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domingo 16 diciembre 2018

Opinión

Podemos y Ciudadanos, la certificación de la muerte de la nueva política

El debate de investidura fue el momento cumbre en el que los nuevos, en vez de cambiar a los viejos, se vieron influidos para apropiarse de lo peor de lo que querían cambiar.

05 septiembre 2016
10:18
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Podemos y Ciudadanos, la certificación de la muerte de la nueva política
Pablo Iglesias y Albert Rivera se abrazan tras un debate en la Universidad Carlos III de Madrid.

MADRID// El debate de investidura de Mariano Rajoy tuvo pocas sorpresas, pero entre todas ellas emergieron los reproches durísimos, a veces irrespetuosos, que se dedicaron Pablo Iglesias y Albert Rivera. Son un ejemplo formal de la destrucción de las buenas intenciones que trajeron al panorama público español. Con la llegada de ambos líderes se habló de una nueva forma de hacer política en la que el “y tú más” desaparecería del mapa, se incidiría en discursos propositivos y se acabaría con la mentira en pos de la regeneración para acabar con los vicios de los viejos partidos. El debate certificó la muerte del mito de la nueva política, el momento cumbre en el que los nuevos, en vez de cambiar a los viejos, se vieron influidos para apropiarse de lo peor de lo que querían cambiar. La vieja y la nueva política ya estaban pasadas de moda cuando aparecieron como novedad Podemos y Ciudadanos.

La nueva política es tan vetusta que ya se hablaba de ella hace más de 100 años. José Ortega y Gasset realizó un aserto en marzo de 1914 en el teatro de la comedia para exponer su idea de regeneración política. Paradójicamente los preceptos planteados como nueva política para romper con el viejo régimen en los tiempos previos al inicio de la Primera Guerra Mundial son extrapolables en esencia con los que han planteado Podemos y Ciudadanos en sus líneas discursivas coincidentes durante la fase actual de nuestra historia.

Ortega y Gasset realizó la conferencia para la presentación pública de la Liga de Educación Política Española (LEP), una agrupación de intelectuales que se presentó como asociación, sin pretensión de partido político, y que aspiraba a ser un actor importante en la vida pública. Una intención calcada a los orígenes del partido de Albert Rivera, que se creó a través del “Manifiesto de los intelectuales” .

La disertación de Ortega y Gasset tenía como objetivo la vieja política turnista de Cánovas surgida del régimen de la Constitución del 76, culpable de que España se encontrara en una situación de crisis continua y muy alejada de la realidad europea del momento. Uno de los puntos claves del discurso de Podemos es precisamente plantear la ruptura frente a otro régimen, esta vez el surgido de la Constitución de 1978.

Los puntos principales que Ortega y Gasset proponía para definir la nueva política eran muy similares a los que en términos generales han puesto sobre la mesa los nuevos partidos en la actualidad. La primera era la distancia existente entre la política institucional y la opinión pública:

“Decía genialmente Fichte que el secreto de la política de Napoleón, y en general el secreto de toda política, consiste simplemente en esto: declarar lo que es, donde por lo que es entendía aquella realidad de subsuelo que viene a constituir en cada época, en cada instante, la opinión verdadera e íntima de una parte de la sociedad”.

El rojos y azules de Ciudadanos tampoco es novedad en su visión de la nueva política, si bien se refiere a las dos Españas surgidas tras la Guerra Civil. En su conferencia, Ortega y Gasset hablaba de otras dos Españas para explicar el abismo que existía entre instituciones y opinión pública. Una característica que también puede ser aplicable al discurso de Podemos que enfrenta a la gente con las élites.

“Dos Españas que viven juntas y que son perfectamente extrañas: una España oficial que se obstina en prolongar los gestos de una edad fenecida, y otra España aspirante, germinal, una España vital, tal vez no muy fuerte, pero vital, honrada, sincera, la cual, estorbada por la otra, no acierta a entrar de lleno en la historia”, decía Ortega. 

Otra de las cuestiones principales que planteaba era establecer la política como un fin y no como un medio. Criticaba duramente que los partidos establecieran todos sus objetivos en conseguir el gobierno y no en ampliar el marco del concepto político: “Todas las labores que hasta ahora realizan todos los partidos se reducen a preparar, conquistar y ejercer la actuación de gobierno. Política es, hasta ahora, sólo gobierno y táctica para la captación de gobierno”. Acercar la política a la gente, lo que subyace en las ideas fundacionales de Podemos, y no circunscribirla a votar cada cuatro años ni dejar que los políticos ejerzan su labor a espaldas de la ciudadanía.

En resumen, los preceptos de la nueva política que en un marco teórico general suman Ciudadanos y Podemos ya estaban siendo planteados en una crisis de régimen en España hace más de 100 años. Al no aportar novedad sustancial, tanto Ciudadanos como Podemos corrían el riesgo de copiar los vicios de aquellos a los que querían sustituir. No son nueva política, porque es un concepto que hoy en 2016 no existe, es simplemente una reacción a un régimen desgastado, cansado pero aún poderoso y que tenía la capacidad suficiente para hacer que los nuevos partidos se mimetizaran con los viejos al llegar a la vida institucional.

Este año electoral, casi literal, ha destruido las ideas fuerza con las que ambos partidos habían logrado su gran éxito en las urnas. Tanto Ciudadanos como Podemos son, menos de un año después, los que pueden tener más problemas en caso de que existan unos nuevos comicios. Los nuevos partidos han dado más muestras de agotamiento en sus escasos meses de vida que los viejos a los que venían a enmendar la plana. Podemos logró su tremendo resultado apelando a la idea de la desigualdad entre los de abajo, la gente, y los de arriba, la casta. Sin embargo, la realidad electoral les ha hecho apelar al PSOE, otrora uno de los partidos del régimen, para que puedan gobernar con su apoyo. El partido de Pablo Iglesias es consciente de que en unas terceras elecciones tiene poco margen para movilizar a su electorado. Además necesita convencer a los votantes socialistas prestados de que seguir dándoles su apoyo para que gobierne Pedro Sánchez es mejor que dárselo directamente al líder del PSOE sin Podemos como intermediario.

El caso de Ciudadanos es aún más dramático. Las declaraciones de Albert Rivera diciendo que está dispuesto a perder la credibilidad por el bien de España muestran la desesperación por evitar de cualquier modo unos terceros comicios que puedan provocar la cedesización del partido naranja. Los cambios de rumbo presentando al PP como un partido corrupto, que no puede encabezar la regeneración de España, a la vez que lo apoya en la investidura, suponen un ejercicio de equilibrismo que no se creían ni los propios diputados al votar con voz encogida en el Congreso. Esta deriva ha dilapidado el discurso de regeneración con el que lograron sus 32 diputados.

Joaquín Costa, uno de los intelectuales más importantes de la Restauración, criticaba duramente el régimen turnista de las oligarquías, al que denominaba “el gobierno de los peores”. Los partidos de la nueva política se tendrán que enfrentar a elecciones, en el caso de producirse, con una paradoja demoledora para su discurso. Rivera e Iglesias han labrado su éxito mostrándose como los mejores, identificando al PP y al PSOE como esa oclocracia de la que hablaba Costa y ofreciéndose como la solución a esos problemas que asolaban la realidad española. Si hay terceras tendrán que explicar por qué suplican a los peores que se dejen apoyar por los mejores.

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Antonio Maestre

Antonio Maestre

Periodista y Documentalista. Aspirante a imitador de Günter Wallraff.

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