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En el tablero mundial no se aceptan los dinares

Mientras la mayor parte del mundo observaba la demolición de la Unión Soviética, en Davos, un pequeño grupo de ideólogos propensos al pensamiento neoliberal más ortodoxo terminaba de confeccionar el plan que volvería a restituir el frágil equilibrio que durante las últimas dos décadas controlaba el precio de petróleo y con ello el orden económico mundial. Corría el año 1989

10 septiembre 2013
13:31
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Mientras la mayor parte del mundo observaba la demolición de la Unión Soviética, en Davos, un pequeño grupo de ideólogos propensos al pensamiento neoliberal más ortodoxo terminaba de confeccionar el plan que volvería a restituir el frágil equilibrio que durante las últimas dos décadas controlaba el precio de petróleo y con ello el orden económico mundial. Corría el año 1989.

Todo comenzó en Breton Woods (EEUU), en 1944, cuando ya se veía inminente el final de la Segunda Guerra Mundial, y los líderes de los países más industrializados del mundo acordaron fijar el precio de dólar por una 34ª parte de la libra de oro. Así se iniciaba un largo periodo de estabilidad que garantizaba a los bancos nacionales decidir el precio de su moneda y controlar la inflación.

Fue allí donde se establecieron las reglas para las relaciones comerciales y financieras y se decidió crear el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Pero la decisión más importante fue la de convertir el dólar en la moneda internacional. Bretton Woods trató de poner fin al proteccionismo impulsado en 1914 con la Primera Guerra Mundial. Se consideraba que para llegar a la paz tenía que existir una política librecambista, donde se establecerían las relaciones con el exterior.

En los acuerdos de Bretton Woods se otorgó al dólar el papel central en el Sistema Monetario Internacional estableciendo una paridad fija dólar-oro (una onza de oro equivalía a 35 dólares). Además, el dólar era la principal moneda de reserva internacional, con lo cual una devaluación tendría el efecto inmediato de empobrecer a todos los países con dólares en sus reservas.

Sin embargo, en 1971, el sistema acuñado en Bretton Woods y que había garantizado la estabilidad monetaria, llegó a su fin. Las principales monedas del mundo occidental flotaron en un contexto de gran inestabilidad. Las dificultadas que la guerra de Vietnam estaba provocando en la economía norteamericana llevaron al presidente Nixon a, sin consulta previa con ningún otro país, desligar el dólar del patrón-oro. Como resultado, llegó la crisis del petróleo de 1973 y el desorden del sistema monetario internacional, precipitado por la caída del dólar.

Antes de la decisión de Nixon, los países tenían la posibilidad de reaccionar ligando el precio de su moneda al oro para así preservarlo de la inflación y evitar las drásticas subidas de precios. Pero EEUU, que enviaba al exterior miles de millones de dólares para financiar la guerra, registraba por primera vez en su historia un déficit comercial, por lo que Nixon optó por impedir las conversiones del dólar y lo devaluó. Las principales monedas del mundo occidental flotaron en un contexto de gran inestabilidad. Tras esta última devaluación, pudo darse por muerto y desaparecido el sistema monetario internacional ideado en Bretton Woods, aunque formalmente no se reconocería hasta 1976.

Mientras tanto, con los precios del crudo cuadriplicados, las grandes petroleras hacían su agosto. El plan basado en la constante incertidumbre y volatilidad de precios les otorgaba un gran poder y aún mayores márgenes de ganancias. Con la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) sumida en constantes turbulencias política a raíz de las diferencias entre los países miembros que apoyaban o condenaban las políticas de Israel, el camino estaba despejado para apoderarse del control sobre la oferta y la demanda del petróleo mundial.

El único obstáculo, menor pero real, en su plan venía de parte del Movimiento de Países No Alineados (MPNA). Fuera del alcance de las decisiones políticas tomadas en Washington o Moscú, el número de países que formaban parte del movimiento crecía año tras año alcanzando 75 miembros en plena crisis del ’73.

A pesar de los esfuerzos de Fidel Castro y Leonid Brezhnev por identificar el MPNA con los ideales de la Unión Soviética, el movimiento se mantuvo firme en su independencia. Sin embargo, para los poderes de la economía mundial el equilibrio únicamente podría ser mantenido de forma rentable mediante dos poderes que generaran peso y contrapeso. El tercer elemento era una variable que complicaba los cálculos y por lo tanto molesto para ambos lados de la báscula.

Fue entonces cuando el grupo surgido de las cenizas de Breton Woods ideó el plan cuyo propósito final era mantener el equilibrio y el primer paso era aniquilar el Movimiento de Países No Alineados.

