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jueves 15 noviembre 2018

LA UNI EN LA CALLE

Un honrado abogado veneciano

La autora es doctora en Filología Italiana y Filología Española

10 febrero 2014
11:54
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Un honrado abogado veneciano

En 1748, Carlo Goldoni, tras tres años de ejercicio como abogado en los tribunales de Pisa, abandona ciudad y oficio y vuelve a Venecia para emprender una carrera, novísima en la época, de escritor profesional de obras de teatro. Con esta decisión se obliga a demostrar sin dilación su valía al empresario que le contrata, comprometiéndose a escribir dieciséis comedias en un año. Lo que parece un audaz tour de force del comediógrafo veneciano es un punto más en su camino hacia la renovación del teatro, pues habrá de convertirse necesariamente en autor dispuesto a complacer a un público que le exige una constante perfección en su trabajo y una atención especial a su mundo.

Dieciséis comedias son muchas, si Goldoni no dispusiera de su propia experiencia para extraer la materia de sus dramas. Mientras el tiempo se ocupa de poner fecha a los episodios de su aventurosa vida, en el teatro se encarga él mismo de revestir de detalles y razones momentos en que se confunden vivencias, temperamento y fantasía creadora. Precisamente en esta comedia, El abogado veneciano, reconstruye Goldoni con la fuerza de la memoria y el respeto hacia su lengua materna un personaje de hechura casi autobiográfica, que retoma su tarjeta de visita pisana como avvocato veneto. El protagonista es un letrado ejemplar, digno representante de la ciudadanía veneciana e ilustre modelo de deontología profesional. Por su conocimiento del mundo forense, Goldoni organiza una trama ciertamente interesante para los espectadores, pues como ciudadanos sujetos a leyes, se sienten atraídos, y cuando no preocupados, por saber de los designios de la Justicia, que no puede ser caprichosa, sino firme e igualitaria.

La obra traza psicologías individuales con toda la riqueza de sus matices particulares, y las coloca en un preciso contexto social donde la palabra bien dicha es índice de salud moral. El protagonista es el nuevo hombre de leyes, exponente de una justicia concreta, práctica y dinámica, representada por el ordenamiento jurídico de la República de Venecia, donde las causas se dirimían en un procedimiento oral y público en dialecto para garantizar la transparencia durante todo el proceso. Y en su humanidad, Alberto Casaboni, nuestro letrado, es hombre que entiende además la justicia como sentimiento, pues al ser concepto universal, impregna todas las manifestaciones de la vida de las personas, incluso en su ámbito más privado. Por esto, en la trama se le somete también a la prueba amorosa, que resuelve felizmente aplicando los mismos conceptos de obligación y respeto.

La contrafigura de nuestro héroe es el letrado de la anterior tradición escénica de la Commedia dell’Arte, el doctor boloñés, representante de una legalidad oscura, dudosa, cuestionable, trasnochada y muy poco coherente con los tiempos que anuncian la inminente desaparición del Antiguo Régimen y la llegada de la justicia equitativa.

El trasfondo jurídico es el marco en el que nacen y evolucionan los conflictos personales, ya que las cuestiones legales, como ocurre en la vida misma, condicionan sentimientos y relaciones. La resolución feliz del caso no es solo cuestión de justicia poética, sino exigencia del orden social y la convivencia reales.

A través de esta figura del abogado Alberto Casaboni, habilísimo orador que usa con extraordinaria propiedad el lenguaje forense en dialecto veneciano –lo que ha podido condicionar el desconocimiento de esta comedia en nuestro país-, Goldoni desvela su poética: el mundo le ofrece la experiencia vital y profesional necesaria para construir el tejido espectacular de sus dramas. En un ejercicio de observación amable y crítica de la sociedad de la época, el autor da forma a la vida que entra en el teatro.

Invitamos a la lectura de El abogado veneciano, pues contiene otras claves interpretativas indispensables para profundizar en la poética de su autor, un italiano universal.

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Teresa Gil García es doctora en Filología Italiana y Filología Española, profesora titular interina en el Departamento de italiano de la Facultad de Filología en la UCM. Ha sido profesora invitada en la Universidad de Ottawa y en la Ca’Foscari en Venecia. Colaboradora en numerosos proyectos de innovación docente y de investigación, actualmente su interés se centra en la traducción y edición de las comedias en dialecto veneciano de Carlo Goldoni.

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