lamarea.com https://www.lamarea.com Periodismo para gente independiente Wed, 23 Jan 2019 13:26:32 +0000 es-ES hourly 1 Arturo Ruiz, el joven asesinado la víspera de Atocha https://www.lamarea.com/2019/01/23/arturo-ruiz-el-joven-asesinado-la-vispera-de-atocha/ https://www.lamarea.com/2019/01/23/arturo-ruiz-el-joven-asesinado-la-vispera-de-atocha/#comments Wed, 23 Jan 2019 11:37:50 +0000 https://www.lamarea.com/?p=111697 El joven estudiante Arturo Ruiz.

Manuel Ruiz llama por teléfono y dice: “Estoy junto al monumento dedicado a los abogados de Atocha”. La frase guarda un halo de tristeza, tal vez incomodidad, que expresa después en la entrevista: “Es que creo que el crimen de los abogados ensombrece la muerte de mi hermano y la de la estudiante Mari Luz Nájera”. Su hermano se llamaba Arturo Ruiz. Fue asesinado por un guerrillero del grupo ultraderechista Cristo Rey el 23 de enero de 1977, la víspera del asesinato de los abogados laboralistas. Mari Luz Nájera murió también esa misma semana trágica de enero de 1977 en la manifestación de protesta contra el asesinato de Ruiz. “Somos las familias las que tenemos que estar peleando para que se reconozcan y se sepan estos hechos, para que se honre a estas víctimas”, prosigue. Como tantos otros crímenes cometidos en la Transición, quedaron impunes.

¿Cómo recuerda a su hermano?

Mi hermano políticamente era bastante activo, se movía mucho y andaba metido en todas las historias, de la Joven Guardia Roja… Políticamente estaba muy significado. El otro día estuve hablando con un amigo suyo y me lo recordaba. De ocho hermanos –ahora somos siete–, él era el sexto. Yo soy el quinto. Tenía 19 años cuando lo mataron. Era, como decía mi madre, un abogado de pleitos, estaba en todos los fregados. Peleaba por la amnistía, por la autonomía… y le pegaron un tiro. 

¿Por qué cree que sucedió?

Días antes habían tenido un enfrentamiento en una manifestación con los guerrilleros de Cristo Rey. Él no pasaba desapercibido. Era muy adelantado a su tiempo, llevaba el pelo a lo afro... Y creo que iban a por él. 

¿Cómo vivieron usted y su familia aquellos días?

Los días posteriores fueron terribles. Al día siguiente mataron a los abogados de Atocha y a la estudiante Mari Luz Nájera en una protesta por la muerte de mi hermano. Por casa pasó gente de todo tipo, a tantear a la familia, recuerdo a uno con un abrigo Loden, no sé si del servicio de inteligencia o qué. La idea era siempre mirar por la seguridad de mis padres. Mis hermanos mayores ya estaban independizados. Los únicos que vivíamos aún con mis padres éramos Arturo, mis dos hermanas y yo.

¿Y su padre y su madre cómo afrontaron esa situación? 

Mis padres no superaron nunca nada. Mi padre había estado en la guerra y tenían mucho miedo. Lo único que querían es que no pasara nada en casa. Mi madre lo llevó fatal. Y durante mucho tiempo, todos los años, cuando se acercan estas fechas, nadie decía nada en la familia. No se hablaba del tema para no hacer daño a nadie. Mi padre permanecía callado, era una situación muy tensa. 

¿A qué se dedicaban sus padres?

Mi madre trabajaba en casa y mi padre era secretario en Darro, un pueblo de Granada, pero con tantos niños pensaron que era mejor venirse a Madrid. Nosotros estábamos trabajando y estudiando. Casi todos mis hermanos han estudiado Derecho. Nadie nos comunicó nada oficialmente. Nos enteramos por la tele. 

¿No les llamó nadie?

No, literalmente nos enteramos por la tele. Recuerdo que yo tenía el carné recién sacado. Fuimos al Instituto de Medicina Forense, donde ahora está el Museo Reina Sofía. Después, cuando mis padres se jubilaron se fueron a vivir a Granada de nuevo y se lo llevaron para allá. Está enterrado allí. 

¿Han hecho algo allí en reconocimiento a su hermano?

No. En el viaje que hicimos a Bruselas hace unos meses acompañando a la familia de Manuel José García Caparrós se lo dije de manera rotunda a la eurodiputada del PSOE Clara Aguilera, que es de Granada. Hasta la fecha, nadie se ha comprometido conmigo para nada. En Madrid está pendiente de colocarse una placa en la calle de Silva, esquina con la de Estrella.

¿Cuándo empezó usted a mover la historia de su hermano?

Pues empezamos cuando mis padres ya no estaban. Ahora estoy prejubilado y antes tenía un trabajo bastante absorbente. No tenía mucho tiempo ni muchas ganas. Pero entendí que se lo debía a mis padres y a mi hermano, quiero que se reconozca su lucha. Si la familia no se mueve no se hace nada. Y eso es lo paradójico, que se tengan que pelear los familiares, cuando se se tenía que hacer de oficio, por ley.

¿Para usted qué significó la Transición?

La Transición no fue modélica. Hubo una semana, la última de enero, en la que la cosa estuvo muy fastidiada. Yo recuerdo que la policía nos llevó al cementerio cuando enterraron a mi hermano y lo que escuchábamos por la radio era todo de una tensión terrrible. Estábamos asustados. Eso pasó y no hay que obviarlo. No hubo otra guerra civil, pero tampoco fue un paseo triunfal y se tiene que estudiar en los libros de texto. 

El caso está ahora en manos de la jueza argentina, ¿verdad?

Sí. En la Audiencia Nacional llegaron a abroncar a mi padre, que era la víctima por así decirlo. Si hoy los jueces se dejan influenciar, imagínate en el año 77. Habría jueces honrados, no lo dudo. Pero en este caso como en muchos otros no se investigó absolutamente nada. Son historias que están en el limbo, fuera de todo. Y ahora estamos esperando a la querella argentina. 

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El joven estudiante Arturo Ruiz.

Manuel Ruiz llama por teléfono y dice: “Estoy junto al monumento dedicado a los abogados de Atocha”. La frase guarda un halo de tristeza, tal vez incomodidad, que expresa después en la entrevista: “Es que creo que el crimen de los abogados ensombrece la muerte de mi hermano y la de la estudiante Mari Luz Nájera”. Su hermano se llamaba Arturo Ruiz. Fue asesinado por un guerrillero del grupo ultraderechista Cristo Rey el 23 de enero de 1977, la víspera del asesinato de los abogados laboralistas. Mari Luz Nájera murió también esa misma semana trágica de enero de 1977 en la manifestación de protesta contra el asesinato de Ruiz. “Somos las familias las que tenemos que estar peleando para que se reconozcan y se sepan estos hechos, para que se honre a estas víctimas”, prosigue. Como tantos otros crímenes cometidos en la Transición, quedaron impunes.

¿Cómo recuerda a su hermano?

Mi hermano políticamente era bastante activo, se movía mucho y andaba metido en todas las historias, de la Joven Guardia Roja… Políticamente estaba muy significado. El otro día estuve hablando con un amigo suyo y me lo recordaba. De ocho hermanos –ahora somos siete–, él era el sexto. Yo soy el quinto. Tenía 19 años cuando lo mataron. Era, como decía mi madre, un abogado de pleitos, estaba en todos los fregados. Peleaba por la amnistía, por la autonomía… y le pegaron un tiro. 

¿Por qué cree que sucedió?

Días antes habían tenido un enfrentamiento en una manifestación con los guerrilleros de Cristo Rey. Él no pasaba desapercibido. Era muy adelantado a su tiempo, llevaba el pelo a lo afro... Y creo que iban a por él. 

¿Cómo vivieron usted y su familia aquellos días?

Los días posteriores fueron terribles. Al día siguiente mataron a los abogados de Atocha y a la estudiante Mari Luz Nájera en una protesta por la muerte de mi hermano. Por casa pasó gente de todo tipo, a tantear a la familia, recuerdo a uno con un abrigo Loden, no sé si del servicio de inteligencia o qué. La idea era siempre mirar por la seguridad de mis padres. Mis hermanos mayores ya estaban independizados. Los únicos que vivíamos aún con mis padres éramos Arturo, mis dos hermanas y yo.

¿Y su padre y su madre cómo afrontaron esa situación? 

Mis padres no superaron nunca nada. Mi padre había estado en la guerra y tenían mucho miedo. Lo único que querían es que no pasara nada en casa. Mi madre lo llevó fatal. Y durante mucho tiempo, todos los años, cuando se acercan estas fechas, nadie decía nada en la familia. No se hablaba del tema para no hacer daño a nadie. Mi padre permanecía callado, era una situación muy tensa. 

¿A qué se dedicaban sus padres?

Mi madre trabajaba en casa y mi padre era secretario en Darro, un pueblo de Granada, pero con tantos niños pensaron que era mejor venirse a Madrid. Nosotros estábamos trabajando y estudiando. Casi todos mis hermanos han estudiado Derecho. Nadie nos comunicó nada oficialmente. Nos enteramos por la tele. 

¿No les llamó nadie?

No, literalmente nos enteramos por la tele. Recuerdo que yo tenía el carné recién sacado. Fuimos al Instituto de Medicina Forense, donde ahora está el Museo Reina Sofía. Después, cuando mis padres se jubilaron se fueron a vivir a Granada de nuevo y se lo llevaron para allá. Está enterrado allí. 

¿Han hecho algo allí en reconocimiento a su hermano?

No. En el viaje que hicimos a Bruselas hace unos meses acompañando a la familia de Manuel José García Caparrós se lo dije de manera rotunda a la eurodiputada del PSOE Clara Aguilera, que es de Granada. Hasta la fecha, nadie se ha comprometido conmigo para nada. En Madrid está pendiente de colocarse una placa en la calle de Silva, esquina con la de Estrella.

¿Cuándo empezó usted a mover la historia de su hermano?

Pues empezamos cuando mis padres ya no estaban. Ahora estoy prejubilado y antes tenía un trabajo bastante absorbente. No tenía mucho tiempo ni muchas ganas. Pero entendí que se lo debía a mis padres y a mi hermano, quiero que se reconozca su lucha. Si la familia no se mueve no se hace nada. Y eso es lo paradójico, que se tengan que pelear los familiares, cuando se se tenía que hacer de oficio, por ley.

¿Para usted qué significó la Transición?

La Transición no fue modélica. Hubo una semana, la última de enero, en la que la cosa estuvo muy fastidiada. Yo recuerdo que la policía nos llevó al cementerio cuando enterraron a mi hermano y lo que escuchábamos por la radio era todo de una tensión terrrible. Estábamos asustados. Eso pasó y no hay que obviarlo. No hubo otra guerra civil, pero tampoco fue un paseo triunfal y se tiene que estudiar en los libros de texto. 

El caso está ahora en manos de la jueza argentina, ¿verdad?

Sí. En la Audiencia Nacional llegaron a abroncar a mi padre, que era la víctima por así decirlo. Si hoy los jueces se dejan influenciar, imagínate en el año 77. Habría jueces honrados, no lo dudo. Pero en este caso como en muchos otros no se investigó absolutamente nada. Son historias que están en el limbo, fuera de todo. Y ahora estamos esperando a la querella argentina. 

