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viernes 21 septiembre 2018

Entrevistas

Virginia Hernández : “Al Gobierno central no le interesa el municipalismo”

“Considero que San Pelayo es un pueblo abandonado por la administración”, denuncia la alcaldesa de este pueblo vallisoletano de 54 habitantes.

17 agosto 2018
11:47
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Virginia Hernández : “Al Gobierno central no le interesa el municipalismo”
Virginia Hernández, alcaldesa de San Pelayo

Virginia Hernández era profesora hasta que decidió presentarse a las elecciones municipales y se convirtió en la alcaldesa de 54 personas. Gracias a la candidatura ciudadana de Toma la Palabra, ahora es la alcaldesa de San Pelayo, un pequeño pueblo de la provincia de Valladolid, donde tienen mayoría absoluta, es decir, 2 de las 3 concejalías. Pero, ¿qué lleva a una filóloga a querer convertirse en alcaldesa? Un parque. “Éramos el único pueblo de la provincia que no tenía un parque. Un día vimos a un par de niñas jugar con una caja de zapatos a las que sus papás habían puesto arena dentro y por eso decidimos tomar la decisión de presentarnos”, nos cuenta. Ahora, han puesto en marcha el proyecto Reencuentro con la fuente, en el que aúnan la recuperación del patrimonio histórico con el conocimiento y la protección de la naturaleza.

¿Cómo es una alcaldesa “folclórica punk” y “radical”?

(Risas). Una alcaldesa folclórica punk es una persona que bebe mucho de la tradición pero a la que también le gusta mucho el folclore popular de sus antepasados. Aunque claro, vive en el siglo XXI y ha conocido otras culturas y lo ha integrado todo. Por eso la puedes encontrar cantando tanto La Polla Récords como una canción del folclore popular castellano o a la propia Rocío Jurado.

Digo también que soy radical por extremista y por etimológica. Por extremista es por la acepción que normalmente se tiene de radical, es decir, una persona que es extrema en sus opiniones y en sus convicciones. Por etimológica es porque realmente la palabra radical significa que va a la raíz de las cuestiones, y a mí me gusta ir siempre a la raíz del problema al que me tengo que enfrentar para poder entender de dónde surgen las cosas.

¿Qué significa ser la alcaldesa de un pueblo de 54 personas?

Por una parte, es una responsabilidad enorme, porque aunque la población sea muy pequeña, no deja de estar en ti todo lo que se hace en un pueblo. Y aunque seamos solo 54 vecinos, la realidad es que un ayuntamiento pequeño se tiene que enfrentar a las mismas cosas que uno grande. Y eso genera muchísimas dificultades, porque la ley es la misma para mí que para Madrid. Y todo sin funcionariado y sin dedicación, pero con una ley que no hace una discriminación positiva a los municipios pequeños, cediendo en la alcaldesa todas las responsabilidades, lo que lo hace muy duro y muy trabajoso.

Sin embargo, a la vez supone un honor en el sentido de tener la capacidad y la posibilidad de mejorar tu pueblo y toda la comarca, poniendo en la opinión pública el proceso de despoblación al que se nos está sometiendo, porque para mí no es algo que surja espontáneamente, sino que está todo muy pensado. Contestando a la pregunta, lo resumiría en responsabilidad y honor.

¿Por qué cree que un pueblo donde el PP ha gobernado desde los inicios de la democracia pasa a votar a la izquierda en 2015?

Yo creo que hay una razón fundamental y es que las dos concejalas de San Pelayo Toma la Palabra somos del pueblo de toda la vida. En los pueblos pequeños tú votas a las personas, no a los partidos. También hay gente de convicciones políticas muy arraigadas que aunque me conozcan a mí de toda la vida, no me hayan votado. No obstante, si te fijas en los datos de las elecciones generales el partido que más votos tiene es el Partido Popular, aunque es cierto que solo supera a Unidos Podemos por tres votos. Sí que parece que hay un cambio de mentalidad. Pero que hayamos ganado nosotras las elecciones locales no significa que el pueblo haya pasado de ser un pueblo de derechas a ser un pueblo de izquierdas, simplemente han depositado la confianza en nuestra candidatura por ser quienes somos. Si nos presentamos por el PP hubiésemos ganado por más votos aún.

¿Qué encuentra cuando accede a la alcaldía de este pequeño municipio?

