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lunes 25 septiembre 2017

Sociedad

Una anarcofeminista en pantalones

Luisa Capetillo vestía con ropas tradicionalmente masculinas no para pasar por hombre sino por defender su derecho a vestir como quisiera.

09 septiembre 2017
23:09
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Una anarcofeminista en pantalones

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Muchas mujeres a lo largo de la historia han tenido que vestirse de hombre para acceder a ciertos espacios.  Concepción Arenal tuvo que hacerlo para asistir a la Universidad; la pirata Mary Read, para subir a un barco, y Juana de Arco, para ir a la guerra. El caso de Luisa Capetillo es diferente. Desde 1880 vestía con ropas tradicionalmente masculinas por las calles de su pueblo, Arecibo, no porque quisiese pasar por varón sino por defender su derecho a vestir con pantalones. Se considera que fue la primera mujer de Puerto Rico en usar esta prenda.

En 1915, mientras se encontraba en Cuba, fue detenida por escándalo público por este motivo. Los periódicos de la época le dedicaron titulares en la sección de Sucesos tales como “Vestida de hombre” o “El caso de la mujer con traje masculino en la corte correccional”. Finalmente, tras un diálogo con el juez en el que defendió su derecho a vestir pantalones por comodidad e higiene, fue absuelta.

La vestimenta tiene una dimensión simbólica pero también fuertes implicaciones prácticas, desde distinguir entre géneros y clases hasta fomentar o dificultar usos concretos del espacio. Pero, más allá de una mera anécdota, la ruptura de las convenciones fue una constante en la vida y obra de Luisa Capetillo. Anarquista, sindicalista y feminista, dedicó toda su vida a luchar por sus ideales igualitarios y emancipadores. También ejerció en la práctica su internacionalismo y residió en Tampa y Nueva York (Estados Unidos) así como en varias localidades de Cuba, además de impartir charlas y mítines en México y República Dominicana.

Capetillo tuvo una formación autodidacta y, gracias a que su madre, francesa, había sido institutriz, tuvo acceso a literatura en este idioma. Su padre, originario de España, trabajaba como obrero estacional en los muelles, la construcción o el campo. También su madre trabajó como lavandera y planchadora en casas adineradas. Al igual que sus progenitores, ella nunca se casó. Tuvo tres hijos con dos parejas distintas. El padre de los primeros fue el marqués Manuel Ledesma, un líder de derechas de su pueblo natal, de quien, siendo muy joven, fue amante.

Firme defensora del amor libre, consideraba que este “debe ser absolutamente libre tanto para la mujer como lo es para el hombre (…). Sin la libertad plena, el amor es convertido en prostitución“. También abogaba por el vegetarianismo, el ejercicio físico y el espiritismo. Trabajó como obrera en la industria textil y luego pasó a la del tabaco, donde hacía labores de lectora. Capetillo fue una reconocida líder sindical que promovió huelgas y consiguió mejoras laborales pero también defendió el derecho al sufragio femenino. Publicó numerosos artículos y columnas de opinión, y fue autora de cuatro ensayos y obras de teatro.

Ya en 1922, el mismo año de su muerte debido a la tuberculosis, la República Dominicana le dedicaba el Día Internacional de la Clase Trabajadora. Buena muestra del impacto de sus acciones es la siguiente coplilla, popular durante su vida: “Doña Luisa Capetillo, con razón o sin razón, ha armado tremendo lío con su falda pantalón”.

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Laura Gaelx Montero

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