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jueves 21 junio 2018

Opinión

La ciencia es el ombligo

El autor responde a un artículo en el que se cuestionaba el papel de los científicos como divulgadores

08 octubre 2013
17:04
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Dos de los mejores libros de divulgación científica que he leído en mi vida han sido El ABC de la relatividad, de Bertrand Russell y Caos, la creación de una ciencia, de James Gleick. Ninguno de los dos andaba entre probetas y laboratorios. Bertrand Russell era matemático, lógico, humanista, filósofo… No era un científico o al menos no se dedicó a la ciencia experimental (las matemáticas, si son ciencia, no son experimentales sino formales). James Gleick era un periodista cuya formación académica era lingüística pero conocí su libro porque un profesor de la facultad de ciencias de la Universidad Autónoma de Madrid nos lo recomendaba a los estudiantes de la asignatura multidisciplinar sobre la Teoría del Caos que impartía: aquel científico consideraba riguroso ese libro de divulgación escrito por un periodista.

También he leído algunos textos de divulgación científica españoles muy buenos. Por ejemplo, Juan Luis Arsuaga, co-director de las excavaciones de Atapuerca, me ayudó a entender cómo hemos acabado por ser esta especie bípeda de mucho cerebro y poco pelo con La Especie Elegida y casualmente publicó El primer viaje de nuestra vida, una maravillosa explicación sobre el parto humano desde el punto de vista evolutivo, el año pasado, cuando estábamos esperando a mi hijo. Arsuaga sí es un científico cuya obra de divulgación versa sobre la materia en la que él mismo investiga.

Cuento esto como desmentido de la premisa de la que partía el artículo de Antonio G. Valdecasas en LaMarea.com que probaba la indiferencia por el mundo ajeno de los científicos en que a) los científicos españoles no se ocupaban nunca de divulgar (Arsuaga no es el único ejemplo, sólo quizás el más conocido) y que b) cediendo la divulgación científica a no-científicos se garantizan que lo que se publique será una mierda (algo que desmienten ejemplos como los de Russell o Gleick, también entre otros muchos). En realidad uno tiende a creer que científico como político no es una profesión sino una forma de enfrentar el mundo: a través del pensamiento crítico y racional en el primer caso y con lo común como preocupación vital en el segundo.

Tampoco podemos poner como prueba de la especificidad de la situación de la ciencia en España que Rajoy haya metido la pata cada vez que ha hablado sobre ciencia. ¡Que estamos hablando de Rajoy! Sus meteduras de pata muestran el reverso del hombre renacentista: sus sandeces, como el saber de aquellos hombres, son enciclopédicas. Nada prueba que también haya metido la pata hasta la sobaquera hablando de ciencia. Según la lógica clásica, cuando en un condicional la conclusión es verdadera el condicional siempre es verdadero: el enunciado “Si Rajoy habla de x, Rajoy mete la pata“ es verdadero para todo valor de x. Por supuesto también si x es ciencia. Pero me temo que esto dice mucho de Rajoy y muy poco de los científicos. En todo caso dice algo de su primo.

Más allá de las premisas el artículo pretende que los científicos por alguna extraña razón son un colectivo que no se preocupa más que de sí mismo. Bastaría responder a la pregunta “¿Han leído ustedes a algún científico preocupándose por algo más allá que de sí mismo?con un contraejemplo, con un sólo científico preocupado por el mundo (desde Einstein y Carl Sagan a, por poner un ejemplo cercano, la investigadora del CSIC y estupenda primera coordinadora de Mujeres de Izquierda Unida- Comunidad de Madrid -y amiga- Beatriz Galiana) para desmentir que ningún científico se preocupe por algo más allá que sí mismo: los científicos saben que es falso que la excepción confirme la regla sino que la excepción lo que hace es desmentir la existencia de una regla.