Lo que nos encontramos es un patrón que siguen muchos pueblos y es que las alcaldías las ocupan gente con buena voluntad pero con poca preparación, lo que provoca que los secretarios manden más que los propios alcaldes. Nosotras nos presentamos porque detectamos muchas carencias que veíamos que no eran difíciles de suplir. Sin embargo, hay que alabar que una persona que tiene su trabajo también se haga cargo de la alcaldía de un municipio y por eso no me gusta criticar la gestión de la corporación anterior y ser muy dura públicamente, aunque tengo mis opiniones de muchas cosas que se pudieron hacer mejor durante los años en los que gobernaron. Pero es cierto que cuando llegas aquí solo traes tu buena voluntad, nadie te dice qué hay que hacer para ser alcalde o alcaldesa.

Ha criticado en alguna ocasión que los ayuntamientos de los pueblos en general suelen centrarse en arreglar los pueblos como si fuesen monumentos, como escaparates… ¿Cuál ha sido su política? ¿Qué proyecto de pueblo ha propuesto para San Pelayo?

Nosotras lo que teníamos claro es que de lo que se trataba era de dinamizar a las personas y hacer cosas para las personas. Hay que arreglar las calles, por supuesto, pero no me sirve de nada tener un adoquín precioso en la calle de mi pueblo si nadie pisa las calles de mi pueblo. Por eso lo que hay que hacer es darle razones a los vecinos para quedarse a vivir aquí. Yo creo que nadie decide quedarse en un pueblo porque las calles sean más o menos bonitas, pero sí que decides quedarte si hay posibilidad de trabajar, de hacer actividades… También es interesante saber que los pueblos están llenos de pensionistas y de gente jubilada que lo que quiere es, por ejemplo, tener unas clases de gimnasia u otras actividades. Para mí eso es más importante que tener fuentes con luces, porque eso hace comunidad. 

Describa San Pelayo. 

Pues San Pelayo es un pueblo muy muy pequeñito que se encuentra en medio de la meseta castellana, en la típica imagen que describe Delibes en cualquiera de sus libros: campos amarillos donde la única sombra en pleno agosto son las torres altas de las iglesias que se construyeron antaño cuando éramos una gran potencia mundial.

San Pelayo no tiene apenas nada. Es un pueblo de 18 calles y una plaza. Tenemos una fuente monumental que es por lo que se nos conoce principalmente porque trae el agua de manantial. También hay en el pueblo una iglesia, una ermita, el ayuntamiento y un teleclub donde se reúnen los vecinos.

¿Lo considera un pueblo abandonado?

Considero que es un pueblo abandonado por la administración. Y eso sucede también con otros pueblos que son muy pequeños y que para la administración solo suponen gastos. Por eso yo soy de la opinión de que la administración lo que quiere es acelerar este proceso de despoblación para que le deje de costar dinero, aunque las diputaciones digan que pueblos como este siguen vivos gracias a ellas. En ese sentido sí es un pueblo abandonado.

Sin embargo, si tú vienes hoy mismo a San Pelayo y paseas por sus calles te darás cuenta de que los vecinos no lo han abandonado, que a pesar de todo sigue viviendo gente. Es curioso, además, que cada casa que se pone en venta se vende rápidamente. Por eso la mitad o más de la gente que vive aquí es gente que no tiene raíces en San Pelayo.

A pesar de ese abandono institucional, te das cuenta de que la mayor parte de la gente se preocupa por el pueblo y quiere recuperarlo. Además, está dando también un fenómeno de regreso. Se os vendió el relato de la ciudad como al Arcadia feliz donde todo era posible y la gente empieza a dar la vuelta a eso.

¿Qué ejemplos pondría de este abandono institucional?

El desmantelamiento de los servicios sociales. ¿No hay colegios porque no hay niños o no hay niños porque no hay colegios? Si se cierra un colegio lo que se hace es no incentivar a que las familias vengan a los pueblos. Lo mismo con los centros de salud. Hay hijos que prefieren llevar a sus padres a residencias de ancianos en la ciudad porque en el pueblo en el que han vivido toda la vida no hay un médico que les pueda atender. Así con todo… Ahora, por ejemplo, nos han quitado el transporte y dependemos totalmente del vehículo privado. ¿Cómo un padre o una madre va a mandar a sus hijos a cualquier parte si tampoco tiene transporte? Si desmantelamos los servicios básicos, también se desmantela la empresa privada. Si yo tengo un bar en el pueblo pero la gente se va del pueblo, deja de ser rentable que yo tenga ese bar y lo cierro. Y cerrar el único bar implica que acabas con el lugar de reunión de la gente…

También ha dicho en alguna ocasión que los pueblos no son rentables, pero aportan otro tipo de beneficios. ¿Cuáles?

