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jueves 15 noviembre 2018

Opinión

El papel de los movimientos sociales cuando “ganemos todo”

Al implicarse los movimientos sociales en la toma del poder institucional junto a otros actores como son los partidos políticos, se corre el riesgo de que éstos sean cooptados por la dinámica institucional

<em>El papel de los movimientos sociales cuando “ganemos todo”</em>
Asamblea del 15-M en la puerta del Sol de Madrid. FERNANDO SÁNCHEZ

Existe entre algunos activistas la legitima preocupación por la participación y el tipo de participación de los movimientos sociales en los distintos Ganemos que están surgiendo con el fin de obtener gobiernos en las próximas elecciones municipales y también autonómicas.

La preocupación de estos compañeros y compañeras está totalmente justificada. Al implicarse los movimientos sociales en la toma del poder institucional junto a otros actores como son los partidos políticos (ya sean nuevos o viejos), se corre el riesgo de que estos movimientos sean cooptados por la dinámica institucional, perdiendo su carácter reivindicativo y contestario en favor de lógicas más burocráticas.

No sería la primera vez que esto sucede en nuestro país: forman parte de nuestra historia reciente los momentos en que el PSOE, impulsado por distintos movimientos sociales, obtuvo el poder institucional y el hecho de que, una vez se accedió al poder, estos movimientos quedaron desmantelados a la espera de que fuese el Gobierno quien ejecutara las propuestas.

Afortunadamente, esto no significa que los movimientos sociales deban mantenerse completamente al margen de la dinámica electoral ni que este escenario sea una profecía inevitable. Digo afortunadamente, no porque los movimientos sociales tengan un papel folclórico que es necesario preservar una vez se toma el poder institucional, sino porque son fundamentales para poder tener gobiernos transformadores.

Los gobiernos transformadores necesitan a los movimientos sociales por delante innovando y abriendo caminos que las organizaciones políticas tradicionales no se atreven a explorar porque están preocupadas en una tarea que por otro lado es fundamental fundamental: obtener, ejercer y conservar el poder institucional para cumplir un programa. Un clarísimo ejemplo de este papel ha sido el ejercido por la PAH y los movimientos de vivienda, a los que se debe que en la agenda esté el problema de la vivienda en nuestro país y bastantes de las medidas y soluciones que desde las instituciones se están proponiendo.

Los gobiernos que pretendan ser verdaderamente transformadores también necesitan a los movimientos sociales a su lado, construyendo conjuntamente, no sólo los programas electorales, sino también las políticas públicas que se impulsen e incluso la gestión del día a día. También serán necesarios los movimientos sociales preparados para defender a los gobiernos cuando lleguen los ataques de muy diversa índole que llegarán si de verdad se pretende cambiar todo lo que deba ser cambiado.

Pero los gobiernos transformadores también van a necesitar a a los movimientos sociales detrás, vigilándolos y empujándolos a cumplir el programa conjuntamente construido. Serán necesarios también los movimientos sociales perfectamente preparados para ponerse en frente de los gobiernos si incurren en graves contradicciones, se desvían del programa, o se equivocan e incurren en graves injusticias intentando solucionar los problemas. Ejemplo de esta función es la del movimiento ecologista, con quienes desde la izquierda hemos mantenido buenas relaciones, pero no por ello han abandonado luchas como la mantenida contra el monstruoso hotel del Algarrobico,sino al contrario, siguen vigilantes y presionando porque se cumplan los compromisos y se actúe de la manera adecuada.

Nuestra preocupación debe centrarse en que los movimientos sociales sigan siendo algo vivo, en construir poder popular, mientras también ejercemos el gobierno. Sería un error que en el marco en el marco de los distintos “Ganemos”, pensemos que la prioridad es desactivar a los movimientos sociales en vez de reflexionar sobre como garantizar los distintos papeles que los movimientos sociales deben cumplir. Pero esta cuestión tendrá que esperar a otro artículo.

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Gonzalo Caro

Gonzalo Caro

6 comentarios

  1. PedroA
    PedroA 04/09/2014, 11:17

    La propuesta de Fernando en el artículo ¡ya está inventada! Se llama “Podemos”. Los “Ganemos” son (o deberían ser) otra cosa, donde cabemos todos, pero donde se trata de que los ciudadanos ejerzan todo el poder que puedan desde el minuto 0. Esa si es la forma de evitar los “desvíos”, las castas y las vanguardias de iluminados. Aquí lo explican muy bien http://ganemosmadrid.info/tomar-la-ciudad-mandar-obedeciendo-y-desobedeciendo/

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  2. Verbarte
    Verbarte 03/09/2014, 19:22

    PP y PSOE despreciaron al 15 M, los debates en las plazas, ignoraron las humildes pancartas, rubricadas por las manos que las alzaban, y ahora sienten miedo de sus propios fantasmas. http://wp.me/p2v1L3-zi

    Responder a este comentario
  3. linea practica
    linea practica 02/09/2014, 15:38

    La única forma de garantizar la fidelidad al programa y la participación colectiva frente a las individualistas de los medradores es comprometiendo a toda la organización a firmar la renuncia del acta sin fecha y sin causa (tal cual contratan las empresas a los obreros.

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  4. uno
    uno 01/09/2014, 01:26

    Los movimientos sociales tienen que ser autónomos,sino, pierden su fuerza. Otra cosa es que algunos partidos tengan ya sus movimientos sociales o quieran controlar otros. Que un movimiento social haga electoralismo es el fin del mismo.

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  5. Levaux
    Levaux 31/08/2014, 12:30

    La única manera de que convivan los movimientos sociales y los órganos decisorios gubernamentales es crear ?con herramientas jurídicas y legislativas? un corpus que ampare, limite y organice, las capacidades y límites de todos los participantes. No estaría nada mal que surgiese desde las Universidades como práctica y ejercicio de aquellos que están formándose, precisamente, en el conocimiento de las leyes y los principios generales del Derecho.
    Sin vacíos legales ni posibidad de hacer que las disposiciones sirvan para intereses espurios.

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