A pesar de estar compuesto por países ideológicamente próximos a la izquierda, el movimiento era un grupo muy heterogéneo. Y, aunque no tenía un liderazgo claro, había un país que ejercía una gran influencia en el grupo, la Yugoslavia liderada por el mariscal Tito. El hombre que lideraba el plan es Zbigniev Brzezinski, el autor material de la doctrina del Tablero mundial que aboga por EEUU como única superpotencia global militar, económica, tecnológica y cultural, y el único Estado que puede liderar la creación de un núcleo político de responsabilidad compartida encargada de la gestión pacífica del planeta.

Para lograr tener este papel era fundamental eliminar cualquier otro modelo o referente. Uno de los primeros en llamar la atención de Zbigniev Brzezinski fue Yugoslavia, cuyo final pronosticó en 1978 providenciando que tras la desaparición de Tito, “el último yugoslavo”, (como lo llamaba el actual asesor de Seguridad Nacional de Obama), el camino de la desestabilización del país estaría abierto. Los pasos a seguir para lograrlo eran apoyar las aspiraciones nacionalistas y deslegitimar al partido comunista y al ejército yugoslavo, últimos símbolos de la unidad nacional.

Durante la década siguiente la profecía se vio cumplida. Los nacionalismos locales se apoderaron de las repúblicas e iniciaron el proceso que una década después tendría en velo a toda Europa. Una Europa desorientada que veía amenazado su propio proceso de integración al observar el proceso que vivía Yugoslavia, en aquel momento el candidato más serio de todos los países del Este para integrarse en la Comunidad Europea.

En el grupo de ‘librepensadores’ reunidos en el encuentro mencionado al principio de este texto estaba un joven médico con grandes aspiraciones políticas. Se trata de Bernard Kouchner, el fundador de la ong Médicos Sin Fronteras, mediante cuya devota entrega a las causas del juego del Tablero Mundial, se introdujo una estrategia militar muy eficaz basada en las ideas de Brzezinski, quien abogaba por “universal human dignity, the dignity that implies freedom and democracy but also the respect for cultural diversity and the need to find a universal cure for the continual injustice of human existence” (“la dignidad universal humana, la dignidad que implica libertad y democracia, pero también el respeto a la diversidad cultural y la necesidad de encontrar una cura universal para la injusticia continua de la existencia humana”).

Se trata de la estrategia denominada “intervención humanitaria”, iniciada en Kosovo (1999) como el mecanismo para evitar el veto del Consejo de Seguridad de la ONU, y que tan buenos resultados ha dado a las presidencias de EEUU y el Pentágono desde entonces.

Pero hay otro elemento importante a destacar. La destrucción de Yugoslavia coincidió con la guerra de Kuwait no por casualidad. Dentro del Tablero Mundial había elementos que sobraban, entre ellos, los dinares. La moneda oficial en ambos países se llamaba dinar, y a pesar de tener modelos económicos completamente distintos, se sostenían firmemente sobre las bases de fluctuación fijada en el precio del oro. No del petrodólar, como era deseable. Durante toda la década de los ochenta, el dinar kuwaití se había mantenido como la moneda nacional más fuerte del planeta y el dinar yugoslavo representaba el modelo económico al cual aspiraban muchos de los países en desarrollo.

Prendido el fuego ya no había marcha atrás. Siguieron otros países destacados del Movimiento de los Paises No Alineados que curiosamente tenían como moneda nacional el dinar. Los ejemplos más recientes son Irak, Libia, Túnez…

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NOTA IMPORTANTE EN PEQUEÑAS LETRAS GRANDES

Este artículo ha sido redactado siguiendo una asociación libre entre hechos reales documentados y la imaginación descarada del autor, quien no se hace responsable de las conclusiones que puede sacar el lector. Es un proceso muy parecido al que emplean los expertos que elaboran informes sobre el uso y/o la existencia de las armas químicas y nucleares en diversos conflictos televisados durante las últimas dos décadas.

El autor es consciente de la sutil diferencia entre información y cómo se fabrican algunas noticias. Por ello, aconseja a todos los lectores prestar mucha atención al ejercicio de contrastar y comprobar las fuentes y los datos antes de tomar en serio a cualquier persona que sale vestida con traje en televisión para apelar a nuestro sentimiento humanitario antes de hacer pedazos un país lejano.

Aprovechando este espacio al autor le gustaría compartir un consejo financiero: no inviertan en dinares.

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Boris Matijas

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