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jueves 15 noviembre 2018

Opinión

El club de los que curran en verano

Primera entrega de la serie ‘Verano caliente-caliente’, en el que el autor analiza cómo es la vida en la gran ciudad sin vacaciones de verano

14 julio 2015
10:53
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El club de los que curran en verano

¿Os habéis preguntado por qué ya no hay esos atascos monumentales en las operaciones salida y retorno? Pues porque las vacaciones están en peligro de extinción. Y cuando decimos vacaciones decimos un mesecito entero, con sus días y sus noches. Un mes de esos que te vacía la cabeza, que te hace olvidar en qué día vives, que te hace incluso olvidar la contraseña del ordenador… Esas vacaciones han desaparecido para la mayoría, y los motivos son diversos.

Primero, porque para tener vacaciones hay que tener trabajo (cosa harto difícil en estos tiempos) y, segundo, porque para tener vacaciones hay que tener un trabajo digno. O sea: un trabajo con su fijeza, sus seguros sociales, su paga extra y su canesú. Y eso es más difícil que ver a Pío Moa y a Noel Gallagher sonriendo.

Para los que han pillado un trabajo de temporada en una zona turística, currar en verano es sinónimo de jornadas de 26 horas y 8 días a la semana. Este artículo no va para ellos, porque además tampoco tendrían tiempo de leerlo. Ni ganas. Pero para los que se quedan en su trabajo de siempre, en la ciudad, currar en verano puede ser una bendición. Y una bendición en principio reservada sólo a los más novatos de la empresa, los que tienen que hacer méritos, los que no han podido elegir primero el turno de vacaciones… Esos que a lo mejor se pillan las vacaciones de verano en octubre o en febrero.

Yo el pasado febrero estuve en Gandía. Allí se podría rodar REC 5, no digo más.

Las vacaciones de antes, las de un mes (o más), quedan reservadas para ese pequeño grupo de gente que vive en la crisis como vivía antes de la crisis: bien. Teniendo que ahorrar algo más, ajustando el presupuesto quizá, pero bien. Si puedes disfrutar de un mes de vacaciones, eres dios. No hay vuelta de hoja. Pero los que se quedan currando pueden felicitarse. En verano se trabaja mejor por varios motivos:

1) No hay jefes, con lo que realmente SE PUEDE TRABAJAR. Todo el mundo sabe que, en verdad, en una oficina la función de los jefes es pedir cosas tan absurdas e innecesarias que lo único que consiguen es que el trabajo no salga adelante. Sin jefes el trabajo avanza viento en popa y uno se puede ir a casa a su hora.

2) El teléfono y el correo electrónico se tranquilizan. Ya no hay llamadas y mails a cada minuto. Además, Peláez, el de las cadenas de mails chorras (de la era de cuando existía OZÚ.es) está en la Manga del Mar Menor. Sin wifi.

3) Se madruga menos. El hecho de que no haya transporte escolar y de que los jefezuelos y demás cargos intermedios estén de vacaciones, alivia enormemente el tráfico. Jefezuelos y cargos intermedios son ese mismo estrato social que: a) todavía se compran coches, b) todavía los usan para ir a trabajar y c) viaja cada uno sólo en su coche.

4) Todos los días son un poco fin de semana. Sí, a pesar de la ola de calor, cuando uno llega del trabajo, tomarse un helado o una cerve a la fresca parece como que descansa más. Que uno desconecta. Además, aunque nos vayamos más tarde a la cama entre semana, al día siguiente habrá que madrugar menos (ver punto 3) y en el curro no habrá jefes (ver punto 1), con lo que podremos relajarnos disfrutando de hacer bien nuestro curro.

En fin. Este año para nuestra desgracia el Gobierno y los diputados se han apuntado a la tendencia mayoritaria: no tener vacaciones. Echaos a temblar. Con lo tranquilos que estamos en España cuando se van de vacaciones los políticos (y dejan de guardia a un par de pringaillos que salen de vez en cuando en la tele hablando de sus cosas en mangas de camisa y con una hiedra detrás).

¡Yo os exhorto, currantes de oficina en verano!, ¡recordad!: no hagáis ver a los demás que estáis encantados, haceos los compungidos, los sacrificados… Ésa es la primera regla del Club de los Currantes de Verano.

La segunda regla es que el Club de la Lucha no existe.

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Toño Fraguas

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