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jueves 18 octubre 2018

Opinión

El debate 2.0 del 27-S catalán: un laberinto de esperpento e intolerancia

“El debate catalán se ha convertido en un engañoso laberinto en el que nada es lo que parece”, afirma el autor en este análisis antes de preguntarse si hay salida

29 agosto 2015
09:47
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El debate 2.0 del 27-S catalán: un laberinto de esperpento e intolerancia
Pleno en el Parlament de Catalunya, en una imagen de archivo.

BARCELONA // Las elecciones municipales del pasado mayo en Cataluña ya sirvieron como campo de pruebas para intuir cuál sería el nivel del debate ciudadano en la previa de las elecciones anticipadas que Artur Mas finalmente convocó para el próximo 27 de septiembre. A los tradicionales y habituales ataques e insultos de los sectores más intransigentes del nacionalismo español contra el movimiento independentista catalán, se han ido sumando muestras de intolerancia procedentes de todos los flancos y se ha normalizado un nivel de debate que responde más a la características de una mala y estridente tertulia futbolística o del corazón que a la de una discusión política propia de una sociedad democráticamente avanzada.

TuitColauEl mismo día de la victoria de Ada Colau en las elecciones municipales de Barcelona, Bernat Dedéu, joven y mediático filósofo catalán, escribió en su cuenta de Twitter: “Barcelona no puede tener una alcaldesa española: es así de sencillo”. Ada Colau nació en Barcelona y, por lo tanto, su afirmación, más allá de las connotaciones xenófobas, pretendía etiquetar como español (en un sentido peyorativo) a todo aquel catalán de origen que no apoyara abiertamente la declaración unilateral de independencia. Su comentario fue todo un éxito en términos de viralización (teniendo en cuenta su actividad habitual): recibió 216 retuits, 112 favoritos y centenares de comentarios.

Montserrat Pratdesaba, número 15 de la lista por Barcelona de Catalunya Sí que es Pot (coalición que suma ICV, EUiA, Podem y Equo), ha vivido en sus propias carnes el desprecio de ciertos sectores independentistas catalanes que han llenado su muro de Facebook de mensajes humillantes invitándola a que deje de publicar sus opiniones y a que se dedique a cantar, “que es lo que se le da bien”. Pratdesaba es más conocida en Cataluña como Big Mamma Montse, una voz de referencia del blues local que empezó su carrera musical en 1988 en la mítica sala de conciertos La Cova del Drac.

Su reciente salto a la política no ha sentado muy bien a algunos de sus seguidores que le reprochan que no apoye la independencia de Cataluña. “Me han llamado traidora, me han dicho que no soy catalana, que no amo a Cataluña. Yo ya sabía que existía este riesgo y como soy pacifista intento contestar de forma educada. No merece la pena este nivel de mal rollo”, explica Pratdesaba. Su vivencia es la que sufren muchos candidatos de la izquierda no nacionalista en Cataluña, a los que a menudo en las redes sociales se les equipara con el PP o C’s, en el sentido que su acción política tan sólo sirve para perpetuar el poder central del Estado español, que desde la Transición se ha mostrado absolutamente contrario a plantear cualquier proceso de secesión. “El 27 de septiembre escogeremos entre independencia o Belén Esteban. #Junts pel Sí”, escribe un militante de base de Junts pel Sí en su muro de Facebook, recibiendo el apoyo unánime de los 14 comentaristas del post.

Por su parte, algunas de las opiniones expresadas por miembros y simpatizantes de Catalunya Sí que es Pot tampoco ayudan a tener un debate racional entre las distintas plataformas que se presentan a las próximas elecciones catalanas. A menudo, estos se refieren a la opción política de Junts pel Sí (suma de multitud de partidos y entidades independentistas entre los que destacan CDC i ERC) como Junts per la Impunitat (Juntos por la Impunidad), en referencia a los casos de corrupción que han protagonizado miembros de CDC. Aunque la unión de los partidos nacionalistas ha sido la principal reclamación de las entidades cívicas que han impulsado las manifestaciones de los últimos 11 de Setiembre, Catalunya Sí que es Pot considera que esta convergencia tan sólo sirve a los intereses de CDC con el fin disimular la mala gestión de Artur Mas al frente del Govern durante esta pasada legislatura.

capo

Paralelamente, Podemos está llevando a cabo una campaña de comunicación para vincular a los miembros de Junts pel Sí con la figura de Jordi Pujol. De hecho, en una entrevista realizada por Europa Press el pasado 23 de agosto, Rafael Mayoral, secretario de Relaciones con la Sociedad Civil de Podemos, manifestó que “el honorable [Jordi Pujol] sigue siendo la sombra alargada que está definiendo ese proyecto político, por mucho que intenten diluirlo”. Algunos federalistas incluso tildan a Junts pel Sí de “secta” y se refieren a su número uno, Raül Romeva, como “el calvo ese, soso, sin gracia ni sustancia”, forma en la que se expresa en Facebook un usuario simpatizante de la izquierda federalista llamado Lluís.

