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martes 21 agosto 2018

Opinión

Miedo colectivo y amor comunitarios

“Cuando el miedo es muy intenso, en un arrebato atolondrado sinsentido, nos empeñamos, a toda costa, en evitar esa sensación intensa desagradable y en perpetuar, caiga quien caiga, esa imagen propia”, escribe la psicóloga Miren Harizmendi.

02 agosto 2016
13:18
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Miedo colectivo y amor comunitarios

Miren Harizmendi González* // En ciencias sociales, el concepto de identidad ayuda a entender el desarrollo psicológico y social de los seres humanos. Existen múltiples identidades que cohabitan en nosotr@s: sexual, de género, familiar, cultural, socioeconómica, nacional, política, religiosa… La identidad se refiere a la conducta, habilidades, creencias e historia de los individuos en una imagen consistente de sí mismos. El miedo o temor es una emoción primaria caracterizada por una intensa sensación desagradable provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta en todos los animales, también en el ser humano. Está directamente relacionado con la ansiedad.

Cuando la identidad y el miedo confluyen, a menudo con demasiada frecuencia, se despierta una percepción de peligro y una aversión al riesgo o a la amenaza de lo más íntimo que creemos “tener”, la identidad. Cuando el miedo es muy intenso, en un arrebato atolondrado sinsentido, nos empeñamos, a toda costa, en evitar esa sensación intensa desagradable y en perpetuar, caiga quien caiga, esa imagen propia y de nuestro entorno que nos permite alimentar la sensación de que “todo sigue igual” y, por ende, es controlable. En esa “guerra” por mantener intacta la propia imagen, existe un/a clar@ damnificad@: nosotr@s mism@s.

El Canto del Loco lo expresa muy bien en una de sus didácticas canciones: “Con miedo despiertas, cada mañana / Con miedo tú empiezas, con miedo tú juegas / Con miedo a vivir, Tú tienes miedo a vivir (…) Corazón, ahora tienes que pedirte perdón / por creerte siempre feo y culpable / y sufrir cada vez que sale el sol”. El médico tolteca Miguel Ruiz explica, en este sentido, la clara diferencia existente entre el camino del miedo y el camino del amor: 1) El miedo, como ya se ha dicho, intenta, de manera egoísta, protegerse del dolor emocional causado por el contacto con el exterior, cierra puertas, es rudo / El amor es generoso, da más de lo que toma, aunque no deja que l@s egoístas se aprovechen de él. 2) El miedo está lleno de condiciones y obligaciones, / El amor es incondicional, en él no hay obligaciones, es libre y voluntario. 3) El miedo, al estar lleno de obligaciones, genera expectativas que hay que cumplir, y cuando éstas no se cumplen, provoca frustración y sufrimiento / El amor es juego, diversión, placer, no genera sufrimiento porque no hay expectativa que cumplir. 4) El miedo va de la mano de la tristeza, los celos, el odio y la culpa. El miedo miente y aunque en realidad no es feliz, finge amabilidad / El amor es amable, porque es feliz, “la felicidad es el resultado del amor que emana de ti”. 5) El miedo intenta evitar la responsabilidad de sus actos / El amor, como le importan las personas, se responsabiliza de las consecuencias de sus actos pasados, presentes y futuros. 6) El miedo lastima, no respeta, exige demasiado y cae fácil en la autocompasión / El amor respeta, es compasivo pero no siente lástima, confía en la capacidad de cada quien para su propio desarrollo. 7) El miedo castiga sin cesar, de manera injusta y abriendo muchas heridas emocionales / El amor se basa en la justicia, haciendo pagar cada error sólo una vez, además intentando aprender de éste. 8) El miedo establece una guerra sin cuartel sobre el control de las decisiones ajenas / El amor se responsabiliza de su parte y trata de compartir y disfrutar en equipo.

Cuenta una leyenda guaraní que un día hubo un enorme incendio en la selva. Todos los animales huían despavoridos, pues era un fuego terrible. De pronto, el jaguar vio pasar sobre su cabeza al colibrí, en dirección contraria… hacia el fuego. Le extrañó sobremanera, pero no quiso detenerse. Al momento, lo vio pasar de nuevo, esta vez en su misma dirección. Pudo observar este ir y venir repetidas veces, hasta que decidió preguntar al pajarillo, pues le parecía un comportamiento harto estrafalario: “¿Qué haces colibrí?”, le preguntó. “Voy al lago… -respondió el ave- tomo agua con el pico y la echo en el fuego para apagar el incendio”. El jaguar no dio crédito a sus oídos: “¿Estás loco?”- le dijo. “¿Crees que vas a conseguir apagarlo con tu pequeño pico tú solo?”. “Sé que solo no puedo”- respondió, el colibrí- “yo hago mi parte…”.

* Miren Harizmendi González es miembro de Bakeola y profesora de Psicología Social en la Universidad del País Vasco. 

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