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viernes 23 febrero 2018

Internacional

Cinco años de horror en Siria: “Nos vamos a la cama sin comer desde el día anterior”

Varias ONG denuncian la situación de los niños y niñas bajo el asedio. Mueren porque no hay medicamentos, pasan semanas en las que no pueden hacer ni una comida al día; no acuden al colegio.
“El miedo ha tomado el control. Los niños esperan su turno para ser asesinados”, sostiene una madre en un informe de Save the Children.

14 marzo 2016
13:47
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Cinco años de horror en Siria: “Nos vamos a la cama sin comer desde el día anterior”
Un hombre coge de la mano a su hijo mientras caminan entre escombros después de sobrevivir a un ataque aéreo en Ghouta oriental. FOTO: Amer Al Shami / Save the children

“Había una niña pequeña, se llamaba Reem, que cogió un virus. Murió porque no consiguió atención médica y no le permitieron dejar la zona para ir a Damasco”, cuenta Layal. “Cuando me pongo malo, mi padre me lleva al centro médico que hay cerca de casa, y algunas veces estamos allí más de diez horas antes de ver al doctor. Después comienza el proceso de búsqueda del medicamento, y esto es lo más difícil”, describe Yusuf. “A veces mis hermanos y hermanas y yo nos vamos a la cama sin haber comido nada desde el día anterior, porque no hay comida”, explica Sam.

Desde que comenzó el asedio, he perdido un tercio de mi peso. No podemos conseguir fruta. A veces los comerciantes pueden traer pan de maíz frito, pero casi todos los puestos del mercado venden algunas verduras locales y pasto y hierbas”, añade Marwan. “Lo que más miedo me da es el fuego de la artillería, los aviones y las bombas, que puedes oír ahora mismo, mientras te digo esto”, expresa Ahmed. “Cuando oigo el ruido de una bomba o de un avión me entra mucho miedo y corro a esconderme debajo de la cama”, asegura Mounif. Anas lo resume así: “Todos los días son parecidos; lo único nuevo es la hora en que caerán las bombas. Me paso el tiempo escondido en casa, con miedo a que me alcancen. Nos hemos adaptado y acostumbrado [a vivir bajo un asedio], pero las bombas nos asustan muchísimo y no te puedes acostumbrar a ellas”.

Layal, Yusuf, Sam, Marwan, Ahmed, Mounif y Anas son niñas y niños sirios que viven a diario, desde hace cinco años, con la guerra en sus cogotes. Han visto morir a otros pequeños porque no hay medicamentos; pasan semanas en las que no pueden hacer ni una comida al día; días y días en los que no pueden acudir a la escuela… “El miedo ha tomado el control. Los niños esperan su turno para ser asesinados. Incluso los adultos viven esperando que les toque morir. ¿Cuándo me tocará a mí?”, se pregunta Rihab, una madre en Infancia bajo asedio, un informe elaborado por Save the children basado en entrevistas y grupos focales con personas que viven y trabajan en las zonas sitiadas de Siria. Todos los nombres -avisa la ONG- han sido modificados.

El estudio denuncia el asedio continuo a las zonas civiles desde el inicio de la guerra y la manipulación a la hora de clasificar esas zonas: “Cortan una zona completamente durante unos meses, después dejan que entre la ayuda mínima, justo suficiente para asegurar que la zona se mantiene fuera de la lista de la ONU por una pequeña fracción de lo que se necesita. Entonces el asedio vuelve a ser tan estricto como siempre”, afirma un trabajador humanitario.

El asedio de zonas civiles, enfatiza el informe, puede ser un negocio lucrativo para las partes en conflicto e individuos que se aprovechan de la situación. “Los mandos en los puestos de control pueden hacer una pequeña fortuna ilícita del asedio, y los comerciantes con contactos en los grupos armados pueden a veces pagar sobornos para hacer contrabando entrando y sacando suministros. El resultado es una economía de mercado negro con precios astronómicos fuera del alcance de las familias normales”, sostiene el documento. Según Save the children, también han aumentado los matrimonios infantiles durante los años de asedio: “Los padres, incapaces de mantener a sus hijas, las casan con alguien en posición de hacerse cargo de ellas y garantizarles protección”.