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El regulador español y el francés tumban el gasoducto que pretendía conectar España y Francia https://www.lamarea.com/2019/01/22/el-regulador-espanol-y-el-frances-tumban-el-gaseoducto-que-pretendia-conectar-espana-y-francia/ https://www.lamarea.com/2019/01/22/el-regulador-espanol-y-el-frances-tumban-el-gaseoducto-que-pretendia-conectar-espana-y-francia/#comments Tue, 22 Jan 2019 19:17:48 +0000 https://www.lamarea.com/?p=111699

Finalmente, todo parece indicar que el proyecto conocido como STEP/MidCat, por el que se pretendía conectar mediante un gasoducto las redes de distribución de gas natural de España y Francia, no se hará realidad. La decisión, esperada por las organizaciones ecologistas para mañana, ha sido tomada en la tarde de hoy por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) y  el regulador francés de la energía (CRE). Ambas han acordado que el proyecto, en su configuración y capacidades actuales, no satisface las necesidades de mercado y no es lo suficientemente maduro como para ser objeto de una decisión favorable.

El sistema de gasoductos, incluido en 2013 por la Comisión Europea en su lista de Proyectos de Interés Común (PIC), tenía un coste estimado de 3.000 millones de euros en total. Solo la interconexión estaba presupuestada en unos 400 millones de euros. La partida habría sido sufragada en su mayoría con dinero público español, francés y europeo. Detrás del proyecto se encontraban la transportista de gas española Enagás y su equivalente francesa Teréga (antigua TIGF). El gasoducto, que siempre se ha enfrentado a dudas en cuanto a su viabilidad, recibió un duro varapalo el pasado abril tras la publicación de un informe que La Marea hizo público. En el documento, encargado por la Comisión Europea a la consultora finlandesa Pöyry, se ponía en duda tanto la rentabilidad como la utilidad del proyecto. En concreto, se aseguraba que solo podría ser sostenible económicamente si se diesen tres circunstancias al mismo tiempo: una bajada del suministro de gas desde Argelia, baja demanda a nivel europeo y un incremento de precios del gas natural licuado.

Aunque las intenciones de hacer realizar la infraestructura se remonta a varios años antes, fue en 2011 cuando comenzaron las obras en la parte española.

El gasoducto fue paralizado por el gobierno francés en 2011, pero el 15 de marzo de 2018 el gobierno de Mariano Rajoy hacía pública su reactivación a través del BOE. En él se calificaba como “una infraestructura estratégica por incrementar la capacidad de interconexión de gas natural con Francia y por contribuir a la integración del mercado de este combustible fósil, avanzando hacia un mercado único europeo”.

Samuel Martín-Sosa, de Ecologistas en Acción, califica la decisión como una “recompensa” para todas las organizaciones que “hemos luchado porque impere el sentido común”. Para Martín-Sosa, “el gas es una energía sucia que no tiene cabida en una sociedad que necesita abandonar de forma urgente los combustibles fósiles”. Y concluye que el rechazo al gasoducto supone “una señal clara para aquellos que insisten en presentar al gas como un combustible limpio y de transición”. Por su parte, Josep Nualart, investigador del Observatori del Deute en la Globalització (ODG), afirma que “el hecho de que esta vez la CNMC se haya posicionado en contra” da “una perspectiva de que la institución en sí puede que esté cambiando en la manera de percibir cómo se debe configurar el sistema gasista y eléctrico español”. Asimismo, Nualart señala que, si bien la posibilidad es “mínima”, el proyecto aún podría salir adelante si se consiguiera por otra vía la financiación necesaria, aunque aventura que sería extraño que la CNMC cambiara de postura.

Tanto Catalunya en Comú como EQUO celebran el rechazo del MidCat y han anunciado que solicitarán a la Comisión Europea que elimine el MidCat de su lista de Proyectos de Interés Común. Florent Marcellesi, eurodiputado de EQUO en el grupo Verdes/ALE y vicepresidente de la Red Parlamentaria Europea para el Fomento de las Renovables (EUFORES), califica la noticia como una "clara victoria por un modelo energético limpio, justo y democrático". Para Ernest Urtasun, eurodiputado de Catalunya en Comú, "los proyectos que se deben apoyar con recursos comunitarios son aquellos que garanticen el cumplimiento de los Acuerdos de París, haciendo nuestras sociedades menos dependientes de los combustibles fósiles como es el Gas Natural”. Ambas formaciones ya enviaron una carta el pasado mes de noviembre al Gobierno de España y a la Comisión Europea pidiendo la paralización del proyecto.

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Finalmente, todo parece indicar que el proyecto conocido como STEP/MidCat, por el que se pretendía conectar mediante un gasoducto las redes de distribución de gas natural de España y Francia, no se hará realidad. La decisión, esperada por las organizaciones ecologistas para mañana, ha sido tomada en la tarde de hoy por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) y  el regulador francés de la energía (CRE). Ambas han acordado que el proyecto, en su configuración y capacidades actuales, no satisface las necesidades de mercado y no es lo suficientemente maduro como para ser objeto de una decisión favorable.

El sistema de gasoductos, incluido en 2013 por la Comisión Europea en su lista de Proyectos de Interés Común (PIC), tenía un coste estimado de 3.000 millones de euros en total. Solo la interconexión estaba presupuestada en unos 400 millones de euros. La partida habría sido sufragada en su mayoría con dinero público español, francés y europeo. Detrás del proyecto se encontraban la transportista de gas española Enagás y su equivalente francesa Teréga (antigua TIGF). El gasoducto, que siempre se ha enfrentado a dudas en cuanto a su viabilidad, recibió un duro varapalo el pasado abril tras la publicación de un informe que La Marea hizo público. En el documento, encargado por la Comisión Europea a la consultora finlandesa Pöyry, se ponía en duda tanto la rentabilidad como la utilidad del proyecto. En concreto, se aseguraba que solo podría ser sostenible económicamente si se diesen tres circunstancias al mismo tiempo: una bajada del suministro de gas desde Argelia, baja demanda a nivel europeo y un incremento de precios del gas natural licuado.

Aunque las intenciones de hacer realizar la infraestructura se remonta a varios años antes, fue en 2011 cuando comenzaron las obras en la parte española.

El gasoducto fue paralizado por el gobierno francés en 2011, pero el 15 de marzo de 2018 el gobierno de Mariano Rajoy hacía pública su reactivación a través del BOE. En él se calificaba como “una infraestructura estratégica por incrementar la capacidad de interconexión de gas natural con Francia y por contribuir a la integración del mercado de este combustible fósil, avanzando hacia un mercado único europeo”.

Samuel Martín-Sosa, de Ecologistas en Acción, califica la decisión como una “recompensa” para todas las organizaciones que “hemos luchado porque impere el sentido común”. Para Martín-Sosa, “el gas es una energía sucia que no tiene cabida en una sociedad que necesita abandonar de forma urgente los combustibles fósiles”. Y concluye que el rechazo al gasoducto supone “una señal clara para aquellos que insisten en presentar al gas como un combustible limpio y de transición”. Por su parte, Josep Nualart, investigador del Observatori del Deute en la Globalització (ODG), afirma que “el hecho de que esta vez la CNMC se haya posicionado en contra” da “una perspectiva de que la institución en sí puede que esté cambiando en la manera de percibir cómo se debe configurar el sistema gasista y eléctrico español”. Asimismo, Nualart señala que, si bien la posibilidad es “mínima”, el proyecto aún podría salir adelante si se consiguiera por otra vía la financiación necesaria, aunque aventura que sería extraño que la CNMC cambiara de postura.

Tanto Catalunya en Comú como EQUO celebran el rechazo del MidCat y han anunciado que solicitarán a la Comisión Europea que elimine el MidCat de su lista de Proyectos de Interés Común. Florent Marcellesi, eurodiputado de EQUO en el grupo Verdes/ALE y vicepresidente de la Red Parlamentaria Europea para el Fomento de las Renovables (EUFORES), califica la noticia como una "clara victoria por un modelo energético limpio, justo y democrático". Para Ernest Urtasun, eurodiputado de Catalunya en Comú, "los proyectos que se deben apoyar con recursos comunitarios son aquellos que garanticen el cumplimiento de los Acuerdos de París, haciendo nuestras sociedades menos dependientes de los combustibles fósiles como es el Gas Natural”. Ambas formaciones ya enviaron una carta el pasado mes de noviembre al Gobierno de España y a la Comisión Europea pidiendo la paralización del proyecto.

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El armado y el inerme: dos perspectivas ante la vulnerabilidad humana https://www.lamarea.com/2019/01/22/el-armado-y-el-inerme-dos-perspectivas-ante-la-vulnerabilidad-humana/ https://www.lamarea.com/2019/01/22/el-armado-y-el-inerme-dos-perspectivas-ante-la-vulnerabilidad-humana/#respond Tue, 22 Jan 2019 13:07:16 +0000 https://www.lamarea.com/?p=111682

Puedo ser capaz de pronunciar ciertas palabras cuyo significado se me escapa. Puedo creer incluso que entiendo perfectamente lo que tales cosas significan, darlas por evidentes, e incluso incluir automáticamente en su definición elementos que, sin mucho juicio y sin cuestionarlo, así me parece porque, al fin y al cabo, todo el mundo sabe a qué nos referimos. Aparecen de este modo conceptos universales, lugares comunes que, en realidad, están vacíos de sentido y que, precisamente por estar vacíos, llenamos con lo que nos place, nos complace o conviene y así los utilizamos. Uno de estos conceptos es la vulnerabilidad, mucho más complejo de lo que pudiera parecer. Todos somos vulnerables. Nadie negará tal cosa: incluso para el hombre más rudo y viril, las cuchillas de afeitar cortan e irritan la piel si no se usan con cuidado, o para el gladiador o el guerrero, ejemplos clásicos de masculinidad, es necesario proteger sus cuerpos en la lucha. De hecho, si todos somos vulnerables, hombres y mujeres, es porque es una condición inextirpable de los seres vivientes: todos somos susceptibles de estar abiertos a una herida (del latín vulnus, de ahí vulnerabilidad) en tanto en cuanto tenemos un cuerpo frágil, finito y mortal. Y no sólo eso, también doliente, porque somos seres que padecemos dolor. Bienvenidos a la condición humana.

Y así es: somos vulnerables porque tenemos un cuerpo y este cuerpo puede ser herido, vulnerado, la piel lacerada y el cuerpo golpeado. Si nos guarecemos en una casa, si nos protegemos ante la lluvia o el frío, si empleamos cascos o chalecos, si antes de cada vuelo nos indican qué hacer en caso de accidente, si llevamos armas, si empuñamos llaves, es porque sabemos de nuestra frágil condición y sabemos que además de la enfermedad y la muerte natural podemos experimentar el daño a manos del otro y una muerte violenta. Esta condición humana, común por tanto a hombres y mujeres, implica la conciencia de que somos con otros y que el otro no sólo puede darnos muerte sino también brindarnos atención, hospitalidad y protección. Los modos de hacerlo, explicados desde todo tipo de fábulas filosóficas, hablan siempre del paso de un estado de naturaleza a un pacto social en el cual el hombre no sólo vive, sino que transforma el entorno para poder sobrevivir: levanta murallas en las ciudades y erige leyes, hábitos y costumbres dentro de ellas. La vida, en realidad, tal y como la entendemos, nuestra vida, la que vivimos, se despliega siempre en ese marco social y es siempre condicionada y mediatizada aunque muchas veces no seamos conscientes de ello. Y es aquí donde los significados se escapan y estamos de nuevo con el agua al cuello porque a esta dimensión natural de la condición humana se añade otra social: una vulnerabilidad que surge en el ejercicio de un poder que genera espacios en los que algunos colectivos están más expuestos que otros a la herida, la cual se inflige ahora mucho más allá de la piel. Sucede cuando el sistema que habría de proteger a todos no sólo deja exclusiones, sino que deja a otros inermes.