Los pueblos no son rentables en el sentido de que no generan dinero, pero es que un núcleo de población no hay que medirlo en los términos de rentabilidad capitalista porque estamos hablando de personas que tienen el derecho a elegir vivir donde quieran. Y además, es un beneficio social porque las personas que viven en los pueblos mantienen vivo el territorio, lo custodian y lo cuidan. Por eso, que la gente viva en los pueblos, es más rentable en términos sociales. Si la gente viviese en los pueblos, se evitarían grandes desgracias como la de Galicia del año pasado. Si viviesen más personas en los pueblos, se podrían limpiar mejor lo montes, por ejemplo y evitar estas desgracias. Porque con un incendio peligra el ecosistema, peligra nuestra salud, peligran los alimentos… No podemos olvidar eso, que los alimentos se producen en el campo, porque va a llegar un punto en el que pensaremos que nacen en las fábricas en bandejas blancas recubiertas por un plástico.

También hay que tener en cuenta que descongestionamos los grandes núcleos de población. No es posible sostener que la mayor parte de la población de un territorio se concentre en torno a una ciudad. Eso es insostenible.

¿Qué es el proyecto Reencuentro con la fuente? ¿Cómo nace?

En un encuentro sobre el medio rural conozco a una chica que nos ofrece un proyecto de voluntariado ambiental en San Pelayo. En cuanto nos los explica vemos que cuadraría fenomenal para arreglar una antigua fuente y lo ponemos en marcha. Desde el primer momento vimos que tenía que ser una actividad intergeneracional, porque o nos juntamos todos o es imposible hacer quorum. La excusa era la fuente porque lo que pretendíamos era poner en valor la biodiversidad del entorno, aprender qué especies habitan en nuestra zona, construir cajas nido para las aves… De esta forma buscábamos reconciliarnos con el entorno y darnos cuenta de que a lo mejor hay otras alternativas para equilibrar el ecosistema.

¿Cómo cree que puede mantenerse vivo un pueblo como San Pelayo de aquí a unos años?

Hay dos cuestiones básicas. En primer lugar están las comunicaciones: internet y telefonía móvil. Hay muchísimos pueblos que no tienen acceso a internet o que no tienen cobertura móvil. Es imposible que nadie pueda establecerse en el medio rural con algún tipo de empresa si no tiene lo más básico. No tener cobertura móvil es lo equivalente hace 50 años a no tener luz o agua corriente. Y de eso se nos está privando.

El otro punto fundamental es la vivienda. Nuestros pueblos están llenos de viviendas vacías que se están cayendo. Los jóvenes de los pueblos nos estamos yendo porque no tenemos acceso a las viviendas que ya existen y, por supuesto, no tenemos dinero para comprar un terreno y construir nuestra propia vivienda. Eso solo lo pueden hacer ciertas personas cuando se jubilan.

Los jóvenes necesitamos tener una casa para vivir. No hace falta siquiera que el trabajo esté en el propio pueblo, porque teniendo unas buenas carreteras nos podemos mover. O incluso podemos trabajar desde casa si tenemos una buena conexión a internet. Pero mientras no tengamos eso, no podremos vivir de ninguna manera.

Y ahora, volviendo a la radicalidad de la que hablábamos al principio, esto pasa por la expropiación. Igual que se expropian tierras para hacer carreteras y a nadie le parece raro, hay que empezar a expropiar las viviendas que se caen, porque al final se convierten en focos de suciedad y de ratas que empobrecen la vida de las personas que viven aquí. Hay que expropiar y darle al propietario el valor de su vivienda, yo no defiendo una expropiación a cambio de cero. Pero de esta forma la gente empezaría a preocuparse por su vivienda y a cuidarla.

¿Cómo ha cambiado San Pelayo desde que ustedes gobiernan?

Si te das un paseo por el pueblo notarás es que hemos creado una zona de convivencia, un nuevo parque, lo que ha propiciado la reunión constante de vecinos que antes no salían de casa. Y ahora es fácil ver a señores jugando al dominó como antaño, niños en el parque, gente tomando una cerveza en la puerta del centro, gente haciendo actividades… Al final son cosas que van más allá de las propias construcciones. Nosotras no queremos ser recordadas por elementos en concreto, sino por este tipo de cosas. Aunque sí que quedarán cosas palpables como, por ejemplo, los carteles con los nombres de las calles, que no estaban. Pero como decía, sobre todo nuestro paso se nota en la gente.

¿Se presentarán a las próximas elecciones?

