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domingo 22 octubre 2017

Economía

“El verdadero ideólogo de las empresas recuperadas es el neoliberalismo”

Andrés Ruggeri, director del Programa Facultad Abierta de la Universidad de Buenos Aires, explica cómo y por qué los trabajadores tomaron la dirección de las empresas cerradas por la crisis en Argentina

23 enero 2014
18:15
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“El verdadero ideólogo de las empresas recuperadas es el neoliberalismo”

Diciembre del 2001 siempre será recordado por la revuelta popular que tuvo lugar en Argentina. La causa fue una profunda crisis económica. En tan solo un mes, la fuerte presión provocó tres cambios en la presidencia del gobierno. Las acciones de los desempleados, agrupados bajo el nombre de piqueteros, o las convocatorias de las asambleas barriales tomaron mucha más fuerza. Lo mismo ocurrió con las empresas recuperadas, que, como dice Andrés Ruggeri “surgieron en pleno ‘quilombo'”.

Ruggeri es antropólogo, y desde marzo del 2002 dirige el Programa Facultad Abierta de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Además, coordina el Centro de Documentación de Empresas Recuperadas, que tiene su sede en la imprenta Chilavert, una más de las empresas argentinas gestionada por sus trabajadores.

Aprovechamos la gira europea de Andrés Ruggeri para preguntarle el cómo y el porqué los trabajadores tomaron la dirección de las empresas cerradas por la crisis que vivió este país sudamericano.

¿Cómo comienza todo el proceso con el que despega el Programa?

Primero comenzamos a apoyar a IMPA, la que encabezaba las primeras empresas recuperadas en ese momento, y luego, empezamos a trabajar con muchas otras. Acompañábamos en las ocupaciones y después hicimos alguna investigación que derivó en un censo o, como llamamos aquí, relevamiento. Aunque casi todo el trabajo fue voluntario y tuvimos dificultades para encontrarlas, en el primer relevamiento del 2002 contabilizamos 60 empresas recuperadas y, entre ellas, realizamos una encuesta de treinta y cinco preguntas. Más tarde celebramos unas jornadas en donde asistieron más de treinta empresas y a partir de ahí, surgieron diferentes comisiones de trabajo. Gracias a esta tarea, conocimos mejor el movimiento y, al mismo tiempo, ayudamos a que el movimiento tuviese mayor conocimiento de sí mismo. A partir de ese momento, comenzó a funcionar el Programa Facultad Abierta.

¿Cuántos relevamientos o censos se han realizado desde el 2002?

Hicimos cuatro. El primero fue en el 2002. Le sigue el del 2004, en el que encontramos 160 empresas. En el del 2009-2010 registramos más de 200 y en el último que acabamos de terminar el pasado noviembre del 2013 se han contabilizado 70 más. Con lo cual, hemos registrado 310 empresas en funcionamiento.

¿Cómo se produce el proceso de autogestión de las empresas?
En principio, estas empresas recuperadas son la minoría de las que cierran, y en general, no se unen inicialmente a la autogestión. Ninguna empresa recuperada ha iniciado un emprendimiento de autogestión voluntaria, por iniciativa propia: todas son por obligación, por necesidad. Los obreros de las fábricas recuperadas se encontraron con esa situación, el que la buscó fue el patrón que provocó el cierre de la fábrica y se fue. Por eso es un movimiento que surge en torno a alguien, surge espontáneamente. El nivel de desesperación es muy alto, se quedaron sin empleo sabiendo que no van a conseguir otro, y que ni siquiera van a cobrar subsidio de desempleo porque en Argentina esta prestación es muy baja y no corresponde en casos como éste en que la empresa cierra sin siquiera despedir a sus empleados, y saben que no van a conseguir más empleo.

¿Qué inconvenientes o qué dudas van surgiendo desde que empezó el proceso?
Los comienzos son muy duros, porque el proceso de ocupación puede durar meses y durante ese tiempo no hay ningún salario que cobrar. Lo primero de todo era cómo hacer para que no los echaran de la fábrica. En el 2010, cómo sobrevivir, e inclusive, cómo se jubilan los trabajadores, cómo consiguen algún tipo de seguro de salud, porque al perder el empleo, pierden todo tipo de seguridad social. La ley de cooperativas no da esa cobertura.

Pero también hay casos de empresas con un número muy bajo de trabajadores cuando se produce el cierre ¿verdad?
Sí, uno de ellos es el caso del Hotel Bauen. En esta empresa, algunos de los trabajadores comenzaron a buscar a sus ex compañeros. En otras empresas que no logran que los antiguos compañeros se unan, pues son familiares o amigos que se encuentran desempleados. Una cooperativa de trabajadores, absorbe a todo el mundo porque no está en su naturaleza no asegurar el empleo entre sus socios. Eso sí, hay una parte algo complicada porque se espera que la lucha por mantener los puestos sea el objetivo de los nuevos integrantes abrazando la autogestión.

