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Opinión

El lobby no es el problema

Es legítimo que los intereses particulares intenten influir en la agenda política, pero hacen falta nuevas instituciones democráticas que velen mejor sobre el interés general, opina el autor.

24 marzo 2013
08:01
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Para Schumpeter la democracia era una quimera y lo más parecido a lo que podríamos aspirar es un conjunto de procedimientos que evitaran que el poder quedara concentrado en un único actor. Hasta ahí el análisis y desde ahí la propuesta: no era deseable ir más allá de la democracia procedimental porque eso sería incompatible con “el libre mercado”. Su propuesta puede resumirse como democracia mínima y mercado máximo, uno de los pilares de la teoría política del neoliberalismo y no por casualidad también de la academia, en la que durante décadas la derecha ha sabido hacer un trabajo de think tank, becas y doctorados patrocinados con el que la izquierda no puede ni soñar.

Unas décadas después, Robert Dahl llamó a esto Poliarquía, en lo que juzgo un acto de honestidad intelectual y de rigor empírico. La poliarquía es un concepto analítico bien definido, con variables concretas e indicadores medibles. La democracia en cambio, es un ideal político. El problema es que la palabra democracia tiene muy buena prensa, por lo que resulta más práctico apropiarse del término desde distintas concepciones ideales que representan intereses antagónicos.

Después de Schumpeter y Dahl otros autores como Bachrach, Baratz o Lukes nos descubrieron nuevas dimensiones del poder. Así, uno de los pilares que sostenía la democracia mínima se tambaleaba, la suposición de que todos los actores de una sociedad con distintos intereses tenían las mismas posibilidades de influir en la agenda y de hacer valer sus demandas e intereses se desmoronaba. Todos los actores que toman parte en el proceso de toma de decisiones no son iguales, parten de una desventaja estructural, e incluso no pueden explicitar sus demandas al no ser conscientes de sus propios intereses.

El debate de la ley de transparencia ha vuelto a poner la lupa sobre los lobbies, hasta donde sé un programa de televisión, varios artículos en prensa, infinitas conversaciones y tertulias y los representantes de la industria del lobby compareciendo en el Congreso de los Diputados, han puesto el asunto de actualidad.

Está bien que los que se dedican al negocio del lobby defiendan su función y está mejor que pidan un registro y la regulación de la actividad en nuestro país, supongo que no les gustará la competencia desleal. La defensa de los propios intereses es legítima, pretender influir en el legislador no es el problema y es lógico que los sujetos empleen esas estrategias en el marco de una democracia procedimental. La cuestión sin embargo, es que todos los actores no tienen las mismas posibilidades de influir en la agenda, todos los colectivos e individuos no son iguales y no disponen de los mismos recursos ni capacidad de organización, los propios lobistas lo saben, solo trabajan para quien puede pagarles.

Hay una cosa en la que Schumpeter tenía razón, el interés general es una quimera, al menos mientras el interés de unos colisione con el de otros, de este modo no podremos hablar de democracia, mientras no haya reglas que garanticen una competencia justa entre los distintos actores que pugnan por influir en la agenda. No es suficiente con regular el lobby, necesitamos nuevas instituciones democráticas que garanticen la defensa de los intereses de los más débiles, quizás entonces la poliarquía se parezca más a la democracia.

 

El autor es consultor político y de comunicación. gustavogarciaespejo.blogspot.com.es

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Gustavo García Espejo

Gustavo García Espejo

5 comentarios

  1. SATÁN
    SATÁN 27/03/2013, 14:32

    ¿Y ES LÍCITO EL SOBORNO, LA COACCIÓN , LAS PRESIONES Y LA ESTAFA DE QUIEN POSEE EL CAPITAL (GANADO ILEGAL E ILEGÍTIMAMENTE)?

    Responder a este comentario
  2. Vero H
    Vero H 25/03/2013, 18:27

    Excelente artículo, importante ser consciente de la indefensión dentro de la misma democracia, descubrir el camino a seguir es más complicado por la desunión de siempre. Mucha gente, como el comentario anterior, piensa que el camino es salirse del sistema y crear un contrapoder desde fuera.

    En mi opinión nada garantiza que ese poder nuevo sea virginal y no se corrompa con el tiempo, igual que el poder sistémico, por eso, de lo que se trata es de controlar el poder que nos gobierne, de tener la fuerza como para, unidos, poder sujetarlo.

    El camino puede ser la consciencia, primero, por ahí vamos bien (cada vez más gente despierta). Después, la organización, ahí aún fallamos pero estamos en ello. Desde luego que las iniciativas fuera del sistema son muy útiles pero no sustituyen al sistema, queramos o no.

    Responder a este comentario
  3. Vetinari
    Vetinari 25/03/2013, 09:49

    ¿Y quién vela por los intereses “particulares” de los ciudadanos? ¿Los mismos políticos que legislan una vez oidos los lobbies? Haciendo un balance de los últimos 20 años, ¿cuántas leyes han beneficiado al conjunto de los ciudadanos, y cuántas favorecen a determinados intereses y empresas?

    Responder a este comentario
  4. Psicoloco
    Psicoloco 24/03/2013, 18:37

    Dado que el poder de los diferentes lobbies no es igual, dado que el poder de por ejemplo UNESA es, en estos momentos, mayor que el del movimiento por una nueva cultura energética, debemos espabilar l@s de abajo para ir junt@s y neutralizar el poder del poder.
    Sólo si el 99% nos unimos, quizá podamos forzar al 1% que creen estructuras que garanticen las defensa de los intereses del 99%.

    Responder a este comentario
    • parado
      parado 24/03/2013, 20:50

      Eso eso los de abajo contra los de arriba, el 99% contra el 1%, resetear el sistema, no son antisistema el sistema es antinosotros, regular el sistema, institucionalizarlo, bla bla bla… ¡bah porquerías! eso es solo un lavado de imagen.
      El poder no hay que neutralizarlo ni conquistarlo hay que aislarlo, hay que contrarrestarlo creando otro poder, construyendo otro poder colectivo, otra sociedad, paralela a la actual, sino lo único que conseguimos es arañar migajas que en cuanto quieren nos quitan como está ocurriendo ahora en gran parte del planeta.
      Si somos capaces de crear otro poder paralelo, se les acaba el chollo.
      Eso si que daría miedo al poder, pues su poder reside en hacernos creer que puede reformarse, que puede neutralizarse. Lo único que hacen es crear miedo o terror y gestionarlo. El día que los que gestionan el miedo comiencen a temer que ya no pueden engañarnos ni reprimirnos con cantos de sirena, ese día, será el principio de su fin aunque no se si eso se verá alguna vez, pues lo mismo acabamos con el planeta antes de que eso ocurra y nos vamos todos al carajo.

      Responder a este comentario

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