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viernes 16 noviembre 2018

Opinión

Significados para un cambio urgente

“Hay una estrategia de encriptación desarrollada por los estrategas conservadores, que intenta camuflar los auténticos significados de muchas de sus políticas de empobrecimiento de la sociedad a través de auténticos eufemismos que, si bien parecen poco convincentes, buscan minimizar su desgaste político y social”, explica el autor.

31 octubre 2013
18:52
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La resistencia social y política reacciona ante el encono de los centros de poder, creando un nuevo marco conceptual donde afloran argumentos, lenguajes y significados que, de hecho, están consolidando una nueva defensa donde se combate con ideas, significados y pedagogía a la neolengua impulsada desde los sectores más reaccionarios.

Lakoff, en su célebre No pienses en un elefante, subraya que los marcos son estructuras de pensamiento que fijan las referencias para la sociedad. Los marcos de pensamiento colectivo, que se articulan con argumentos y palabras concretos,  influyen de una forma doble, ya que de una parte persuaden para fijar los elementos clave sobre los que hay que pensar, y por otra, proponen con mayor concreción qué se debe pensar sobre esos elementos. La denominada agenda setting (agenda temática de los medios generalistas) es una muestra inequívoca de lo anterior.

Encriptando la realidad

Son múltiples los ejemplos terminológicos del enmarcado neoliberal, pudiéndose escoger algunos que ya acumulan décadas, como son los casos de la “competitividad” y la “flexibilidad”, junto a otros de cuño más reciente, como son el de “emprendedor”, o el de “movilidad exterior”, baluarte, este último concepto, del expresionismo intelectual de la actual Ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez.

Lo anterior pone de relieve la estrategia de encriptación desarrollada por los estrategas conservadores, que intenta camuflar los auténticos significados  de muchas de sus políticas de empobrecimiento de la sociedad a través de auténticos eufemismos que, si bien parecen poco convincentes, buscan minimizar su desgaste político y social. Así pues, nos encontramos con “ajustes” y no con “recortes”, con una “medida para incentivar la tributación de rentas no declaradas”, como sostuvo el Ministro Montoro cuando propuso la amnistía fiscal, por no hablar del curioso humor del Ministro de Guindos, que sugirió el tristemente célebre “crecimiento económico negativo” para no tener que admitir lo que a todas luces era una evidencia: la recesión económica.

Sin embargo, más allá de una terminología preñada de bombas ideológicas, hay que destacar que el núcleo neoliberal propone una cosmovisión donde el sujeto es extraído y disociado de su arraigo comunitario, provocando lo que Richard Sennet denominó corrosión del carácter, a partir del cual se instituye una disyuntiva vital basada en el factor miedo, en el que, o el sujeto logra triunfar a través de valores de depredación social,  o por el contrario, se precipitará en una masa informe de empobrecidos, culpables de la mala marcha del mundo y caldo de cultivo originario de cualquier suerte de enemigo.

Por su parte, los sectores transformadores de la sociedad, conscientes de la presente encrucijada global, se ven impelidos a conseguir a través de su lenguaje y acciones, que la sociedad asuma sus demandas de cambio como parte del sentido común general.

Resistencia y sincretismo

A diferencia de la neolengua esgrimida desde los sectores conservadores, que responde a un modelo comunicativo lineal y cuya eficacia reside en el bombardeo constante, los filos y palabras empuñados desde los ámbitos transformadores, buscan el afloramiento de verdades colectivas, ante las cuales emiten preguntas a fin de animar a un posicionamiento consciente por parte del conjunto de la sociedad. Se trata de un modelo comunicativo basado en el diálogo y en la pedagogía, que colisiona de manera frontal con los planteamientos esenciales del márquetin y la publicidad de la reacción.

Para ello proponen líneas de pensamiento lógico claramente diferenciadas de las del pensamiento neoliberal, y que parten de la articulación de una crítica razonada, la necesidad de estructurar acciones participativas, como forma de ser tenidos en cuenta como interlocutores validos para el cambio, y la proposición y puesta en marcha de alternativas viables.

La terminología utilizada desde estos sectores rompe, en  no pocas ocasiones, con las limitaciones etimológicas, utilizando las palabras como contenedores de auténticos nuevos significados que dan rigor, actualizan y hacen digeribles muchos de los valores clásicos de quienes defienden un mundo más justo, igualitario, solidario y sostenible. Se trata de una formidable labor de sincretismo, que dota de valores y significado social y político a términos que o bien estaban en desuso o eran inocuos: insumisión, decrecimiento, empoderamiento, resiliencia… son sólo algunos ejemplos, pero veamos cuales proponen en este momento algunos miembros destacados de los sectores transformadores.

Conceptos que liberan

El economista de la universidad Complutense de Madrid, fundador de Ecooo  y miembro del Mercado Social, Mario Sánchez-Herrero, entiende que el significado del término “posteconomía” es especialmente valioso ya que “la economía tal cual se nos presenta desde el capitalismo sólo tiene sentido en un entorno inducido de escasez perpetua. La economía así vista es una forma de sometimiento. La posteconomía pasa por el abandono del productivismo para adentrarse en la estimación de necesidades de todo los habitantes para mantener una vida digna, baja en consumo material y alta en servicios relacionados con el buen vivir y el bien común”.

