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domingo 25 febrero 2018

Opinión

Nosotros, los ‘antisistema’

Un sistema nunca pone en peligro su propia viabilidad, su propia existencia”, recuerda el autor

10 noviembre 2015
09:48
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Nosotros, los ‘antisistema’
Jorge Arzuaga, durante su huelga de hambre en 2013 para pedir la dimisión del Gobierno. FERNANDO SÁNCHEZ

Toda gran derrota comienza cuando el enemigo logra una pequeña victoria semántica. Es lo que ha pasado con el uso de la palabra sistema. Nos han hecho creer que vivimos en un sistema y que nosotros, por criticarlo, somos antisistema. ¿Lo somos? Para que lo fuésemos, primero, sería necesario que viviéramos en un sistema; pero en realidad vivimos en un tinglado. Como en tantos otros órdenes de la vida, necesitamos rescatar el significado de ciertas palabras.

Sistema es un vocablo con connotaciones positivas: apela a un orden y funcionamiento perpetuos. A cierta harmonía. En un sistema nada se deja al azar o a la improvisación. Así sucede por ejemplo en los ecosistemas. Todos los seres vivos que forman parte de un ecosistema cumplen una función, son necesarios. En un sistema de verdad, nada sobra y nada falta. Y además, un sistema se autorregula para asegurar su conservación. Un sistema nunca pone en peligro su propia viabilidad, su propia existencia. Esto lo explica una disciplina, la cibernética, que -contrariamente a la creencia vulgar- ni es algo novedoso ni se refiere únicamente a aparatos tecnológicos.

Un sistema es cibernético (por ejemplo una nevera o el cuerpo humano) cuando genera información que es tenida en cuenta por el propio sistema para adaptarse. Así, mediante termómetros, la nevera recibe constantemente información sobre la temperatura interna y externa y, gracias a esa información (técnicamente denominada retroalimentación o feed back), se adapta –utilizando un termostato– al objetivo térmico requerido para que la comida no se eche a perder. La naturaleza y los sistemas vivos funcionan exactamente igual. Es lo que hace el cuerpo humano cuando se adapta a un entorno de temperatura cambiante, para mantenerse a 37 grados.

La palabra cibernética deriva del griego kibérnisi, que no significa otra cosa que gobierno. Si el tinglado capitalista fuese un sistema, tendría un gobierno que estaría pendiente del feed back y que adoptaría los cambios necesarios para adaptarse y garantizar su pervivencia. Pero en el capitalismo salvaje no hay gobierno y, por tanto, no hay viabilidad.

En este tinglado que llamamos erróneamente sistema capitalista sobran muchas cosas y la autorregulación brilla por su ausencia. Hay pruebas sobradas de la inviabilidad del tinglado. Por ejemplo, para mantener el actual consumo de recursos ahora mismo son necesarios el equivalente a 1,5 planetas Tierra. Eso quiere decir que cada año la humanidad utiliza 1,5 planetas para subsistir. “A la tierra le lleva un año y cinco meses regenerar lo que utilizamos en un año”, señalan desde la Global Footprint Network (una organización formada por científicos, exmandatarios y premios Nobel). Según las proyecciones más moderadas de la ONU, si las tendencias de consumo y población actuales persisten, en 2030 para mantenernos serán necesarios anualmente los recursos equivalentes a dos planetas Tierra.

Son muchos los datos, el feed back, que están indicando que el tinglado capitalista es insostenible. Digamos que el termómetro no deja de ofrecer una información alarmante, pero el termostato no hace caso: la nevera no se autorregula y la comida (nosotros y millones de animales y plantas) nos vamos a echar a perder.

Hay más indicios. Cada día, por ejemplo, 8.500 niños mueren al día por desnutrición y 160 millones de menores sufren raquitismo. Todo ello gracias al modelo de producción y consumo creado por el capitalismo salvaje, ese tinglado que los neoliberales bienpensantes quieren hacer pasar por un sistema.  Pero sigamos: en 2016, el 1% más rico de la población mundial poseerá más riqueza que el 99% restante. ¿Se puede llamar a esto un sistema? Ya quisieran los ultraliberales que se pudiera otorgar tan digno nombre a su tinglado.

Hace tiempo que ha quedado claro (excepto para los líderes de los principales partidos políticos y algún que otro iletrado/interesado económico) que el llamado crecimiento económico (ése que se mide mediante índices como el PIB) no supone necesariamente ni empleo, ni progreso, ni desarrollo. La gran pregunta es obvia: ¿Es posible un crecimiento infinito utilizando los recursos de un planeta finito? No hace falta ser un sabio para conocer la respuesta.

Las muertes, las epidemias, el malestar social, las guerras, la hambruna, las catástrofes cilmáticas y ecológicas, los grandes desplazamientos humanos… todo ello forma un gigantesco feed back que está gritándole al tinglado capitalista que la situación es insostenible; pero el capitalismo salvaje es puro desgobierno, autodestrucción consciente. Cualquier frigorífico es más inteligente que el tinglado en el que vivimos.

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Toño Fraguas

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