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lunes 22 octubre 2018

Opinión

Centros para clasificar migrantes, nueva propuesta del Consejo Europeo

“Se endurecen las medidas de control hacia las entradas “irregulares” mientras se establecen cuotas de entrada para población procedente de determinados contextos en conflicto”, reflexiona la autora.

07 agosto 2018
11:59
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Centros para clasificar migrantes, nueva propuesta del Consejo Europeo
Alambre en una frontera. Foto: Pexels / Licencia CC0

Ivana Ruiz // Recientemente el Consejo Europeo proponía la creación de centros de clasificación de migrantes con el objetivo de esclarecer las causas que originan su desplazamiento y determinar una postura a seguir desde Europa. Recordemos que los países integrantes de la Comisión Europea, firmantes de la Declaración Universal de los Derechos Humanos así como del Estatuto de los Refugiados surgido a raíz de la Convención de Ginebra de 1951 se ven compelidos a establecer un procedimiento de asilo para aquellas personas que soliciten una protección internacional, impidiéndoles taxativamente la devolución (non refoulement) en su artículo 33 “Prohibición de expulsión o de devolución”. Esta medida de clasificación será uno más de los tantos vericuetos que tratan de esquivar este mandato internacional. 

Con la creación de la Unión Europea y sobre todo a raíz del Espacio Schengen, las fronteras externas de Europa se convierten en una “preocupación” que no solo atañe al Estado al que pertenece la frontera territorial sino que se convierte en una inquietud de todo el continente. El incremento de las llegadas a las fronteras europeas de población procedente de diferentes países y regiones en conflicto interpelaba al continente ya no en tanto que migración, fenómeno para el cual se habían puesto importantes medidas de seguridad y grandes despliegues tanto en tierra como en mar, sino que ahora hacía en cuanto a asilo y refugio, y con ello a la razón humanitaria de la que hace gala Europa. No obstante no parece serle del todo convincente poniendo así condicionantes y puntos intermedios a la hora de determinar su responsabilidad. Hagamos un breve recorrido por las medidas migratorias y reforzamiento de fronteras que se vienen poniendo en marcha en el último lustro como base de apoyo para entender la nueva propuesta de los centros de clasificación de migrantes. 

Con la llegada de personas provenientes fundamentalmente del conflicto en Siria, se decidió establecer un cupo de personas que serían, en teoría, acogidos en cierto número por los distintos miembros de la Unión Europea. Para determinar el cupo a cada país se utilizaron datos macroeconómicos como el PIB del Estado en cuestión y otros indicadores como el número de población total o el índice de paro. Cabría pues hacer dos apuntes fundamentales sobre esta decisión, en primer lugar que refería fundamentalmente a personas provenientes de Siria cuando a las puertas de Europa llamaban de otras muchas otras regiones no tan mediáticas pero sí olvidadas. En segundo lugar recordar que los países que más población refugiada acoge en el mundo son Turquía y Pakistán (con 2, 5 y 1,6 millones respectivamente), destacando el caso del Líbano con 183 refugiados por cada 1000 habitantes, en todo caso cualquiera de estos países con PIB inferiores a la media de la Unión Europea. Esta política de cupos, que tampoco se cumplió a rajatabla (especialmente el Estado español, hasta el 2017 solo había cumplido con el 14% de lo acordado), mostraba el ordenamiento de las cargas a asumir por cada Estado miembro de la poniendo para ello en suspenso algunas de las líneas recogidas en el Sistema Europeo Común de Asilo (SECA) o de los Acuerdos de Dublín II y III donde se establecía que solo se puede pedir asilo en el primer país de la Unión al que se llegue. Excepcionalidad que solo se aplicó en esos casos mientras se implementaban paralelamente medidas que incrementaban la seguridad en las fronteras, como el acuerdo con Turquía o la propia suspensión del espacio Schengen.

La llegada de población a las fronteras sigue produciéndose y Europa moviliza pues nuevas medidas que buscan ser menos impopulares que las anteriores y que aún se valgan del argumento humanitario. Se endurecen las medidas de control hacia las entradas “irregulares” mientras se establecen cuotas de entrada para población procedente de determinados contextos en conflicto, “cuota para los refugiados y mano dura contra los sin papeles”. En los centros de clasificación para migrantes encontramos un punto nodal de esta práctica de doble intencionalidad donde se intenta converger el discurso humanitario de socorro a quien lo necesita (definiendo bajo unos parámetros muy específicos esa necesidad), al tiempo que se pone en marcha todo un dispositivo de gobierno sobre las poblaciones que llegan a la frontera, excluyéndose con ello a un gran número de personas por no quedar clasificados como “necesitados de esa acogida”.