Aunque en sentido estricto es vulnerable el cuerpo potencialmente abierto a la herida, no toda vulnerabilidad implica dañabilidad. La diferencia es fundamental: daño, del latín damnum, apunta etimológicamente a la idea de condena o castigo empleando un radical que, curiosamente comparte con democracia y que incide en la idea de distribución de algo, así que tendríamos algo así como un 'mal distribuido'. Y distribuir no es, desde luego, algo dado, sino algo que se reparte. De este modo, el daño repartido se causa en la propia conformación de aquella segunda naturaleza que habría de servir para protegernos: se habla de este modo de la experiencia del daño entendida como aquellos procesos, acciones o relaciones que producen no sólo dolor, sino sufrimiento (físico, psíquico, moral) a través de un desequilibrio estructural basado en el ejercicio del poder sobre los cuerpos. Y es aquí donde aparece, frente al hombre armado, el ser humano que carece de ellas: el inerme, aquel que ha salido perdiendo en el reparto.

Inerme designa al que carece de armas (lat. inermis) porque tiene su piel (dermis) al descubierto. No sólo carece de protección, sino que está plenamente expuesto. Si ser vulnerable implicaba la necesidad de la atención y la hospitalidad del otro, cuando esto no sucede, estamos expuestos ante un sistema que, lejos de proteger, deja a la intemperie. Somos vulnerables: lo somos, pero inermes lo 'estamos', lo que significa que es un estado no una condición y que, como tal, puede ser transformado. Ya no se trata de que todos podamos morir a manos del otro, sino de morir por el lugar que se ocupa en una vida cuya forma damos por 'natural', ignorando todos los presupuestos y creencias que la atraviesan y condicionan. El golpe no se asesta por lo que tienen, no por quiénes son, sino por el qué son. Y corren porque están, frente a otros colectivos, en una situación de desventaja, desigualdad y peligro. Frente a la vulnerabilidad que es consustancial a la naturaleza humana e implica, por lo ya dicho, la construcción de un espacio en el que habitar que nos proteja de las heridas, el estar inerme surge en el momento en el que aquel sobre el que se ejerce violencia, la sigue padeciendo en otras intensidades y bajo otras formas, no sólo físicas sino también simbólicas, porque no puede escapar ni responder a ellas. Justificar asesinatos o agresiones con la afirmación superficial de que “todos somos vulnerables” o “todos podemos ser asesinados” implica no pararse a pensar a qué nos referimos cuando hablamos de vulnerabilidad y, sobre todo, en si la persona que denuncia la violencia sobre ella ejercida, aunque parece estar provista de las mismas armas por el sistema, en realidad padece una desigualdad estructural que puede apreciarse en otras dimensiones, como la social o la cultural, cuando es cuestionada (“Yo sí te creo”), cuando la forma de violencia es invisibilizada (“la violencia es siempre violencia”), o su indefensión es minimizada (“todos somos susceptibles de ser víctimas de homicidio o ser atacados”). Aunque todos muramos por ser mortales, no, los hombres no mueren por ser hombres. Las mujeres sí mueren por ser mujeres y son muchas veces maltratadas por el mero hecho de serlo. No, no todos están inermes ni se ejerce sobre ellos la misma violencia. No, no todos estamos igual de expuestos. No, la violencia no es siempre violencia por mucho que se nos llene de la boca al pronunciarla una y mil veces. Olvidamos que las palabras también laceran. Afortunadamente también hay algunas que se atragantan.

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Puedo ser capaz de pronunciar ciertas palabras cuyo significado se me escapa. Puedo creer incluso que entiendo perfectamente lo que tales cosas significan, darlas por evidentes, e incluso incluir automáticamente en su definición elementos que, sin mucho juicio y sin cuestionarlo, así me parece porque, al fin y al cabo, todo el mundo sabe a qué nos referimos. Aparecen de este modo conceptos universales, lugares comunes que, en realidad, están vacíos de sentido y que, precisamente por estar vacíos, llenamos con lo que nos place, nos complace o conviene y así los utilizamos. Uno de estos conceptos es la vulnerabilidad, mucho más complejo de lo que pudiera parecer. Todos somos vulnerables. Nadie negará tal cosa: incluso para el hombre más rudo y viril, las cuchillas de afeitar cortan e irritan la piel si no se usan con cuidado, o para el gladiador o el guerrero, ejemplos clásicos de masculinidad, es necesario proteger sus cuerpos en la lucha. De hecho, si todos somos vulnerables, hombres y mujeres, es porque es una condición inextirpable de los seres vivientes: todos somos susceptibles de estar abiertos a una herida (del latín vulnus, de ahí vulnerabilidad) en tanto en cuanto tenemos un cuerpo frágil, finito y mortal. Y no sólo eso, también doliente, porque somos seres que padecemos dolor. Bienvenidos a la condición humana.

Y así es: somos vulnerables porque tenemos un cuerpo y este cuerpo puede ser herido, vulnerado, la piel lacerada y el cuerpo golpeado. Si nos guarecemos en una casa, si nos protegemos ante la lluvia o el frío, si empleamos cascos o chalecos, si antes de cada vuelo nos indican qué hacer en caso de accidente, si llevamos armas, si empuñamos llaves, es porque sabemos de nuestra frágil condición y sabemos que además de la enfermedad y la muerte natural podemos experimentar el daño a manos del otro y una muerte violenta. Esta condición humana, común por tanto a hombres y mujeres, implica la conciencia de que somos con otros y que el otro no sólo puede darnos muerte sino también brindarnos atención, hospitalidad y protección. Los modos de hacerlo, explicados desde todo tipo de fábulas filosóficas, hablan siempre del paso de un estado de naturaleza a un pacto social en el cual el hombre no sólo vive, sino que transforma el entorno para poder sobrevivir: levanta murallas en las ciudades y erige leyes, hábitos y costumbres dentro de ellas. La vida, en realidad, tal y como la entendemos, nuestra vida, la que vivimos, se despliega siempre en ese marco social y es siempre condicionada y mediatizada aunque muchas veces no seamos conscientes de ello. Y es aquí donde los significados se escapan y estamos de nuevo con el agua al cuello porque a esta dimensión natural de la condición humana se añade otra social: una vulnerabilidad que surge en el ejercicio de un poder que genera espacios en los que algunos colectivos están más expuestos que otros a la herida, la cual se inflige ahora mucho más allá de la piel. Sucede cuando el sistema que habría de proteger a todos no sólo deja exclusiones, sino que deja a otros inermes.

Aunque en sentido estricto es vulnerable el cuerpo potencialmente abierto a la herida, no toda vulnerabilidad implica dañabilidad. La diferencia es fundamental: daño, del latín damnum, apunta etimológicamente a la idea de condena o castigo empleando un radical que, curiosamente comparte con democracia y que incide en la idea de distribución de algo, así que tendríamos algo así como un 'mal distribuido'. Y distribuir no es, desde luego, algo dado, sino algo que se reparte. De este modo, el daño repartido se causa en la propia conformación de aquella segunda naturaleza que habría de servir para protegernos: se habla de este modo de la experiencia del daño entendida como aquellos procesos, acciones o relaciones que producen no sólo dolor, sino sufrimiento (físico, psíquico, moral) a través de un desequilibrio estructural basado en el ejercicio del poder sobre los cuerpos. Y es aquí donde aparece, frente al hombre armado, el ser humano que carece de ellas: el inerme, aquel que ha salido perdiendo en el reparto.

Inerme designa al que carece de armas (lat. inermis) porque tiene su piel (dermis) al descubierto. No sólo carece de protección, sino que está plenamente expuesto. Si ser vulnerable implicaba la necesidad de la atención y la hospitalidad del otro, cuando esto no sucede, estamos expuestos ante un sistema que, lejos de proteger, deja a la intemperie. Somos vulnerables: lo somos, pero inermes lo 'estamos', lo que significa que es un estado no una condición y que, como tal, puede ser transformado. Ya no se trata de que todos podamos morir a manos del otro, sino de morir por el lugar que se ocupa en una vida cuya forma damos por 'natural', ignorando todos los presupuestos y creencias que la atraviesan y condicionan. El golpe no se asesta por lo que tienen, no por quiénes son, sino por el qué son. Y corren porque están, frente a otros colectivos, en una situación de desventaja, desigualdad y peligro. Frente a la vulnerabilidad que es consustancial a la naturaleza humana e implica, por lo ya dicho, la construcción de un espacio en el que habitar que nos proteja de las heridas, el estar inerme surge en el momento en el que aquel sobre el que se ejerce violencia, la sigue padeciendo en otras intensidades y bajo otras formas, no sólo físicas sino también simbólicas, porque no puede escapar ni responder a ellas. Justificar asesinatos o agresiones con la afirmación superficial de que “todos somos vulnerables” o “todos podemos ser asesinados” implica no pararse a pensar a qué nos referimos cuando hablamos de vulnerabilidad y, sobre todo, en si la persona que denuncia la violencia sobre ella ejercida, aunque parece estar provista de las mismas armas por el sistema, en realidad padece una desigualdad estructural que puede apreciarse en otras dimensiones, como la social o la cultural, cuando es cuestionada (“Yo sí te creo”), cuando la forma de violencia es invisibilizada (“la violencia es siempre violencia”), o su indefensión es minimizada (“todos somos susceptibles de ser víctimas de homicidio o ser atacados”). Aunque todos muramos por ser mortales, no, los hombres no mueren por ser hombres. Las mujeres sí mueren por ser mujeres y son muchas veces maltratadas por el mero hecho de serlo. No, no todos están inermes ni se ejerce sobre ellos la misma violencia. No, no todos estamos igual de expuestos. No, la violencia no es siempre violencia por mucho que se nos llene de la boca al pronunciarla una y mil veces. Olvidamos que las palabras también laceran. Afortunadamente también hay algunas que se atragantan.

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“En España, la pobreza y la riqueza se heredan”, denuncia Oxfam Intermón https://www.lamarea.com/2019/01/21/en-espana-la-pobreza-y-la-riqueza-se-heredan-denuncia-oxfam-intermon/ https://www.lamarea.com/2019/01/21/en-espana-la-pobreza-y-la-riqueza-se-heredan-denuncia-oxfam-intermon/#comments Mon, 21 Jan 2019 12:49:52 +0000 https://www.lamarea.com/?p=111658 Pobreza en España

Una de cada seis familias de clase media cayó en la pobreza durante la crisis y aún no ha salido de ella. Esta es una de las conclusiones que arroja el informe Desigualdad 1- igualdad de oportunidades 0. La inmovilidad social y la condena de la pobreza, de la ONG Oxfam Intermón, que ahonda en las causas de la desigualdad social. Al mismo tiempo, esta organización ha presentado el estudio anual ¿Bienestar público o beneficio privado? sobre el estado de la riqueza en el mundo en el que denuncian “reparto cada vez más desigual del crecimiento económico” en los diferentes países del mundo.

Entre los datos arrojados por el informe anual destacan que en el último año la fortuna de los milmillonarios ha crecido en un 12%, lo que supone 2.500 millones de dólares diarios más en los bolsillos de esta pequeña élite. La otra cara de la moneda es la mitad más pobre de la población, 3.800 millones de personas, cuya riqueza se redujo en un 11%. Además, denuncian las enormes pérdidas que supone la evasión de impuestos de las grandes empresas y fortunas: los países más pobres del globo pierden 170.000 millones de euros por culpa de las trampas fiscales que realizan las grandes corporaciones.

