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martes 24 abril 2018

Opinión

Tratamiento mediático de la violencia contra las mujeres

“En los medios se establece una estrecha relación entre violencia y agresión física. Y así es difícil visualizar la violencia psicológica y la sexual”, señala la autora

El lunes negro de la Inmaculada Concepción obligó a los medios a centrar su atención sobre la violencia de género. Las manifestaciones de repulsa no se hicieron esperar y junto a las habituales concentraciones organizadas por grupos feministas, hubo declaraciones de repulsa de algunas políticas –mujeres concienciadas, obviamente- y los medios dedicaron unos minutos a hablar de este problema. Lógico y normal a tenor de los acontecimientos, pues dos mujeres asesinadas y una herida en el mismo día por sus parejas o exparejas debería dar que pensar sobre “la salud” de esta sociedad.

Sí. Los medios visibilizaron la violencia; una histórica demanda feminista que se ha visto reforzada estas últimas semanas comparando el despliegue informativo generado a raíz del asesinato de un seguidor de un equipo de fútbol y el que sistemáticamente reciben los de decenas de mujeres asesinadas cada año.

No hay nada que decir respecto a la importancia concedida a los hechos acontecidos en el Madrid Río. El sociólogo Norbert Elias, al reflexionar sobre la relación entre poder, comportamiento y emoción, explicó cómo el deporte formó parte del proceso de pacificación social y los primeros juegos modernos tuvieron como objetivo el control social en un intento de impedir la violencia. Por tanto, si el deporte fue un elemento legitimador de la modernidad – y el logro en el largo proceso de civilización al evitar la guerra – el debate mediático está justificado. Ahora bien, ¿a qué se debe la ausencia de crítica en los abundantes casos de violencia contra las mujeres cuando ésta es una clara vulneración de los derechos humanos? Ante esta falta de interés mediático algunas se preguntan, ¿cuánto vale una mujer? Podría parecer que unas muertes nos duelen más que otras y que las mujeres asesinadas no merecen ser lloradas. El hecho de que la gestión del poder familiar y la regulación del mismo dentro de los hogares residiera durante siglos en el “cabeza de familia” puede ayudar a explicar –aunque no a justificar- esta escasa atención. La discriminación persiste porque se actualiza en cada acto y dar más importancia a la muerte de un hombre que a las de centenares de mujeres no hace sino reproducirla.

Hay quien dirá que no es cierto que la violencia de los esposos o ex esposos no aparezca en los medios. Y no les faltará razón. A primeros de diciembre, y por la cercanía de la fecha, aún resuenan los ecos del 25 de noviembre. Y entonces sí. Ese día, e incluso esa semana, los medios se llenan de artículos de opinión, denunciando la existencia de violencia. Con ello se ha dado un paso necesario, pero insuficiente. Un fenómeno tan grave no puede publicitarse sólo puntualmente. Se precisa una atención constante sobre el mismo.

Y sí, también es cierto que a este ejercicio de visualización se añaden otros. Desde hace unos años se publican las noticias de los intentos y los asesinatos de mujeres en los periódicos de referencia de dominante. Ese cambio ha sido importante, pero también hay que señalar que se ha producido una operación de reducción del campo visual de la violencia. Así, se pasa de concebir la violencia sólo como el maltrato doméstico, a ignorar todos los maltratos que no sean físicos y dar sólo importancia a aquellos que acaban con el resultado de muerte.

En los medios no sólo se reducen todas las formas de violencia que reciben las mujeres – trata, acoso, abusos sexuales, matrimonios forzosos, agresiones sexuales, etc.- a la que se ejerce por parte de quienes tienen una relación afectiva – como hace la Ley Integral contra la violencia-, sino que se establece una estrecha relación entre violencia y agresión física. Y así es difícil visualizar la violencia psicológica y la sexual. Y lo es incluso para aquellas personas que las padecen porque no las ven como tal, haciéndose aún más difícil su denuncia.

