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jueves 15 noviembre 2018

Economía

Trabajar en un crucero: jornadas de 16 horas y discriminación salarial

Las temporadas pueden durar hasta nueve meses seguidos, y el personal trabaja siete días a la semana con horarios militares

23 septiembre 2013
10:34
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Berta Camprubí // Los cruceros han sido durante los últimos diez años una de las actividades turísticas más consumidas en España y en expansión en todo el mundo. Los puertos españoles han recibido 3,11 millones de pasajeros de cruceros hasta julio, más de un millón de los cuales han desembarcado en Barcelona. En agosto, durante tan sólo dos días, el 9 y el 10 de agosto, Barcelona recibió 55.000 visitantes procedentes de los cruceros. Estas cifras suponen un incremento de más de un 15% respecto al año anterior, un récord histórico. Hablamos de viajes organizados al milímetro, de entretenimiento absorbedor y enriquecimiento cultural y turístico más bien pobre; una semana de relajamiento pasivo, asequible para muchas familias de clase media y baja que ahorran durante el curso para pagarse las vacaciones. Detrás, un negocio rentable gracias a las condiciones laborales de precariedad en que trabajan las plantillas.

La tripulación de los cruceros es gente joven mayoritariamente sudamericana. Las temporadas pueden durar hasta nueve meses -seguidos- y el personal trabaja los siete días de la semana en turnos de entre doce y dieciséis horas regidos por horarios militares -tienen señalados incluso los minutos en los que pueden ir al baño-. Todo ello por salarios muy bien considerados en sus países de origen pero escandalosamente precarios en el continente donde trabajan que, además, varían en función de la nacionalidad del trabajador. Hablamos, pues, de una explotación laboral que pasa por alto gran parte de los derechos de los trabajadores, acompañada de discriminación salarial por razón de etnia.

Un costarricense trabajador de Iberocruceros, una empresa de cruceros que forma parte del gran conglomerado estadounidense Carnival Corporation & PLC, explicaba una tarde de agosto en Vilafranca de Mar (Francia) que hacía dos meses que no pisaba tierra firme. Lo decía volviendo al puerto donde había amarrado el Grand Holliday, el barco donde pasa nueve meses del año. Por fin había podido disfrutar de un esperado período de descanso suficientemente largo como para salir de la embarcación y dar un paseo por el puerto.

Una trabajadora del servicio de limpieza relataba cómo hace ocho meses que no ve a su hija que vive en Sao Paulo (Brasil), a quien envía la mitad del sueldo cada mes -un poco más de 900 reales brasileños (300 euros)-. “Es muy duro trabajar en estas condiciones pero si no lo hago yo, habrá alguien detrás que lo haga y, al fin y al cabo, aquí no gastamos ni en comida ni en alojamiento y el sueldo es tres veces más alto que un sueldo en nuestros países de origen”.

“Inscribirse en sindicatos es inútil”

Y mientras se escapa con algún miembro del pasaje para echar un cigarrillo a escondidas, un chico de Panamá del personal de mantenimiento añade que “inscribirse en sindicatos es inútil, porque hay una lista interminable de gente que haría este trabajo en mi lugar, así que no vale la pena. Venimos a Europa para poder enviar dinero a la familia y ahorrar un poco para volver y seguir adelante”.

La tripulación de este crucero tiene pausas de cuatro horas en las que, más que salir de la nave, necesitan ir a descansar. Eso sí, trabajan con contratos temporales a los que pueden poner fin cuando ellos quieran; ya sea porque no aguantan el rendimiento físico de la tarea que se les exige o porque se encuentran con que los días de mala mar no pueden trabajar por los mareos. Ha habido casos de gente que pone fin al contrato el primer mes.

¿Y es fácil obtener una prolongación o renovación del contrato? No es una posibilidad que muchos contemplen, a nivel psicológico es difícil aguantar más de una temporada en el balanceo eterno del crucero, dejando de lado el hecho de que durante el tiempo que se alarga la temporada te rodeas cada día y cada noche de la misma gente. Así que, con espíritu de supervivencia y ganas de sacar lo mejor de cada situación, las trabajadoras intentan hacer con alegría que el ambiente de trabajo se convierta en risueño y familiar, unas características que, por el trato al público, las empresas, sobre todo las de clientela española, valoran mucho.

Los siete días del crucero están repletos de mil y una actividades de entretenimiento fácil -muchas de las cuales basadas en arquetipos sexistas- dinamizadas por el personal de animación. Es aquí donde nos topamos con la discriminación salarial por motivos de procedencia; al ser considerado un trabajo más cualificado, en este colectivo hay también trabajadores españoles, y éstos, por hacer exactamente el mismo trabajo que los animadores de otros países, cobran su salario en euros en vez de dólares. El resultado es, con el cambio de divisas actual, que al finalizar el mes un trabajador europeo percibe casi 300 euros más que el resto de personal de la tripulación .

En definitiva, importación de mano de obra barata de un perfil concreto, explotada y discriminada racialmente, gracias a la cual las grandes corporaciones de la especulación turística se enriquecen.

[Artículo publicado en La Directa]

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1 comentario

  1. Gabriela
    Gabriela 25/05/2014, 11:59

    Bueno y eso no es todo…he oido que segun compania que trabajas ni se respeta el contrato,el sueldo…ademas hoy en dia por 700 euros hacer limpieza de camarotes en un crucero,mejor te quedas en tierra,porque ganas un poquito mas y no trabalas 16 horas al dia. Es que no hay que pensar solo en dinero como mucha parte de la gente solo esto tiene en la cabeza,que lo entiendo y no tanto pero hay que buscar trabajos con compatibilidad de cada uno,no todos valen para esto,,

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