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martes 22 mayo 2018

Medio ambiente

Generando a la vez gases contaminantes y desigualdad durante décadas

“Constatamos una vez más que la falta de respeto por el medio ambiente es tan solo una de las multiples caras de un mismo conflicto”, reflexiona el autor.

16 mayo 2018
12:37
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Generando a la vez gases contaminantes y desigualdad durante décadas
Zona de almacenamiento del carbón con la central térmica al fondo. Foto: Toni Martínez.

José Luis Velasco es miembro del  Observatorio Crítico de la Energía

La central térmica de As Pontes, situada en A Coruña y propiedad de Endesa, ha vuelto a ser noticia por su contribución al deterioro del medio ambiente. En efecto, As Pontes es una de las 20 instalaciones que más gases expulsan en la UE: ocho millones de toneladas de CO2 equivalentes en 2017. Decimos “vuelve”, porque no es la primera vez, ni la segunda, que As Pontes aparece en este tipo de clasificaciones: ya en 1989 (¡hace 29 años!) era la térmica más contaminante de Europa, según la revista Acid News. La tercera era la de Andorra, en Teruel, también propiedad de Endesa.

En aquel momento, las clasificaciones de centrales de carbón se centraban en las emisiones de dióxido de azufre; esto era debido a que la lluvia ácida se percibía como una amenaza más tangible que el cambio climático. Precisamente por su papel en la aparición de lluvia ácida (y consiguiente daño a los bosques) en la región cercana a la central de Andorra, Endesa estuvo acusada de delito ecológico en los años ochenta. Para más inri, en lo que quizás es un buen precedente del greenwashing que llevan a cabo actualmente las compañías eléctricas, Endesa puso en marcha por aquel entonces una campaña titulada: “Energía viva. La naturaleza, la tierra y el agua nos merecen el máximo respeto”.

Pero es interesante no detenernos en el aspecto puramente ecológico del efecto que As Pontes ha tenido y tiene en su entorno, pues la vida de los ciudadanos que habitaban en la región cercana a la central se ha visto afectada por esta instalación también en otros ámbitos. El objetivo de este artículo es llamar la atención sobre algunos de ellos y especialmente sobre el hilo que los conecta.

As Pontes se puso en marcha en 1976 y su construcción se distinguió, incluso para los estándares de entonces, por una “notable inseguridad en el trabajo”: en tres años murieron 18 trabajadores. Según los vecinos, en la construcción se ocuparon terrenos expropiados por el Instituto Nacional de Industria sin pagar a sus propietarios. No solo eso, sino que en los pueblos de los alrededores los precios de la vivienda se habían multiplicado debido a la necesidad de alojar a los trabajadores que la construyeron. Por todo ello, tuvieron lugar ocupaciones de terrenos y manifestaciones multitudinarias. Los vecinos consideraban que a todo lo anterior se sumaba que no recibían beneficio suficiente de la existencia de la central. En particular, faltaba empleo.

Ocurrió que cuando, en su primera visita oficial a Galicia, el rey Juan Carlos visitó la central, los residentes en el lugar quisieron pedir su “intercesión […] para que se dieran puestos de trabajo en la central, preferentemente a vecinos de la zona”. Las pancartas que se exhibieron “exigían la devolución de los montes comunales a los vecinos, atacaban a los caciques y hacían patente la incongruencia de que teniendo a dos pasos la central térmica […] varios pueblos continúen sin luz”. La respuesta del rey fue que ese mismo día el Consejo de Ministros estudiaría “el Plan Nacional de Electrificación Rural, para que en España llegue la luz a todos los pueblos”.

Pero más allá de la anécdota (la cual, a pesar de lo que dijeran algunas pancartas, no deja de tener su toque caciquil), ¿cuál fue el papel del Estado en este abanico de conflictos? Como estamos lamentablemente acostumbrados a ver, se puso de parte de la empresa, que además era entonces pública. Así, las manifestaciones convocaron a más de 1.000 personas, a pesar de las presiones en contra y de que se contaba con la “drástica intervención de la Guardia Civil”. De hecho, acercarse al rey no fue tarea sencilla: el gobernador de La Coruña impidió que los representantes sindicales hablasen con él, se mandó a gran parte de los obreros de la central de permiso, incluso poniendo autobuses a su disposición, se borraron pintadas y se eliminaron pancartas. Y en la acusación de delito ecológico antes mencionada, el Fiscal General del Estado se opuso a que se inculpara al presidente de Endesa, Feliciano Fuster.

Un conflicto con muchas caras

Quedémonos con las reivindicaciones: constatamos una vez más que la falta de respeto por el medio ambiente es tan solo una de las multiples caras de un mismo conflicto. Los habitantes de la zona no se manifestaban por la contaminación, o al menos no era este el motivo principal: lo hacían porque la instalación de la central térmica les generó diversos daños (expropiaciones, problemas de vivienda…) de los que la contaminación era solo uno, y quizás no el más apremiante; a cambio, habían recibido escaso beneficio. Qué imagen más reveladora puede haber que la de varios pueblos sin electricidad al lado de la que, entonces, era la mayor central térmica de España.

