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miércoles 25 abril 2018

Opinión

El discurso de Rajoy que hubiésemos aplaudido

“Empleo, bienestar y corrupción son los tres principales problemas de los españoles y hoy es a estos problemas a los que voy a dedicar mi intervención”, expone Rajoy en el discurso alternativo propuesto por el autor

<em>El discurso de Rajoy que hubiésemos aplaudido</em>
El presidente Mariano Rajoy, durante un debate del estado de la nación. CONGRESO

Señorías,

Cuando subí a esta misma tribuna en diciembre de 2011 para solicitar mi investidura como presidente, solté por la boca un montón de mierdas, señorías. Todos sabíamos que eran mentira. No. No pongan esa cara de susto, que ahí fuera ya quedan pocos idiotas que sigan creyéndose esta historia, y los que siguen creyéndosela querrán seguir haciéndolo pase lo que pase. Como decía, en diciembre de 2011 vine aquí a contar una basura tremenda. Mentir más que pestañear. Esa es mi responsabilidad como presidente del Gobierno, igual que la suya, señor Pedro Sánchez, es la de hacerse el indignado al descubrir que yo miento, hasta que nos intercambiemos los papeles en un futuro, si Venezuela no lo impide. Empleo, bienestar y corrupción son los tres principales problemas de los españoles y hoy es a estos problemas a los que voy a dedicar mi intervención.

(Murmullos en el hemiciclo)

Crear empleo será mi prioridad, dije después de hacerme la foto en la cola del INEM y prometer millones de puestos de trabajo. Justo después de aquello aprobamos una reforma laboral que facilitaba el despido y nombramos como ministra de trabajo a la Virgen del Rocío. Los ciudadanos que nos ven desde casa han de reconocer que de honestidad iremos cortos, pero que el sentido del humor lo tenemos bien largo. Hoy hay más parados que cuando llegamos al Gobierno. Es un dato constatable por mucho que nos empeñemos en contratar a la misma persona doce veces al día, una por cada hora que trabaja sin derechos, y vender eso como doce puestos de trabajo. Hoy ya tenemos claro desde el Gobierno que presido que no nos queda más remedio, ya que no hemos creado esos millones de puestos de trabajo, que crear en el ambiente millones de sensaciones de que sí lo hemos hecho. Efecto Avatar, me gusta llamarlo desde que vi la película en 3D de James Cameron. Si no están los empleos, tendremos que crear la sensación de que están, de que casi puedes tocarlos. Están en el ambiente, ¿no los notas? Esperamos que salga bien la jugada, que para eso gastamos una millonada indecente en estrategas encargados de hurgar en las cabecitas idiotas para hacer que bailen nuestra música.

(Más murmullos en el hemiciclo)

Señorías,

Cuando en mi investidura allá por 2011 prometí desde esta misma tribuna que la crisis no afectaría a los más débiles, conseguí aguantarme la risa de puto milagro. Celia Villalobos, que está detrás de mí jugando con la tablet, puede confirmarlo. ¿Te acuerdas, Celia y perdona que te interrumpa la partida, que te dije, “me voy a reír, no voy a ser capaz”? Pues al final conseguí aguantarme la risa. Lo hice porque era mi responsabilidad como presidente estar serio en esos momentos a pesar de la dificultad que el asunto tenía. Así que salí aquí y de forma solemne anuncié que mi gobierno no recortaría en Educación ni Sanidad. Manda huevos, como decía aquel compañero. ¿Cómo no iba a recortar en Educación y Sanidad con Bankia llena de colegas en apuros? A un colega no se le deja tirado. Esto lo aprendí en Salvar al Soldado Ryan. Ryan era un montón de gente. Ryan eran Rodrigo Rato, Miguel Blesa, Arturo Fernández, Ángel Acebes y muchos más, muchos más compañeros a los que no íbamos a dejar en la estacada sólo por haber hundido con su ineptitud y su mano larga la principal caja del país. El líder de la oposición me dará la razón ahora cuando suba y dirá los nombres de sus propios Ryan de Caja Madrid. Como decía, había que salvar a Ryan costara lo que costara y yo era Tom Hanks, el encargado de hacerlo. Y costó. Y tanto que costó. Gracias a dios pude endeudar aún más a la economía española incumpliendo mi promesa de reducir el déficit público. Para devolver parte del ojo de la cara que nos costó Bankia saqué el dinero de hospitales, colegios, ley de dependencia y el IVA de los chuches. Saqué el dinero de esas partidas que, por suerte, son invisibles para la macroeconomía. ¿Habéis visto alguna vez al IBEX hundirse o a los mercados ponerse nerviosos por el cierre de un hospital? Pues yo tampoco. Y los mercados nos respetaron. Vieron que teníamos los valores de compañerismo y compromiso: compañerismo porque queríamos salvar a nuestros hijos de puta y compromiso porque estábamos dispuestos a hacer para ello los recortes sociales que se nos pidiera. Nos convertimos así en fiables. Y nos ganamos la confianza internacional.

(Murmullos en el hemiciclo, salvo Martínez Pujalte, que aplaude)

Señorías,

La corrupción ya tal, podría decir e irme para casa. Podría dedicarle dos minutos de palabras vacías y salir del paso, pero hoy el café me ha hecho un agujero de sinceridad en el estómago y voy a hablar de corrupción de verdad. Corrupción se llama a partir de que te pillan. Antes de que salga a la luz se llama recoger un sobre con 10.000 eurazos del despacho de Luis, que hoy toca reparto. ¿Habéis visto las escenas de los ganadores de la lotería de navidad? Pues eso era el puto día a día en la calle Génova. Nadie hablaba de corrupción cuando recogía un sobre. Puedo asegurarlo. Nadie. La sensación general era de alegría. Era, para que ustedes lo entiendan, una forma de motivación para hacer con optimismo el trabajo que nos ha tocado hacer: la política. Ustedes, los que están alejados de la política real, se empeñan en ensuciar esos agradables momentos llamándolos corrupción. Hablan sin entender nada. Intenten hacer un esfuerzo de comprensión quienes nos ven desde casa: cuando hay que construir un aeropuerto, por ejemplo, porque la diputación de tal provincia nos dice que es una reivindicación social de la zona, nosotros sin parpadear lo mandábamos construir. ¿Qué más daba? ¿Era necesario? Tal vez no. ¿Era nuestro dinero? Desde luego que no. Así que decíamos: “Palante”. En ese momento elegíamos a la empresa constructora con el criterio de “es de bien nacidos ser agradecidos”, cosa que, coincidirán conmigo, es de educación y sentido común. ¿Es eso corrupción? Yo les respondo. Sólo en las mentes enfermas de quienes nos ven desde casa sin entender de qué va esto.

No me extiendo más. Concluyo mi exposición, no sin antes recordarles a sus señorías, a quienes nos ven desde casa, que España es una gran nación. Muchas gracias.

(Murmullos en el hemiciclo. Sólo Martínez Pujalte aplaude, mientras una voz enlatada dice Sugar Crush)

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Gerardo Tecé

Gerardo Tecé

2 comentarios

  1. Rastapopoulos
    Rastapopoulos 15/03/2015, 22:33

    El empleo lo comparas con Avatar,el bienestar con Salvar al soldado Ryan……y para la corrupción cual elegirías ??alguna de Pajares y Esteso ??

    Responder a este comentario
  2. María R.
    María R. 26/02/2015, 21:08

    Así es. Este es el discurso que merecemos escuchar pero que nunca oiremos de estos ineptos.
    Les vota un rebaño de desinformados y manipulados y de ello se aprovechan.

    Responder a este comentario

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