Probablemente, sí. Es verdad que estamos agotadas porque son cuatro años sin ningún tipo de dedicación, perdiendo tiempo y dinero. Pero tenemos un proyecto por delante y no podemos irnos sin verlo realizado. Vamos a sacar a subasta pública unos terrenos para la construcción de vivienda y no querría dejar el ayuntamiento y que alguien pudiera venir y paralizar este proyecto que permitirá que vengan seis nuevas familias a San Pelayo.

¿Cómo se imagina San Pelayo en 20 años?

Procuro no hacer este ejercicio muchas veces porque no se trata solo de las ganas que tengamos los habitantes de San Pelayo sino de los recursos que lleguen. Los impuestos se pierden en las instituciones intermediarias como las diputaciones y, en vez de llegar el 33% del presupuesto a los ayuntamientos, llega muchísimo menos. La Ley Montoro ha dejado clara que a los ayuntamientos nos van a dejar solo para gestionar la protección del santo el día de la fiestas y para echar herbicida en los cementerios en víspera del día de los santos y poquito más. Está claro que al Gobierno central el municipalismo no le interesa. Yo soy optimista de lo que se puede hacer en los pueblos, pero soy más pesimista porque no depende solo de nosotros.

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Dani Domínguez

Dani Domínguez

Periodista entrópico recién salido de las aulas. En la actualidad, cursa un máster en Comunicación Política por la UCM. Músico y extremeño.

4 comentarios

  1. Chorche
    Chorche 28/08/2018, 19:24

    Espero que tengas más suerte que Alberto Cañedo ex alcalde de Carcaboso (Cáceres) que tenía un excelente programa para su pueblo y para la conservación del medioambiente y ya sabes los que abren caminos suelen recibir pedradas de los más carcas.
    https://apoyoalberto.com/web/

    Responder a este comentario
  2. C
    C 26/08/2018, 16:30

    A pesar de lo que se diga, los datos dicen que somos d los paises mas centralizados y hay que apotar por el federalismo histórico y la municipalidad como Alemania para gestionar bien los problemas de la ciudadania tan importantes como la vivienda etc :
    https://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2018/08/06/el-excesivo-poder-del-estado-central-dificulta-la-resolucion-del-problema-de-la-vivienda-y-el-transporte/

    Responder a este comentario
  3. ArroyoClaro.
    ArroyoClaro. 20/08/2018, 19:13

    Cuanta sensatez, Virginia.
    … “el proceso de despoblación al que se nos está sometiendo, porque para mí no es algo que surja espontáneamente, sino que está todo muy pensado”…
    Totalmente de acuerdo. No sólo sucede en Castilla, creo que es la tónica general en todo el Estado español.
    En los periódicos lees que las administraciones están trabajando para que las localidades rurales no se despoblen y en la práctica ves el abandono y la dejadez que invaden a estas poblaciones.
    Algunas de ellas están siendo compradas por los nuevos terratenientes para la agricultura industrial o para lo que más les convenga, gente que emplea muy malas “artes”, especuladores de la ciudad dónde ya no es tan fácil hacerse ricos.
    Al pequeño agricultor autóctono además de triplicarle el IBI, ahora se lo cargan hasta de los cobertizos dónde guarda las herramientas en el campo.
    Y ya sabes que hoy día del campo sólo viven grandes agricultores.
    Sí, yo creo que todo está pensado para que la España rural se quede en manos de cuatro depredadores.
    Otra prueba de ello es la expulsión por parte de la administración de la juventud que pretendía recuperar pueblos abandonados y quedarse a vivir en ellos en distintos pueblos de la geografía española.
    Todo está dispuesto para beneficiar al poderoso.
    No, no perdéis tiempo ni dinero, Virginia. Nunca fué mejor invertido.
    A este mundo venimos a poner nuestro granito de arena para hacerlo un poquito mejor.
    Sí, presentaros las próximas elecciones.
    Además fíjate que parece que sois profetas en vuestra tierra, cosa muy infrecuente.
    Muchas gracias por ser como sois y por hacer lo que hacéis.

    Responder a este comentario
    • ArroyoClaro
      ArroyoClaro 21/08/2018, 13:04

      P.D.
      A los nuevos caciques terratenientes las administraciones les permite que se embalsen barrancos hasta dejar el cauce totalmente seco para regar monocultivos que no precisan de riego, monocultivos que mantienen limpios de maleza a base del cancerígeno glifosato, les permite que arrasen con hectáreas de biodiversidad de flora autóctona, con árboles protegidos, por ejemplo el enebro, con olivos milenarios, con todo el perjuicio que todo ello conlleva para la fauna.
      Mientras que al pequeño agricultor autóctono, de subsistencia, le cae una buena multa si le sorprenden cortando un árbol.

      Responder a este comentario

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