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viernes 16 noviembre 2018

cambio climático

Corinne Le Quéré: “Las emisiones tienen que reducirse a cero”

Entrevista con una de las científicas más respetadas en el mundo de la investigación climática gracias a sus trabajos sobre el ciclo del carbono.

16 abril 2018
23:50
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Corinne Le Quéré: “Las emisiones tienen que reducirse a cero”
La científica Corinne LeQueré

Corinne Le Quéré (Canadá, 1966) es una de las científicas más respetadas en el mundo de la investigación climática gracias a sus trabajos sobre el ciclo del carbono. Le Quéré, que ahora vive y trabaja en Reino Unido, dirige el Centro Tyndall de Investigación en Cambio Climático y es profesora en la Universidad de East Anglia. Es también una comunicadora incansable, con un ojo puesto en el carbono que nos queda por usar y otro en los políticos que deben implementar las medidas necesarias. Coautora de los últimos tres Informes de Evaluación del Panel Internacional del Grupo Internacional de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) y con un doctorado en Oceanografía, Le Quéré se convirtió en un nombre de referencia cuando en 2007 publicó un estudio sobre la saturación de carbono en el Antártico.

En 2017, después de unos años de estabilidad, incrementaron las emisiones de dióxido de carbono. ¿Por qué?

Las emisiones globales habían permanecido estables durante tres años, en 2014, 2015 y 2016. En 2017 hicimos una proyección basada en los datos sobre energía que tenemos disponibles y parece ser que, efectivamente, aumentaron de nuevo. Saber cuánto es difícil. Nosotros damos un rango de entre el 1 y el 3%, por eso se ha publicado un aumento del 2% como aproximación. Eso es mucho. En este momento, China es el mayor emisor, así que cualquier cosa que ocurre en ese país tiene consecuencias. La principal razón por la que las emisiones globales estaban detenidas era porque las emisiones chinas no crecían. Incluso bajaron un poco. Pero en 2017, subieron. En parte es por un estímulo gubernamental para la industria del país, así que podría ser temporal. No está claro que estemos ante una tendencia a largo plazo. Sin embargo, aunque China sea el mayor emisor, las emisiones tanto en EEUU como en Europa, que ya se habían reducido durante una década, se espera que sigan a la baja, pero menos que en años anteriores. Esa es otra tendencia que ha contribuido al incremento global de emisiones. O, al menos, eso es lo que hemos proyectado para 2017.

¿Le desilusionó?

Sí, mucho. En nuestro grupo (Global Carbon Project) siempre habíamos sospechado que las emisiones no habían alcanzado aún su pico, pero tampoco esperábamos un incremento del 2%. Esa cifra, y perdona que me repita, es muy grande. Si acaba en un 1%, estará más cerca de lo que esperábamos. Y si fuera 3%, sería una gran decepción.

En su trabajo como consejera científica, ha sido partidaria de la utilización de tecnologías BECCS (Energía de Biomasa con Captura y Almacenamiento de Carbón), como una de las principales bazas para cumplir los objetivos climáticos. Recientemente se ha publicado un trabajo en Nature Climate Change que desafía esta tecnología. De acuerdo con ese estudio, la implantación masiva de BECCS supondría un grave riesgo para la biodiversidad y los ciclos hídricos y de nutrientes. ¿Aún mantiene que son la mejor solución?

Hablamos mucho de estas tecnologías, pero no significa que seamos partidarios. Sin embargo, el problema que tenemos es que, para limitar el cambio climático a cualquier nivel, si queremos que el planeta deje de calentarse, las emisiones tienen que reducirse a cero, o estar muy cerca de esa cifra. Incluso puede que tengamos que bajar de cero. Hay sectores en los que no puedes reducir las emisiones tanto. Por ejemplo, en transportes no habría problemas: todos podemos conducir un coche eléctrico. Lo mismo pasa con la calefacción y la refrigeración. Pero en otros sectores no se puede: aviación, producción de alimentos, algunas industrias. Así que tienes que compensar estas emisiones positivas con algo que capture carbón. Y la tecnología más prometedora es la BECCS: es la única, en este momento, que muestra alguna promesa. Se han propuesto otras, pero o son todavía teóricas o su coste es astronómico. Tener la tecnología BECCS nos daría una flexibilidad para más adelante en este siglo. Una vez que hayamos implementado todo lo que podamos, aún tendremos que hacer algo más. Y es esto. Va a haber muchos obstáculos. La bioenergía tiene que ser sostenible, y es algo tan difícil… Pero, por otro lado, todo va a tener que ser sostenible en este siglo, así que mejor que empecemos a hacerlo ya.

