‘Colombine’ estaba en la calle

Protesta frente al Parlamento andaluz. ÁLVARO MINGUITO

Mientras miles de mujeres gritaban fuera del Parlamento andaluz “Nuestros derechos no se negocian“, el PP justificaba dentro su diálogo con Vox: “Sin complejos, sin prejuicios, sin cordones sanitarios“, dijo Moreno en su discurso de investidura.

“No encontró en la brusquedad del deseo de Antonio la dulce ternura y la suave caricia que había esperado. No podía olvidar la sensación de miedo que sintió, el deseo de huir y cómo tuvo que replegarse y que esconderse en sí misma ante la ruda acometividad de su marido, que no se preocupó para nada de su pudor alarmado ni de su espíritu”. Es un fragmento de La malcasada, escrita por la periodista Carmen de Burgos, Colombine, en 1923. Y evoca, según explica la profesora Concepción Núñez Rey en una biografía editada por la Fundación José Manuel Lara, el infierno que supuso su matrimonio: “Carmen pasó a vivir en el espacio cerrado de las normas impuestas a la mujer casada”. Tras dejar su tierra, Rodalquilar (Almería), consiguió ser la primera redactora en un periódico, en 1903, en Diario Universal.

Este martes 15 de enero de 2019, en su discurso de investidura, Juanma Moreno citó a Carmen de Burgos en una lista de 14 andaluces nacidos en esta comunidad, todos hombres menos ella y la malagueña María Zambrano, algunos como Lorca, Machado, Blas Infante o la propia Zambrano represaliados por el franquismo. Los citaba, paradójicamente, dentro del Parlamento andaluz, donde los votos de Vox –que ya ha impuesto la derogación de la ley de memoria histórica y cuestiona la ley de violencia de género– sostendrán un Gobierno de PP y Ciudadanos por primera vez tras 36 años de gobiernos socialistas. 

Fuera, una mujer sujetaba en su chaquetón, con una pinza de la ropa, una pequeña pancarta que decía: “‘Nos ha salido feminista’. NO. ‘Os he salido de la jaula'”. Una niña portaba otra en la que se podía leer: “Vaya ejemplo me estáis dando”. “Soy hombre y soy feminista“, rezaba un cartel alzado por un señor mayor. “Igualdad, ni más ni menos”, pedían otros carteles con la bandera blanca y verde de fondo. Era la primera de las manifestaciones contra las políticas de la ultraderecha que por la tarde llenaron muchas plazas como previa de un nuevo 8-M. Dentro del Parlamento, los diputados de Vox ocupaban sus 12 escaños. 

Mientras miles de mujeres gritaban fuera “Nuestros derechos no se negocian“, el PP justificaba dentro su diálogo con Vox: “Sin complejos, sin prejuicios, sin cordones sanitarios“, lanzó desde la tribuna Moreno nada más comenzar. Fuera, mientras esas miles de mujeres coreaban “El feminismo camina p’alante, el patriarcado camina p’atrás“, Moreno logró hablar de la violencia de género y de sus víctimas sin pronunciar la palabra mujeres: “El maltrato es una lacra social que debemos erradicar y hay que hacerlo construyendo sobre lo que ya tenemos. Sumando, enriqueciendo, mejorando las leyes. Sin cuestionar lo que ha funcionado y funciona. Pero corrigiendo lo que no. Haciendo, en suma, que todas las víctimas estén protegidas. Quienes sufran violencia física, psicológica o social, de cualquier tipo y en cualquier ámbito, encontrarán en mi gobierno un refugio seguro, una mano para acogerle y otra para ayudarle a salir del infierno en que viven”.

De estas palabras –que muestran que cuando se quiere usar lenguaje inclusivo se puede– se deduce que las víctimas no son solo las mujeres, como sostiene Vox. En Twitter, el dirigente del partido de ultraderecha Francisco Serrano había calificado de “Femiborroka” a las mujeres que estaban protestando por cuestionar sus derechos.

A Colombine, la pionera del periodismo que citó Moreno, la vilipendiaron por hacer exactamente lo mismo que estas mujeres. Entonces no se llevaba la palabra “feminazi” o esta última de “femiborroka”. A ella la llamaron la divorciadora por realizar una ronda de entrevistas sobre el divorcio. “Se erigió como pionera en defensa de la igualdad de la mujer, promoviendo varias campañas contra las leyes discriminatorias y defendiendo incansablemente la necesidad de su educación. Presidió organizaciones feministas nacionales e internacionales, a las que aportó el prestigio de su figura; al frente de ellas, por primera vez en España, salió a la calle en 1921 para exigir el voto femenino a las puertas del Congreso […]. También militó en la política a favor de la República. Brilló como conferenciante en las tribunas españolas, europeas y americanas más prestigiosas […] Rompió muchas convenciones de su tiempo”, escribe en la citada biografía la profesora Núñez Rey.

Por eso Colombine –como Lorca, Machado, Blas Inflante…– no podía estar dentro. Mientras Moreno la citaba, Colombine estaba fuera, en la calle.

Protesta en la Plaza Nueva, en Sevilla. ÁLVARO MINGUITO
Protesta en la Plaza Nueva, en Sevilla. ÁLVARO MINGUITO

Olivia Carballar

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Comentarios

2 respuestas a “‘Colombine’ estaba en la calle”

  1. CON ESA GENTE SOLO MOSCAS, DESCEREBRADOS Y RUINES COMO ELLOS PUEDEN ESTAR DENTRO.
    LOS REPUBLICANOS, a los que masacraron los padres ideológicos de estos fascistas, acaso entrarían al Parlamento andaluz para luchar de nuevo contra ellos que nos arrebataron la Justicia, la Libertad y el Progreso.

    El maltrato es un mal congénito del autoritarismo y de la caspa propios de la derecha española. Lo llevan en sus genes.
    Ellos son los principales culpables por el mal ejemplo público que dan.
    El machismo se fortalece y envalentona en periodos en los que gobierna la derecha y ya no te digo en el periodo de prepotencia y chulería Aznarista.

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