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domingo 21 octubre 2018

crónicas

Montcada i Reixac, el patio de atrás de Barcelona, dice basta

El auge de la movilidad y el transporte de la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad ha acabado asfixiando a un pueblo atrapado por el cemento, el asfalto, las catenarias y las vías.

30 septiembre 2018
16:50
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Montcada i Reixac, el patio de atrás de Barcelona, dice basta
Las vías del ferrocarril dividen la población de Montcada (Barcelona). Foto: Èric Lluent

Desde el aire, Montcada i Reixac se muestra como un enjambre largo y estrecho de carreteras y ferrocarril. Se descubre una trama urbana troceada por grandes infraestructuras y limitada por la geografía de la única salida natural de Barcelona hacia el norte. A pie de calle, se confirma el laberinto y la fractura. Las vías de tren de la línea de Portbou son el eje de simetría de Montcada, una herida profunda que parte esta población de 35.000 habitantes. La vecindad no duda en describir el pueblo como el patio trasero de Barcelona, un territorio muy bien situado pero con unos usos que han condicionado sus opciones de desarrollo.

La línea de ferrocarril que resquebraja el núcleo urbano fue inaugurada en 1854 y, de hecho, al principio fomentó que Montcada recibiera veraneantes ilustres de la burguesía barcelonesa. No obstante, el auge de la movilidad y el transporte de la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad ha acabado asfixiando a un pueblo atrapado por el cemento, el asfalto, las catenarias y las vías.

Las pancartas, los carteles y las banderas a favor de la marea de pensionistas, en contra de los recortes en sanidad, a favor de la independencia de Cataluña o reclamando la liberación de los presos políticos que se distribuyen en algunos balcones y muros de Montcada se suman a un lema que cuenta, este sí, con absoluta unanimidad: Soterrament Ara! (¡Soterramiento Ahora!). No hay partido político, ni de izquierdas ni de derechas, que ponga en duda la necesidad de hacer pasar las vías de la línea de Francia por debajo del actual trazado. De hecho, actualmente, existe el compromiso del Ministerio de Fomento de que las obras empezarán en 2020, pero si fuera por las promesas de Madrid, el proyecto ya estaría acabado hace años. Contactado por La Marea, el ministerio confirma la intención de cumplir con los plazos acordados, si bien puntualiza que por cuestiones técnicas o administrativas el inicio de la ejecución del proyecto podría retrasarse.

“Sueño que lo veré en vida”, confiesa Josep Bacardit, exmiembro de la plataforma Tracte Just – Soterrament Total (Trato Justo – Soterramiento Total) e historiador local vinculado a la Fundació Cultural Montcada. Bacardit guarda dos grandes fajos con documentos de la plataforma y recortes de prensa que sirven como prueba de lo larga, burocrática y tediosa de esta lucha que en algunos momentos se llegó a dar por perdida. En 2007, durante una audiencia pública en la que participaron Víctor Morlán, por aquel entonces secretario de Infraestructuras del Ministerio de Fomento, y Joaquim Nadal, consejero de Política Territorial y Obras Públicas de la Generalitat presidida por José Montilla, la administración central se comprometió a impulsar las obras de soterramiento aprovechando la construcción del túnel del AVE hacia Francia. La idea era que la misma tuneladora que se abría paso en dirección norte, hiciera un recorrido paralelo en dirección sur por el que debería pasar la actual línea que transcurre por el centro del pueblo. Pero ese acuerdo quedó en papel mojado y la tuneladora se marchó sin perforar el túnel prometido.

La dependencia de las administraciones locales respecto al gobierno central para encontrar soluciones a problemas estructurales que precisan de partidas millonarias es total. Montcada es, en este sentido, un paradigma. Hace décadas que se siente ahogada por las tres líneas de tren y las tres grandes carreteras que cruzan su término municipal, que se suman a una planta de tratamiento de residuos, una depuradora y una incineradora, pero poco o nada pueden hacer desde el Ayuntamiento, gobierne quien gobierne. “Por todas estas circunstancias, somos una ciudad singular, con unas necesidades singulares. Las partidas presupuestarias que recibimos siguen criterios de número de habitantes, pero nuestras necesidades no pueden calcularse así”, critica Laura Campos, alcaldesa de la ciudad (ICV). La líder de la izquierda verde, que ostenta el cargo desde 2015, muestra preocupación por cómo han ido las cosas desde la llegada del nuevo gobierno de Pedro Sánchez. “Entendemos que con la llegada de un nuevo ministro se necesite cierto tiempo de adaptación, pero ya nos han cancelado la reunión programada tres veces, en junio, julio y septiembre. Ahora nos han confirmado una reunión para el día 10 de octubre”, explica Campos con cierta impaciencia.