El trabajo del Programa ¿cómo se demuestra en el día a día de las empresas?
Antes de todo, hay que tener en cuenta que las personas que se quedan recuperando la empresa son el personal menos cualificado. Los administrativos y los burócratas no se quedan porque tienen más posibilidades de encontrar otro empleo. Ante esto, desde el Programa les brindamos asesoramiento técnico en algunas cosas: desde ayudarles a gestionar los pedidos de subsidios, realizar informes que apoyan los pedidos de leyes de expropiación, o yendo al juzgado para pedir la tenencia de la empresas a los trabajadores. En este último caso, se va con el aval de la Universidad y es más difícil que puedan argumentar contra ellos muchas cosas.

El apoyo popular que han recibido las empresas recuperadas en todo este proceso también ha sido determinante…
Efectivamente, de hecho, hay una anécdota muy representativa. En la empresa Chilavert, que es una imprenta recuperada, en una de la veces que fue la policía a intentar desalojarles, los trabajadores tenían que entregar un pedido de libros. El cliente se presentó en aquel momento y los libros se trasladaron a través de una ventana de un vecino y éste los metió en el vehículo del que venía a recogerlos. Como éstas hay muchas, de hecho, la Chilavert, como agradecimiento al barrio, abre sus puertas por la tarde, para que la gente de allí pueda hacer actividades como dar clases de bachillerato popular para jóvenes y adultos.

Hablamos todo el tiempo de hombres trabajadores, pero hay muchas mujeres trabajadoras en estas empresas recuperadas ¿verdad?
Sí, efectivamente. Hay pocas empresas con mayoría de mujeres, excepto en las textiles. Por ejemplo, la conocida Brukman, siguiendo por Ceres o La nueva esperanza. En donde también hay mayoría de mujeres es en las clínicas y en las escuelas. En otras las lideran, como en el Hotel Bauen o en La Cabaña.

Y en plena crisis ¿ qué productos podían vender?
Los productos de primera necesidad siempre van a ser comprados. Lo que ocurrió es que en el 2001, Argentina tocó fondo, y a partir de ahí, por efecto rebote, fue hacia arriba. Esa recuperación estuvo basada en una devaluación del peso frente de la divisa y eso hizo más rentable la producción nacional que de la importación de productos. La economía comenzó a recuperarse y la industria comenzó a ir al alza, las empresas salieron favorecidas y creció el consumo.

¿Han sido complicadas las exportaciones? Por ejemplo, nos acordamos de Zanon.
El caso de Zanon fue casi excepcional cuando hablamos de exportaciones, además, gozaban de tecnología punta en su maquinaria. Pero el proyecto argentino de aquel momento era que cerraran las fábricas, que no se proodujera nada en Argentina, excepto carne, trigo y, ahora soja y algún producto industrializado. Hay pocas posiblidades para exportar.

Se hace evidente que el objetivo era la quiebra por parte de muchos empresarios…
Para muchos empresarios era más conveniente el negocio de la quiebra que seguir produciendo. La mayoría de las empresas recuperadas en Argentina, igual que en Brasil o en Uruguay, son quiebras fraudulentas. El empresario quiere ganar siempre, entonces lo más fácil, es quebrarla. Lo más fácil es generar la deuda. Es decir, no pagar impuestos, ni pagan a los proveedores, ni los salarios, consiguiendo así que los empleados se vayan.

Si eso se produjo sería porque la legislación era muy permisiva.
Efectivamente. En el año 1995, durante el gobierno de Menem, se reformó la Ley de Quiebras y fue muy fácil cerrar una empresa. Con esa nueva ley, el delito de fraude ya no era un delito penal. Fue hecha con ese fin, el objetivo era la quiebra de empresas.

Y cómo les ha ido a las empresas recuperadas con los gobiernos de los Kirchner?
Los gobiernos kirchneristas anularon la Ley de Quiebras en el 95 y añadieron una claúsula que permite que los trabajadores puedan quedarse con la fábrica en canje de las deudas que la empresa tiene con ellos y constituirse como cooperativa. Pero el kirchnerismo las han apoyado de una forma ambigua. No reprimen, no son hostiles, no las quieren echar, pero tampoco están tan a favor: no han elaborado una política que las sostenga mucho más con proyección. La idea de los Kirchner está basada en el pleno empleo a través de las empresas o del gobierno. Ellos no ven el modelo de autogestión sostenible.

Pero ¿en qué se palpa el déficit legislativo?
Ese gran déficit de legislación significa, por ejemplo, que, aunque cada una de las cooperativas tienen su propia dinámica, todas tienen un mismo conflicto: el de la propiedad, y que, aunque hay una ley de expropiación que las protege, es de manera temporal. No se terminan de ejecutar las leyes, siguen en precariedad legal, la propiedad sigue en litigio. De hecho, la Corte Suprema de la Nación falló en dos casos en contra, pero a ver quién viene a echar a los trabajadores. Nadie toma la decisión de ejecutar esos fallos. El gobierno no dice nada: ni desobedece las sentencias judiciales, ni firman las órdenes de desalojo. Los trabajadores que recuperan la empresas prefieren ocuparlas, y a partir de una posición de fuerza, negociar la continuidad, es el camino más seguro.