En el caso de nuestro país, Oxfam destaca el bloqueo del llamado ascensor social. “En España, la pobreza y la riqueza se heredan: si naces en una familia de ingresos altos ganarás un 40% más que si perteneces a un núcleo familiar con renta baja”, matizan. Esto también se traduce en diferencias en la esperanza de vida: las personas de barrios de renta baja en Madrid o Barcelona pueden llegar a vivir entre 7 y 11 años menos que aquellas que viven en barrios de mayor renta. Según denuncian en el estudio, España cuenta con un “sistema de protección social ineficaz, que no garantizan una vida digna a las personas más vulnerables” lo que provoca que el 13% de las personas trabajadoras vivan por debajo del umbral de la pobreza.

Brecha de género

La precariedad y la desigualdad se ceba especialmente con las mujeres y niñas. Los hombres son quienes controlan un 50% más de riqueza que en todo el mundo, además del 86% de las grandes empresas, lo que provoca que las bajadas de los tipos impositivos en el impuesto sobre la riqueza beneficien principalmente al género masculino. 

Oxfam Intermón asegura que “si una única empresa se encargase de realizar el trabajo de cuidados no remunerado que llevan a cabo las mujeres de todo el mundo, su facturación anual ascendería a 10 billones de dólares, 43 veces más que la de Apple, la mayor empresa del mundo”. Además, destacan que la desinversión social perjudica más a las mujeres en situación de pobreza. En España, el 70,8% de las personas con un contrato parcial no deseado son mujeres. Además, una de cada dos mujeres denuncia que la maternidad ha frenado su carrera profesional.

Peticiones al Gobierno

“Dado el impacto social y económico de la desigualdad, la reducción de la misma debería ser un objetivo prioritario de cualquier proyecto político y tener un lugar relevante en las primeras páginas de los programas electorales. El Gobierno de España ha adquirido una serie de compromisos internacionales al firmar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), por lo que pedimos su cumplimiento de forma urgente”, señala el director general de Oxfam Intermón, José María Vera. Para la organización es fundamental que los salarios recuperen el peso que tenían sobre el PIB antes del estallido de la crisis, además de dotar de más fondos el sistema de protección social: “invertimos 5,4 puntos de PIB menos que la media UE”, aseguran.

Liliana Marcos, responsable de Políticas Públicas y Desigualdad, cree que “el Gobierno actual ha tomado decisiones claras para reducir la desigualdad”, aunque asegura que estas no son suficientes. “Resulta llamativo que el PSOE estando en la oposición reclamase más fondos para la ayuda al desarrollo y que el aumento en estos Presupuestos Generales haya sido solo de 40 millones de euros”, ha denunciado Marcos, que destaca el sentido positivo de otras partidas presupuestarias. 

Con el objetivo de aumentar las arcas públicas, desde OI reclaman luchar contra la evasión fiscal y los paraísos fiscales. “España tiene una presión fiscal 6,9 puntos inferior a la media de la Unión Europea. Es insostenible que las pymes y los autónomas paguen más proporcionalmente que las grandes empresas”, ha sentenciado Liliana Marcos.

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Pobreza en España

Una de cada seis familias de clase media cayó en la pobreza durante la crisis y aún no ha salido de ella. Esta es una de las conclusiones que arroja el informe Desigualdad 1- igualdad de oportunidades 0. La inmovilidad social y la condena de la pobreza, de la ONG Oxfam Intermón, que ahonda en las causas de la desigualdad social. Al mismo tiempo, esta organización ha presentado el estudio anual ¿Bienestar público o beneficio privado? sobre el estado de la riqueza en el mundo en el que denuncian “reparto cada vez más desigual del crecimiento económico” en los diferentes países del mundo.

Entre los datos arrojados por el informe anual destacan que en el último año la fortuna de los milmillonarios ha crecido en un 12%, lo que supone 2.500 millones de dólares diarios más en los bolsillos de esta pequeña élite. La otra cara de la moneda es la mitad más pobre de la población, 3.800 millones de personas, cuya riqueza se redujo en un 11%. Además, denuncian las enormes pérdidas que supone la evasión de impuestos de las grandes empresas y fortunas: los países más pobres del globo pierden 170.000 millones de euros por culpa de las trampas fiscales que realizan las grandes corporaciones.

En el caso de nuestro país, Oxfam destaca el bloqueo del llamado ascensor social. “En España, la pobreza y la riqueza se heredan: si naces en una familia de ingresos altos ganarás un 40% más que si perteneces a un núcleo familiar con renta baja”, matizan. Esto también se traduce en diferencias en la esperanza de vida: las personas de barrios de renta baja en Madrid o Barcelona pueden llegar a vivir entre 7 y 11 años menos que aquellas que viven en barrios de mayor renta. Según denuncian en el estudio, España cuenta con un “sistema de protección social ineficaz, que no garantizan una vida digna a las personas más vulnerables” lo que provoca que el 13% de las personas trabajadoras vivan por debajo del umbral de la pobreza.

Brecha de género

La precariedad y la desigualdad se ceba especialmente con las mujeres y niñas. Los hombres son quienes controlan un 50% más de riqueza que en todo el mundo, además del 86% de las grandes empresas, lo que provoca que las bajadas de los tipos impositivos en el impuesto sobre la riqueza beneficien principalmente al género masculino. 

Oxfam Intermón asegura que “si una única empresa se encargase de realizar el trabajo de cuidados no remunerado que llevan a cabo las mujeres de todo el mundo, su facturación anual ascendería a 10 billones de dólares, 43 veces más que la de Apple, la mayor empresa del mundo”. Además, destacan que la desinversión social perjudica más a las mujeres en situación de pobreza. En España, el 70,8% de las personas con un contrato parcial no deseado son mujeres. Además, una de cada dos mujeres denuncia que la maternidad ha frenado su carrera profesional.

Peticiones al Gobierno

“Dado el impacto social y económico de la desigualdad, la reducción de la misma debería ser un objetivo prioritario de cualquier proyecto político y tener un lugar relevante en las primeras páginas de los programas electorales. El Gobierno de España ha adquirido una serie de compromisos internacionales al firmar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), por lo que pedimos su cumplimiento de forma urgente”, señala el director general de Oxfam Intermón, José María Vera. Para la organización es fundamental que los salarios recuperen el peso que tenían sobre el PIB antes del estallido de la crisis, además de dotar de más fondos el sistema de protección social: “invertimos 5,4 puntos de PIB menos que la media UE”, aseguran.

Liliana Marcos, responsable de Políticas Públicas y Desigualdad, cree que “el Gobierno actual ha tomado decisiones claras para reducir la desigualdad”, aunque asegura que estas no son suficientes. “Resulta llamativo que el PSOE estando en la oposición reclamase más fondos para la ayuda al desarrollo y que el aumento en estos Presupuestos Generales haya sido solo de 40 millones de euros”, ha denunciado Marcos, que destaca el sentido positivo de otras partidas presupuestarias. 

Con el objetivo de aumentar las arcas públicas, desde OI reclaman luchar contra la evasión fiscal y los paraísos fiscales. “España tiene una presión fiscal 6,9 puntos inferior a la media de la Unión Europea. Es insostenible que las pymes y los autónomas paguen más proporcionalmente que las grandes empresas”, ha sentenciado Liliana Marcos.

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La necesidad de feminismo en el mundo árabe https://www.lamarea.com/2019/01/21/la-necesidad-de-feminismo-en-el-mundo-arabe/ https://www.lamarea.com/2019/01/21/la-necesidad-de-feminismo-en-el-mundo-arabe/#respond Mon, 21 Jan 2019 11:34:05 +0000 https://www.lamarea.com/?p=111644 Por qué el mundo árabe necesita una revolución sexual

La periodista egipcia Mona Eltahaw nos ofrece un lúcido y clarificador relato de la participación social de las mujeres a lo largo y ancho del mundo árabe en busca de un feminismo necesario, todavía no generalizado, pero cada vez más amplio. Consciente de que según qué tipo de argumentos acerca de las tradiciones islámicas pueden conseguir justo el efecto contrario y alentar las alas de la ultra derecha, aquí y allí, Eltahaw maneja un discurso muy medido para evitar las dobles interpretaciones y no solo eso sino que, en algunos casos da incluso distintas interpretaciones dependiendo de si el discurso se aplica a países árabes o si, por el contrario, debe aplicarse en Occidente. 

A lo largo del libro hace hincapié en el buenismo Occidental que respeta en las culturas extranjeras, justo aquello que critica en su cultura, para no ser tratado de racista. Así, “cuando los occidentales callan ?explica la activista egipcia?, por ‘respeto’ a las culturas extranjeras, solo están apoyando los elementos más conservadores de esas culturas”.

En El himen y el hiyab Eltahaw explica, no solo quienes fueron las dos mujeres que, por primera vez y en 1925, se quitaron el hiyab en público a modo de reivindicación feminista y que desencadenaron unos de los primeros movimientos feministas árabes, sino también qué papel tuvieron las mujeres en las primaveras árabes, quiénes fueron aquellas mujeres que hicieron posible que en Arabia Saudí las mujeres puedan conducir, las que empezaron denunciado el acoso sexual en Egipto o quiénes son las escritoras que han favorecido que muchísimas mujeres hoy en día empiecen a pensar con conciencia de género y salgan a las calles.

El himen y el hiyab, lejos de ser un libro complaciente con la cultura árabe-musulmana y, si lo leemos con perspectiva, con aquellas las culturas condicionadas, de un modo u otro, por una religión monoteísta, es un libro de análisis y crítica. En él, Mona Eltahawy nos avisa: las mujeres no podrán seguir adelante con su lucha si el sistema acalla sus voces, lo que hace imprescindible priorizar la importancia de derrocar al patriarca tanto en el poder como en el hogar.

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Por qué el mundo árabe necesita una revolución sexual

La periodista egipcia Mona Eltahaw nos ofrece un lúcido y clarificador relato de la participación social de las mujeres a lo largo y ancho del mundo árabe en busca de un feminismo necesario, todavía no generalizado, pero cada vez más amplio. Consciente de que según qué tipo de argumentos acerca de las tradiciones islámicas pueden conseguir justo el efecto contrario y alentar las alas de la ultra derecha, aquí y allí, Eltahaw maneja un discurso muy medido para evitar las dobles interpretaciones y no solo eso sino que, en algunos casos da incluso distintas interpretaciones dependiendo de si el discurso se aplica a países árabes o si, por el contrario, debe aplicarse en Occidente. 

A lo largo del libro hace hincapié en el buenismo Occidental que respeta en las culturas extranjeras, justo aquello que critica en su cultura, para no ser tratado de racista. Así, “cuando los occidentales callan ?explica la activista egipcia?, por ‘respeto’ a las culturas extranjeras, solo están apoyando los elementos más conservadores de esas culturas”.

En El himen y el hiyab Eltahaw explica, no solo quienes fueron las dos mujeres que, por primera vez y en 1925, se quitaron el hiyab en público a modo de reivindicación feminista y que desencadenaron unos de los primeros movimientos feministas árabes, sino también qué papel tuvieron las mujeres en las primaveras árabes, quiénes fueron aquellas mujeres que hicieron posible que en Arabia Saudí las mujeres puedan conducir, las que empezaron denunciado el acoso sexual en Egipto o quiénes son las escritoras que han favorecido que muchísimas mujeres hoy en día empiecen a pensar con conciencia de género y salgan a las calles.

