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lunes 24 septiembre 2018

Política

“Los partidos políticos funcionan como un motor oxidado, sin ningún control de calidad”

Entrevista con Felipe Gómez Pallete, presidente de Calidad y Cultura Democrática, una asociación que pretende dotar a ciudadanos y a partidos políticos de herramientas para recuperar el fundamento de la política: el bien común

06 junio 2013
13:15
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“Los partidos políticos funcionan como un motor oxidado, sin ningún control de calidad”
El presidente de Calidad y Cultura Democráticas en una foto de archivo.

MADRID // “Sin conocer y saber cómo funcionan los asuntos públicos, el ciudadano está a merced de su propia ignorancia”. Esta declaración de intenciones resume el espíritu de una iniciativa de reciente creación, la asociación Calidad y Cultura Democráticas, fruto del diagnóstico hecho por un grupo de profesionales de varios campos que llegaron a la conclusión de que la falta de competencia de los ciudadanos en cuanto a la gestión de la cosa pública es el campo abonado en donde prospera “la demagogia de los líderes políticos, económicos y mediáticos”. Esta asociación pretende convertirse en un espacio para compartir ideas, textos e instrumentos que reconcilien a los ciudadanos con la política en su sentido más noble: la búsqueda del interés común. Felipe Gómez Pallete es su presidente.

¿Para muchos ciudadanos la democracia se limita a votar cada cuatro años y pagar impuestos?
Sí. Esta idea está aún muy instalada en la cabeza de la mayor parte de los ciudadanos pero de esa ilusión se está saliendo, pues la gente está empezando a hacerse preguntas. Y es porque de esa estafa, de esta crisis, tenemos que sacar efectos positivos. Para empezar, yo diría que hay dos; el primero, que la ciudadanía ha dado un puñetazo en la mesa; se ha cabreado con el político incapaz, con el banquero ladrón, con Bruselas, con el Gobierno. En resumen, ha dicho ‘¿esto qué es?’ Un segundo efecto positivo, tan importante como el primero, es que los ciudadanos han tomado conciencia del papel que les compete en este desaguisado. Esta afirmación se vende muy mal, pero lo cierto es que nuestra asociación parte del supuesto de que tenemos una falta de formación que nos dificulta interpretar correctamente el discurso de políticos, banqueros, etc: el discurso hegemónico. Y, en este sentido, somos copartícipes de la situación.

Pero, ¿si consideramos copartícipes a los ciudadanos no sería como exonerar a políticos, corruptos y banqueros?
Los ciudadanos somos copartícipes porque los políticos incapaces salen de entre nosotros, ninguno viene de Marte. Esto, por supuesto, no les excusa en absoluto. Sin embargo, hay que evitar caer en el pensamiento simple, pues las causas de esta situación no lo son. Esto no es una película de vaqueros donde siempre había un malo y un bueno. En la vida real, las causas son complejas. La falta de formación de la ciudadanía es fruto de los 40 años que hemos pasado en la inopia; en España no existía una cultura de comprender, de profundizar, de pensar. Siendo muy necesarias las protestas, la revuelta, también es necesario que el ciudadano esté formado para que esa denuncia esté fundamentada. Porque si, en el futuro, vuelve un ciclo económico de bonanza y el ciudadano sigue sin estar formado en política, el fundamento de la democracia seguirá siendo precario.

¿Este sistema se puede reformar o se debe empezar de cero como sugiere la creciente demanda por un proceso constituyente?
Las dos fórmulas eternas han sido los cambios, las reformas dentro del sistema, o bien el cambio total de éste. Estamos inmersos en una época de cambios; ahora bien, cambiar el sistema no tiene por qué ser violento ni traumático. Los cambios de gran calado, como podrían ser un proceso constituyente o un cambio de la forma de la jefatura de Estado deben plantearse y no permanecer bajo la alfombra. Si las grandes cuestiones de diseño del Estado siguen bajo la alfombra no se llegará a nada. El origen de esta situación es multicausal y la solución también debe serlo.

¿Qué diagnóstico hace su asociación de los motivos de esta situación?
Una parte importante de nuestro diagnóstico radica en el Artículo 6 del Título Preliminar de la Constitución: el relativo a los partidos políticos, que es mentira y no se cumple, pues se plantea que los partidos deben ser de alguna manera el puente entre los ciudadanos y el Estado. Como ese puente está roto, arreglándolo  se contribuiría a reparar el descalabro en el que estamos. Ésta no es la solución, pero sí una parte importante de ella.

El puente parece más roto que nunca, con escándalos de corrupción como el de Bárcenas
Nosotros abogamos por facilitar que los partidos políticos entren en la senda de la mejora continua. Nos da igual si se trata de IU, UPyD, PSOE o PP. Los partidos funcionan como un motor oxidado sin ningún control de calidad operativa. Mi sueño sería que estas formaciones dijeran, por ejemplo, “Tenemos un 60% de financiación sin declarar, pues bien, en cinco años, queremos que ese porcentaje baje al 20%”, vamos, que se pusieran metas y que se comprometieran a cumplirlas. Eso llevaría a una mejor representación de los ciudadanos e iniciaría un círculo virtuoso, porque los partidos son uno de los motores claves de la democracia.

¿Tiene usted esperanza de que los partidos emprendan esa vía?
Desde luego no lo van a hacer motu proprio, sólo si los ciudadanos se empeñan y les obligan a ello.

Es difícil pensar en ese cambio con una ley electoral como la que tenemos que favorece el bipartidismo y la infrarepresentación de las formaciones más pequeñas.
Sí, la cuestión de las listas, la ley electoral y el bipartidismo son otros de los aspectos de una situación que debería ponerse patas arriba. Pero no hay que olvidar que las leyes no construyen una sociedad, sino que la reflejan; los movimientos sociales, por ejemplo, obligan a poner al día las leyes. Tampoco hay que pensar que, si cambian las leyes o la Constitución, ya estará todo hecho. La sociedad va siempre por delante de las leyes.

Movimientos sociales como el 15M demuestran dan la espalda a la política; sin embargo, cada vez más voces abogan porque esos movimientos se conviertan en movimientos políticos.

La solución no está fuera de la política, sino de esta política; de estos partidos que tenemos ahora. Le voy a contar un episodio que me sucedió con un militante de alto nivel de uno de estos partidos; cuando le comenté que pretendíamos dotar a los partidos de herramientas para su mejora, su respuesta fue: “Felipe, no me jodas, que los partidos son oficinas de colocación”. Es una manera de decir que estas formaciones han sido una manera de favorecer intereses particulares so pretexto de servir al interés general.

¿El abandono de la política beneficia a ciertos sectores?
Por supuesto, el mejor ejemplo son las cajas de ahorros. Estas entidades cuya finalidad era social tenían a políticos en sus consejos de administración; como algunos eran corruptos, en vez de sustituirlos por políticos honrados, se entregaron las cajas al sistema financiero privado. Este ejemplo es paradigmático de como el capital se ha aprovechado de determinadas situaciones en nombre del supuesto objetivo de acabar con la política. Además, en España, no se puede decir que nos guste lo público ni que el bien común haya sido una prioridad. Lo público nunca ha estado en el centro de nuestras preocupaciones; aquí ha primado más el ‘¿Qué hay de lo mío?‘.

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Trinidad Deiros

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