Yayo Herrero, coordinadora estatal de Ecologistas en Acción, sugiere dos conceptos de amplia resonancia: ecodependencia e interpendencia. “La ecodependencia nos sitúa en un espacio de humildad, asumiendo que la consecución de una vida digna sólo se puede establecer a través del reconocimiento de nuestra dependencia ambiental y de los límites físicos de nuestro planeta. La interdependencia señala la necesidad de asumir que sólo es posible habitar la tierra a través de un proyecto realmente colectivo donde el sujeto es parte de una red”.

Julio Alguacil, sociólogo de la universidad Carlos III y miembro de la asociación de vecinos de Villaverde La Incolora, se inclina por el concepto de “relocalización”. “En la globalización se produjo la deslocalización y perdimos buena parte de nuestras referencias identitarias de proximidad. Con la relocalización volvemos a encontrarnos en el espacio de las necesidades, de los derechos del vecindario que se vuelve hacia sí mismo para tejer una nueva identidad colectiva desde la realidad inmediata. En definitiva: un nuevo arraigo”.

Lourdes Lucía,  cofundadora de Attac en España, considera vital que se haya rescatado el concepto de “asamblea” en estos momentos de ataque a los derechos colectivos. “En ellas, en las asambleas, volvemos a recuperar el significado primigenio de democracia, sintiendo que nuestro poder fluye a través de la maduración colectiva de abajo a arria”.

Ladislao Martínez, una de las voces más autorizadas del movimiento que lucha contra la privatización del canal de Isabel II, pone de relieve el significado de la palabra “marea”. “Un concepto eficaz bajo cuyo paraguas habitamos quienes hacemos causa común por valores universalizables, como la gestión pública de los recursos esenciales para el buen vivir. La marea es incontenible, es el clamor de quienes pronuncian dignidad a través de su acción”.

Laia Ortiz, portavoz de ICV y parlamentaria en el congreso de los diputados quiere recuperar “un valor tan republicano como el de la “fraternidad”, precisamente ahora, cuando lo neoliberales quieren desintegrarnos en el individualismo. Fraternidad a través de una mirada de igualdad, pero también fraternidad con la Tierra, a la que pertenecemos y de la que dependemos”.

Agustín Moreno, de la Marea Verde, habla de la obligación moral de “resistir”. Resistir conjuntamente, desde el desprecio a la indiferencia, resistir desde la protesta y desde la necesidad de crear las bases de una realidad diferente”.

Cote Romero, coordinadora de la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético, sostiene que es imprescindible que la ciudadanía asuma por sí misma la responsabilidad de gestionar aquello que le es propio para garantizarse la consecución de sus derechos más inalienables. “Los recursos y derechos  básicos, como la energía, deben estar alejados de la forma de operar del capitalismo, que se organiza para salvaguardar sus espurios intereses, a través de oligopolios que hacen hincar la rodilla a gobiernos enteros, como el español frente a UNESA. Hay que poner sobre la mesa el concepto liberador de “empoderamiento energético ciudadano”.

Para David Llistar, cofundador del Observatorio de la Deuda en la Globalización, “un concepto fuerza, por lo que tiene de crítica sustancial a nuestro sistema, es el de “anticooperación”, en el sentido de señalar las interferencias que nuestra forma de  vida provoca al resto de habitantes del planeta”. Llistar se pregunta en voz alta ¿qué sentido tiene el actual sistema de ayuda internacional ante nuestras  transnacionales, que generan pobreza, destruyen ecosistemas y violan derechos humanos?

Enrique Martín, miembro de Democracia Real Ya y destacado militante de la Marea Blanca aporta el concepto de “reevolución”, “Cada vez somos más los que clamamos y trabajamos creando espacios para un cambio radical del sistema a través de la lucha no-violenta y generando más democracia participativa en defensa de los derechos humanos”.

Miguel Urbán es miembro de Izquierda Anticapitalista y enfatiza la importancia de rescatar y dotar de nuevo significado el concepto de “autogestión”. “Se trata de llevar a efecto la necesidad de crear por nosotros mismos un proyecto de honda inspiración colectiva que confronte la sinrazón del capitalismo a través de la lucha y la creación de proyectos de solidaridad y apoyo mutuo”.

Javier Baeza, el cura de la parroquia San Carlos Borromeo que se enfrentó a la jerarquía eclesiástica española por su compromiso social, abunda en el concepto de “abrigo”, “ya que vivimos en una situación de colapso donde debemos crear espacios de cuidado, lo que implica no sólo de abrigo físico, sino también de comprensión y acompañamiento en un momento de gran penuria social. Es crucial en este momento activar la “ética de los cuidados” en su sentido más profundo e integral”.

Florent Marchelessi, coordinador del centro Ecopolítica y miembro de EQUO reivindica la vigencia de la “esperanza”, “porque otros mundos, basados en la justicia social y ambiental, son posibles y deseables. Sí se puede vivir bien y felices dentro de los límites ecológicos del Planeta”.

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J. V. Barcia Magaz

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2 comentarios

  1. alfredo
    alfredo 02/11/2013, 03:31

    Es fundamental que tejedores de palabras, ideas y sueños como tu nos ayuden a ayudarnos dandonos razones que nos legitimen y nos desaten de la niebla con la que el sistema liberal-egoista-ciego nos quiere mantener atrapados. Gracias Barcia por tu pensamiento, tu alegria, tu constancia. #tusimerepresentas

    Responder a este comentario
  2. Psicoloco
    Psicoloco 01/11/2013, 00:00

    Gracias, Barcia, por proponer un marco léxico-semántico desde el cual dar más fuerza y dotar de carga ideológica y comunicativa a nuestras luchas.

    Responder a este comentario

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