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domingo 22 julio 2018

Felipe González teme al discípulo Pablo Iglesias

Felipe González ha identificado en Pablo Iglesias a su némesis: ve reflejado en el líder de Podemos lo que ‘Isidoro’ hizo durante la transición.

31 enero 2016
11:47
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Felipe González teme al discípulo Pablo Iglesias
Oviedo. 18-11-2011. Acto político de Felipe González.

MADRID// Felipe González teme a Pablo Iglesias porque él fue igual. Conoce bien las intenciones del líder de Podemos porque es su némesis. Y no va a tolerar que pueda destruir su creación utilizando las mismas herramientas, cambiando el traje de pana con coderas de Isidoro, por la camisa blanca y la coleta de Turrión. Felipe González era el Pablo Iglesias de los 80. La corriente gochista, [rama del PSOE que venía de la “Gauche prolétarienne” o “izquierda proletaria”. Maoistas del 68] le atacaban sin piedad porque creían que era un socialdemócrata moderado y le apodaban el Nadiusko, un poco porque creían que era todo pose e imagen y porque se burlaban del parecido que tenía con la actriz Nadiuska y sus labios carnosos. Felipe González fue al primero al que se acusó de banalizar la política y hacer de ella un espectáculo de masas. La ruptura que su imagen suponía no encajaba con la tradicionalidad de los Llopis y compañía y de una sociedad que tenía problemas para aceptar la modernidad.

Felipe González era Pablo Iglesias

Felipe González logró en la transición paralizar y sobrepasar al PCE, un partido con una estructura mucho más sólida y con una incidencia muy importante en los movimientos sociales y la lucha antifranquista. Felipe González se aprovechó de ser el partido tolerable de la izquierda para crecer y cercenar las posibilidades del PCE. Cuenta Javier Tusell en La Transición española a la democracia, cómo fue el proceso que llevó al PSOE a superar al partido de Carrillo y llaman la atención las similitudes que se dan con los procesos actuales.

“El Partido Socialista Obrero Español, celebró su XXVII congreso en el mes de diciembre de 1976 con la presencia de una numerosísima y muy brillante representación extranjera, entre la que figuraban, por ejemplo, Nenni, Brandt, Palme, Altamirano… etc. […] Brandt […] intervino para lograr que a Felipe González se le concediera el pasaporte. El apoyo externo contribuye, por supuesto, a explicar la influencia que tuvo este partido político, pero sobre todo en el sentido de colaborar en que uno de los grupos socialistas se impusiera sobre los demás que por el procedimiento de crear ficticiamente una opción política.[…] Los propios dirigentes del partido se mostraron propicios a lo que denominaban como un bloque anticapitalista de clase. Siguiendo su tradición el PSOE se proclamó republicano. […] Un modelo nuevo no implantado en ningún país, […] una fórmula intermedia entre el comunismo y la democracia, la voluntad de mantener una escuela pública única o de administrar la justicia mediante tribunales populares elegidos por los ciudadanos”.

Felipe González, al igual que Pablo Iglesias, comenzó con una agresividad que fue moderando para acceder a las clases medias. Nadiusko tenía la suerte de tener a su izquierda un PCE más agresivo, lo que ha sido IU para Pablo Iglesias. Un pepito grillo de conciencia de clase que les permitiera situarse más moderados para no dar miedo a la asustadiza clase media. González fraguó su liderazgo con los viajes a Portugal a ver a Mario Soares, a Cuba a Fidel Castro y con el apoyo indisimulado de Willy Brandt, que le aconsejaron moderación y unidad. No hay que olvidar que en el año 1976, con el cadáver de Franco casi presente, Felipe González llegó a declarar: “Nuestro partido es marxista, democrático, de masas, y revolucionario”.

Según Tusell: “El lenguaje del PSOE tardaría bastante en moderarse” aunque su actuación fue siempre más práctica y flexible y hábil preferiendo el pragmatismo y la adecuación al entorno antes que una posición “dogmática e ideologizada”.