De los científicos, como colectivo sociológico, se podrá criticar, como hace el artículo, que en general no hayan estado suficientemente preocupados y rebeldes ante las injusticias. Pero de nuevo no estaríamos ante una anomalía sino ante una característica inducida desde arriba y muy generalizable: por un lado la fragmentación popular y por otra la convicción de que cada uno estaba entrando en el cuartel de mando, ya fuera como clase media ya como élite intelectual (a la que nadie hacía caso), etc. Eso pasó por doquier y así consiguieron romper lazos de solidaridad entre trabajadores divididos entre quienes se consideraban algo más que trabajadores y quienes miraban como privilegios los derechos que habían conquistado pequeños grupos. El aislamiento de los problemas de los demás, de ser cierto, no es una característica singular de los científicos sino el principal logro del capitalismo reciente, nuestra principal derrota, de la que más nos cuesta recuperarnos. Quizás los científicos han sido pioneros en trabajar gratis para hacer currículo pero a estas alturas, ¿quién recuerda quien arrojó primero esa toalla?

Es cierto que el gobierno se aprovecha de esa fragmentación para, rotas las redes de solidaridad, golpearnos duramente. Pero dado que esa fragmentación no es singular de los científicos habrá que suponer que es otra la razón por la que el gobierno ha demostrado que uno de sus objetivos estratégicos es reducir a migajas la ciencia y mandar al extranjero a todo investigador que quiera seguir siéndolo.

El conocimiento científico es siempre un enemigo prioritario en época de tinieblas. Porque el conocimiento científico ayuda a la emancipación, es el camino del pensamiento libre de tutelas, de guías, de carriles. No es casualidad (sino causalidad) que la gran eclosión del conocimiento científico que hubo entre Copérnico y Newton fuera de la mano de la Ilustración, el primer gran movimiento intelectual que apostó por la emancipación del ser humano, como no es casual que la República apostara por la escuela y la ciencia y el fascismo fusilara maestros y entregara el conocimiento al clero, a los chamanes, a los divulgadores de tinieblas. El propio hacer ciencia es una forma de mejorar el colectivo fundamental para la emancipación de los de abajo y peligrosísima para el poder. El examen racional es la condición necesaria para la libertad y por eso toda época de tinieblas políticas reserva las luces para encender hogueras en las que ardan los científicos. Físicamente como hace escasos siglos o presupuestariamente como en nuestro presente.

No recortan en ciencia por lo que han hecho mal los científicos sino por lo que la ciencia ha hecho bien. Recortan en ciencia porque la ciencia nos hace libres y el shock neoliberal para durar necesita la sumisión que proporcionan las tinieblas. Quien quiera pensar que se vaya. Su España no puede echar cimientos sobre el conocimiento crítico sino que pasa por ser aquel pueblo de bueyes que mueren vestidos de humildad y olor a cuadra.

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Hugo Martínez Abarca

Hugo Martínez Abarca

Blog de política del diputado autonómico de Convocatoria por Madrid (Podemos) en la Asamblea. Hugo es licenciado en Derecho y Economía, y en Ciencias Políticas.

3 comentarios

  1. Antonio G Valdecasas
    Antonio G Valdecasas 09/10/2013, 01:17

    Yo creo que si

    Que es necesario tener experiencia empírica de lo que se habla, para hablar con conocimiento de causa.

