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lunes 10 diciembre 2018

Economía

Empresas con alma humanista

La quiebra de Fagor ha dado pie al cuestionamiento de la viabilidad del modelo cooperativo, cuyas cifras indican, sin embargo, que este tipo de empresas resiste mejor a la crisis

30 diciembre 2013
16:43
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Empresas con alma humanista

Artículo publicado en el número de diciembre de 2013 de La Marea, disponible en nuestra tienda virtual

Su campus fue, primero, la ciudad; las calles del barrio de las Letras de Madrid, recuperadas hace años de la marginación, donde un espacio de coworking le sirvió de aula. Después, al cabo de unos meses, su universidad pasó a ser el viaje: Finlandia, Silicon Valley, China, y un poblado del estado de Rajastán, en India. En ese lugar olvidado, Ibai Martínez, aspirante a emprendedor, tuvo una revelación. “En medio de la nada”, este donostiarra de 22 años contempló cómo un grupo de mujeres analfabetas de países como Ghana aprendían a montar en un taller de formación un artefacto hijo de una tecnología avanzada: una placa solar fotovoltaica.

El propósito de toda educación de calidad, dotar a quien aprende de las herramientas para adquirir el saber se cumplió cuando Ibai se dio cuenta de que el potencial humano se abría paso entre las carencias educativas de aquellas mujeres. Había aprendido sin que nadie le diera una clase teórica, sin un profesor y sin un temario académico impuesto.

El centro que permitió a Ibai efectuar este viaje iniciático fue Teamlabs, una empresa cooperativa que ofrece en Madrid y Barcelona programas de estudios cuya filosofía es la de “aprender haciendo”, explica Félix Lozano, uno de sus socios fundadores, que recalca que, aunque su cooperativa ofrece una formación sancionada con un título oficial de la Universidad de Mondragón, el Grado LEINN (Liderazgo Emprendedor e Innovación), muchas de las personas que acuden a ellos “sólo quieren aprender y no les importa nada el título, algunos incluso han huido de la universidad”.

Tanto quienes cursan el grado oficial como quienes no, se benefician de una metodología innovadora importada de Finlandia, el país que lleva años liderando el Informe PISA sobre calidad educativa que elabora la Organización de la Cooperación y el Desarrollo en Europa (OCDE). El método se basa en tres pilares: aprender con la práctica, emprender en equipo y efectuar viajes internacionales como vía de aprendizaje que permite que el emprendedor se familiarice con entornos culturales y de negocios de otros países. Los alumnos no efectúan simulaciones, sino que tienen que proponer un proyecto empresarial y montar su empresa desde el primer día. Aprenden trabajando con la ayuda de lo que Lozano se resiste a llamar profesores, pues se trata más bien, recalca, de “facilitadores” que van dotando a los jóvenes de las herramientas que sus recién creadas empresas les demandan. Ibai aclara: “Si montamos una empresa que necesita vender en China, los facilitadores nos organizan un curso de chino; si el proyecto demanda un curso de estadística, nos ayudan a gestionarlo”.

De este método, de estos cuatro años, todos los alumnos que formaban parte del grupo de Ibai , 13, han salido con un futuro y un trabajo: el propio joven vasco se ha incorporado como socio cooperativista a Teamlabs. La formación que ofrece esta cooperativa es costosa, 9.500 euros anuales, pero Ibai dice que “por supuesto que compensa” y que alguno de sus compañeros de instituto ahora están sin trabajo: “Nosotros, todos, tenemos un futuro”. A su lado, Félix Lozano pone cara de horror al pensar que, por ser un centro privado, les puedan considerar una escuela de negocios: “Somos todo lo contrario; nuestro concepto de empresa se basa en la persona y, por favor, no queremos que nadie renuncie a nuestro programa por dinero. Si viene una persona sin medios, la animamos a que nos cuente sus ideas y, si vemos que tienen potencial, hacemos todo lo posible por encontrar financiación para que pueda unirse a nosotros. También hay becas de la Universidad de Mondragón, una de ellas completa, para cursar el Grado LEINN”.

Viveros de empleo

Esta empresa innovadora, que rompe con el tópico de cooperativa anclada en el pasado y predominantemente rural, es una de “las 21.257 que, según el Ministerio de Empleo, estaban registradas en España en el tercer trimestre de 2013”, detalla Javier Barrero, gerente de la Federación de Cooperativas Madrileñas (Fecoma). Estas empresas emplean a “267.840 trabajadores en todo el Estado”, destaca el responsable de la federación, que subraya además que “entre el 2º y 3º trimestre de este año, las cooperativas han creado 5.795 puestos de trabajo”, unas cifras nada desdeñables que estas últimas semanas han quedado en segundo plano por el concurso de acreedores de Fagor Electrodomésticos, buque insignia del Grupo Mondragón, el emblemático conglomerado de empresas cooperativas del País Vasco que con los años ha llegado a ser el primer grupo empresarial de Euskadi y el séptimo de España.

