía un trabajo bastante absorbente. No tenía mucho tiempo ni muchas ganas. Pero entendí que se lo debía a mis padres y a mi hermano, quiero que se reconozca su lucha. Si la familia no se mueve no se hace nada. Y eso es lo paradójico, que se tengan que pelear los familiares, cuando se se tenía que hacer de oficio, por ley.

¿Para usted qué significó la Transición?

La Transición no fue modélica. Hubo una semana, la última de enero, en la que la cosa estuvo muy fastidiada. Yo recuerdo que la policía nos llevó al cementerio cuando enterraron a mi hermano y lo que escuchábamos por la radio era todo de una tensión terrrible. Estábamos asustados. Eso pasó y no hay que obviarlo. No hubo otra guerra civil, pero tampoco fue un paseo triunfal y se tiene que estudiar en los libros de texto. 

El caso está ahora en manos de la jueza argentina, ¿verdad?

Sí. En la Audiencia Nacional llegaron a abroncar a mi padre, que era la víctima por así decirlo. Si hoy los jueces se dejan influenciar, imagínate en el año 77. Habría jueces honrados, no lo dudo. Pero en este caso como en muchos otros no se investigó absolutamente nada. Son historias que están en el limbo, fuera de todo. Y ahora estamos esperando a la querella argentina. 

Olivia Carballar

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Comentarios

4 respuestas a “Arturo Ruiz, el joven asesinado la víspera de Atocha”

  1. Ahora resulta que más que la mejor opción, el modelo político pergeñado en la transición, el llamado ‘régimen del 78’, era en realidad la opción forzada por el miedo, es decir, una opción obligada bajo chantaje. Pero ¿qué miedo? Pues un miedo con dos caras: Por un lado, el temor de los franquistas a ser procesados y juzgados por sus fechorías y crímenes; de otro, el miedo de las fuerzas de izquierda firmantes a una posible reacción militar.
    Dos miedos, pero ninguna simetría. El miedo de los criminales franquistas, perfectamente justificado. Conscientes de sus delitos sin fin contra los derechos humanos, contra la propiedad, contra la vida; sabedores de que ‘a todo cerdo le llega su sanmartín’, o, verbigracia, que a todo criminal amparado por un régimen dictatorial le llega su momento de rendir cuentas cuando dicho régimen se desmorona. Los franquistas conjugaron sus miedos imponiendo una ley de punto final bajo la forma de amnistía, en realidad amnesia obligada. Una amnistía sin previo procesamiento ni condena no es una amnistía sino una simple renuncia a la verdad y la justicia.
    http://afinidadesanticapitalistas.blogspot.com/2017/01/los-miedos-los-borbones-y-otros-cuentos.html

    Julio Anguita:
    La transición fué un apañito para el poder económico del franquismo.
    https://www.youtube.com/watch?v=fVEENjL3pg0

  2. Su asesino Fernandez Guaza se escondio mas de una semana en el cuartel de la Guardia Civil de Guernica. Alli la antena del SECED, un sargento, dio parte a sus superiores de Madrid. Cuando la policia judicial fue a detenerle huyó. Se fue a america del sur.

  3. 2NO EXISTIMOS SI NADIE NOS RECUERDA”

    Emotivo homenaje a represaliados antifranquistas en Zaragoza.

    MARTIN ARNAL MUR, el último superviviente del maquis de Aragón y con casi 98 años de edad. Afirmó que ha estado 70 años exiliado y explicó que estuvo en Francia hasta que Franco murió, y en su intervención se lamentó de que “en este país no se tenga una historia de verdad, se ha escrito la historia que han querido los franquistas, y va a ser muy complicado que se escriba la historia real, la de sus asesinatos, atrocidades y barbaridades”.
    ROSARITO CLEMENTE, que sufrió dos exilios, uno primero saliendo a Francia por la Bolsa de Bielsa, y otro saliendo por Catalunya tras reencontrarse toda la familia, expresó ante los y las asistentes que “nos separaron de mi padre y a él lo llevaron por varios campos de concentración. En 1940 volvió porque si no lo metían en otra guerra, y ya había estado en dos, en la de África y en la guerra civil española. El exilio fue muy duro en general”.
    FLOREAL TORGUET, nació en Osso d’a Cinca en 1935, y cuenta como su padre, revolucionario de la CNT, “lo mataron en febrero de 1937 y no hemos sabido cómo ni quién”. A su madre la encarcelaron tres meses, donde abortó “de un hermano que hubiese tenido si las cosas hubiesen ido normales”. En 1940 se marcharon a Francia, volviendo del exilio 25 años después. Al inicio de los 70 fue uno de los propulsores de las comisiones obreras en el sector de la construcción, lo que le llevó a que en el 71 le detuviesen. “Me subieron a un cuarto siete policías y me tuvieron allí venga a darme golpes, pero no dije nada. El segundo día les dije que podían tenerme allí seis meses torturándome, que era lo que duraba el estado de excepción. Pero yo tengo un hijo, y traicionar a un compañero sería una tortura de toda la vida y no quiero que mi hijo se avergüence de su padre. Ya no me pegaron más”. Estuvo en la cárcel hasta el 74, y tras salir, volvió a ser detenido varias veces y estuvo “entrando y saliendo”.
    PAQUITA HERNANDO. Asturiana, hija de minero al que mataron. “Yo soy exiliada ‘de interior’. Me crie durante 16 años entre monjas, y éramos cientos de niñas como yo, que habíamos quedado sin padres ni madres. Nos decían que éramos lo peor de la sociedad, hijas del arroyo, y es…”. Paquita tiene que parar, no puede contener las lágrimas visiblemente emocionada y afectada. “Es terrible que cuando tienes 9 o 10 años te digan estas cosas”. En los 60 comenzó a participar activamente en el sindicalismo, estando presente en las primeras Comisiones Obreras. “En la primera huelga, de tres meses, detuvieron a mi marido junto con 250 trabajadores más”. A partir de entonces, Paquita se convirtió en una luchadora por los derechos de los trabajadores y trabajadoras, y según explica, “hicimos lo que pudimos y más”.
    JOSE LUIS BERDUSAN, conocido como “La Zaragozana” explicó como durante el franquismo estuvo “seis o siete veces preso por homosexual, y dos veces desterrado de Zaragoza”. Cada dos por tres estaba en comisaría por “peligrosidad social”. Cuenta como en el 2009 le dieron 8.000€ de indemnización por ello.

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