    Para empezar, yo no discuto sobre juicios de valor. Hay novelas rosa y hay literatura. También hay novela histórica y hay libros de historia. A Hugo le ha gustado la explicación de la teoría de la Relatividad de B. Russell, perfecto. Está en su derecho. No es el tipo de historia de la ciencia que yo leo. ¿Qué le ha gustado el libro de Gleick? Nada que objetar. Como si dice que le gustó el libro de René Thom sobre la teoría de catástrofes. No sé qué relevancia tiene eso para la vida diaria de los ciudadanos. Al día de hoy, la teoría del caos apenas registra alguna publicación en la base de datos más usada por los científicos (Web of Knowledge). No digamos de la teoría de las catástrofes. Todas ellas motivo de entretenidas charlas de café, con mariposas de Nueva York que hacen sentir su efecto en Tokio.
    A mí me gusta otro tipo de difusión científica. Y como él ha puesto un par de ejemplos, yo pongo otro contemporáneo de Russel: JBS Haldane. Uno de los biólogos más sagaces del siglo XX, bastante más comprometido socialmente que él (y sé lo que digo) y con una capacidad de trasmitir conocimiento ‘incorporable’ (volveré sobre esto más abajo) difícil de igualar.
    Y puestos a dar un contrapunto a Gleick, yo le recomendaría la colección de ensayos de R. Lewontin y R. Levin: ‘Biology under the influence’. Ensayos cortos, óptimos para discurrir, pensar e indagar.
    ¿Qué hay poco asequible de Haldane o los dos Richard en castellano? Puede ser sintomático de algo. Pero de eso, más, después.
    Que lo que a uno le gusta son historias bonitas delicuescentes. Nada que objetar. Pero yo no hablaba de esto

    Hugo no sabe que La Marea limitó mi contribución a 3.000 caracteres con espacios. Era necesario ser muy sintético. Pero en esta respuesta no cuentan esas limitaciones, así que vayamos por partes:

    1.- Yo defiendo una difusión de la ciencia que informa correctamente al lector y disciplina su pensamiento.
    Estoy en contra de emplear el dinero público en difundir ideas y tópicos obsoletos. La FECYT (Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología) ha publicado un libro titulado pomposamente ‘Libros Inmortales, Instrumentos Esenciales’. Allí hablan del Systema Naturae de Linneo. Hace mucho tiempo que los estudiosos de Linneo han dejado clara la disociación entre su ‘actividad práctica’, conducida por su experiencia empírica y su ‘justificación teórica’, su interés por considerarse en la estela de Aristóteles, aunque su práctica lo desmintiera. Nada de esto figura en el texto. Tampoco figura la importancia de nombrar, que es la que marcan las homologías (parentesco) entre los organismos que se estudian. Y si alguien duda de la importancia de ‘nombrar’ que piense en el término ‘bullying’. El maltrato en las escuelas y colegios ha sido intemporal. Pero hemos dado con un término que lo delimita claramente y ya se ha empezado a poner coto a ese abuso. No es tan inocuo nombrar. Sencillamente, permite manejar el mundo (que no es poca cosa).

    Si quien publica informando incorrectamente no lo hace con fondos públicos, entonces la crítica tiene que ir contra él. El Sr. Punset, entre sus múltiples libros, tiene uno dedicado a entrevistar científicos actuales famosos. Entre ellos hay una entrevista (que brilla por su ausencia en la edición americana, y quizás por eso recibió una buena crítica del Skeptical Inquirer) a Deepak Chopra, conocido creacionista y propagandista de ‘curas New Age’. No comment.

    Pero informar correctamente es sólo la mitad de la fórmula que yo defiendo. La otra parte implica disciplinar la mente del lector(a) para que piense correctamente. Esto puede ser muy relevante para tomar decisiones en la vida cotidiana. Una idea correcta de la variabilidad, puede llevar a unos padres a evitar un colegio que tenga un 100% de aprobados en selectividad. Y un mínimo conocimiento de álgebra elemental puede permitir llevar la contraria a la delegada de educación en su disputa sobre las medias en notas para selectividad de centros públicos y ‘centros para genios’. Si una media la tengo que hacer entre 5 y 10 y me da 7,25 y la otra entre 8 y 10 y me da 8,1, yo no tengo ninguna duda de quien enseña mejor (y no hace falta hacer piruetas con la distribución normal truncada). Pero va a ser que la delegada de educación no tiene razón.