Los datos del informe señalan que en los últimos cuatro años se han producido más de 4.000 ataques sobre colegios, desde bombardeos y fuego de artillería contra los edificios hasta grupos armados que han tomado colegios para convertirlos en bases militares, centros de detención y cámaras de tortura. La escolarización, cercana al 100% en muchas zonas antes de la guerra, se ha desplomado y actualmente hay más de dos millones de niños y niñas sirias que no van al colegio. “En unos pocos años se han anulado décadas de progreso educativo“, concluye el documento, que exige el cese de los ataques, garantizar un paso seguro y continuado para que las agencias humanitarias distribuyan ayuda a la población necesitada y permitir la libre circulación de la población civil.

Uno de cada tres niños ha nacido en guerra

Los datos que recoge Unicef en su informe No es país para niños son escalofriantes: uno de cada tres niños sirios -es decir, 3,7 millones- ha nacido en guerra. De ellos, 300.000 son refugiados. En total, 8,4 millones se han visto afectados por el conflicto. “En cinco años de guerra, millones de niños han tenido que crecer demasiado rápido y antes de tiempo”, sostiene Peter Salama, director regional de Unicef para Oriente Medio y Norte de África. Unicef verificó casi 1.500 violaciones graves contra la infancia en 2015. Más del 60% fueron casos de muertes y mutilaciones debido al uso de armas explosivas en zonas pobladas. Más de un tercio de estos fallecimientos ocurrió cuando los niños estaban en las escuelas o de camino hacia éstas.

La última vez que Nuha, de 11 años, vio a su hermano fue cuando salió para comprarle una bola de su helado favorito en la antigua ciudad de Homs. Le alcanzó un mortero y nunca más regresó, recoge Unicef, que cifra en más de 10.000 los niños que murieron entre 2011 y 2013. Desde entonces, no se dispone de datos oficiales sobre el número de menores fallecidos.

Las secuelas psicológicas de vivir bajo asedio, además, son devastadoras. “Tienen que volver a aprender lo que significa vivir como un ser humano”, sostiene David Nott, un cirujano especializado en trauma que trabajó sobre el terreno. Unicef reclama, por tanto, restaurar la dignidad de estos menores y fortalecer su bienestar psicológico. Y algo fundamental: transformar los compromisos financieros en acciones porque, hasta el momento, sólo ha recibido el 6% de la financiación necesaria en 2016 para apoyar a los menores sirios tanto dentro del país como en los países vecinos.

Acuerdo UE-Turquía

Acción contra el hambre también denuncia la falta de fondos: en los últimos tres años las necesidades se han duplicado pero la ayuda ha disminuido un 14%. “Aunque la atención mediática se centra en los refugiados que han logrado alcanzar Europa, no podemos olvidar que dentro de Siria hay 6,5 millones de desplazados. Nos preocupan especialmente los 4,5 millones de sirios a los que no podemos acceder y los 400.000 que están directamente bajo sitio, cifras que se han duplicado en el último año. No hay nada que apunte a que esta tendencia pueda revertirse a corto plazo”, explica en una nota, desde Damasco, el responsable geográfico para Oriente Próximo en Acción contra el Hambre, Jean Raphaël Poitou.

La ONG destaca también el acuerdo entre la UE y Turquía: “Esto no sólo es un desprecio a los valores de solidaridad que han fundado Europa y al derecho internacional humanitario: no es pragmático abrir campos de refugiados sin prever una fecha de cierre. No sólo es crear agujeros negros para los derechos humanos, es obviar que nada va a contener a la desesperación humana si no decidimos ayudarles en lugar de pararles”, reflexiona el director general de Acción contra el hambre, Olivier Longué.

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Olivia Carballar

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