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lunes 19 febrero 2018

Opinión

Hacia la raíz

Un artículo inspirado en el texto ‘Azafatas o científicas’

Va a pensar Alejandro Gaita que le tengo especial afición, ya que es éste el segundo articulito que escribo inspirado por los suyos. No es verdad. Sus artículos me parecen interesantes; creo que señalan aspectos relevantes relacionados con la ciencia (bueno, casi todos, con el del gato de Schrödinger no me comí un rosco), y suponen un material de reflexión muy original.

Sin embargo, tengo la sensación de que Alejandro, tocando aspectos importantes de la relación ciencia-sociedad, no termina de ir a la raíz de las cosas. Asunto nada fácil, y en el que yo no soy la persona más adecuada para dar lecciones. Pero…, pero quizás pueda ayudar a ello.

En su último artículo. “Azafatas o científicas”, Alejandro señala uno más de los tópicos que se usan con las mujeres, en este caso, en un congreso científico, a saber, convertir en polichinelas a una científicas predoctorales, en el volantineo de los micrófonos durante la sesión de preguntas. Curiosamente, la misma semana en la que Alejandro publicó su artículo en La Marea, la revista del El Mundo ‘Yo Dona’ publicaba un artículo titulado ’50 actitudes machistas que aún perviven’. El listado es razonable y apunta a estereotipos que se repiten diariamente. Este es uno de los que más me gusta: “Nadando en la piscina un día un poco nublado en ‘topless’. Un amigo me dice: ‘¿Pero no tienes frío?’ ‘Pues igual que tú, ¿no?’, le respondo.” El que señala Alejandro podría haber cabido perfectamente como el estereotipo nº 51, sino fuera porque el ámbito en el que ocurre –la ciencia (¿y eso a quien le importa?)- es de repercusión minoritaria.

Lo que le falta al artículo de Yo Dona y al comentario de Alejandro es profundizar un poco más en la raíz del problema y cómo solucionarlo. Porque la casuística puede ser infinita –toda casuística, por definición, no tiene límites.

En la película del director chino Jia Zhang-Ke Un Toque de Violencia, actualmente en las pantallas, hay una escena donde un grupo de asalariadas de un burdel desfilan delante de unos potenciales clientes a ritmo de una música militar y vestida con uniformes de cortafalda. Este estereotipo se la pone gorda a un elevado número de hombres. No hay constancia de que este tipo de situaciones hayan jugado papel alguno en la transición del mono al hombre: ¿Valor selectivo de la marcha militar entre los babuinos?, permita que lo dude; ¿faldas cortitas en los bonobos?, pues no sé qué decirle… Obviamente, parece que lo que está en juego es la cultura, que sireniza al personal masculino y le conduce a fantasías ‘de ayer y hoy’ que decían en los dibujos animados de la tele (por decirlo de alguna manera). Hay un marco visual, musical y cognitivo que tiene atrapado el universo personal de gran parte de los hombres en la sociedad actual (yo no soy una excepción, respondo a estos estímulos como cualquier otro y necesito hacer una reflexión racional para distanciarme de ello). Y es aquí, creo, donde reside parte de la raíz del problema.

A mí me parece que es en esta línea de análisis, o en alguna otra similar, donde hay que enmarcar comportamientos como los señalados por Alejandro y ‘Yo Dona’, y a través de éllos ayudar a cambiar el contexto o el marco de referencia (no se puede calificar de otro modo). Acumular casuística, es un ejercicio interesante, pero nos tememos que no nos acerca a la raíz del problema ni a su solución.

Dicho lo cual, nadie sensato puede estar en contra de las fantasías o juegos que cada cual quiera poner en su intimidad. Sólo faltaba.

Gracias, Alejandro.

(y a X. Cantera for suggestions). 

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Antonio G. Valdecasas

Antonio G. Valdecasas

1 comentario

  1. 4lex
    4lex 06/08/2014, 19:26

    Hola de nuevo, Antonio. Coincido contigo: en este texto no buscaba ir a la raíz, y hace falta hacerlo para solucionar los problemas.

    Mi aportación estaba dirigida, como mucho de lo que escribo, más bien a la comunidad científica. No necesariamente académica: gente interesada por las ciencias naturales o exactas, en general. Dentro de esta comunidad, trataba de ser una llamada de atención: “¿vamos a hacer algo al respecto [sobre machismo y micromachismos], o somos de ciencias y esas cosas no van con nosotros?”

    Personalmente, no me siento equipado para ir a la raíz de un problema como el machismo. Eso me parece razonable, no puedo saber de todo: bastante orgulloso me puedo sentir si consigo aportar algo tratando de ir a la raíz de la decoherencia cuántica que mencionaba en aquel artículo del gato. De hecho, daría para otro artículo el hecho de que quienes no somos especialistas en asuntos de Humanidades tendemos a pensar que son problemas sencillos y que nuestro punto de vista vale lo mismo que el de quien lleva décadas trabajando en ellos.

    Lo que denuncio en mi texto (aparte de aportar una anécdota ilustrativa) es que los científicos no percibamos como tal ese problema social, que no nos interese. Especialmente los científicos hombres, desde nuestra posición de privilegio.

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