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lunes 15 octubre 2018

Opinión

Pujol, en nuestro laberinto

“La gran decepción que supone para tanta gente la conducta de Jordi Pujol”, afirma el autor, “es también consecuencia de vivir en una sociedad -tanto la catalana como la española en su conjunto- que en el fondo son poco abiertas democráticamente)”

<em>Pujol, en nuestro laberinto</em>
Jordi Pujol, en un acto de partido. CDC

Lo que tiene que ver con la tremenda decepción de tantos catalanes respecto a la  figura de Jordi Pujol, tras revelar por carta (aún no ha dado la cara) que había ocultado al fisco una herencia familiar, para entenderlo, se puede rastrear en la década de 1980 en las revistas satíricas y de humor en Cataluña y en el mundo underground de la Barcelona canalla, alternativa y algo libertaria. Allí, en esos círculos marginales, se podían encontrar las pocas críticas a Pujol puesto que en los medios de comunicación Convergència i Unió ya había comenzado a tejer toda una red clientelista, corrientes de simpatías y una hegemonía ideológico-mediática que se mantuvo incluso con los dos gobiernos tripartitos.

Hubo desde 1981, con el estreno de la obra teatral de Els Joglars, Operación Ubú, una corriente crítica con la figura de Jordi Pujol pero adscrito a la farándula, algunas letras de grupos punkies como L’Odi Social y la sátira de revistas como Sa llufa, un mensual nacido en enero de 1985 en Vic y que en su primera portada presentaba a Pujol pinchando un globo que tenía el símbolo del dólar. En Sa llufa, que tenía una tirada de 5.000 ejemplares y que dejó de publicarse en octubre de 1986, CiU se transformaba en Conveniència i Unió como en otra revista satírica, El Drall (1988-1989), que ofreció la exclusiva “Jordi Pujol no es Jordi Pujol, es un doble”. En 1990 salió a la calle El Triangle, que se convertiría en aquella década en el flagelo silencioso de CiU con reportajes de investigación y filtraciones sobre irregularidades varias como el caso Casinos Catalunya.

A finales de esa década, el diario El Mundo, -con su redacción en Cataluña antes de que fuera depurada por Pedro Jota- y la Iniciativa per Catalunya de Rafael Ribó fueron las máximas expresiones de la crítica a CiU, que, tras 23 años de hegemonía en la Generalitat de Catalunya, dejó  paso a un gobierno tripartito que ni CiU ni sus medios de comunicación, intelectuales, periodistas y una parte importante de la sociedad catalana nunca aceptó como legítimo. En 2006, CiU presentó aquel vídeo de propaganda electoral llamado “ConfidencialCAT. Cuando el precio de la lucha por el poder es un país”, en el cual se presentaba al trío Maragall-Carod Rovira-Saura como “tres perdedores” que había conspirado para llevar a Cataluña “a una de las épocas más oscuras del gobierno de Catalunya”.

A pesar de los numerosos casos de corrupción que salpicaron a políticos tanto de Convergència Democràtica de Catalunya como de su socio Unió, algunos de ellos amigos íntimos de Jordi Pujol, muy pocos medios o periodistas se atrevieron ni siquiera a sugerir que algo tendría que ver (o al menos saber) Pujol. Pero nada de eso ocurrió y todo lo contrario, cuando Pujol da el relevo a Artur Mas -cuyo padre también dejó una herencia en un paraíso fiscal- la figura de Pujol se convierte en la de un padre de la patria retirado pero activo al frente de una fundación con un centro de estudios políticos que ha tenido como eje principal la reflexión sobre la ética y la política.

La imagen que de Jordi Pujol tienen la mayoría de los catalanes hasta hace pocos días, y no sólo los votantes de CiU y ERC, es el que reflejaba el mismo Pujol junto con su mujer Marta Ferrusola en el programa emitido por TV3, El Convidat, en septiembre de 2012. El periodista Albert Om pasa un fin de semana con la pareja Pujol-Ferrusola donde se ve como la esposa prepara una tortilla de patatas para los tres en un ambiente de  usteridad absoluta. Ese programa tuvo una gran repercusión para alimentar aún más la leyenda de Pujol sacrificado por la patria, como un Mesías que guía a su pueblo, alejado de sus hijos -“los tengo colocados a todos”, había llegado a decir en 1999- y de vida espartana al servicio del país.

