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martes 22 mayo 2018

LA UNI EN LA CALLE

¿Crisis económica capitalista o crisis civilizatoria?

El autor es catedrático EU de Economía Internacional y Desarrollo en la Universidad Complutense de Madrid.

26 enero 2014
18:06
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Sociedad de clases y violencia. La humanidad no surgió dividida entre propietarios y no propietarios. En millones de años de evolución, hace sólo unos miles que existen sociedades de clases, en las que una minoría se apropió con violencia de lo que es propiedad común y sojuzga al resto. El capitalismo es la última de esas sociedades.

La “era del bienestar”. En la posguerra, las luchas sociales y la competencia con países no capitalistas favorecieron el Estado de bienestar. Países de Europa y América reconocieron derechos laborales y crearon sistemas públicos educativos, sanitarios y de pensiones (que asumieron buena parte de los cuidados). Un ingreso indirecto para los trabajadores que, combinado con la mercantilización parcial del trabajo doméstico, facilitó la incorporación masiva de la mujer a la producción mercantil. Esto ayudó a moderar salarios individuales a cambio de aumentar ingresos familiares y demanda agregada, elevada también por el armamentismo permanente de la Guerra Fría y un modelo consumista y ecológicamente depredador, dominado por empresas transnacionales. El alto crecimiento permitió mejorar la distribución del ingreso y amortiguar el conflicto de clases, convirtiendo a los sindicatos en cogestores del capitalismo fordista.

Crisis y neoliberalismo. Al final de los sesenta, cayó la tasa de beneficios y la cuota de los más ricos en el ingreso total. Entonces los gobiernos capitalistas dieron masivos subsidios y créditos a las corporaciones y redujeron empleo y rentas salariales, provocando la crisis sistémica de los 70: fiscal (déficit), financiera (deuda), económica (recesión) y ecológica (recursos y medio ambiente). También  política, pues la democracia entró en grave crisis ante la respuesta popular a la ofensiva sobre salarios y derechos.

Al igual que el fascismo fue la respuesta del gran capital a las crisis de principios del siglo XX, la violencia neoliberal lo fue a la de los setenta: los regímenes terroristas de Pinochet, Videla y otros en América Latina fueron los pioneros del neoliberalismo que luego extendieron los regímenes autoritarios de Thatcher y Reagan, cómplices de las dictaduras genocidas. Su objetivo es elevar beneficios empresariales mediante una brutal reducción de salarios y derechos laborales, estatizar deuda privada, privatizar sanidad y educación para rebajar impuestos al capital y a la vez beneficiar a monopolios privados. La desregulación financiera multiplicó el dinero especulativo que domina la economía (financiarización) y la liberalización comercial facilitó la globalización mediante una deslocalización productiva a países asiáticos con condiciones laborales de semi-esclavitud, eliminando empleo en países con condiciones laborales dignas. Esto reduce la demanda de bienes y servicios e incentiva la especulación financiera, generando sucesivas burbujas. La última, hipotecaria, se pinchó en 2008 iniciando la larga crisis actual.

La “solución” capitalista  en España y Europa es la misma que en América Latina en los 70: estatización de la deuda privada, regresión social hasta que la rebaja salarial y la liquidación de servicios públicos permitan aumentar beneficios y rebaja de impuestos al capital al nivel del siglo XIX. La “solución” global capitalista a la crisis pasa por generalizar las condiciones laborales esclavistas de Asia oriental y el control neocolonial de materias primas de África y Asia. Todo ello llevando al límite la crisis social, ecológica y política, que es una crisis capitalista y de civilización.

La alternativa es una sociedad  basada en la preeminencia de los derechos humanos, sociales, políticos y ecológicos, exigiendo a China y a todas las transnacionales el cumplimiento de los mismos en vez de “achinar” el mundo. En lo económico, en vez de retribuir a los trabajadores lo más bajo que permita el alto desempleo, hacerlo en función del valor que crea su trabajo, única fuente de riqueza.

—————-

Jorge Fonseca es catedrático EU de Economía Internacional y Desarrollo en la Universidad Complutense de Madrid, Director del Grupo de Investigación sobre Globalización, Desarrollo y Subdesarrollo, miembro del Grupo de Investigación Internacional Polarizing Trends in the World-Economy, coordinado por Immanuel Wallerstein (Universidad de Yale, USA). Miembro del Consejo Científico de ATTAC. Prepara un libro sobre la crisis capitalista y la desigualdad mundial.

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3 comentarios

  1. Mareado
    Mareado 27/01/2014, 01:35

    Dadnos a conocer el nuevo libro de Fonseca en cuanto se publique o se vaya a publcar. Gracias

    Ah, buen artículo

    Responder a este comentario
  2. Binah
    Binah 26/01/2014, 20:31

    “Crisis civilizatoria” totalmente.
    O como suelo decir: evolución de la sociedad.
    Yo diría que es de Justicia que en vez de “achinar” el mundo…(Me ha gustado esa frase).
    Luego está la sustitución de la mano de obra por la máquina, pues esta debería plantearse como colaboradora de la jornada laboral y no como sustitución.
    La Organización Mundial de la Salud debería dedicarse a procurar la cobertura sanitaria pública a todos los ciudadanos a nivel mundial.
    Y en cuanto a lo económico…estoy de acuerdo.

    Si prepara un libro sobre la crisis capitalista, podría hablar sobre la situación que vivimos y la evolución de la sociedad.

    Responder a este comentario
  3. Bieito Penela
    Bieito Penela 26/01/2014, 19:26

    Creo que en el análisis falta algo importante. Es como si los cambios ante el fascimo, la crisis de finales de los setenta y la actual se debiesen sólo a casusas sociales y políticas, sin una causa última. Por mi parte opino que se debe de tener en cuenta la tecnología, que va a permitir el pleno empleo en los primeros tres cuartos del siglo XX y acabará por hacerlos cada vez máis difíciles y, actuamente, imposibles, ni siquiera con técnicas de reparto del trabajo. Por eso se hace necesaria la Renta Básica Universal.

    Responder a este comentario

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