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miércoles 18 julio 2018

Cultura

El cojo de Inishmaan y nuestra admirable Terele Pávez

Inishmaan es una pequeña isla perdida al oeste de Irlanda, en la que los personajes se hallan sumidos en una tediosa y aburrida existencia, cuyas mejores y únicas expectativas están más allá del mar

<em>El cojo de Inishmaan y nuestra admirable Terele Pávez</em>
imagen de la obra El cojo de Inishmann.

Después de su estreno en el teatro Español, donde creo que se representó durante mes y medio, esta comedia negra de Martin McDonagh (Londres, 1970) ha llegado al escenario del Infanta Isabel para prolongar la buena acogida que en su día tuvo en el teatro de la Plaza de Santa Ana. La clave de la función radica sobre todo en el magnífico trabajo del elenco actoral y la sabia dirección de Gerardo Vera. La obra -adaptada por José Luis Collado- tiene a mi juicio, en su desarrollo argumental con falsos finales, una lesiva falta de verosmilitud en su desenlace.

Inishmaan es una pequeña isla perdida al oeste de Irlanda -país del que desciende el autor-, en la que los personajes se hallan sumidos en una tediosa y aburrida existencia, cuyas mejores y únicas expectativas están más allá del mar. Esa Irlanda profunda, como la Galicia profunda de Valle Inclán, tiene toda la cruel impronta de los ámbitos rurales primarios, donde lo repetitivo de las circunstancias da lugar a diálogos de una reiteración permanente y cansina que a veces parece confluir con la literatura del teatro del absurdo, aunque en este caso esté más cerca del teatro de la crueldad.

La oportunidad de un cambio en sus aburridas vidas se les presentará a los protagonistas de la historia con la llegada de un equipo de cine procedente de Hollywood -tal como sucedió de hecho a mediados de los años treinta-, cuyo objetivo es rodar un documental al que se incorporará el menos llamado a ser elegido, el contrahecho Billy, de quien hasta Kate y Eileen -las dos ancianas hermanas que los criaron desde niño- se burlan. Todos son burlas y chanzas en torno a Billy el Cojo en Inishmaan, si bien la contextura física del mentado inspira más ternura que zumba o aversión en el espectador. A Billy le adornan sueños e inquietudes intelectuales que harán posible su afán y cumplimiento de aventura, aunque su anclaje sentimental le arraigue a la postre y fatalmente a la isla, algo que no queda suficientemente explícito en el personaje hasta el final.

Marisa Paredes (Kate) representa a una anciana apagada y algo ausente, a cuyo personaje quizá debería prestarle la magnífica actriz algo menos de distinción, pues no creo que sea preciso para contrastar con el papel de Eileen, personalidad mucho más recia y tosca que Terele Pávez interpreta de modo notable. Tanto Adam Jeziersky como Irene Escolar cumplen sin más haciendo, respectivamente, del afeminado y bobalicón Bartley, y de la presuntuosa y malhablada Hellen, secreto amor de Billy a la que acosan los curas. El esforzado papel de Billy lo trabaja sin llegar a sacarle todo su partido Ferran Villajosana, acaso porque le faltan tintes más marcados tanto en sus taras físicas como en los sentimientos amorosos que decidirán su provenir.

Están correctos Ricardo Joven como Doctor y Marcial Álvarez como Babbyboby, el apacible barquero que oculta bajo su tristeza un fondo resentido y brutal. Sobresale como anciana dura, fría y alcohólica Teresa Lozano, madre del correveidile Johnnypateenmike, encargado de amenizar con sus aburridos cotilleos la tediosa existencia de los vecinos de la isla. Es de destacar la creación que Enric Benavent hace de la teatralidad que tiene este atractivo personaje, hijo maduro de la vieja Mammy borracha, capaz de pasar del cinismo burlón o el contumaz engreimiento por sus fútiles noticias a una expresividad más emotiva.

La función estará once semanas más en el teatro Infanta Isabel de Madrid y es muy posible que entretenga al público que guste del teatro de texto, salvados esos falsos desenlances que prolongan en exceso el definitivo. Ya es de por sí motivo de suficiente atracción que volvamos a tener a Terele Pávez y a Marisa Paredes en un escenario. Saberlo y comprobar que sus dotes y capacidad de trabajo son sobresalientes es todo un reclamo para no perderse El cojo de Inishmaan.

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Félix Población

Félix Población

2 comentarios

  1. aLI
    aLI 10/03/2014, 21:12

    Sí le sobra minutos a la obra, pero cro que a los dos actores citados les falta covicción en unos papeles no muy bien dibujados por el autor o por el director.

    Responder a este comentario
  2. eda
    eda 12/02/2014, 13:20

    Creo que la obra está sobrevalorada. Le sobra 20 mintuos, y los diálogos se repiten hasta la saciedad….Discrepo sin embargo con el autor del artículo en cuanto al trabajo de Irene Escolar y Ferran Villajosana. Creo que tienen fururo en elos escenarios y su actuacion es bastante correcta.

    Responder a este comentario

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