Pero las trifulcas electorales en la red no se acaban ni mucho menos aquí. Hay leña para todos con argumentos hasta ahora inéditos. Desde los sectores contrarios a la independencia, sea cual sea su signo ideológico, se acusa a la CUP y a su nuevo candidato Antonio Baños de ser cómplices de CDC y de Artur Mas, aunque precisamente la CUP se haya negado a formar parte de Junts pel Sí. Habituados a que les llamen radicales y antisistema, ahora los militantes de la CUP ven cómo en Twitter se ha empezado a utilizar el hashtag #CUPvergència.

Esta acusación, que proviene principalmente del entorno de Catalunya sí que es pot, muestra como símbolo de esta supuesta unión contra natura el famoso abrazo de David Fernández (CUP) con Artur Mas (CDC) la noche del 9 de noviembre, después de la celebración de la consulta sobre la independencia. No hay que ser un experto en política catalana para llegar a la conclusión de que los programas políticos de CUP y CDC son antagónicos excepto en la cuestión de la declaración unilateral de independencia, pero en esta batalla 2.0 ya no hay ni normas ni límites. Todas las partes se muestran especialmente nerviosas y la histeria parece que se ha hecho con el control de la situación. Unos venden al mundo la llamada a las urnas como un proceso histórico único e irrepetible que llevará Cataluña hacia la independencia y los otros repiten sin tregua que se trata de unas elecciones autonómicas sin más y acusan a los independentistas de estar viviendo en un mundo onírico, inexistente.

La batalla del todos contra todos ha desvirtuado las estructuras electorales establecidas e incluso, en el actual tablero de juego, las disputas entre PSC y PP, que deberían ser protagonistas del debate dada la cercanía de las elecciones generales en España, han quedado diluidas. Aun así, el PP ha movido ficha y ha puesto encima de la mesa una propuesta para formar coalición después del 27-S con C’s y PSC. C’s, por voz de su candidata, Inés Arrimadas, ya ha apoyado la propuesta del PP, mientras que Miquel Iceta, candidato del PSC, la ha rechazado consciente de las malas previsiones de su partido en Cataluña y con la mirada puesta en las generales y los intereses del candidato del PSOE, Pedro Sánchez.

La respuesta de Xavier García Albiol, presidenciable para el PP catalán, y la de los militantes y simpatizantes de la derecha españolista ha sido acusar a los socialistas catalanes de “seguir el juego” a Artur Mas. En los últimos días el nivel de las acusaciones ha subido exponencialmente de tono. Albiol considera que el discurso de Junts pel Sí y, en concreto, el del actual conseller de Justicia, Germà Gordó, tiene tintes “bélicos”, después de que este último hablara de su propuesta de conceder la nacionalidad catalana a los habitantes de los Països Catalans. C’s acusó a los independentistas de impulsar una acción política basada en el “totalitarismo sectario”. Y, por su parte, Junts pel Sí, en su argumentario de campaña, ha invitado a sus candidatos a vincular cualquier propuesta contraria a la independencia con la figura del expresidente español José María Aznar. Suma y sigue y que el ritmo no pare.

falangeA la cita de este esperpéntico debate electoral no ha faltado el sector de la extrema derecha de dentro y de fuera de Cataluña, que no ha desaprovechado la ocasión para proferir insultos y amenazas a los independentistas a través de internet. La aparente impunidad que otorga la red es una buena herramienta para grupos fascistas que intentan generar miedo con mensajes parecidos a los que la derecha ya lanzaba en 1936. En la cuenta oficial de Twitter de La Falange (@lafalange) se puede ver un tuit con fecha del 26 de agosto con la fotografía de un ejército armado bajo el lema: “Retamos al separatismo catalán el 27-S a romper España. Lo estamos esperando”. “Escoria son los malditos catalanes” (@marcelojlopez) o “Que le den por el culo a los catalanes de mierda esos hijos de puta” (@CPer95) son algunos de los tuits que se pueden encontrar con una sencilla búsqueda en la red social. Un pequeño ejemplo más de la impunidad de los mensajes xenófobos que desde hace años soporta la sociedad catalana. Con todo, nada invita a pensar que el tono de la discusión política en Cataluña vuelva al cauce de la racionalidad y la tolerancia hacia el adversario. El debate catalán se ha convertido en un engañoso laberinto en el nada es lo que parece. Y la pregunta es si hay salida.

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Èric Lluent

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