El himen y el hiyab, lejos de ser un libro complaciente con la cultura árabe-musulmana y, si lo leemos con perspectiva, con aquellas las culturas condicionadas, de un modo u otro, por una religión monoteísta, es un libro de análisis y crítica. En él, Mona Eltahawy nos avisa: las mujeres no podrán seguir adelante con su lucha si el sistema acalla sus voces, lo que hace imprescindible priorizar la importancia de derrocar al patriarca tanto en el poder como en el hogar.

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Por qué no soy comunista https://www.lamarea.com/2019/01/21/por-que-no-soy-comunista/ https://www.lamarea.com/2019/01/21/por-que-no-soy-comunista/#comments Mon, 21 Jan 2019 11:08:19 +0000 https://www.lamarea.com/?p=111625

Recientemente, he leído un libro de Alberto Garzón titulado Porqué soy comunista. Es un libro que merece la pena leerse. Me gustaron mucho sus análisis sobre la evolución de la ciencia y la economía, y su presentación de la situación en el mundo capitalista. Pero yo llego a una conclusión radicalmente distinta a la suya: yo NO soy comunista. Me refiero al comunismo que tiene su origen en la filosofía de Marx y que Lenin materializo con la revolución rusa. Porque cuando se tiene el bien común como un objetivo prioritario y el compartir se considera una actitud fundamental para alcanzar los ideales de igualdad y fraternidad, no puede faltar un cierto espíritu comunista.

En las páginas 97 encontramos las claves de esta divergencia. En ellas podemos leer que “Marx y Engels nunca basaron su defensa del comunismo en valores éticos y morales; de hecho, criticaron con dureza a quienes así lo hacían”. Alberto Garzón afirma que "A ambos les importaba el conocimiento  más que la moral". En consecuencia, la defensa del comunismo la buscan en el conocimiento científico. Y creen que la han encontrado. “Tanto Marx como Engels pensaban que habían descubierto las leyes de funcionamiento  de la sociedad capitalista, y con ello asumieron que el orden social era equiparable a cualquier orden físico y, en consecuencia, interpretable según códigos científicos… En el discurso ante la tumba de Marx, el propio Engels explicó que de la misma forma que Darwin ha descubierto las leyes del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx ha descubierto  las leyes del desarrollo de la historia humana”.

Garzón resume esta postura escribiendo: “Esto quiere decir que el comunismo queda justificado no porque cuenten con una moral superior, sino porque el estudio y conocimiento del capitalismo y de la historia de la humanidad un ha llevado a él como conclusión racional y sobre la base de la ciencia”.

Ahora bien, si nos metemos en el campo
científico, las hipótesis tienen que ser refrendadas por los experimentos
realizados en la realidad. ¿Ha confirmado la realidad del último siglo y medio
las tesis de Marx sobre la evolución de la sociedad capitalista y la llegada de
una sociedad socialista?  

Para mí resulta evidente que no lo ha confirmado. Y las esperanzas de que lo confirme en un futuro son ciertamente escasas. La opinión de que las contradicciones del capitalismo acabarían abriendo paso hacia el socialismo, tampoco parece muy fundada. Precisamente, estamos viendo que el deterioro de las condiciones de vida en las sociedades capitalistas lo que está fomentando son las opciones de extrema derecha.

Se puede hacer el intento de reinterpretar en el plano filosófico las tesis de Marx para continuar manteniéndolas. Ni puedo, ni quiero descalificar esos intentos  que pretenden continuar apoyándose en la filosofía de Marx para avanzar hacia una sociedad más justa y libre. Todos los esfuerzos que vayan en esa dirección tienen algo de positivo. Pero yo apuesto decididamente por trabajar en la construcción de una sociedad poscapitalista basándose en los valores éticos y morales que Marx y Engels, con su filosofía radicalmente materialista, rechazaron. Para Marx y Engels el determinante último del comportamiento humano era el factor económico. Ese predominio último de lo económico no nos permite elevarnos sobre el hombre unidimensional de Marcuse, acabamos marchando en paralelo con los auténticos y profundos valores del capitalismo: su feroz materialismo y su radical falta de ética.

No podemos negar la gran importancia que en las decisiones humanas tienen las motivaciones económicas, pero no debemos pasar por alto que el verdadero determinante último de los seres humanos es su opción ética. Por motivaciones éticas, una persona puede llegar a sacrificar no sólo sus bienes materiales, sino su propia vida. Aparte de estos casos excepcionales, en sentido ético, el principio incuestionable de que debemos hacer lo que está bien, está presente de la humanidad desde los tiempos más remotos. Podemos volverle la espalda a ese sentido ético y actuar guiados solamente por el egoísmo individual (la mentalidad capitalista nos empuja vehementemente a que lo hagamos así), pero, a pesar de todo, los valores éticos permanecen en el fondo del espíritu humano, y la gran mayoría de la humanidad los siente vivos. En ese sentido ético, tendríamos que apoyarnos para construir un mundo donde se hagan reales la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Marx fue un hombre de su tiempo y, a pesar de
ser un crítico agudo de la ideología burguesa, también fue influenciado por las
ideas y prejuicios dominantes en su época, entre otras cosas, Marx asumió tanto
a la pretensión cientificista de los economistas como la creencia en la
inevitabilidad del progreso humano y de la ciencia.

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Recientemente, he leído un libro de Alberto Garzón titulado Porqué soy comunista. Es un libro que merece la pena leerse. Me gustaron mucho sus análisis sobre la evolución de la ciencia y la economía, y su presentación de la situación en el mundo capitalista. Pero yo llego a una conclusión radicalmente distinta a la suya: yo NO soy comunista. Me refiero al comunismo que tiene su origen en la filosofía de Marx y que Lenin materializo con la revolución rusa. Porque cuando se tiene el bien común como un objetivo prioritario y el compartir se considera una actitud fundamental para alcanzar los ideales de igualdad y fraternidad, no puede faltar un cierto espíritu comunista.

En las páginas 97 encontramos las claves de esta divergencia. En ellas podemos leer que “Marx y Engels nunca basaron su defensa del comunismo en valores éticos y morales; de hecho, criticaron con dureza a quienes así lo hacían”. Alberto Garzón afirma que "A ambos les importaba el conocimiento  más que la moral". En consecuencia, la defensa del comunismo la buscan en el conocimiento científico. Y creen que la han encontrado. “Tanto Marx como Engels pensaban que habían descubierto las leyes de funcionamiento  de la sociedad capitalista, y con ello asumieron que el orden social era equiparable a cualquier orden físico y, en consecuencia, interpretable según códigos científicos… En el discurso ante la tumba de Marx, el propio Engels explicó que de la misma forma que Darwin ha descubierto las leyes del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx ha descubierto  las leyes del desarrollo de la historia humana”.

Garzón resume esta postura escribiendo: “Esto quiere decir que el comunismo queda justificado no porque cuenten con una moral superior, sino porque el estudio y conocimiento del capitalismo y de la historia de la humanidad un ha llevado a él como conclusión racional y sobre la base de la ciencia”.

Ahora bien, si nos metemos en el campo científico, las hipótesis tienen que ser refrendadas por los experimentos realizados en la realidad. ¿Ha confirmado la realidad del último siglo y medio las tesis de Marx sobre la evolución de la sociedad capitalista y la llegada de una sociedad socialista?  

Para mí resulta evidente que no lo ha confirmado. Y las esperanzas de que lo confirme en un futuro son ciertamente escasas. La opinión de que las contradicciones del capitalismo acabarían abriendo paso hacia el socialismo, tampoco parece muy fundada. Precisamente, estamos viendo que el deterioro de las condiciones de vida en las sociedades capitalistas lo que está fomentando son las opciones de extrema derecha.

Se puede hacer el intento de reinterpretar en el plano filosófico las tesis de Marx para continuar manteniéndolas. Ni puedo, ni quiero descalificar esos intentos  que pretenden continuar apoyándose en la filosofía de Marx para avanzar hacia una sociedad más justa y libre. Todos los esfuerzos que vayan en esa dirección tienen algo de positivo. Pero yo apuesto decididamente por trabajar en la construcción de una sociedad poscapitalista basándose en los valores éticos y morales que Marx y Engels, con su filosofía radicalmente materialista, rechazaron. Para Marx y Engels el determinante último del comportamiento humano era el factor económico. Ese predominio último de lo económico no nos permite elevarnos sobre el hombre unidimensional de Marcuse, acabamos marchando en paralelo con los auténticos y profundos valores del capitalismo: su feroz materialismo y su radical falta de ética.

No podemos negar la gran importancia que en las decisiones humanas tienen las motivaciones económicas, pero no debemos pasar por alto que el verdadero determinante último de los seres humanos es su opción ética. Por motivaciones éticas, una persona puede llegar a sacrificar no sólo sus bienes materiales, sino su propia vida. Aparte de estos casos excepcionales, en sentido ético, el principio incuestionable de que debemos hacer lo que está bien, está presente de la humanidad desde los tiempos más remotos. Podemos volverle la espalda a ese sentido ético y actuar guiados solamente por el egoísmo individual (la mentalidad capitalista nos empuja vehementemente a que lo hagamos así), pero, a pesar de todo, los valores éticos permanecen en el fondo del espíritu humano, y la gran mayoría de la humanidad los siente vivos. En ese sentido ético, tendríamos que apoyarnos para construir un mundo donde se hagan reales la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Marx fue un hombre de su tiempo y, a pesar de ser un crítico agudo de la ideología burguesa, también fue influenciado por las ideas y prejuicios dominantes en su época, entre otras cosas, Marx asumió tanto a la pretensión cientificista de los economistas como la creencia en la inevitabilidad del progreso humano y de la ciencia.

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Julio Suárez: “El testimonio de Lolo Rico no interesa porque abofetea al sistema” https://www.lamarea.com/2019/01/21/julio-suarez-el-testimonio-de-lolo-rico-no-interesa-porque-abofetea-al-sistema/ https://www.lamarea.com/2019/01/21/julio-suarez-el-testimonio-de-lolo-rico-no-interesa-porque-abofetea-al-sistema/#respond Mon, 21 Jan 2019 11:01:12 +0000 https://www.lamarea.com/?p=111649 lolo rico

Julio Suárez es miembro de la Guerrilla Comunicacional, un colectivo de las tierras de Girona que utiliza las obras audiovisuales como herramienta para la transformación social. En 2015 dirigió Lolo Rico, la mirada no inventada, un documental centrado en la figura de la recientemente fallecida Lolo Rico, directora del mítico programa de TVE La bola de cristal. Julio fue “uno de esos pipiolos” que no faltaban a la cita de los sábados por la mañana con un programa que era toda una inyección de cultura para los niños y los adolescentes. Lolo Rico, la mirada no inventada, ha pasado desde su estreno por diversos festivales en toda España. En 2016 recibió el Premio Oriana al mejor documental y actualmente está disponible en la plataforma Filmin.

¿Qué vio en Lolo Rico para sentir la necesidad de realizar este documental?

