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sábado 18 agosto 2018

LA UNI EN LA CALLE

Sociología de género: pensar la igualdad, vivir la diferencia

La autora es antropóloga, doctora en Sociología y especialista en Sociología del Consumo

24 junio 2014
16:12
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Sociología de género: pensar la igualdad, vivir la diferencia

Al día siguiente del 8 de marzo de 2013 nos juntamos en la Cuesta de Moyano para pasar un rato contándonos cuentos y relatos de igualdad y diferencia entre varones y mujeres, y entre personas que no quieren o no pueden encajar entre tan forzado par. La propuesta surge de Sonia Jiménez de la Cruz y de Andrea Cáceres, estudiantes del Grado de Sociología, con quienes llevaba un tiempo tratando estos temas que nos interesan a las tres. Hablamos de la construcción de la identidad en las tres esferas de lo individual, lo grupal y lo social-cultural, contamos que no es lo mismo diferenciación que desigualdad porque de esa confusión derivan muchos de los conflictos en torno al género. Tan es así que la violencia sistémica, llamada así por cobrar sentido en el sistema sociocultural que conocemos como patriarcado, hace que una parte de la población se sienta con más derechos que la otra mitad, incluso para manifestarlo con el uso de la fuerza (Martínez Pérez, A., 2012). Pero ésta no es más que la cúspide de un iceberg que mantiene oculta la magnitud de un problema que, lejos de ser exclusivo de las mujeres, es un grave problema de toda la sociedad.

Asimismo, estuvimos analizando cómo los varones entre sí mismos también viven la llamada “tríada de la violencia” (Keijzer, B., Ser varón como factor de riesgo, 2008), es decir, la que se infringen en forma de descuido o malcuido, la que ejercen con sus iguales varones y con la que someten a mujeres y niñas o niños. La violencia sistémica se puede analizar viendo usos desiguales de tiempo, espacio y dinero: una parte de la población parece tener menos derecho a cualquiera de las tres variables y esto genera conflicto social. En la propuesta didáctica de darle una vuelta a la propia casa, pensamos en cómo era el uso de espacio, tiempo y dinero en nuestra unidad de convivencia: familia, piso de estudiantes, o lugar de residencia. Estuvimos hablando de que ninguno de estos comportamientos es natural, son culturales y por tanto pueden y deben ser modificados por la educación, o mejor dicho por la coeducación. Aclaramos en el debate que una escuela mixta no es coeducativa, para que lo sea tiene que haber una intencionalidad en los y las docentes por educar en igualdad. Existe la posibilidad de cambiar toda esta situación injusta por otra más equilibrada en la que tengan cabida las personas por el hecho de serlo y no tanto por pertenecer a uno u otro género. Con la idea de compromiso ético al servicio del equilibrio, Elena Simón (1999) propone llegar a una interdependencia de los seres humanos, aceptar la diversidad como valor y apostar por la reciprocidad para generar intercambios de ayuda mutua. Con proyectos paritarios equivalentes seríamos capaces de vivir en una democracia vital que nos facilitaría mucho las cosas.

Contamos el cuento de Arturo y Clementina, esa pareja de tortugas que por no ser capaces de crecer juntas deciden vivir cada una su vida por separado. Arturo exige a Clementina una renuncia a su proyecto vital de explorar el mundo, al tiempo que la sobrecarga con una serie de tareas absurdas que le limitan los movimientos. Pensamos en todos los Arturos y Clementinas que conocemos y lamentamos no ser capaces de establecer las relaciones de pareja de un modo más equitativo y saludable. De este encuentro y algún otro surgió la posibilidad de trabajar un taller de sexualidad y afectividad que hemos organizado en la universidad dos meses después, así que sacar las aulas a la calle nos permitió pensar en voz alta y acercar la realidad de la calle a las aulas universitarias, algo que deberíamos hacer con más frecuencia. Nos quedamos pensando…

– ¿Y si consideráramos la diversidad como un valor social?
– ¿Y si valoráramos igual la lógica de los cuidados que la del mercado?
– ¿Y si aprendiéramos a usar tiempo/espacio/dinero como analizadores?
– ¿Y si… pactáramos una redistribución del trabajo y los reconocimientos?
– “¿Para qué sirve la utopía? Para caminar”, dice Galeano.

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Ana Martínez Pérez es antropóloga, doctora en Sociología y especialista en Sociología del Consumo. Empezó dando clase en la Universitat Jaume I de Castellón en 1998 y desde 2003 en la Universidad Rey Juan Carlos, en el departamento de Ciencias Sociales. Enseña y aprende con los estudiantes en materias como Antropología Social, Sociología de Género y Sociología de la Educación. Sus textos en libros han sido publicados por editoriales como Síntesis, Celeste, Routledge y Sage. En la actualidad: coordina el programa “Universidad Saludable” de la URJC; investigadora-colaboradora del Proyecto FEMCIT del VII Programa Marco de la Unión Europea, investigadora-responsable del WP8 del Proyecto COMPHP financiado por la Agencia Ejecutiva de Salud y Consumo de la Unión Europea y colabora como investigadora y docente con la Confederación Española de Asociaciones de Padres de Alumnos (CEAPA).

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Ana Martínez Pérez

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2 comentarios

  1. Ygritte
    Ygritte 20/08/2014, 07:57

    Pues como toda la Uni en la calle sea así, que penita ¿no?

    Responder a este comentario
  2. migge
    migge 10/08/2014, 10:23

    Este articulo no dice absolutamente nada. Ni una simple enumeracion de diff, sus posibles origenes y s soluciones. Menuda basura de informacion y perdida de tiempo.

    Responder a este comentario

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