La caída de Fagor, el desencuentro de sus cooperativistas con el Grupo, que no aceptó refinanciar los 170 millones de deuda que precisaba la empresa, y la pérdida de su empleo que aguarda a muchos de sus 5.642 trabajadores (Mondragón pretende recolocar o jubilar de forma anticipada a alrededor de 1.200 de ellos, aunque el número exacto aún no se conoce), ha provocado un cuestionamiento de todo el modelo cooperativo que sorprende si se tiene en cuenta que son miles las empresas que estos casi seis años de crisis se han llevado por delante.

Este cuestionamiento obvia, deplora Javier Barrero, que los datos apuntan a que Fagor es sólo la excepción que confirma la regla de que las empresas cooperativas “resisten mejor el desempleo por los mecanismos de solidaridad interna que aplican”, subraya.

Barrero se remite a las cifras oficiales del Ministerio de Empleo, unos números que, según confirmó en abril de este año la propia titular del departamento, Fátima Báñez, indican que entre el cuarto trimestre de 2007 y el cuarto de 2012, cinco años, la destrucción de empleo en las empresas cooperativas ha sido ocho puntos inferior al registrado en el resto de sociedades.

“Las cooperativas no son inmunes a la crisis pero sí la resisten mejor porque son más flexibles; lo que prima no es la búsqueda del beneficio a toda costa sino la defensa de los puestos de trabajo. Si los cooperativistas tienen que reducir sus salarios, lo hacen; el foco no está puesto en el capital, sino en un proyecto colectivo de trabajo”, argumenta el gerente de Fecoma.

Otro de los valores que hacen especialmente valiosas a este tipo de empresas, recalca Barrero, es que en ellas “desaparece el concepto especulativo de las compañías capitalistas. Si entras en la cooperativa poniendo 600 euros, al irte te llevas 600 euros. Lo importante es que tú has trabajado. Se pone el foco en la economía real, no en la especulativa. El modelo cooperativista se basa además en una lógica horizontal: un socio equivale a un voto en la asamblea, y no en la plutocracia [gobierno de los ricos] sobre la que se funda el capitalismo”.

Los mecanismos de solidaridad interna, la toma de decisiones horizontal y la búsqueda de proyectos de empleo estable se traducen a su vez, precisa el responsable de la federación madrileña, en que “en las cooperativas, siempre según el Ministerio de Empleo, entre el 86% y el 87% de los puestos de trabajo son indefinidos. Eso por no hablar de que en este tipo de empresas hay mucha más igualdad de género, como se puede ver en los datos de este año de altas de cooperativistas de la Seguridad Social: el 46% de ellas han sido de mujeres, un porcentaje que se acerca a la mitad del total”.

Ante estos datos, y en un país con el 26,6 % de la población activa en paro, sorprende la ausencia de una política de fomento de esta fórmula que, además, subraya María José Mateu, codirectora de la Cátedra de Economía Social de la Universitat Jaume I de Castellón, debería ser fundamental a la hora de fomentar el desarrollo local, un vector “imprescindible” para empleo.

Legislación dispar

Poner en marcha una cooperativa es bastante más complicado desde el punto de vista de la legislación que emprender con cualquiera de las otras fórmas de sociedad. Cada comunidad autónoma tiene su ley, por lo que hay 17 normas diferentes, a las que se suma una legislación para las cooperativas de ámbito estatal que data de 1999 y que no ha sido adaptada, por poner un ejemplo, para permitir que los socios de una cooperativa puedan seguir, o incluso votar, a través de internet.

Esta legislación dispar y que, en el caso estatal, ha quedado obsoleta, apunta en el sentido que sostiene Javier Barrero de que la fórmula cooperativa se ve aún como un “modelo residual”, eso cuando no se considera “una amenaza” debido a que estas empresas “apuestan por la economía real y por lo tanto cuestionan el modelo capitalista especulativo”.

El gerente de Fecoma pone un ejemplo: “La legislación de transporte de Madrid no permite a los camioneros que sólo tienen un camión unirse en una cooperativa. Para tener tarjeta de transporte se exige poseer tres cabezas tractoras, por lo que hablamos de muchísimo dinero. Esta legislación, obviamente, favorece el oligopolio de este sector en la comunidad”.