Estos centros que propone el Consejo Europeo, también llamados “plataformas regionales de desembarco”, serían un mecanismo rápido para determinar si las personas que intentan llegar a Europa son posibles solicitantes de protección internacional o son migrantes económicos. El objetivo es supuestamente “reducir el incentivo de embarcarse en viajes peligrosos”. Esta medida de clasificación opera en el fondo de la misma manera que el propio procedimiento de asilo trata de desarrollar a partir del estudio de una solicitud y la búsqueda de “veracidad” entre las pruebas presentadas y el relato esgrimido, con la diferencia de que se está abiertamente impidiendo el acceso a territorio a determinadas personas, multiplicando centros de retención, y externalizando las labores de control (recordemos que los centros estarían fuera de la Unión Europea).

La dificultad del acceso al territorio ha sido en el caso español uno de los principales obstáculos para la petición de asilo, como también lo es la negativa a conceder asilo a las personas que no se les reconoce una procedencia de un país declarado en conflicto. Recordemos para que un país sea declarado en conflicto tiene que existir un llamado desde las Naciones Unidas lo que habilita la posibilidad de pedir protección y que esta le sea concedida. Viejos conflictos donde no existe dicho llamado dificultaría la posibilidad de solicitar asilo, como de hecho ya lo hace, a muchísimas personas. También nos encontramos con otras dificultades en el acceso al asilo como ocurre con el tratamiento de nuevos contextos que originan desplazamientos forzados, como es el caso de los desplazamientos ocasionados por pandillas o bandas criminales que terminan siendo considerados como “delincuencia común”, impidiéndoles por tanto optar a una protección internacional. Muchos son los precedentes que hablan de los obstáculos que se buscan poner sobre el terreno, más allá del discurso y de las pretendidas intencionalidades, a la concesión de una protección como para reflexionar acerca de la manera en la que será concebida esa “clasificación”.

Por otro lado, en la intención de clasificar inmigrantes se puede ver un profundo ejercicio del poder soberano representado ya no solo en el control de las fronteras sino en la determinación de quienes serán sus sujetos de protección y quienes quedan expulsados fuera de las “murallas” del Estado. Desde el 2015 fundamentalmente, se ha podido ver un fuerte repliegue de esas fronteras externas de la Unión Europea al tiempo que se extienden los controles. El alambre de espino y de los radares que detectan embarcaciones en el mar se han multiplicado. Las cumbres de jefes de Estado y la atención mediática ha mantenido vivo un tema al que no se le ha abordado con la profundidad que requiere y la trascendencia que demanda. No obstante parece que la labor de blindaje vendrá acompañada de ejercicios de justificación y legitimación dentro del discurso humanitario, despolitizando así las medidas adoptadas en nombre de prácticas de ordenamiento y eficacia.

El papel de Europa ante la migración se ubica pues entre el discurso de repliegue de sus fronteras con una fuerte intención de frenar las entradas, al tiempo que se siente constreñida al cumplimiento de los acuerdos en materia humanitaria a los que está adherida a nivel internacional. En esta disyuntiva entre el discurso y la práctica se ubican estos centros. Bajo un discurso humanitario se presentan como formas de poner “orden” y establecer un control mientras subyacentemente pervive una articulación jerárquica de producción de subalternidades. La acogida pasa de recaer en la urgencia de una situación de desplazamiento a un ejercicio de comprobación, de un mandato de socorro a uno de evaluación, desarrollándose además en una lógica espacial en donde los confines de la Unión Europea no serían ya los límites de su gobierno y soberanía, sino que se extenderían más allá, hacia esos espacios de clasificación. Esta nueva realidad requiere de un profundo abordaje que sobrepasa las posibilidades de este escrito, pero valga aquí para llamar la atención sobre los dobles significados discursivos de las nuevas políticas europeas en materia migratoria, de asilo y refugio pues se encuentran estas atravesadas por un mandato internacional de “buenas prácticas” que le lleva a recubrirlas de florituras.

 

Ivana Ruiz es colaboradora del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL)Paz con Dignidad

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3 comentarios

  1. Julián
    Julián 08/08/2018, 20:39

    Pueden formar grupos como éstos: fenicios, vándalos, árabes, suevos, etc. etc. Vaya, nuestros antepasados

    Responder a este comentario
  2. Carmen C.
    Carmen C. 07/08/2018, 21:35

    Volveré cuando los sapos bailen flamenco.
    Magda Galardiel (Exiliada Laboral: del 15 M… a Bratislava)
    Hace casi seis años acabé la carrera y, ante una perspectiva laboral desoladora en España, acepté una beca en Bratislava (Eslovaquia). En aquel momento no tenía ni idea ni del país ni del idioma, sólo sabía que era una oportunidad para subsistir (al menos) un par de meses, para evitar el desempleo y no esperar de brazos cruzados la mejora económica que me permitiera encontrar un trabajo estable “de lo mío” en mi país.