En los últimos tres años había escuchado al menos en dos ocasiones a Pujol en conferencias en la universidad. Su discurso era algo contradictorio al hablar de ética y política, de sociedad catalana con un lenguaje políticamente incorrecto -era normal que usara expresiones tales como moros y  chonis- desde una superioridad moral que resultaba chocante para los que hemos seguido CiU desde hace 30 años. Esas intervenciones generaban atención y simpatías e incluso carcajadas a muchos presentes a pesar de lo lamentable que era oír ese tono tan poco elegante a un Molt Honorable  con sueldo, oficina, chófer, etc, a cargo del conjunto de los catalanes.

Lo que ha pasado con Pujol y, sobre todo, lo que no había pasado hasta ahora, tiene mucho que ver con un fenómeno que fue descrito por la socióloga y politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann en su Teoría del espiral del silencio. En toda sociedad, democrática o no, hay una/s hegemonías políticas, ideológicas y mediáticas que pueden crear una opinión mayoritaria a la cual nos unimos por creer que la mayoría social comparte.

Ese fenómeno, que se puede dar en cualquier institución -desde la familia al grupo de amigos- o empresa, pone a prueba la verdadera democracia interna y externa de ellas. Porque como anteriormente ya escribiera el filósofo inglés John Stuart Mill en Sobre la libertad (1859) cuando una, ni siquiera sólo una opinión o crítica, no se expresa públicamente por miedo a las consecuencias que se puedan derivar (pérdida del trabajo, marginación, miedo al aislamiento social), la democracia está en peligro.

Pero que nadie se engañe. En España, donde el amiguismo, el clientelismo y el sectarismo son presentes en tantos ámbitos de la vida social, económica, universitaria, periodística, intelectual y política, las espirales de silencio son de lo más común, aunque pocas veces seamos conscientes de ello.

Ahora puede valer como terapia, incluso para los que han endiosado a Pujol y CiU durante más de tres décadas, darle caña al ex líder. Pero la gran decepción que supone para tanta gente la conducta de Jordi Pujol es también consecuencia de vivir en una sociedad -tanto la catalana como la española en su conjunto- que en el fondo son poco abiertas (democráticamente) y que funcionan más como laberintos en el que nos metemos a sabiendas que nos perderemos. La herencia de 40 años de dictadura también explica en parte este comportamiento, esta realidad.

Y como creo que no es gratuito que todo esto empiece a salir ahora justo a 100 días de que se tenga que celebrar la consulta por la independencia de Cataluña, que no nos extrañe que lo peor para la familia Pujol aún esté por llegar y que pueda alcanzar a otros miembros de CiU como al mismo Artur Mas.

Para otro rato queda hablar de cómo CiU ha venido haciendo política en Madrid desde la recuperación de la democracia, porque muchos se quedarían perplejos de cómo en tantas ocasiones sus diputados han votado iniciativas parlamentarias que nada tenían que ver con los intereses de Cataluña ni de los catalanes y mucho con los de  de lobbies, grupos de presión y de interés que han ido alimentado con dinero la menjadora (expresión del mismo Pujol) de CiU para negocios de partido, privados y también para la creación y mantenimiento de esa hegemonía mediática, hoy consternada dentro de su laberinto.

Jaume Risquete es periodista, acaba de publicar Elisabeth Noelle-Neumann: la vigència de l’Espiral del Silenci en la societat xarxa (Ed. UOC)

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Jaume Risquete

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2 comentarios

  1. Xavier Cañadas
    Xavier Cañadas 07/08/2014, 19:36

    ¿Todavía existe tanto inculto políticamente que no sabe que el oficio de buen político es mentir y robar?
    No hace demasiados años nos dijeron que los mejores políticos españoles eran Manuel Fraga Iribarne y Santiago Carrillo… y ¿Qué hacían los dos, a parte de mentir y robar?

    Responder a este comentario
  2. Marta
    Marta 04/08/2014, 13:34

    Muy buen artículo sr. Risquete que nos abre los ojos sobre los políticos apoltronados en sus escaños o en sus cargos durante tantos años, que además se permiten el lujo de dar lecciones de transparencia. Es cierto que probablemente en su larga trayectoria habrá hecho cosas buenas, pero a la vista de lo que ha defraudado, esto pesa más que todo lo positivo.

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