El caso de As Pontes no es particular. Similares problemas de contaminación, expropiaciones y falta de oferta de trabajo se dieron alrededor de la central térmica de Compostilla, en el Bierzo (León). También ahí los vecinos se opusieron a la compañía (organizaron incluso brigadas vecinales) y también allí el Gobierno mandó a la policía a defender los intereses de una empresa que tenía beneficios récord. Otro tanto ocurrió en As Encrobas, donde una filial de Fenosa quiso expropiar unos terrenos para explotar una mina de carbo?n con la que alimentar una central te?rmica en proyecto. En esa ocasión, la oposición vecinal nos dejó imágenes icónicas.

El mismo tipo de situaciones, y con esto nos aproximamos al momento actual, se han visto hace poco en muchos países de Latinoamérica: en Esquel (en la tundra patagónica) y Andalgalá, en Argentina; en las colinas boscosas de Chalatenango, en El Salvador; en el desierto peruano en Tambogrande; en Sipacapa, en la selva guatemalteca; en Cochabamba, en el altiplano boliviano. En todos los casos, la historia fue fundamentalmente la misma: una gran empresa, con apoyo legal (y a menudo policial, por acción o por omisión) del correspondiente Gobierno, que trata de explotar recursos naturales para su propio beneficio y pone en peligro el modo de vida de una comunidad local.

También en Norteamérica se están organizando movimientos de oposición a, por ejemplo, Keystone XL, un oleoducto que planea transportar el petróleo proveniente del fracking en Dakota y de las arenas bituminosas de Alberta, en Canadá. De nuevo, los que luchan lo hacen por motivos complementarios: están los que se oponen a las expropiaciones de tierras (con los nativos americanos en un papel protagonista), los que se preocupan por la contaminación del agua que se produce en origen y que se puede desarrollar a lo largo del oleoducto en caso de incidente y los que creen que el proyecto contribuirá a acelerar el cambio climático. Esta lucha conjunta les llevó a conseguir temporalmente su objetivo, y el expresidente Barack Obama paralizó temporalmente Keystone XL por no “servir a los intereses nacionales de EE UU”.

Negocio para una minoría

Y no hace falta irse tan lejos: aquí y ahora, en España, vemos imágenes de la Armada española abordando a activistas que se oponen a prosprecciones petrolíferas. También aquí y ahora se desarrollan proyectos fósiles que benefician a unos pocos a costa de perjudicar a la mayoría. ¿Qué es la apuesta española y europea por el gas natural sino una fuente de ingresos garantizados para una minoría recordemos los más de mil millones de euros que se ha embolsado ACS por el proyecto Castor, y los intereses que han recibido los bancos que lo financiaron y de problemas a corto y largo plazo terremotos en la costa, amenazas a parques naturales, malgasto de recursos económicos finitos, formación de oligopolios, endeudamiento, dependencia energética y, por supuesto, cambio climáticopara el resto? Con esto en mente, muchas y muy diversas organizaciones preocupadas por diferentes aspectos de la apuesta por el gas han comenzado a juntarse a hablar y a organizarse.

Ya que hablamos de cambio climático, es probablemente así, tejiendo redes de demandas, como mejor podremos ganar tiempo para luchar contra la amenaza con mayúsculas a la que nos enfrentamos. A rueda de otros requerimientos más a corto plazo como por ejemplo no regalar dinero en almacenes de gas inútiles podremos poner en marcha las estrategias de mitigación y adaptación que son imprescindibles para las siguientes décadas. Pero no splo eso: en el largo plazo serán inevitables reformas todavía más profundas que acaben con la lógica actual de crecimiento sin límites; movilizar mayorías amplias en torno a esta lucha es la única forma de que el resultado de dichas estrategias y reformas sea justo.

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José Luis Velasco

José Luis Velasco

5 comentarios

  1. Chorche
    Chorche 21/05/2018, 17:40

    Europa da alas a la continuidad de la contaminación en España.
    Ecologistas en Acción considera que la decisión que acaba de anunciar la Comisión Europea de no llevar a España al Tribunal de Justicia Europeo por exceder continuamente los límites de contaminantes, fomentará la reiteración de estos incumplimientos.
    Aunque estamos mejor que hace 15 años, gran parte de esa mejoría se debe a la crisis que ha provocado un menor consumo de combustibles fósiles.
    El documento más firme presentado es el Plan A de la ciudad de Madrid. Aunque esta medida es plausible, debería haber sido aprobado y aplicado hace una década.
    El Estado español lleva excediendo los valores legales para varios contaminantes desde la entrada en vigor de las normativas correspondientes: dióxido de nitrógeno (NO2) desde 2010, y partículas inferiores a 10 micras (PM10), desde 2005. La gestión de la contaminación realizada ha sido la de la inacción. Esto a pesar de las más de 20.000 muertes anuales que provoca la exposición a estos contaminantes, según la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA).
    https://www.ecologistasenaccion.org/?p=94876

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  2. ArroyoClaro
    ArroyoClaro 20/05/2018, 14:34