Cristina Fernández de Kirchner, la actual presidenta de Argentina, no se vuelve a presentar al cargo en las próximas elecciones. ¿Qué puede pasar con las empresas recuperadas si gana la derecha?
Es difícil saber lo que va a pasar, pero no va a ser fácil que repriman a las que ya están. No va a ser tan fácil desalojarlas porque ocasionaría mucho conflicto y al gobierno de turno se le volvería en contra. La sociedad argentina no es que sea muy de izquierdas, pero ante la represión y a todas esas políticas que fueron comunes, reacciona. En Argentina hay muchos prejuicios ante los desempleados, entonces, la gente que está trabajando y que quiere seguir haciéndolo es muy bien valorada.

¿Cree que la idea de la autogestión se materializa cuando hay un cambio en la mentalidad individual y/o colectiva?
No sé si es siempre posible, pero esa fue la experiencia nuestra. Lo que sí que creo es que la autogestión tiene que producirse desde la gente común, con trabajadores comunes. Cuando apareció el movimiento en el 2002 se unieron militantes, intelectuales, etc. para apoyar el proceso, pero, se evidenció, al final, que son los propios trabajadores los que tienen que hacerlo. Pero, además, si no es así,

¿Quién hace la autogestión? ¿Qué sociedad queremos construir si no son los trabajadores quiénes hacen la autogestión? ¿Va a ser una casta de privilegiados? ¿Qué sentido tendría? ¿Para qué serviría? A veces, hay discusiones en las que se comenta que las empresas recuperadas son modelos de autogestión con trabajadores que no tienen conciencia, justamente, lo más valioso es que son gente que no se le había pasado la idea de la autogestión y que lo hizo, con muchos problemas, pero lo hizo. Esta experiencia demuestra que cualquiera puede hacer autogestión.

¿Se pueden autogestionar las empresas de salud y de educación?
Creo que el foco tiene que estar no en la empresa, sino en el trabajo. Se recupera la empresa, pero lo primero es recuperar el empleo, si esa empresa no puede dar trabajo, no hay nada que recuperar. Por ahí pasa la cuestión: no hay que forzar la realidad, tiene que ver con la dinámica económica y no se puede poner una empresa de diligencias y de carretas en el siglo XXI, es una estupidez total. Hay algunas áreas de la economía que son difíciles de recuperar. Eso sí, al no haber una autogestión generalizada, hay algunos sectores que se autogestionan y que a la vez son rentables para poder dar empleo a la gente que vive del trabajo. Y todos, menos los capitalistas, todos vivimos del trabajo.

¿Cómo valora todo el proceso de las empresas recuperadas?
En primer lugar hay que destacar que en los últimos diez años hay muchas menos quiebras y cierres, para mí es positiva porque han demostrado eficiencia para dar trabajo. Los trabajadores ya tienen la idea incorporada en la cabeza y comprueban que funciona. Se plantean la autogestión como algo válido. Antes ni se lo plateaban por cómo era el modelo, y si lo hacían siempre pensaban que tendría que producirse una revolución radical. Aquí, no hizo falta una revolución, los capitalistas se fueron. Lo que sí se ha aprendido es que el verdadero ideológo de las empresas recuperadas es el neoliberalismo, no deja ninguna vía de escape. Si hay necesidades, y no hay cómo satisfacerlas, ¿cuánto tiempo se puede aguantar? Aparecieron los piqueteros, los clubes de trueque, es la imaginación del pueblo que se pone en marcha…

Cómo podría surgir un número importante de empresas recuperadas en el Estado español?
Por un lado, hay empresas recuperadas que no las conoce nadie, pero existen (risas). Las hay simplemente porque es un proceso en el que una empresa capitalista pasa a ser gestionada por los trabajadores, puede ser una cooperativa. El nombre de empresa recuperada se inventa en la crisis argentina, antes nadie lo llamaba así, y nadie lo identificaba como una particularidad del proceso. A partir de ahí, empiezas a poner la lupa y te das cuenta que el capitalismo la produce todo el tiempo. Existen más de lo que se piensa. En Argentina encontramos cerca de 33 empresas recuperadas desde hace cincuenta o sesenta años.

Lo que ocurre en el Estado Español es que la crisis no ha llegado al peor punto todavía, siempre hay algo peor. Pero hay algo que lo diferencia de Argentina: que forma parte de la Unión Europea, y ahí está el problema. Nosotros, los argentinos, podemos devaluar la moneda, manejar el tipo de cambio o echar al FMI. Esas son cosas que hizo el gobierno de Kirschner y evitó que el pais volviera a explotar. El mismo capitalismo tiene que reconstruirse a sí mismo. El problema de la UE es que es el centro del capitalismo, y además, hace décadas que llevan construyendo esta unión de capitales, de estados europeos. Habría que salir del euro, pero ¿quién quiere salir?

Andrés Ruggeri estará en el I Encuentro Internacional Euro-Mediterráneo, La economía de los trabajadores, que se celebrará en la fábrica ocupada Fralib (Gemenos, Bocas del Ródano. Francia) los próximos 31 de enero y 1 de febrero del 2014. Más información: https://www.facebook.com/economiatrabajadores

Lola Matamala

Lola Matamala

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