Ya que hablamos de legisladores, vemos una y otra vez a Donald Trump demostrar que no entiende algunos conceptos científicos básicos. ¿Es Trump una excepción? ¿De verdad implantan los legisladores del mundo el conocimiento científico de manera correcta?

Creo honestamente que la mayor parte de los legisladores del planeta consideran el conocimiento científico como un activo. Un ejemplo es el Acuerdo de París, que está basado en evidencias científicas. Trump es realmente distinto a otros políticos. Está tomando una serie de decisiones extremadamente dañinas para la base científica en su país. Esta política va a penalizar la capacidad de EEUU para adaptarse a un clima cambiante y para tomar medidas que reduzcan las emisiones, y tendrá consecuencias muy negativas para los ciudadanos estadounidenses.

¿Qué idea debería entrar en la cabeza con mayor urgencia, tanto a Trump como al resto de líderes mundiales?

No creo que Trump necesite más información. Creo que tiene toda la que necesita, toda la que hay disponible. Pero si tuviera la oportunidad de hablar con todos los legisladores, les diría que mirasen a su alrededor: los impactos del cambio climático ya son visibles. Por ejemplo, hay un incremento de la intensidad y la duración de las lluvias, lo que genera incendios forestales más fuertes y devastadores. Además, las lluvias torrenciales, también relacionadas con el cambio climático, suponen peligros de erosión e inundaciones, que se producen a su vez por el aumento del nivel del mar. Otro ejemplo es la temporada de huracanes de este año, que ha tenido impactos más dañinos, también relacionada con un planeta que cada vez tiene más vapor de agua en la atmósfera y un nivel del mar cada vez más alto. Que echen cuentas ellos solos. ¿Cuántos impactos pueden ver? Que se planteen si merece la pena hacer algo al respecto.

Hace 11 años se publicó uno de sus trabajos más conocidos, sobre la saturación del sumidero de carbono del océano Antártico. ¿Qué es un sumidero de carbono y por qué debe importarnos?

Emitimos dióxido de carbono a la atmósfera sobre todo con la quema de combustibles fósiles, pero realmente solo la mitad permanece allí. La naturaleza absorbe la otra mitad. El océano absorbe un cuarto y la biosfera terrestre otro cuarto. Las plantas crecen más. Estos dos, el océano y el bosque, son sumideros de carbono. Si dichos sumideros se debilitan, como está ocurriendo en un clima tan cambiante, más proporción de este CO2 que emitimos se queda en la atmósfera, lo que causa más calentamiento global. Monitorizar estos sumideros de carbono es muy importante, porque tenemos que asegurarnos de que absorben su mitad cada año. Es cierto que cuando el océano absorbe todo este CO2 surgen todo tipo de problemas, como por ejemplo la acidificación. Pero aun así, científicamente, es crítico que sepamos lo que ocurre en los sumideros de carbono. No queremos llevarnos ninguna sorpresa negativa. Se han sugerido algunos puntos de inflexión, como la desaparición de la selva amazónica o la de los bosques boreales. No creo que vaya a ocurrir este siglo, pero tenemos que seguir muy de cerca todo lo que suceda. Y eso es lo que hice en el océano Antártico hace ya once años.

Además, según se calienta, el océano absorbe menos CO2. ¿Deberíamos estar preocupados?

