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lunes 23 abril 2018

Sociedad

Achotegui: “Necesitamos inmigrantes por pura supervivencia”

El psiquiatra Joseba Achotegui explica cómo se han endurecido de manera drástica las condiciones de los refugiados y desplazados.
“No vamos a negar que atender a muchas personas supone un esfuerzo. Hay que organizarlo”, admite.

11 abril 2016
21:11
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Achotegui: “Necesitamos inmigrantes por pura supervivencia”

Artículo publicado en el número de marzo de la revista mensual La Marea.

“Y Ulises pasábase los días sentado en las rocas, a la orilla del mar, consumiéndose a fuerza de llanto, suspiros y penas”. El profesor de psiquiatría en la Universidad de Barcelona Joseba Achotegui suele echar mano de esta cita del Canto V de la Ilíada para ilustrar lo que ha bautizado como síndrome de Ulises, un cuadro de estrés severo que sufren las personas inmigrantes que más dificultades padecen a la hora de abandonarlo todo para probar suerte lejos de su tierra. Su trabajo al frente del Servicio de Atención Psicopatológica y Psicosocial a Inmigrantes y Refugiados le ha hecho comprobar, de primera mano, cómo se han endurecido de manera drástica las condiciones de los desplazados, sobre todo cuando llegan a un Primer Mundo que ya no los necesita.

¿Cuándo comenzó a ser un problema la llegada de extranjeros?
En torno al año 2000 se produce un gran cambio. Es cuando se cierran las fronteras, con los gobiernos de [José María] Aznar, en parte por presiones de la UE. Los inmigrantes de la década de 1990 no tenían papeles pero a veces incluso te decían que no tenían tiempo para arreglarlos porque estaban muy ocupados. No los pedían, no había ningún problema. Entonces se cerraron las fronteras, se impidió que las familias se reagruparan y apareció un cuadro de estrés extremo, al que llamé síndrome de Ulises, porque me recuerda a lo que había leído de la Odisea. El que lo sufre es alguien que está solo, asustado, indefenso, desarraigado.

¿La situación se está agravando?
Así es, antes había más posibilidades de moverse por el planeta. Ahora cada vez hay más muros y los viajes son más peligrosos. Por ejemplo, a las mujeres se les recomienda llevar en el kit de supervivencia un anticonceptivo, por el riesgo de violaciones. El símbolo del cambio a peor fue la llegada de las pateras. Emigrar se ha convertido en una situación de riesgo.

Establece que el síndrome de Ulises lo causan siete “duelos”. De éstos, ¿cuáles son los que más pesan?
Los que más afectan son el alejamiento de la familia, el del estatus social –que tiene que ver con dónde duermes, en qué trabajas o si tienes papeles– y los riesgos físicos. Los otros, más leves, son de tipo más cultural, como la lengua o la adaptación. Pero el miedo a la soledad no tiene salida.

¿Qué porcentaje de inmigrantes sufre este síndrome?
Bueno, como están escondidos y no se les ve es muy difícil cuantificarlo, pero calculamos que como mínimo la mitad de los inmigrantes sin papeles, quizá más, tiene estos cuadros de estrés. Ojo, no están enfermos, pero son personas que tienen más riesgo, por ejemplo, de acabar en el alcoholismo.

¿La llegada de los refugiados implica un aumento de afectados?
Sí, entre ellos hay mucha gente con el síndrome de Ulises. Tienen miedo, están solos, son perseguidos. Hay muchas formas de desarrollar este síndrome, como no tener papeles, o tenerlos pero no poder traer a la familia, venir como refugiado. Hay una cantidad enorme de situaciones durísimas que pueden acabar pasando factura a nivel de salud mental.

¿Hasta qué punto han podido trabajar en contacto con refugiados?
A España han llegado muy pocos y los que lo han hecho se han marchado en seguida, porque aquí no han visto ningún futuro. El plan para que vengan desde Alemania tampoco se ha puesto en marcha porque ni los refugiados quieren venir ni aquí hay receptividad por parte del Estado.

¿El trabajo psicológico debe hacerse también en los autóctonos?
Es importante que la población autóctona se ponga en el lugar de los otros y piense que en el mundo de hoy nunca sabes lo que te va a venir. Siria era considerado uno de los países más estables del mundo hace apenas cinco años y ahora es un país destruido.

¿Se pueden producir problemas de convivencia y conflicto social?
No lo creo. Muchos refugiados son personas muy capaces. Se calcula que Alemania ha subido un punto el PIB con su llegada. No vamos a negar que atender a muchas personas supone un esfuerzo. Es complejo y no se puede caer tampoco en posturas que defienden que no hay ninguna dificultad. Hay que organizarlo.

¿Hay relación entre la captación de terroristas en Europa con un mal trabajo en el plano psicosocial?
No realmente. Estas personas en realidad no son inmigrantes, son hijos, nietos… son franceses. Creo que tiene que ver más bien con conflictos de las sociedades, con la exclusión social.

Pero hay también problemas de identidad.
Claro, es que cuando hay exclusión los afectados se expresan de muchas maneras. Una de ellas puede ser la de los conflictos de identidad. Hay válvulas de escape que a veces son muy complicadas y peligrosas.

¿La salud mental de una persona inmigrante es buena?
Generalmente emigra gente joven, fuerte, que no tiene una predisposición a la enfermedad, al contrario. Lo que pasa es que cuando se viven tantas adversidades, tantos problemas, se pasa mal.

Tampoco tienen fácil el retorno.
Es cierto que las sociedades de origen tampoco actúan bien. Muchas veces exigen demasiado a los inmigrantes y cuando vuelven no los apoyan. Aquí hay buenos y malos en todas partes.

¿Qué tendría que hacer España?
Planteamientos que integren a todos los movimientos sociales, muy consensuados. Hay cosas que no tendrían que entrar dentro de polémicas. Estamos viviendo un descenso de la población tremendo y necesitamos inmigrantes por pura supervivencia.

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Eduardo Muriel

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