Uno de los pilares fundamentales del movimiento de protesta ciudadana es la seguridad, especialmente en los dos pasos a nivel situados en el corazón del pueblo. Desde que se tiene constancia, mediante el estudio de la hemeroteca, han muerto 172 personas atropelladas en las vías de Montcada i Reixac. Los dos últimos atropellamientos han ocurrido en el último mes, lo cual ha reavivado la movilización. “Nos relajamos porque existe un acuerdo para llevar a cabo las obras y porque durante un año no hubo víctimas, pero ahora parece que ni tan solo hay fecha para la próxima reunión entre administraciones. Hemos aprendido la lección y nos vamos a organizar para que haya más protestas en la calle”, explica Ramón Bueno, portavoz de la plataforma. Los vecinos y vecinas se muestran agotados con la situación y existe el convencimiento de que ha llegado el momento de decir basta para que el pueblo pueda mirar al futuro con ilusión de una vez por todas.

En el paso a nivel de la calle Bogatell las barreras bajan y suben cada cinco minutos aproximadamente. Al cabo de la jornada, pasan solo por esa vía unos 200 convoyes y el día a día de los vecinos se ve plenamente afectado por el tránsito ferroviario. “Con la edad de mis hijas ya no tendría que acompañarlas a la escuela, pero tengo que bajar para que crucen las vías”, cuenta María Campos, vecina de Montcada y la única persona que se ve esperar religiosamente los más de cinco minutos que las barreras están bajadas. Todos los demás, menores y adolescentes también, cruzan las vías a pesar de la señal roja.

Conscientes de esta realidad, los maquinistas de los trenes activan con esmero los pitidos de la locomotora para evitar accidentes que en la mayoría de los casos son mortales. El tren se acerca y dos niñas, cansadas de esperar, hacen el amago de correr. Una de ellas frena a la amiga agarrándola de la mochila, al ver que el tren está demasiado cerca. El peligro es constante y la escena se repite en cada paso del ferrocarril. “A los que dicen que no tendríamos que cruzar, les digo que vengan a vivir a Montcada y que se esperen cinco, diez o veinte minutos cada vez que quieren cruzar para ir a comprar el pan o al médico”, protesta un vecino.

La calle Mayor es el símbolo de una Montcada que quiere crecer y, sobre todo, unirse, pero que, de momento, no puede. Allí regenta un restaurante Félix Pérez, que ostenta con orgullo y cansancio en la mirada 42 años de hostelería. Se queja de que la principal arteria comercial está muriendo. “Hubo un momento en que el soterramiento se daba por hecho y la gente empezó a invertir en locales y a especular. Los precios han subido mucho y ya no se prioriza la calidad”, argumenta Pérez, nacido en Burgos y casado con una montcadensa. En esta calle el movimiento durante mañana, mediodía y tarde es notable y alegre, siempre con pasajeros de dos de las cinco estaciones de tren que tienen Montcada arriba y abajo. Los comercios que dan vida al barrio se entremezclan con locales vacíos. “La calle mayor no va a mejor porque el soterramiento no llega”, sostiene el restaurador. A escasos dos minutos a pie de su local, al lado de un paso a nivel, hay una humilde escultura que recuerda a las víctimas con una inscripción, unos claveles marchitos y 170 agujeros. De momento, lo que es seguro es que en el próximo homenaje anual, el pueblo tendrán añadir a la placa metálica dos agujeros más.

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Èric Lluent

Èric Lluent

2 comentarios

  1. ArroyoClaro
    ArroyoClaro 06/10/2018, 18:56

    Hace décadas de años que no he pasado en tren por Montcada i Reixac. Entre la cementera, las vías sin cubrir por enmedio del pueblo y carreteras por todas partes ofrecía un paisaje, todo menos tranquilo y acogedor que no invitaba a uno a instalarse a vivir allí.
    Incluso las vías daban sensación de peligro. Cualquier crío, cualquier despiste…
    Nunca me hubiera imaginado que todavía sigue igual. Mejor dicho peor, pues por lo que explica este artículo aún han añadido una incineradora.
    Montcada i Reixac tiene toda la razón del mundo en no aceptar este panorama más bien desolador.

    Responder a este comentario
  2. J Lopez
    J Lopez 04/10/2018, 19:33

    Esperemos que algun siglo RENFE soterre las vias

    Responder a este comentario

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