En La Guerrilla Comunicacional tenemos un programa que es La entrevista del mes, en el cual entrevistamos personajes que, por el hecho de que a menudo tratan temas incómodos, no tienen cabida en grandes medios de comunicación. Yo fui uno de aquellos niños que crecieron con La bola de cristal, así que pensé en Lolo Rico y me puse en contacto con ella. En aquella primera entrevista para el programa descubrí una gran mujer que se ha pasado toda su vida luchando por su libertad. Ese fue el factor más determinante. Pero, además, la vida de Lolo Rico me pareció fascinante por otras muchas razones: tuvo que salir adelante con sus siete hijos en la difícil época del franquismo, sin el apoyo de su familia ni el de su marido; al mismo tiempo, participaba en las reuniones clandestinas del Partido Comunista. Con este cúmulo de circunstancias, pensé que había un interesante material con el que sacar un documental que sirviera para poner sobre la mesa temas como la libertad y la situación de las mujeres. Estoy convencido que para las generaciones del futuro quedará su testimonio, que nos dice que lo primero que hay que hacer es luchar por la libertad de uno mismo y, a partir de ahí, desarrollar lo demás.

¿Se podría decir que el precio que pagó Lolo Rico por ser libre ha sido el de la soledad y el aislamiento mediático?

Si observas un poco nuestro sociedad, en seguida te das cuenta de que aquellos personajes que realmente han conseguido ser libres se encuentran ofuscados, apartados, no interesa su opinión, no interesa su testimonio. ¿Por qué? Porque son testimonios valientes que abofetean el sistema y no interesa darles publicidad ya que su ejemplo, su espíritu crítico, puede influir en otras personas.

¿Como acogió Lolo la propuesta?

Después de hacerle aquella primera entrevista, estuvimos un buen rato recordando los tiempos en que ella trabajaba en TVE. Entonces reparamos en el hecho de que nunca se había hecho un documental sobre Lolo o su obra, pese a que ella había recibido dos propuestas, una por parte de TVE y otra por parte de un importante canal de televisión del Estado. Pero Lolo rechazó las dos. Se siente bastante enojada con los medios de comunicación en general porque considera que manipulan la información. Entonces le remarqué el hecho de que La Guerrilla Comunicacional somos un colectivo pequeño y lo que hacemos con nuestros trabajos audiovisuales es justamente dar voz a gente que no tiene cabida en los grandes medios de comunicación. De manera que le propuse hacer un documental centrado en su figura y, sobre todo, en su aportación a la sociedad. No me interesan los documentales biográficos, no me interesa la vida de las personas, sino más bien sus aportaciones para cambiar la sociedad, para intentar que las cosas sean un poco mejor. Y no se lo pensó dos veces: nos dijo que sí, que seríamos nosotros los que haríamos el documental.

Hablamos de una mujer que muestra una gran sensibilidad con el público infantil. Considera que a los niños hay que enseñarlos a ser adultos.

Su gran especialidad era trabajar para los niños. Ese fue el potencial que más desarrolló a lo largo de su carrera profesional. Y eso se debe, principalmente, al hecho de que durante la dictadura, cuando ella comenzó a escribir, tal como estaba montado el sistema, hacerlo sobre cosas para adultos desde un punto de vista de una mujer que no podía trabajar fuera de casa estaba mal visto. Así que optó por escribir cosas para niños y se fue especializando. Fue entonces cuando se dio cuenta de la tendencia por parte de la sociedad de tratar a los niños como si fueran tontos, o seres sin conocimiento, incapaces de entender. Ella siempre tuvo claro que a los niños  se les tiene que enseñar como a adultos, y no mantenerlos en la infancia porque considera que eso es una aberración. Desde sus primeros trabajos dirigidos al público infantil, Lolo siempre ha tratado a los niños como seres pensantes.

Lolo también remarca la importancia de ser personas cultas.

Efectivamente. El conocimiento te lleva a la libertad individual, te da herramientas para poder tener criterio, hacer tu propio análisis de las cosas y decidir libremente de acuerdo con unos valores y unos principios determinados. En estos momentos estamos trabajando precisamente en un documental (Leo a la vida) que trata el tema del analfabetismo político. En nuestra sociedad (mal llamada) del primer mundo no tenemos apenas analfabetos, pero sí tenemos, en cambio, muchos analfabetos políticos, personas que quizás saben leer y escribir y que sin embargo no saben leer la vida, no saben leer los mensajes que reciben, analizarlos y, a partir de aquí, tomar decisiones. Esto resulta evidente cuando vemos cómo están las cosas: los gobiernos que tenemos, los partidos a los cuales vota la gente cuando hay elecciones…

La bola de cristal fue un espacio de auténtica libertad en el campo de la televisión pública en España, una especie de oasis…

La bola de cristal fue una casualidad, un cúmulo de circunstancias que hicieron posible el programa. Eran tiempos de transición, todo comenzaba. Salíamos de una dictadura y en ese momento no había control dentro de TVE. Entonces ofrecieron a Lolo Rico la posibilidad de crear un programa dirigido al público infantil los sábados por la mañana. Y ahí estaba el secreto: los sábados por la mañana casi nadie veía la televisión, de manera que en aquel momento era un hueco que no importaba a casi nadie. Pero lo cierto es que había un público: los niños. Entonces Lolo creó un programa para niños, pero hecho como si fuera dirigido a adultos. Por eso La bola de cristal caló no solamente en los niños sino también en los adolescentes. La falta de control sobre el programa permitió que se generara un movimiento cultural considerable: se enseñaba a los niños obras como El Capital, de Marx, tranquilamente, sin que nadie dijera nada. En definitiva, era un programa lleno de mensajes de una gran riqueza. De hecho, en los inicios tenía una audiencia de unos cien mil espectadores y tres años más tarde eran ya más de cinco millones. Era un programa en el cual los seguidores veían cosas que no veían en ningún otro programa y donde los niños no se sentían tratados como tontos sino todo lo contrario.

(…)

Hasta que el gobierno, liderado en aquel momento por Felipe González, se dio cuenta de lo que estaba pasando (no solo en aquel programa sino también en el Telediario) y colocó allí a una persona clave en el mundo de la televisión, Pilar Miró, con una misión muy clara: controlar que en los teleldiarios y otros programas no se dijeran ciertas cosas. No es que Pilar Miró fuera una mala persona ni nada de eso, de hecho había hecho cosas interesantes en el mundo del cine, pero lo cierto es que su misión al frente de RTVE era evitar cosas como, por ejemplo, que se hablara mal de personajes como podían ser Ronald Reagan o Margaret Tatcher, líderes neoliberales de la época. En aquel momento comenzó verdaderamente la manipulación y la censura en la televisión pública de este país. Y esto ha continuado creciendo hasta nuestros días. De hecho aún existe una censura que ni somos capaces de imaginar.

¿Se puede recuperar la televisión pública como medio independiente y libre de presiones?

No. En la actualidad, los grandes medios sirven para hacer política y para defender los intereses de quienes mueven los hilos, las grandes corporaciones que representan las dinámicas del capitalismo global. Los medios de comunicación, si bien en un principio fueron concebidos con la misión de informar y de ser una herramienta al servicio de la ciudadanía para denunciar aquello que no funciona, han pasado a ser una arma para difundir la ideología capitalista.

El documental se pudo financiar gracias al apoyo y las aportaciones de más de 400 mecenas. La bola de cristal debió de aportarles muchas cosas como para que ahora hayan respondido así…

Sabíamos que el proyecto tendría un buen seguimiento, pero lo cierto es que no esperábamos tanto. Iniciamos el Verkami pidiendo 12.000 € y conseguimos cerca de 16.000. Calculábamos contar con el apoyo de unas 100 personas y finalmente fueron más de 440 los mecenas. Incluso hubo gente que se enteró de la campaña cuando ya había finalizado y, aún así, preguntaban si aún estaban a tiempo de participar. Gracias a esto, nos hemos dado cuenta de que La bola de Cristal dejó un sello imborrable en mucha gente. No solo era un programa didáctico sino que además también era visionario: había un sketch en el cual la Bruja Avería se presentaba como candidata a unas elecciones y en una rueda de prensa decía cosas como: “en mi mandato subirá la inflación y el paro, tendremos más parados que en toda Europa, y además les quitaremos la ropa, y también la sopa (…) provocaré una gran ruina y yo comeré golosinas. ¡Viva la política!”. Eran los años 1980 y los guiones del programa ya describían la realidad de lo que se vive actualmente, cosa que demuestra que los creadores veían más allá y que de alguna manera podían intuir por donde podrían ir los tiros de la política.

La Guerrilla Comunicacional ha tenido ciertos problemas con TVE a raíz de la necesidad de conseguir imágenes de archivo…

Necesitábamos imágenes de archivo para poder documentar los testimonios que aparecen en el documental. Entonces fuimos a TVE a solicitarlas y nos dijeron que había dos opciones: hacer una coproducción con ellos o hacer el documental libremente y, una vez acabado, TVE cedía gratuitamente las imágenes a cambio de dos emisiones en alguno de sus canales. Decidimos escoger la segunda opción a fin de evitar los inconvenientes propios de las coproducciones, así que, una vez finalizado el documental, nos presentamos allí con él para que lo vieran y comprobaran que habíamos utilizado unos diez minutos de imágenes de archivo de TVE. Nos dijeron que se pondrían en contacto con nosotros. Entretanto, pasaron nueve largos meses hasta que, cansados de esperar y de recibir excusas variadas, un día fuimos a Madrid para saber qué estaba pasando. Entonces, desde el departamento comercial nos dijeron que el programa no tenía cabida en su programación, a pesar de que es un documental cuyo formato se ajusta mucho al Imprescindibles, de La 2. Dijeron, literalmente, que parecía un documental hecho para cuatro amiguetes. Así que, después de echarse atrás en el preacuerdo que habíamos negociado, la única solución que nos quedaba era pagar por las imágenes que habíamos utilizado, cuyas tarifas eran de 2.400€ per minuto o fracción utilizada. Como ya el Verkami había finalizado y teníamos el presupuesto justo para la promoción y poca cosa más, finalmente tuvimos que pagar las imágenes con dinero de nuestro bolsillo. Tuvimos que renegociar las tarifas puesto que no teníamos suficiente para pagarlo. Así es que acabamos pagando unos 5.000€, una tarifa mínima que limita la exposición del documental ya que, por exigencia de TVE, no lo podemos llevar a cines comerciales, ni venderlo a ninguna otra televisión, ni proyectarlo fuera de España. Esto lo interpretamos como una censura. No nos dieron ninguna opción ni tuvimos margen para negociar posibles modificaciones en el documental. Sencillamente, creemos que en TVE no interesa para nada el testimonio de Lolo Rico.

* Esta entrevista fue publicada originalmente en 2017.

La entrada Julio Suárez: “El testimonio de Lolo Rico no interesa porque abofetea al sistema” se publicó primero en lamarea.com.

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lolo rico

Julio Suárez es miembro de la Guerrilla Comunicacional, un colectivo de las tierras de Girona que utiliza las obras audiovisuales como herramienta para la transformación social. En 2015 dirigió Lolo Rico, la mirada no inventada, un documental centrado en la figura de la recientemente fallecida Lolo Rico, directora del mítico programa de TVE La bola de cristal. Julio fue “uno de esos pipiolos” que no faltaban a la cita de los sábados por la mañana con un programa que era toda una inyección de cultura para los niños y los adolescentes. Lolo Rico, la mirada no inventada, ha pasado desde su estreno por diversos festivales en toda España. En 2016 recibió el Premio Oriana al mejor documental y actualmente está disponible en la plataforma Filmin.

¿Qué vio en Lolo Rico para sentir la necesidad de realizar este documental?