    Así que yo defiendo una trasmisión de la ciencia y del conocimiento que se pueda incorporar y utilizar a la hora de tomar decisiones en la vida cotidiana, en tu reflexión sobre el mundo que te rodea y sobre las personas con las que te relacionas. Yo defiendo libros como el de J. M Gorman ‘The essential guide to mental health’, y no recomiendo ‘Sobre la depresión’ de Castilla del Pino. Gorman difunde una psiquiatría para usuarios que permite actuar razonablemente informados sobre lo que hacer con un pariente enfermo o con las crisis personales de ansiedad u otros síntomas. Me dice a quien debo consultar y que le tengo que exigir. Castilla del Pino, sin lugar a dudas, es muy entretenido.
    Y por poner un ejemplo más de cómo el conocimiento objetivo y contrastado (leáse ciencia) puede iluminar cualquier actividad humana, servidor no deja de sorprenderse cada vez que va a correr al Retiro (parque de Madrid), y ver a mucha gente haciendo estiramientos con los que no se sabe si estiran el músculo pero que sin duda se están estropeando los ligamentos. Ya les pasará factura en unos años. Para ellos les vendría bien el libro de Cobin y colaboradores ’Concepts in Wellnes and Fitness’

    Para terminar este apartado, debo decir que uno de los mejores ejemplos de este forma de pensar robusta se la oí a Javier Marías este año en la presentación de su libro ‘Los enamoramientos’en el Waterstone de Picadilly. Al comentario de un lector de que ‘las mujeres no se comportan como usted escribe en las novelas’ Javier respondió algo como ’yo no sé si se puede decir que las gallinas o los cerdos son de una determinada manera, pero las mujeres… pues las mujeres son de todos los tipos y maneras, igual que los hombres’.

    No quiero aburrir al lector, pero a modo de ejemplo de explicar de forma práctica conceptos científicos complejos y además con una relación estrecha con nuestra realidad, les remito a este otro texto que escribí en La Marea, para una explicación asequible (creo) de dos modelos de entender la probabilidad:
    https://www.lamarea.com/2013/07/19/lo-posible-y-lo-probable/

    2.- Tengo la intuición de que haber convertido la difusión del conocimiento en ‘noticiario de verdades’ es lo que termina desligando a la sociedad de la valoración de la práctica científica.
    Alguna explicación tiene que haber para que después de los Saganes y compañía el irracionalismo en EEUU haya subido unos puntos (estadísticas de Miller y cols. a disposición del lector). Irracionalismo medido en términos de aceptación de teorías creacionistas, creencias en ‘paranormalidades’ y todo tipo de entelequias, desde el Big Foot hasta combustiones espontáneas.
    Y si se cree que Europa, -ah! La vieja Europa-, está libre de estos desmanes, ahí van unos datos para solaz del lector:

    – El Consiglio Nazionale delle Richerche (equivalente italiano al CSIC español) financia la publicación de un libro antievolucionista de su vicepresidente en 2009. No nos escandalicemos. El Dr. Nombela, antiguo presidente del CSIC también escribió una columna en ABC diciendo algo así como que ‘al diseño inteligente se le critica porque se dice que no es científico’. Esto sí que es una frase inteligente, para dar a entender lo que no se quiere decir abiertamente.
    – En Rumanía la enseñanza de la evolución ha sido eliminada de la escuela.
    – En Polonia varios ministros, incluido el de educación, estuvieron implicados en una polémica a favor del creacionismo.
    – En la patria de Darwin una encuesta de la BBC en 2006 dio más creacionistas que evolucionistas

    No. En difusión de la ciencia hay que hacer mucho más y son muchos más los que tienen que implicarse en ello. Pero sobre todo se tienen que implicar quienes lo hacen. Los propios investigadores. Pero sobre todo para trasmitir un pensamiento robusto que pueda funcionar de forma independiente. Ya lo he dicho antes, no estoy en contra de las novelas rosa o de si un antepasado nuestro se fumaba un helecho después de la cena. Interesa saber cómo se llega a ese conocimiento y cuál es el grado de incertidumbre que tenemos al respecto. Al fin y al cabo hay una diferencia entre ensayo y literatura, lo que no implica que los ensayos tengan que ser necesariamenteun peñazo.

