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martes 20 febrero 2018

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Crisis, what crisis?

La organización Perifèries defiende que “las cosas están cambiando, y cada vez nos encontramos con más personas que no se conforman con la realidad que se les impone por la fuerza de los hechos, muchas veces con violencia”.

PERIFÈRIES* / No recordamos que en la América Latina de los noventa las organizaciones sociales y populares utilizaran la palabra crisis para describir la agresión que estaban sufriendo, algo que tampoco constato hoy en día. Cierto que recurrían y recurren a la misma para denunciar las contradicciones sistémicas del capitalismo y sus consecuencias sobre la vida de las personas y la naturaleza. Pero la atención se ponía y se sigue poniendo en conflictos con nombres y apellidos y en las acciones concretas más apropiadas para enfrentarlos.

La lección que nos dejan es clara, y sin embargo, aquí hemos preferido no llamar a las cosas por su nombre, aceptando e incluso propiciando que la crisis ocupe el lugar estelar en nuestros relatos sobre la realidad. Por lo general, acompañamos el término con numerosos calificativos de su amplitud, profundidad y dureza, y a partir de él construimos una determinada interpretación de cuáles son los problemas que padecemos y los remedios que necesitamos para resolverlos.

Hay que reconocer que esta palabrería nos tiene hartos y bastante preocupados por sus efectos nocivos. Nos parece un trampantojo que, además, forma parte de esa letanía machacona con la que nos dejan en estado de shock y favorecen el avance desbocado del pensamiento liberal. Aceptada la condena, la maldición, sólo nos hace falta un empujoncito para caer en el fatalismo y su correlato de desconcierto e inacción. En el fatalismo o en la palabra de Dios: el problema es la crisis y las reformas su solución. Amén. Esa es la verdad sobre la que los sacerdotes de la crisis construyen sus sermones con la eficacia de siempre.

Por el contrario, si pensamos en los desahucios, la especulación, la destrucción del medio, la pérdida de derechos históricamente adquiridos, la corrupción, el abandono de los vulnerables, o el desprecio de la cultura y la lengua, entonces la cosa se entiende y se vive de otra manera. Intuimos la magnitud de la estafa, identificamos a sus responsables y sentimos la necesidad de ponernos de acuerdo y organizarnos con otras y otros para luchar por la democracia, la equidad, la defensa del territorio y el patrimonio cultural, la soberanía alimentaria, la economía del bien común…

Pero, en fin, si a pesar de todo ello seguimos empeñados en mantener los términos del debate, entonces sugerimos que nos remontemos a la crisis anterior a la crisis, es decir, al conformismo con ese crecimiento loco e insostenible de democracias restringidas sin derechos ni deberes. Tal vez así aprendamos a no cometer los mismos errores con tanta necedad y vehemencia.

Sea como fuere, las cosas están cambiando, y cada vez nos encontramos con más personas que no se conforman con la realidad que se les impone por la fuerza de los hechos, muchas veces con violencia. Perifèries, por su parte, ha logrado seguir ahí, en la denuncia, la protesta, la resistencia y la alternativa. Gran parte de lo que somos y sabemos se lo debemos a cada una de ustedes, que dieron lo mejor de si a los movimientos sociales emancipatorios de América Latina y el País Valenciano y nos permitieron ser parte de los mismos. Y con ustedes queremos seguir creyendo, creando y construyendo en este nuevo año que está pronto a comenzar. Porque somos la mayoría y defendemos la vida.

Perifèries es una organización de solidaridad internacionalista.

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LM57 – Febrero 2018

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