Por otra parte, el mensaje que producen los medios es de debilitamiento del colectivo femenino. No aparecen los múltiples casos en los que los maltratadores sentenciados están en la cárcel -con lo que se ejercería una labor pedagógica mostrando las consecuencias que la comisión de un delito tiene para estos delincuentes-, ni tampoco ese 8% de mujeres que, según la Macroencuesta de violencia de género 2011, ha salido de la violencia, o ese 72,5% de las encuestadas que declararon en 2011 haber sufrido violencia de género alguna vez en la vida y no lo sufrieron en el último año. Si esto también se hiciera se reforzaría la imagen del poder de las mujeres y les otorgaría mayor valor al conjunto de las mismas. Es importante destruir la idea de la superioridad masculina y si, por un lado, se necesita denunciar los constantes ejercicios de fuerza masculina, es preciso hacerlo de modo que no sirva como muestra constante de rearticulación patriarcal.

A estos comentarios sobre el tratamiento mediático de la violencia contra las mujeres se suma la alusión a la violencia como “emergencia”. Por emergencia se entiende tratar las cuestiones sociales no como si fueran problemas políticos, sino como excepcionalidades, que precisan de una intervención así mismo excepcional. La sociedad lo acaba entendiendo como un problema de seguridad, porque los medios así lo transmiten. En estas circunstancias lo propio es que el Estado normalice este estado excepcional y proporcione una mayor seguridad.

Trabajar desde esta lógica supone evitar el exceso de violencia, es decir, que ninguna mujer más sea asesinada – lo cual sería muy deseable- pero no es trabajar desde la prevención. Es en la discriminación donde reside el origen de los asesinatos. En la consideración de las mujeres como seres inferiores y en la naturalización de los ejercicios de fuerza masculinos está la raíz del problema.

Ante el espanto, la pena y la convulsión social que produce escuchar que varias mujeres han sido asesinadas cabe preguntarse: ¿qué se ha hecho en los últimos años a favor de la igualdad cuando se legisla para crear desigualdad? ¿Es que se piensa acabar con esta forma de violación de los derechos humanos rebajando la financiación en los presupuesto en los planes y programas destinados a promover la igualdad, financiando con dinero públicos colegios segregados por sexos, cuestionando el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, reformando la regulación laboral y aplicando medidas que fomenten la vuelta a casa de las mujeres, aumentando el número de docentes con titulaciones en universidades privadas con idearios religiosos, por ejemplo? Si las políticas públicas fomentan la desigualdad, ¿por qué nos extrañamos del aumento de la violencia entre la población más joven?

Cuando se habla de recortes de derecho hay que recordar que también se han recortado los derechos de las mujeres. La sangre de las asesinadas es la muestra más trágica y dolorosa de una sociedad que padece la enfermedad del heteropatriarcado criminal. Y por ello, para conmemorar el 10 de diciembre como día de los derechos humanos recordemos que la igualdad entre los sexos es la mejor vacuna contra la violencia de género.

*Begoña Marugán es profesora de la Universidad Carlos III de Madrid  / @begoa46

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Begoña Marugán Pintos

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2 comentarios

  1. Alicia
    Alicia 10/02/2015, 13:42

    Muy acertado tu artículo en referencia a la falta de actuación política y lo que es aún más vergonzoso, a la falta de actuación social. Tanto los politicos, hombre como mujeres deben de hacer políticas para acabar con el machismo. Y los actores sociales, grupos, asociaciones, individuos, etc también que por lo general no hacen realmente nada más que de vez en cuando decir unas buenas palabras. Y muchos ni eso.

    Responder a este comentario
  2. Mancuso
    Mancuso 12/12/2014, 10:35

    Supongo que se podrían rebatir muchas cosas.En todo caso si el valor de las personas se mide por la publicidad que se da a las noticias la vida del hombre no vale casi nada. Las víctimas de homicidios en España son mayoritariamente hombres pero rara vez nos enteramos de ello.
    Si estoy de acuerdo en algo: la violencia psicológica que no sale en los medios; tan sólo que en este caso me gustaría ver que las encuestas se hacen también a los hombres. Lo digo porque a lo mejor resulta que no hay mucha diferencia, e incluso no me extrañaría que hubiese más maltratados hombres que mujeres.
    Una preguntita: ¿en los casos de asesinatos en parejas homosexuales cual es el motivo? Cuando un hombre mata a su pareja ¿lo hace porque es un ser inferior?

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