Por supuesto. Creemos que tanto el océano como la biosfera terrestre van a absorber menos CO2 en proporción. Esto se tiene en cuenta en las proyecciones del cambio climático, así que eso es algo. Lo que tenemos que vigilar son comportamientos inesperados –como el que yo detecté en el Antártico–,  puntos de inflexión, eventos extremos que dañen las capacidades de los sumideros de absorber CO2. Y además está la deforestación, que reduce la capacidad del sumidero. No creo que debamos decirle a nadie que se preocupe, pero sí que debemos entender qué es lo que pasa y asegurarnos de que el comportamiento que vemos es el que esperamos, y no algo peor. Si es mejor, vale, pero normalmente las cosas van a peor.

Antes de empezar su carrera como científica quería ser profesora de Educación Física, y no obtuvo la nota.

¡Yo ni siquiera sabía que existía la ciencia! En mi familia no había nadie que se dedicase a esto. Simplemente tuve la suerte de que la persona que me enseñó Física en el instituto era muy buena. Si no, quizás nunca la hubiese estudiado. Si hubiese sabido algo más, tal vez habría elegido una ingeniería, pero en francés, ingeniería se dice igual que ‘genio’, y yo nunca me hubiese visto como un genio, no podía elegir algo así. Creo que todo esto importa muchísimo para las mujeres. Los ejemplos que tienes alrededor, los ánimos que te dan, la exposición a estos temas y las oportunidades… todo eso importa. Y creo que las cosas se están moviendo. Avanzamos pero demasiado despacio.

¿Tienen las niñas que quieren dedicarse a la ciencia espejos en los que mirarse?

La proporción de mujeres en la ciencia es muy deprimente. No hay suficientes. Hay muchas niñas a las que les gusta la ciencia y no siguen por ese camino por muchas razones

Es miembro de la Royal Society, una de las sociedades científicas más respetadas del mundo. Solo un 5% son mujeres, y no es algo que se deba únicamente a costumbres del pasado. En 2017, de entre 61 nuevos miembros, 14 eran mujeres. ¿Cómo se puede cambiar esto?

Debo decir que he tenido mucho contacto con los tribunales de selección de la Royal Society y tienen una buena política para reducir esa tendencia. Hay un panfleto en la web sobre prejuicios inconscientes, y en él se establecen los parámetros para ralentizar la toma decisiones. Se toman las decisiones y después se revisan con la lente del prejuicio inconsciente. En el tribunal de selección de nuevos miembros, en el que estoy, utilizamos esta técnica con éxito. Se usa desde hace poco y probablemente por eso hemos visto un aumento de mujeres los últimos años. No obstante, la cultura está muy arraigada, y si tienes a científicos varones relativamente mayores en un tribunal, se inclina la balanza ligeramente hacia esa comunidad. Tenemos que pelear contra estas cosas. Hay que estar muy despiertas. Tal y como dice el panfleto, el prejuicio inconsciente tiende a favorecer a la comunidad a la que quieres pertenecer. Así que si yo estoy en el tribunal, mi prejuicio no es a favorecer a mi comunidad de mujeres, sino a entrar en el club de los chicos. Tengo que luchar contra esto, incluso como mujer. Es más fácil ver los prejuicios inconscientes de los demás que los de una misma. Creo que las mujeres debemos luchar por nosotras y hacer ruido. Los movimientos recientes que vienen de las artes son un gran ejemplo de cómo podemos actuar. Por ejemplo, algo de lo que me he dado cuenta en el mundo científico es que las mujeres no hacen preguntas. Después de una conferencia o un seminario, hay tres o cuatro preguntas de hombres antes de que la primera mujer se atreva a levantar la mano. Y pasa lo mismo en las escuelas y en las universidades. Las mujeres tenemos que ser proactivas. Tenemos el deber de activarnos, venciendo la educación que nos han dado de que nos callemos y escuchemos.

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Santiago Sáez

Santiago Sáez

Periodista especializado en cambio global, con un ojo en el cambio climático y otro en sus causas. Además de para La Marea, escribe en PIQD, Deutsche Welle, Chemistry World y, ocasionalmente, en Mongabay y Atlas Obscura. Antes curraba en la sección de noticias de CNBC. También traduce de vez en cuando.

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