Gobernanza antidemocrática en la Unión Europea

El periodista Leigh Phillips explora la interconexión entre poder y democracia

“Estamos viviendo en la era de la construcción de una arquitectura de gobernanza global pero exenta de una democracia global”. Es la columna vertebral de El orden global postdemocrático, un análisis de Leigh Phillips, periodista especializado en la Unión Europea, incluido en el informe El Estado Del Poder 2016.

Phillips ilustra su reflexión con varios ejemplos sencillos de estructuras que gobiernan a lo ancho de la Unión Europea: la Comisión Europea no se elige; en cuanto al Consejo Europeo, sólo se elige indirectamente a sus miembros y las leyes son elaboradas en secreto en el transcurso de sesiones a las que no se permite la entrada ni a la prensa ni al público; y, además, el Parlamento Europeo no tiene derecho de iniciativa legislativa. En resumen, el autor concluye que los Estados europeos están enredados en estructuras internacionales de gobernanza y pierden así su soberanía, mientras los mercados globales no se dejan ni aconsejar ni supervisar.

Ante la pregunta de cómo conciliar la impotencia de la política nacional y la ruptura que algunos países miembro se plantean con una Unión Europea irreformable, el periodista responde: “La respuesta es que la política nacional ya no es útil, incluso bajo la forma de un Syriza o sus homólogos en otras partes de Europa, y que en el medio plazo los partidos europeos a la izquierda de la socialdemocracia, tanto dentro como fuera de la UE, deben fundirse en un único partido extranacional con un programa común: unos Estados Unidos de Europa sociales y democráticos, reconstruidos de nuevo y desde abajo”.

El autor añade que esto sólo se conseguirá mediante “una decisiva victoria paneuropea de las fuerzas sociales” ya que no existe foro parlamentario que pueda conseguirlo, porque, como argumentaba anteriormente, “el Parlamento Europeo no tiene poderes para la iniciativa legislativa, y la falta de elecciones generales al Consejo descarta a este organismo como espacio de reforma”.

Según su planteamiento, la red de estructuras intergubernamentales no elegidas debe ser reemplazada por una verdadera democracia global. Pero, “¿cómo hemos de decidir qué hacer, qué políticas adoptar, que atraviesen fronteras pero de manera democrática?”, se pregunta el periodista. “Las personas progresistas deben empezar a medir su ambición al proponer ideas para que un Gobierno mundial democrático sustituya la gobernanza mundial postdemocrática. Por definición, no puede imponerse desde arriba, sino ganarse desde abajo”, sostiene. “Desde hace décadas, quizá cientos de años, la izquierda argumenta que algún día se alcanzaría la democracia global, pero hasta ahora siempre ha sido algo del futuro lejano, un sueño abstracto, el canto nostálgico de La Internacional. Pero ya no es abstracto. Está sucediendo. Ahora es el momento de empezar a discutir qué aspecto tendría de verdad la democracia global y construirla”, añade.

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