    La responsabilidad Corporativa en BBVA: donde dije digo, digo Diego.
    En febrero de 2018, hace apenas unos meses, el BBV hizo pública una nueva estrategia de cambio climático y desarrollo sostenible. En su “Compromiso 2025”, la entidad bancaria se fijó el objetivo de alinear su actividad con el escenario de calentamiento global y contribuir a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. El BBVA defiende el cumplimiento del Acuerdo de París y trabajará para no superar los 2º C de incremento de la temperatura media del planeta. Y no sólo eso. Esta entidad bancaria ha establecido normas sectoriales para la diligencia ambiental y social, normas entre las que destacan la prohibición de financiar la exploración y producción de arenas bituminosas.
    Las arenas bituminosas, tar sands en inglés, es una especie de alquitrán en cuyo tratamiento de extracción y filtrado se consume enormes cantidades de agua dulce y genera grandes cantidades de residuos tóxicos líquidos y sólidos, que se almacenan frecuentemente de manera inadecuada. Lo que se obtiene al terminar el proceso es un petróleo extra pesado, de peor calidad y más difícil y peligroso de transportar, que emite más sustancias contaminantes y genera más residuos en las refinerías que el petróleo convencional. Teniendo en cuenta todas las fases del proceso, las emisiones de gases de efecto invernadero en todo su ciclo de vida se estiman un 23% superiores a las del petróleo convencional.

    La extracción, procesamiento y transporte de estas arenas bituminosas tiene unos enormes impactos ambientales. Su explotación se realiza principalmente mediante minería a cielo abierto, es decir mediante la deforestación de los bosques boreales.
    Todo lo que promete el BBVA suena bien. Pero ahora toca tomar decisiones. La primera decisión debería ser anunciar públicamente que no financiará, directa o indirectamente, a través de préstamos corporativos o de proyectos generales, ningún proyecto de infraestructura de arenas bituminosas, incluidos ninguno de los oleoductos proyectados actualmente para evacuar las arenas bituminosas. También, debe hacer público el compromiso de no financiar en el futuro ningún proyecto de oleoducto polémico que amenace los derechos de los indígenas, el medio ambiente o el clima, así como dar por concluida su relación financiera con ETP.
    https://es.greenpeace.org/es/noticias/la-responsabilidad-corporativa-en-el-bbva-donde-dije-digo-digo-diego/?utm_medium=email&utm_source=newsletter-socios&utm_campaign=democr

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  3. Carmen C.
    Carmen C. 19/05/2018, 15:30

    El análisis de los resultados disponibles hasta el momento del encuentro sobre las negociaciones climáticas en Bonn muestra que los puntos más importantes están siendo pospuestos a un nuevo encuentro en Bangkok.
    Ecologistas en Acción lamenta que, bajo la excusa de postponer el debate, las empresas fósiles sean bienvenidas a las negociaciones climáticas y que los países eviten abordar el desarrollo de un reglamento sobre el conflicto de intereses.
    La plataforma de Acción por el Clima española reúne a los grandes contaminadores causantes del cambio climático. En ella, a cambio de pequeños compromisos acordes con su línea de negocio, se les otorga una etiqueta verde injustificada”.
    Las empresas fósiles siguen teniendo la puerta abierta a las negociaciones climáticas, apoyándose así la continua defensa de Estados Unidos a las industrias fósiles.
    La próxima cumbre en Polonia, un país que se ha caracterizado por la defensa de los intereses fósiles. Sin ir más lejos, en la anterior cumbre hospedada por este país, el ministro polaco de medio ambiente fue sustituido a mitad de la cumbre por no ser lo suficientemente favorable al fracking.
    Asimismo, la próxima presidencia polaca ha recibido fuertes críticas. A esto se suma que un grupo de expertos de Naciones Unidas comunicaron el pasado lunes al Gobierno de Polonia su preocupación por las leyes elaboradas ‘a medida’ para la cumbre, que impedirán la libertad de trabajo de muchos de las organizaciones de la sociedad civil.

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  4. CarlosAFL
    CarlosAFL 16/05/2018, 14:05

    Me crié en As Pontes, donde viví de forma continua entre 1975 y 1988 y después hasta bien entrados los noventa volviendo en cuanto tenía oportunidad. Incluso hoy en día mantengo ammigos allí. Y hago este comentario porque me parece que el autor de este artículo poco o nada ha consultado a la gente de la zona. Hay en el artículo mucha toma de postura y muchos lugares comunes de algunos grupos ecologistas, pero poco (o nada) contraste de informaciones. Una pena.Queda la sensación a trabajo de encargo cosiendo retales.

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    • José Luis Velasco
      José Luis Velasco 16/05/2018, 15:10

      Hola,
      gracias por tu comentario.
      En su primera parte, el artículo es un ejercicio de hemeroteca que recoge artículos de prensa publicados en su momento, y da los links para que se lean. En dichos artículos de prensa hay declaraciones de gente de la zona. En estos casos, es difícil saber, treinta años después, cuánto contrastó la información el periodista, y cómo de representativa es la gente a la que consultó. En todo caso, parece que el material es claramente suficiente para mantener la tesis principal del artículo, a saber, que hubo protestas (ni siquiera se dice que fueran mayoritarias) por una variedad de temas.
      Un saludo

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