“La divisa electoral Socialismo es libertad resultaba, en cambio, mucho más prometedora para los españoles que querían un tránsito más decidido y firme hacia un régimen democrático. Incluso es posible que una porción de la sociedad española fuera, como el PSOE de entonces, radical sólo en la expresión aunque en la práctica resultara reformista”.

Felipe González fue consciente de que la ruptura en el periodo que le tocó comandar no era más que un “un método racional y pacífico de conducción del país desde una estructura de poder dictatorial hasta un régimen democrático de convivencia”, pero nadie puede negar que su aparición fue una ruptura, como la que ha supuesto Pablo Iglesias en este momento histórico totalmente diferente. De hecho, el líder de Podemos lo que representa es la fractura con lo conformado por el exlíder socialista, con el régimen del 78, el cisma de lo creado en la transición. En palabras de Pablo Iglesias, “no habrá cambio sin ruptura”.

El líder del PSOE, al igual que Podemos en estos dos años, se esforzó en aglutinar todos los apoyos posibles dentro del espectro ideológico afín. Las confluencias de Pablo Iglesias, que ahora se intentan ridiculizar o mostrar como un síntoma de debilidad, también estuvieron presentes en los años en que Isidoro intentó conformar el PSOE. A pesar de que no logró confluir con todas las fuerzas necesarias, sí consiguió unirse con Convergencia Socialista (de origen católico) y con los socialistas catalanes, que prácticamente eran una organización autónoma.

Pero sin duda el mayor punto de unión entre la ruptura que supuso la aparición de ambos líderes es la imagen que proyectaba a los españoles. Tusell lo narra de esta manera:

“La imagen de Felipe González se convertiría en la segunda entre los líderes políticos españoles de la época. Joven, pero con el bagaje de toda la historia del PSOE, Felipe González representaba a una España ajena al sistema político de Franco… Debió haber un buen número de españoles que pensaron que oposición al régimen era lo mismo que socialismo”.

En conversaciones con La Marea, un histórico dirigente del PSOE, que llegó a ser senador, muy próximo a González, asegura que a pesar de las evidentes similitudes en el proceso de ruptura que ambos han supuesto los diferencia que “Felipe no era populista”, y para ejemplificarlo recuerda una frase que éste dijo en una ejecutiva en la que estaba presente: “No prometáis lo que no podáis cumplir”.

Aunque no siempre eso fue así. En el diario ABC en el año 1977 un redactor alertaba del populismo que adoptaba porque no entendía que el PSOE renegara de su condición marxista con tanta alegría y al siguiente día dijeran que estaba dentro de sus preceptos. Para pasar a llamarse socialdemócratas sin tiempo para que la militancia pudiera asimilarlo. Porque eso, insistía, favorecía al Partido Comunista:

“Hasta ahora todo el mundo ha hablado de lo que sería bueno para el PSOE. Pero nadie ha reflexionado sobre lo que sería bueno para la sociedad en su conjunto. Hace tiempo que vengo sosteniendo la tesis de que la estabilidad de la democracia española depende de la perpetuación de la actual posición hegemónica del PSOE en el seno de la izquierda. Personalmente pienso que eso, que sería bueno que de este Congreso surgiera un PSOE fortalecido. Qué duda cabe que me cuento entre los muchos millones de españoles a los que les gustaría que Felipe González se pareciera al señor Schmidt, pero, desafortunadamente, la realidad de una y otra sociedad es todavía distinta. Tan grave para el país en su conjunto sería que el PSOE quedara escorado a la izquierda y atrapado por lo tanto, en una dinámica frente populista, como que de la noche a la mañana se proclamara socialdemocrata. En ambos casos el gran beneficiario sería el Partido Comunista”.

Les sonará el joven redactor. Se llama Pedro J. Ramírez.

