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lunes 24 septiembre 2018

Sociedad

El orgullo de ser padres

Muchas parejas homosexuales adoptan niños con necesidades especiales y les ofrecen un futuro en el seno de una familia.

28 junio 2013
14:56
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El orgullo de ser padres
Lucía y Karine, con su dos hijos, Javier y Rita, en una terraza de la localidad madrileña de El Escorial. FERNANDO SÁNCHEZ

Este artículo ha sido publicado en el nº 7 de La Marea, ya a la venta en quioscos y aquí

Si tuviéramos los hijos como una inversión, entonces te interesaría quedarte embarazada de un premio Nobel”, ironiza Lucía, traductora de 40 años. “Y, aun así, no sabes si tu hijo va a tener una vida espantosa, llena de dolor; tener hijos es una lotería”, añade. Una lotería para la que Lucía y Karine han elegido sacar el billete de Javier, de 6 años, con tetraparesia espástica, una modalidad de parálisis cerebral que hace que su tono muscular sea demasiado alto. Ambas adoptaron a Javier en 2011, tras dos años de acogimiento preadoptivo. Sentado en su silla de ruedas, el niño mira hacia abajo, nervioso, preocupado. “Le van a cortar el pelo y no le gusta nada”, bromea Karine, de 43 años y ama de casa.

Correteando sin parar al lado de sus madres y de su hermano, con una sonrisa que ilumina el salón de su casa del pueblo madrileño de El Escorial, aparece Rita, de nueve años, nacida en Marruecos, aunque vive con Lucía y Karine desde los 11 meses.

Rita fue adoptada legalmente sólo por Lucía, al no estar permitida la adopción por parejas homosexuales en Marruecos. Para ello, tuvo que convertirse al islam, requisito ineludible en el país magrebí para acceder a una kafala, el equivalente de una tutela dativa, lo más parecido a una adopción que, como tal, no existe en Marruecos. “Ya estaba apuntada en El Vaticano, no me importa estarlo también en La Meca”, bromea. Según Pilar Villalba, miembro de la junta directiva de la asociación de familias homoparentales Galehi, este tipo de adopciones internacionales de madres y padres solteros está prácticamente vetada en la actualidad, sobre todo en el caso de los hombres, ya que muchos países “empezaron a ver que luego regulaban su relación con otra persona del mismo sexo”.

Cuando Lucía y Karine comenzaron el proceso de acogida de Javier corría el año 2008 y el PP había prometido derogar la ley del matrimonio homosexual si llegaba al poder. “La Comunidad de Madrid retrasó los expedientes de las parejas homosexuales a expensas de lo que pasara en las elecciones, pero como volvió a ganar el PSOE, nos dieron la idoneidad”, asegura Lucía. Ser pareja lésbica les perjudicó en ese momento aunque reconocen que luego les benefició a la hora de adoptar a su niño con necesidades especiales. “Parece ser que existe la idea de que las familias de segunda clase van a tener hijos de segunda clase”, asegura Lucía.

Una afirmación que comparte Pilar Villalba, que asegura que, en Madrid, “las propias instituciones intentan que los niños con necesidades especiales los adopten las familias homoparentales”, y añade que “parece que como nadie los va a adoptar, se los dan a las familias que están a la cola, así que nos consideran las más idóneas para los niños que más atenciones necesitan”. El Instituto Madrileño de la Familia y el Menor discrepa en este sentido, alegando que la fórmula de adopción nacional directa depende de una orden de 2008, a cuya lista no se puede entrar y de la que “se van sacando 50 o 60 casos al año y donde casi no hay parejas homosexuales”, afirma Ana Cristina Gómez, subdirectora general de Recursos y Programas del organismo. Según Gómez, la lista de necesidades especiales sí que está abierta y por eso “es más fácil, tanto para una pareja homosexual como para una ordinaria”. La experiencia del Instituto con este tipo de familias extraordinarias es muy “positiva”, según Gómez, que afirma también que “lo importante es velar por el interés del menor, por lo que a veces hemos denegado la idoneidad a familias tradicionales y se la hemos dado a las homoparentales”.

De la misma opinión son Carles, 49 años, celador, y Jacint, 51 años, enfermero. Sostienen que en Cataluña en ningún momento se han sentido diferentes al resto de parejas. Con tan solo 20 días de vida se llevaron a casa al pequeño Arnau, que tiene síndrome de Down, lo que aún hoy, con siete años, le impide hablar. Su hermana Nora, de 3 años, padece cavernomatosis múltiple familiar, una malformación cerebral que le provoca importantes episodios de epilepsia.

El mito de la frivolidad

Tanto Lucía y Karine como Carles y Jacint quieren subrayar que no se sienten mejores que nadie por el hecho de haber adoptado a niños con necesidades especiales. “Simplemente pensamos en aquellos a los que les fuera más difícil tener una familia”, subraya Jacint, que sonríe también al añadir que Arnau tiene limitaciones ilimitadas: “tenemos niño para mientras vivamos”. Pero, “por lo menos”, puntualiza Carles, “nosotros ya sabemos lo que tenemos, a otras parejas las cosas se les pueden torcer en cualquier momento”.