    Pero además, hay que establecer un puente práctico con aquellos aspectos del conocimiento científico que así lo permitan. Antes, hace ya muchos años, había unos libros que se llamaban de ‘física recreativa’. El lector(a) interesado podía repetir esos experimentos y reflexionar sobre ello. No sé si hay que volver a eso o a algo renovado sobre eso. Hands on, que dicen los ingleses. Pues cuando yo puedo repetir algo de eso que tú haces, entonces puedo poner un límite y un contexto a tu interpretación.
    Lo demás es comulgar con hostias sin consagrar, lo cual es, desde mi punto de vista, tan lícito como lo otro (con las consagradas).
    3. Y termino.
    Yo he criticado la presencia en la escena de la difusión de la ciencia de personajes sin experiencia, como Punset. Hugo me habla de otros dos autores que le han gustado. Puestos a eso, que se lea a Bryson y su ‘Una historia de casi todo’. Le puede dar muchas horas de sana conversación tertuliana, algo muy de moda en los últimos años. Yo no me identifico con esa difusión.

    He criticado declaraciones improcedentes de nuestro presidente de gobierno en asuntos tan serios como la energía nuclear. Nada de lo que dice Hugo es relevante sobre este aspecto.

    He criticado algunas cuestiones de la gestión de la ciencia en instituciones como el CSIC. Esto no es motivo de interés para Hugo. Está en su derecho.

    Señalo que vivimos bajo el dominio de la empiria financiera. Ahí queda eso, señor de Guindos.

    Y todo esto en 3.000 caracteres incluyendo espacios. Bueno, disculpen que no me haya explicado a fondo.

    Hace unos años, mi Coordinador de Área en el CSIC dijo públicamente que ‘la difusión de la ciencia para los periodistas’. Yo creo que no. Que los científicos se deben implicar más. Y lo que quizás Hugo no dice, de otra manera.

    4.- Y como no hay 3 sin 4, sólo me queda añadir que SÍ, efectivamente, OJALÁ la ciencia fuera el OMBLIGO pero va a ser que no. Que con estos gobernantes difícilmente llegaremos al ojete del ojal o de cualquier otra cosa.
    Antonio G. Valdecasas

    Responder a este comentario
  2. Guillem
    Guillem 08/10/2013, 19:21

    Uno de los problemas de los científicos como colectivo laboral es que, en mi opinión, las armas clásicas en la lucha de clases no les sirven. La ciencia en general no es cortoplacista, entonces, ¿como van a usar la huelga como arma de lucha? Deberia ser larguísimas para que los “jefes” notaran algun efecto. Además esta hipotética huelga, como dices incluso le vendria bien al neoliberalismo.

    Otro problema que tienen es que en un trabajo “normal” como por ejemplo ser dependiente en una tienda de ropa, el periodo de formación suele tenen una duración a lo sumo de dias. Los científicos tienen que hacet la carrera, después si acceden a un doctorado tienen un periodo de formación de un año mínimo (ahora lo llaman Máster y te cuesta un riñón.

    ¿Y lo peor? Llegas al doctorado y no es que la gente de la calle no lo considere un trabajo, es que la mayoría de veces ni los propios científicos lo consideran trabajo.

    Dices que el capitalismo se cargó la conciencia de clase de los cientificos, pero es que en realidad yo no sé si alguna vez la tuvieron. Excepto en cortos periodos de tiempo (uno de los cuales estamos terminando ahora) a la ciencia solo se dedicaban los pudientes curiosos o genios con mucha voluntad y que gan conseguido algun apoyo económico (mecenas, indústria medico-farmacéutica…).

    En resumen, creo sinceramente que si alguien ve egoísmo en los científicos es ya por supervivencia o costumbre, ya que a la sociedad en general la ciencia se la suda (a no ser que le sirva remótamente para apoyar teorías o conspiraciones personales)

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