Fagocitar a su izquierda

El objetivo de Felipe González era claro, conseguir que su PSOE fuera identificado como el opositor al régimen. Para ello contó con la inestimable ayuda del PCE, al que por la represión a la que se vio sometido, no le quedó más remedio que moderar su discurso y su lenguaje para no hacer descarrilar la transición además de tener muy identificadas a sus principales figuras políticas con la Guerra Civil, un hándicap teniendo en cuenta la fuerte implementación en la sociedad española del franquismo sociológico.

“El PCE no había renovado su dirección política en los años de exilio; aunque pudiera exhibir como emblemas a personajes como Dolores Ibárruri, Pasionaria, al mismo tiempo tenía, sin duda, más dificultades para conectar con los sectores juveniles, de un izquierdismo superficial, aunque en apariencia radical. […] Carrillo […] también desdeñó al PSOE cuyo voto acabaría considerando como de aluvión”, cuenta Javier Tusell.

Para el expresidente socialista también jugó un papel importante la mochila, maldita para algunos y orgullo para otros, pero que al fin y al cabo también tuvo su relevancia en la lucha entre el PSOE y el PCE por la hegemonía en la izquierda, algo que también ahora se repite con el liderazgo de Pablo Iglesias.

El verdadero problema de estas similitudes a grandes rasgos entre la aparición de estos dos personajes en sus respectivas épocas es que ahora han coincidido. Y el discípulo quiere comerse al maestro. A Pablo Iglesias se le queda corto comerse el espacio de IU, quiere el del PSOE, y Felipe González lo sabe. Por eso no tiene otro objetivo mayor en la política española que combatir a Podemos.

Felipe contra Podemos

El pasado verano en un acto por la liberación de Leopoldo López en Madrid, en La Marea tuvimos la oportunidad de preguntar al exdirigente si su implicación con la liberación de los presos de la oposición tenía algo ver con la aparición de Podemos en España, y si debido a su amistad con la casa real saudí, a la que vendió unos terrenos en Tánger, no le sería más fácil interpelar al rey de Arabia Saudí por la situación de los presos en ese país.

Su respuesta, que dio lugar a un posterior artículo de su asesor y de Leopoldo López criticándonos por atrevernos a preguntarle, fue la siguiente:

“Lamento que algunos de los que estuvieren en esas ideas no sientan más próximos los problemas de Venezuela que los de Corea del Norte, yo sí los siento más próximos a los de Arabia Saudí o de Irán, pero lamento todavía más esa truculencia del método Dahrendorf. Pregúntale por una cosa que no tenga nada que ver con lo que estamos hablando para ver si se desconcierta. Y ya con esta edad nadie me desconcierta”. Además, el expresidente del gobierno añadió: “He intentado no mezclar su lucha por los derechos humanos en Venezuela con lo que pasa en España. Porque respeto muchísimo a los votantes de Podemos y estoy seguro que el 99% no sabe lo que allí ocurre”.

Lo cierto es que no ha cumplido muy bien esa intención de unir ambas cuestiones. En diciembre de este año les lanzó un dardo: ”Se han olvidado ya de Venezuela y de lo que cobraban por asesorar a ese Gobierno”.  El líder del PSOE siempre ha tenido a la formación de Pablo Iglesias como blanco principal de sus ataques. En una charla en Caixa Forum aseguró: “Sería una catástrofe que prendieran alternativas bolivarianas”.

Sería muy complicado definir y repasar la deriva reaccionaria que González ha alcanzado desde que los gochistas le llamaban Nadiusko hasta que ha pedido un gobierno de PP y C’s con la abstención del PSOE para evitar que Podemos pise moqueta. Pero sin duda hay una frase que hace muy difícil que el expresidente del gobierno dé lecciones de ningún tipo a Podemos ni a los que ocupan hoy el PSOE. Fue una frase que Fernando Garea apuntó en su momento. Cuenta el periodista que González dijo en una rueda de prensa tras un consejo de ministros: “El Estado de Derecho se defiende desde las cloacas y desagües”. Ahora, también, desde consejos de administración.

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Antonio Maestre

Antonio Maestre

Periodista y Documentalista. Aspirante a imitador de Günter Wallraff.

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