“Se persigue que no haya una cultura cooperativa y, aunque es cierto que estas empresas tienen ventajas fiscales, las condiciones para beneficiarse de ellas son tan estrictas que hay veces que ciertas cooperativas renuncian a esos beneficios para no tener que cumplir los requisitos férreos que imponen”, deplora.

Barrero asegura que el Grupo Mondragón “ha sido una referencia en cuanto a capear la crisis y ahora, cuando cae una de sus cooperativas, Fagor, mucha gente se ha echado sobre ellos a degüello. Cuando [Gerardo] Díaz Ferrán, que fue presidente de la CEOE, arruinó el Grupo Marsans y miles de trabajadores se quedaron en la calle, no se cuestionó el modelo capitalista. Otro ejemplo, este desastre que vivimos lo inició la quiebra de Lehman Brothers, lo que no ha impedido que tengamos la suerte de tener a su representante en España [Luis de Guindos] de ministro de Economía”.

La idea de cooperativa se ha asociado históricamente a las luchas obreras y de los partidos de izquierda. Félix Lozano, socio de Teamlabs, sonríe al decir que buscar financiación siendo una cooperativa es más difícil porque se tiende a pensar “ahí vienen esos rojos”.

Cataluña, que fue pionera en el movimiento cooperativista, es un buen ejemplo de la vinculación entre cooperativismo y conciencia política. El sociólogo Iván Miró es socio fundador de La Ciutat Invisible, una cooperativa autogestionada de Barcelona que gira en torno a la librería del mismo nombre pero que también ofrece servicios de diseño gráfico y formación y asesoramiento cooperativo. La Ciutat Invisible promueve, junto con la Federació de Cooperatives de Treball de Catalunya, el proyecto Barri Cooperatiu, cuyo objetivo es “difundir las prácticas y valores del cooperativismo” a nivel local y comunitario en los barrios obreros de la ciudad.

Miró es el coautor de la obra Les cooperatives obreres de Sants (1870-1939), en las que se recupera la memoria cooperativa de ese barrio barcelonés, un legado íntimamente relacionado con el sindicalismo de clase. “El cooperativismo en Cataluña estuvo unido al inicio del movimiento obrero y a las ideas del republicanismo federal”, precisa Miró, y destaca que, “a partir de 1850-60, se crearon sociedades de resistencia obrera” que serán el germen de un movimiento que tuvo como uno de sus hitos la creación de las primeras cooperativas de consumo del Estado, entidades que proporcionaban bienes y servicios, como por ejemplo hornos de pan, a los trabajadores. La II República trajo consigo un florecimiento de estas cooperativas que luego el franquismo “dejó morir”, recuerda el investigador.

Miró y sus cuatro socios (una mujer y tres hombres, todos de entre 30 y 38 años), creen en un trabajo de proximidad en los barrios, en una conciencia que se genera, dice el sociólogo, “al calor de las luchas sociales”. Sin embargo, este estudioso de las cooperativas catalanas sostiene que no todas las cooperativas “tienen un nivel alto de conciencia”. Miró asevera que en cooperativas grandes, como el Grupo Mondragón, que da trabajo a más de 80.000 personas, es seguramente más difícil mantener la democracia interna, la horizontalidad y la proximidad. Un aspecto que los socios trabajadores de Fagor denunciaron, así como la falta de transparencia de los órganos rectores de la cooperativa.

Frente a quienes piensan que una cooperativa grande o un grupo de cooperativas puede desvirtuar la esencia de este tipo de empresas, que debería ser humanista, David Cos, presidente de la Escola Sant Gervasi y del Grup Clade–un grupo cooperativo catalán que reúne a siete empresas de este tipo y a dos sociedades laborales y que en 2012 facturó 271 millones de euros–, aboga por la necesidad de  que existan sinergias y uniones de cooperativas.

“Los grupos cooperativos son una necesidad para poder competir con los tiburones capitalistas. No comparto la aversión al crecimiento que se percibe en una parte del mundo cooperativo. Además, no hay nada absoluto, y nosotros nos definimos como un grupo abierto a aprender de otros modelos. Nuestros valores humanistas y de participación deben ser exportados al mundo empresarial, en el que debemos influir”, argumenta el presidente del Grup Clade.

Ibai Martínez, de Temlabs, va más allá. Cree que las cooperativas no sólo están de actualidad, sino que sus valores deberían situarse en el “ADN del siglo XXI” como un modelo de referencia.

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Trinidad Deiros

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