En La Guerrilla Comunicacional tenemos un programa que es La entrevista del mes, en el cual entrevistamos personajes que, por el hecho de que a menudo tratan temas incómodos, no tienen cabida en grandes medios de comunicación. Yo fui uno de aquellos niños que crecieron con La bola de cristal, así que pensé en Lolo Rico y me puse en contacto con ella. En aquella primera entrevista para el programa descubrí una gran mujer que se ha pasado toda su vida luchando por su libertad. Ese fue el factor más determinante. Pero, además, la vida de Lolo Rico me pareció fascinante por otras muchas razones: tuvo que salir adelante con sus siete hijos en la difícil época del franquismo, sin el apoyo de su familia ni el de su marido; al mismo tiempo, participaba en las reuniones clandestinas del Partido Comunista. Con este cúmulo de circunstancias, pensé que había un interesante material con el que sacar un documental que sirviera para poner sobre la mesa temas como la libertad y la situación de las mujeres. Estoy convencido que para las generaciones del futuro quedará su testimonio, que nos dice que lo primero que hay que hacer es luchar por la libertad de uno mismo y, a partir de ahí, desarrollar lo demás.

¿Se podría decir que el precio que pagó Lolo Rico por ser libre ha sido el de la soledad y el aislamiento mediático?

Si observas un poco nuestro sociedad, en seguida te das cuenta de que aquellos personajes que realmente han conseguido ser libres se encuentran ofuscados, apartados, no interesa su opinión, no interesa su testimonio. ¿Por qué? Porque son testimonios valientes que abofetean el sistema y no interesa darles publicidad ya que su ejemplo, su espíritu crítico, puede influir en otras personas.

¿Como acogió Lolo la propuesta?

Después de hacerle aquella primera entrevista, estuvimos un buen rato recordando los tiempos en que ella trabajaba en TVE. Entonces reparamos en el hecho de que nunca se había hecho un documental sobre Lolo o su obra, pese a que ella había recibido dos propuestas, una por parte de TVE y otra por parte de un importante canal de televisión del Estado. Pero Lolo rechazó las dos. Se siente bastante enojada con los medios de comunicación en general porque considera que manipulan la información. Entonces le remarqué el hecho de que La Guerrilla Comunicacional somos un colectivo pequeño y lo que hacemos con nuestros trabajos audiovisuales es justamente dar voz a gente que no tiene cabida en los grandes medios de comunicación. De manera que le propuse hacer un documental centrado en su figura y, sobre todo, en su aportación a la sociedad. No me interesan los documentales biográficos, no me interesa la vida de las personas, sino más bien sus aportaciones para cambiar la sociedad, para intentar que las cosas sean un poco mejor. Y no se lo pensó dos veces: nos dijo que sí, que seríamos nosotros los que haríamos el documental.

Hablamos de una mujer que muestra una gran sensibilidad con el público infantil. Considera que a los niños hay que enseñarlos a ser adultos.

Su gran especialidad era trabajar para los niños. Ese fue el potencial que más desarrolló a lo largo de su carrera profesional. Y eso se debe, principalmente, al hecho de que durante la dictadura, cuando ella comenzó a escribir, tal como estaba montado el sistema, hacerlo sobre cosas para adultos desde un punto de vista de una mujer que no podía trabajar fuera de casa estaba mal visto. Así que optó por escribir cosas para niños y se fue especializando. Fue entonces cuando se dio cuenta de la tendencia por parte de la sociedad de tratar a los niños como si fueran tontos, o seres sin conocimiento, incapaces de entender. Ella siempre tuvo claro que a los niños  se les tiene que enseñar como a adultos, y no mantenerlos en la infancia porque considera que eso es una aberración. Desde sus primeros trabajos dirigidos al público infantil, Lolo siempre ha tratado a los niños como seres pensantes.

Lolo también remarca la importancia de ser personas cultas.

Efectivamente. El conocimiento te lleva a la libertad individual, te da herramientas para poder tener criterio, hacer tu propio análisis de las cosas y decidir libremente de acuerdo con unos valores y unos principios determinados. En estos momentos estamos trabajando precisamente en un documental (Leo a la vida) que trata el tema del analfabetismo político. En nuestra sociedad (mal llamada) del primer mundo no tenemos apenas analfabetos, pero sí tenemos, en cambio, muchos analfabetos políticos, personas que quizás saben leer y escribir y que sin embargo no saben leer la vida, no saben leer los mensajes que reciben, analizarlos y, a partir de aquí, tomar decisiones. Esto resulta evidente cuando vemos cómo están las cosas: los gobiernos que tenemos, los partidos a los cuales vota la gente cuando hay elecciones…

La bola de cristal fue un espacio de auténtica libertad en el campo de la televisión pública en España, una especie de oasis…

La bola de cristal fue una casualidad, un cúmulo de circunstancias que hicieron posible el programa. Eran tiempos de transición, todo comenzaba. Salíamos de una dictadura y en ese momento no había control dentro de TVE. Entonces ofrecieron a Lolo Rico la posibilidad de crear un programa dirigido al público infantil los sábados por la mañana. Y ahí estaba el secreto: los sábados por la mañana casi nadie veía la televisión, de manera que en aquel momento era un hueco que no importaba a casi nadie. Pero lo cierto es que había un público: los niños. Entonces Lolo creó un programa para niños, pero hecho como si fuera dirigido a adultos. Por eso La bola de cristal caló no solamente en los niños sino también en los adolescentes. La falta de control sobre el programa permitió que se generara un movimiento cultural considerable: se enseñaba a los niños obras como El Capital, de Marx, tranquilamente, sin que nadie dijera nada. En definitiva, era un programa lleno de mensajes de una gran riqueza. De hecho, en los inicios tenía una audiencia de unos cien mil espectadores y tres años más tarde eran ya más de cinco millones. Era un programa en el cual los seguidores veían cosas que no veían en ningún otro programa y donde los niños no se sentían tratados como tontos sino todo lo contrario.

(…)

Hasta que el gobierno, liderado en aquel momento por Felipe González, se dio cuenta de lo que estaba pasando (no solo en aquel programa sino también en el Telediario) y colocó allí a una persona clave en el mundo de la televisión, Pilar Miró, con una misión muy clara: controlar que en los teleldiarios y otros programas no se dijeran ciertas cosas. No es que Pilar Miró fuera una mala persona ni nada de eso, de hecho había hecho cosas interesantes en el mundo del cine, pero lo cierto es que su misión al frente de RTVE era evitar cosas como, por ejemplo, que se hablara mal de personajes como podían ser Ronald Reagan o Margaret Tatcher, líderes neoliberales de la época. En aquel momento comenzó verdaderamente la manipulación y la censura en la televisión pública de este país. Y esto ha continuado creciendo hasta nuestros días. De hecho aún existe una censura que ni somos capaces de imaginar.

¿Se puede recuperar la televisión pública como medio independiente y libre de presiones?

No. En la actualidad, los grandes medios sirven para hacer política y para defender los intereses de quienes mueven los hilos, las grandes corporaciones que representan las dinámicas del capitalismo global. Los medios de comunicación, si bien en un principio fueron concebidos con la misión de informar y de ser una herramienta al servicio de la ciudadanía para denunciar aquello que no funciona, han pasado a ser una arma para difundir la ideología capitalista.

El documental se pudo financiar gracias al apoyo y las aportaciones de más de 400 mecenas. La bola de cristal debió de aportarles muchas cosas como para que ahora hayan respondido así…

Sabíamos que el proyecto tendría un buen seguimiento, pero lo cierto es que no esperábamos tanto. Iniciamos el Verkami pidiendo 12.000 € y conseguimos cerca de 16.000. Calculábamos contar con el apoyo de unas 100 personas y finalmente fueron más de 440 los mecenas. Incluso hubo gente que se enteró de la campaña cuando ya había finalizado y, aún así, preguntaban si aún estaban a tiempo de participar. Gracias a esto, nos hemos dado cuenta de que La bola de Cristal dejó un sello imborrable en mucha gente. No solo era un programa didáctico sino que además también era visionario: había un sketch en el cual la Bruja Avería se presentaba como candidata a unas elecciones y en una rueda de prensa decía cosas como: “en mi mandato subirá la inflación y el paro, tendremos más parados que en toda Europa, y además les quitaremos la ropa, y también la sopa (…) provocaré una gran ruina y yo comeré golosinas. ¡Viva la política!”. Eran los años 1980 y los guiones del programa ya describían la realidad de lo que se vive actualmente, cosa que demuestra que los creadores veían más allá y que de alguna manera podían intuir por donde podrían ir los tiros de la política.

La Guerrilla Comunicacional ha tenido ciertos problemas con TVE a raíz de la necesidad de conseguir imágenes de archivo…

Necesitábamos imágenes de archivo para poder documentar los testimonios que aparecen en el documental. Entonces fuimos a TVE a solicitarlas y nos dijeron que había dos opciones: hacer una coproducción con ellos o hacer el documental libremente y, una vez acabado, TVE cedía gratuitamente las imágenes a cambio de dos emisiones en alguno de sus canales. Decidimos escoger la segunda opción a fin de evitar los inconvenientes propios de las coproducciones, así que, una vez finalizado el documental, nos presentamos allí con él para que lo vieran y comprobaran que habíamos utilizado unos diez minutos de imágenes de archivo de TVE. Nos dijeron que se pondrían en contacto con nosotros. Entretanto, pasaron nueve largos meses hasta que, cansados de esperar y de recibir excusas variadas, un día fuimos a Madrid para saber qué estaba pasando. Entonces, desde el departamento comercial nos dijeron que el programa no tenía cabida en su programación, a pesar de que es un documental cuyo formato se ajusta mucho al Imprescindibles, de La 2. Dijeron, literalmente, que parecía un documental hecho para cuatro amiguetes. Así que, después de echarse atrás en el preacuerdo que habíamos negociado, la única solución que nos quedaba era pagar por las imágenes que habíamos utilizado, cuyas tarifas eran de 2.400€ per minuto o fracción utilizada. Como ya el Verkami había finalizado y teníamos el presupuesto justo para la promoción y poca cosa más, finalmente tuvimos que pagar las imágenes con dinero de nuestro bolsillo. Tuvimos que renegociar las tarifas puesto que no teníamos suficiente para pagarlo. Así es que acabamos pagando unos 5.000€, una tarifa mínima que limita la exposición del documental ya que, por exigencia de TVE, no lo podemos llevar a cines comerciales, ni venderlo a ninguna otra televisión, ni proyectarlo fuera de España. Esto lo interpretamos como una censura. No nos dieron ninguna opción ni tuvimos margen para negociar posibles modificaciones en el documental. Sencillamente, creemos que en TVE no interesa para nada el testimonio de Lolo Rico.

* Esta entrevista fue publicada originalmente en 2017.

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Chalecos amarillos, preámbulo de una crisis ecosocial global https://www.lamarea.com/2019/01/19/chalecos-amarillos-preambulo-de-una-crisis-ecosocial-global/ https://www.lamarea.com/2019/01/19/chalecos-amarillos-preambulo-de-una-crisis-ecosocial-global/#comments Sat, 19 Jan 2019 15:04:33 +0000 https://www.lamarea.com/?p=111633 A view of the Place de la Republique as protesters wearing yellow vests gather during a national day of protest by the "yellow vests" movement in Paris

¿Quiénes son exactamente los chalecos amarillos? ¿A qué se debe su irrupción y la violencia desproporcionada que tiene lugar en buena parte del país? La prensa internacional vuelve a poner el foco en Francia, uno de los países más estereotipados del mundo. Las dudas abundan, pero hay varias cosas claras: el movimiento de los chalecos amarillos nació tras la decisión del gobierno de aumentar los impuestos a los carburantes (no solo al diésel), se caracteriza por ser heterogéneo, apartidista, líquido, autoorganizado e impredecible, y es percibido con simpatía por más del 70% de la población, según las últimas encuestas. La mayoría de sus integrantes son personas blancas, de mediana edad, procedentes de zonas periféricas y rurales.