    No fue fácil adaptarse a una ciudad extraña, con un idioma indescifrable y tan distinto al mío. Aún así, pienso que para los jóvenes de hoy es más fácil que para los adultos de entonces. Internet nos mantiene conectados y la nostalgia es más llevadera; al fin y al cabo, la mayoría seguimos en Europa y podemos permitirnos una visita a casa al menos una vez al año.
    Por mi experiencia, la mayoría de españoles en el extranjero no tienen la mentalidad de ahorrar todo lo posible para enviar dinero. En cambio, intentamos vivir en el país de acogida como viviríamos si estuviéramos en casa: buscamos amigos, salimos a tomar cervezas o a cenar, viajamos, conocemos nuevas costumbres…
    Eso provoca que llegue un momento donde tu corazón está dividido; cuando vuelves a casa te sientes extraño, como un “guiri” de vacaciones; cuando vuelves al país de acogida echas de menos muchísimas cosas…
    Y aquí es cuando te das cuenta de que tienes que tomar una decisión, y decidir si tu estancia necesita llegar a su fin, o si has decidido quedarte “para siempre” (o a más largo plazo). Yo he vivido varias estampidas de gente que vuelve a casa aunque no tengan trabajo allí; y cuando uno se va, los cimientos de todos los demás se mueven, y muchas veces el corazón pesa más que la razón. La nostalgia se impone.
    En mi caso, sé que jamás podré tener en España lo que tengo aquí: trabajo fijo en algo que me gusta y relacionado con mis estudios, un buen sueldo y un horario que me permite salir a las 4 o las 5 de la tarde, un pequeño apartamento para mí sola cerca del centro….
    No fue fácil conseguirlo: tras la primera beca, estuve unos meses trabajando “en negro” hasta que conseguí otra beca, y luego tuve que darme de alta de autónomo. El sueldo era bajo, casi no llegaba a final de mes y estaba siempre preocupada (sobre todo con las becas) por temas administrativos (seguridad social, residencia oficial…). Cuando la situación se volvió insoportable decidí buscar trabajo y tras varias entrevistas, lo encontré. ¿Lo más irónico? La empresa que me tuvo en ese estado precario era española.
    ¿Volveré algún día? Tal vez, cuando las condiciones laborales en España igualen las eslovacas, o cuando los sapos bailen flamenco, que tal vez pase antes.
    https://afinidadesanticapitalistas.blogspot.com/2018/06/volvere-cuando-los-sapos-bailen.html

    Responder a este comentario
    • Chorche
      Chorche 09/08/2018, 10:47

      Unos vienen buscando mejorar sus vidas,
      otras se van por el mismo motivo;
      inmigrantes y emigrantes víctimas del gran depredador capitalista.
      ¿Y si cada cual en su lugar le plantáramos cara y lucháramos inmigrantes y emigrantes contra este enemigo común por un mundo más justo?
      HIJOS DEL PUEBLO, toca ser valientes, pase lo que pase, de cobardes no hay nada escrito.
      https://www.youtube.com/watch?v=w_Twgu63nAQ
      Himno anarquista:
      Hijo del pueblo, te oprimen cadenas
      y esa injusticia no puede seguir,
      si tu existencia es un mundo de penas
      antes que esclavo prefiero morir.
      Esos burgueses, asaz egoístas,
      que así desprecian la Humanidad,
      serán barridos por los anarquistas
      al fuerte grito de libertad.

      Rojo pendón, no más sufrir,
      la explotación ha de sucumbir.
      Levántate, pueblo leal,
      al grito de revolución social.
      Vindicación no hay que pedir;
      sólo la unión la podrá exigir.
      Nuestro paves no romperás.
      Torpe burgués.
      ¡Atrás! ¡Atrás!

      Los corazones obreros que laten
      por nuestra causa, felices serán.
      si entusiasmados y unidos combaten,
      de la victoria, la palma obtendrán.
      Los proletarios a la burguesía
      han de tratarla con altivez,
      y combartirla también a porfía
      por su malvada estupidez.

      Rojo pendón, no más sufrir,
      la explotación ha de sucumbir.
      Levántate, pueblo leal,
      al grito de revolución social.
      Vindicación no hay que pedir;
      sólo la unión la podrá exigir.
      Nuestro paves no romperás.
      Torpe burgués.
      ¡Atrás! ¡Atrás!

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