Karine comparte la idea de Carles y añade que de esta manera “te lo piensas bien, juzgas si eres capaz y entonces, ¿por qué no ir hasta el límite de tu capacidad?”. Todos están de acuerdo en que no se sienten mejores que nadie, que esto “no es un acto de caridad”, afirma Lucía, “aunque la gente te diga que te estás ganando el cielo, como si fuera algo negativo o espantoso”.

Carles y Jacint con sus hijos, Arnau y Nora

En cuanto al futuro de sus hijos, Lucía reconoce su incertidumbre, aunque asegura tener claro que tanto Javier como Rita “tienen más papeletas para disfrutar un buen futuro que los niños que se quedan en las residencias”.

La reciente aprobación de la ley del matrimonio homosexual en Francia ha vuelto a sacar a la palestra varios prejuicios sobre la adopción de niños en el seno de familias homoparentales. Algunos de ellos son la falta de la figura paterna o materna o la supuesta frivolidad que se les asigna a las parejas homosexuales cuando deciden tener “niños escaparate”. Con respecto a la ausencia de alguna de las referencias familiares, Lucía se sorprende al recordar la cantidad de niños, como su padre, que han crecido sin figura paterna debido a guerras o exilios, “y aquí nadie se preguntaba qué iba a pasar con estos niños que se iban a criar sin padre”. “Lo importante”, dice, “es que un niño crezca en un entorno en el que haya respeto y amor”.

Desde la Fundación Meniños de Asturias, organización que actúa de intermediaria entre las familias y las instituciones públicas, aseguran que los referentes masculinos y femeninos están continuamente presentes en la vida de los pequeños, gracias al entorno familiar y de amistades. “De todas maneras”, afirma su coordinador, Carlos Sáez, “los niños no le dan ni de lejos la importancia que le damos los adultos”. Un estudio publicado en mayo por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) titulado Familias homoparentales en España: integración social, necesidades y derechos, corrobora este análisis al sostener que un 82,9% de los niños encuestados tiene relación cotidiana con al menos un adulto de referencia de sexo distinto al de sus padres o madres, sin contar a los profesores. Pese a la insistencia de grupos contrarios a la adopción homosexual, que advierten del supuesto rechazo en el ámbito escolar de niños con padres gays, el estudio de la UAM añade que sólo “uno de cada cinco entrevistados señaló que sus hijos habían recibido algún insulto sobre su modelo de familia”. Prueba de ello son las palabras de Rita que asegura que en su colegio nunca se ha sentido discriminada por tener dos mamás y que, cada año, “le toca a cada una el regalo del día del padre y a la otra el de la madre”.

Otro mito que cae por su peso es el de la pareja gay con alto poder adquisitivo. “En nuestro caso no hay pasta”, precisa Jacint, y “tener un hijo es un acto de generosidad, de querer dar algo de ti mismo y eso no se puede juzgar como un capricho”. Ambas parejas coinciden en que las dificultades para adoptar a un niño, los largos meses de espera, operan como un filtro de la motivación real. Una motivación que, en estos dos padres y estas dos madres, se resume, cuando miran a sus hijos, con una palabra: orgullo.

El 6,5% de peticiones de adopción en Cataluña

Aunque no existen estadísticas a escala estatal con respecto a las peticiones de adopción por parte de parejas homosexuales, algunas comunidades autónomas tienen datos que indican que muchas de las parejas que adoptan están formadas por personas del mismo sexo. Por ejemplo, según el Instituto Catalán de Adopción, de 2007 a 2012, se recibieron 3.433 solicitudes de adopción nacional, de las cuales 224 provenían de parejas homosexuales, el 6,5% del total

Los niños adoptados

De esas 224 solicitudes de parejas del mismo sexo, 62 obtuvieron una respuesta positiva. Esto representa un 27,68% del total de solicitudes, frente al 23,81% en el caso de las parejas heterosexuales (764 asignaciones de 3.029 solicitudes). Sin embargo, el organismo autonómico asegura no contabilizar cuántas de esas asignaciones se han realizado con niños con necesidades especiales.

Menores tutelados

Más de 35.000 menores se encuentran tutelados en España. Alrededor de la mitad vive aún en centros residenciales a la espera de la adopción o de que una familia los acoja en su seno.

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Eduardo Marín

Eduardo Marín

1 comentario

  1. DaniRuiz
    DaniRuiz 29/06/2013, 19:20

    A mi como heterosexual, me gusta ver que parejas homosexuales pueden normalizar aquellos que otros no ven normal, y ser padres como otros cualquiera. Enhorabuena.

    La homosexualidad NO es una enfermedad. La homofobia SI lo es.

    ————————————————-

    Mi último artículo: “EL HIJO DEL OBRERO, A LA UNIVERSIDAD”

    http://rabiaysur.blogspot.com.es/2013/06/el-hijo-del-obrero-la-universidad.html

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