Los gilets jauneschalecos amarillos han logrado incluso cortar los Campos Elíseos y tomar el Arco del Triunfo. Esta acción tiene una importante carga simbólica: Napoleón, el gran líder de la Francia posrevolucionaria, había concebido avenidas amplias y grandiosas para, entre otras cosas, dificultar que las protestas bloquearan el tránsito de la capital francesa. La revolución y sus herencias parecen cada vez más obsoletas. ¿Qué hay de transgresor en este nuevo movimiento?

La aparición de los chalecos amarillos está generando amplios debates sobre su orientación ideológica (Le Pen y Mélenchon son los dos favoritos en este movimiento, con el apoyo de 4 y 2 de cada 10 chalecos amarillos respectivamente, según Elabe), el rol de las redes sociales y los bulos en la propagación de la ira, y el liderazgo improvisador de Macron. Rafael Poch, cronista privilegiado y de mirada larga, descarta una posible insurrección francesa porque las banlieues o periferias empobrecidas, conflictivas y de origen migrante están ausentes. Sin embargo, hay una discusión subyacente que también toma fuerza y resulta cuanto menos interesante: Francia parece estar viviendo la precuela de una lucha que aúna justicia social y lucha contra el cambio climático, un fenómeno que pronto podría extenderse a otros países, entre ellos España. Vayamos por partes.

La raíz del asunto

Macron decidió subir el precio de los carburantes y aquello fue la gota que colmó un vaso que ya estaba lleno: volvían a pagar los de siempre, los que más sufrieron recortes sociales, servicios públicos mermados, reducción de impuestos a las grandes fortunas (una de las primeras decisiones del presidente al llegar al Elíseo), precarización del trabajo, desigualdad en aumento en el país de la egalité. Pero para entender el desbordamientodel vaso hay que mirar más atrás: hoy se cosecha la ira sembrada por la desindustrialización de Francia en las décadas anteriores, el centralismo del Estado (París, París, París), la precarización del empleo y el abandonodel mundo rural y las zonas periféricas, grandes víctimas de la deslocalización de fábricas y las políticas implantadas desde París (lo analiza con precisión quirúrgica Christophe Guilluy en La Francia Periférica).

El geógrafo Roger Brunet habla de la “diagonal del vacío”para referirse a la franja que va desde el noreste al suroeste, un territorio en proceso de despoblación y con las tasas de desempleo más altas de Francia. Allí es donde explotó y se hizo fuerte el movimiento de los chalecos amarillos. ¿Por qué? Porque los factores que llenaron y desbordaron el vaso retumban allí con más fuerza. En las zonas rurales, con ciudades pequeñas y medianas, el coche es prácticamente imprescindible para ir al súper o a la estación de tren más cercana. La violencia extrema de la policía, habitual en entornos urbanos pero no tanto fuera de ellos, apuntaló la indignación de los chalecos amarillos. Los enfrentamientos con las autoridades y con otros ciudadanos ya han causado seis muertos, más que en el reciente atentado de Estrasburgo.

He ahí el quid de la cuestión: es imperativo combatir el cambio climático y, por tanto, es imprescindible subir el precio de los carburantesy concebirlos como un combustible del pasado, le pese a quien le pese. Pero cuando esta responsabilidad solo recae en una parte de la sociedad –la misma que padece la austeridad, los recortes y la precarización–, aparecen grandes fricciones, la ciudadanía pierde la confianza en sus representantes y los partidos ultraderechistas engordan. Macron llegó a ser la personificación de la esperanza en Europa, pero su gestión de esta crisis demuestra que no ha entendido el reto. La violencia policial, que ha dejado miles de detenciones y personas heridas (entre ellas, periodistas), no hace más que agitar una olla a presión que pide a voces válvulas de escape, no golpes. Una de las imágenes que estas movilizaciones dejan para la posteridad es la de los estudiantes de instituto arrodillados y custodiados por la policía (había 151 estudiantes detenidos, según los medios franceses). Qué paradoja que la escena se viviera en Mantes-la-Jolie, periferia de la periferia de París, ejemplo población deprimida y despoblada de Francia en la que las fachadas todavía reflejan trazas de un pasado próspero de fábricas abiertas y bares repletos.

Punto de inflexión

Macron improvisa. Está demasiado lejos de la realidad del francés de a pie para entender la rabia que expresan las calles. Primero dio marcha atrás en la subida del precio de los carburantes (se estimaba una recaudación anual de 33.000 millones de euros, de los que solo 7.000 millones serían revertidos en asuntos sociales). Después, viendo que la violencia no cesaba, apareció en televisión –23 millones de espectadores– para anunciar cuatro medidas: otorgar 100 euros extra a quienes cobran el salario mínimo (nota demagógica: Macron gastaba más de 8.000 euros al mes en su maquillador personal), anular el alza de las cotizaciones para pensiones bajas, y eliminar impuestos a las horas extra y a las bonificaciones que voluntariamente los empresarios dan a sus plantillas. Dos de estas medidas tienen trampa (están supeditadas a la voluntad del empresario), mientras que la ayuda complementaria al salario mínimo parece más una decisión publicitaria o que pretende dividir: de los casi 70 millones de habitantes que tiene Francia, solo 1,8 millones percibe la remuneración mínima y, en todo caso, ya estaba prevista una subida de 30 euros. Por si fuera poco, todo esto aumentará el gasto público. Macron puede permitírselo porque, a diferencia de Italia, Bruselas no le puede levantar la voz a Francia si se salta el objetivo de déficit(es el país europeo que más incumple este objetivo: 11 veces desde 1999). En resumen: respuestas cortoplacistas y superficiales por parte del Gobierno y la sociedad ante problemas que afectan a la médula de la nación y al gran desafío del siglo XXI.

Es probable que la rabia que expresa la población francesa no sea más que un síntoma visible de la inminente crisis ecológica y social global que se avecina. También es reflejo del individualismo que nos mueve: ni la crisis de las personas refugiadas, ni el trato favorable de Francia hacia regímenes autoritarios o su intervención en guerras lejanas produjeron niveles de indignación como los que se ven ahora ante una medida que afecta directamente al bolsillo de los ciudadanos. Pero también hay espacio para el optimismo. Por un lado, los chalecos amarillos revelan que hay vida más allá de sindicatos y partidos. Por otro, es la primera vez que en la Cumbre del Clima celebrada en Polonia (la llamada COP24), los representantes gubernamentales han hecho referencias constantes a los chalecos amarillos y la necesidad de acordar una transición ecológica justa para los trabajadores y trabajadoras. El eurodiputado español de origen francés Florent Marcellesi asegura que estamos ante una oportunidad para construir una transición, pero esta “solo puede ser justa y no dejar a nadie atrás”. La última encuesta Ipsos divulgada antes del cierre de esta edición también arroja un halo de esperanza: los Verdes aumentan del 9% al 14% en intención de voto entre los franceses de cara a las elecciones europeas.

La entrada Chalecos amarillos, preámbulo de una crisis ecosocial global se publicó primero en lamarea.com.

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¿Quiénes son exactamente los chalecos amarillos? ¿A qué se debe su irrupción y la violencia desproporcionada que tiene lugar en buena parte del país? La prensa internacional vuelve a poner el foco en Francia, uno de los países más estereotipados del mundo. Las dudas abundan, pero hay varias cosas claras: el movimiento de los chalecos amarillos nació tras la decisión del gobierno de aumentar los impuestos a los carburantes (no solo al diésel), se caracteriza por ser heterogéneo, apartidista, líquido, autoorganizado e impredecible, y es percibido con simpatía por más del 70% de la población, según las últimas encuestas. La mayoría de sus integrantes son personas blancas, de mediana edad, procedentes de zonas periféricas y rurales.

Los gilets jauneschalecos amarillos han logrado incluso cortar los Campos Elíseos y tomar el Arco del Triunfo. Esta acción tiene una importante carga simbólica: Napoleón, el gran líder de la Francia posrevolucionaria, había concebido avenidas amplias y grandiosas para, entre otras cosas, dificultar que las protestas bloquearan el tránsito de la capital francesa. La revolución y sus herencias parecen cada vez más obsoletas. ¿Qué hay de transgresor en este nuevo movimiento?

La aparición de los chalecos amarillos está generando amplios debates sobre su orientación ideológica (Le Pen y Mélenchon son los dos favoritos en este movimiento, con el apoyo de 4 y 2 de cada 10 chalecos amarillos respectivamente, según Elabe), el rol de las redes sociales y los bulos en la propagación de la ira, y el liderazgo improvisador de Macron. Rafael Poch, cronista privilegiado y de mirada larga, descarta una posible insurrección francesa porque las banlieues o periferias empobrecidas, conflictivas y de origen migrante están ausentes. Sin embargo, hay una discusión subyacente que también toma fuerza y resulta cuanto menos interesante: Francia parece estar viviendo la precuela de una lucha que aúna justicia social y lucha contra el cambio climático, un fenómeno que pronto podría extenderse a otros países, entre ellos España. Vayamos por partes.

La raíz del asunto

Macron decidió subir el precio de los carburantes y aquello fue la gota que colmó un vaso que ya estaba lleno: volvían a pagar los de siempre, los que más sufrieron recortes sociales, servicios públicos mermados, reducción de impuestos a las grandes fortunas (una de las primeras decisiones del presidente al llegar al Elíseo), precarización del trabajo, desigualdad en aumento en el país de la egalité. Pero para entender el desbordamientodel vaso hay que mirar más atrás: hoy se cosecha la ira sembrada por la desindustrialización de Francia en las décadas anteriores, el centralismo del Estado (París, París, París), la precarización del empleo y el abandonodel mundo rural y las zonas periféricas, grandes víctimas de la deslocalización de fábricas y las políticas implantadas desde París (lo analiza con precisión quirúrgica Christophe Guilluy en La Francia Periférica).

El geógrafo Roger Brunet habla de la “diagonal del vacío”para referirse a la franja que va desde el noreste al suroeste, un territorio en proceso de despoblación y con las tasas de desempleo más altas de Francia. Allí es donde explotó y se hizo fuerte el movimiento de los chalecos amarillos. ¿Por qué? Porque los factores que llenaron y desbordaron el vaso retumban allí con más fuerza. En las zonas rurales, con ciudades pequeñas y medianas, el coche es prácticamente imprescindible para ir al súper o a la estación de tren más cercana. La violencia extrema de la policía, habitual en entornos urbanos pero no tanto fuera de ellos, apuntaló la indignación de los chalecos amarillos. Los enfrentamientos con las autoridades y con otros ciudadanos ya han causado seis muertos, más que en el reciente atentado de Estrasburgo.

He ahí el quid de la cuestión: es imperativo combatir el cambio climático y, por tanto, es imprescindible subir el precio de los carburantesy concebirlos como un combustible del pasado, le pese a quien le pese. Pero cuando esta responsabilidad solo recae en una parte de la sociedad –la misma que padece la austeridad, los recortes y la precarización–, aparecen grandes fricciones, la ciudadanía pierde la confianza en sus representantes y los partidos ultraderechistas engordan. Macron llegó a ser la personificación de la esperanza en Europa, pero su gestión de esta crisis demuestra que no ha entendido el reto. La violencia policial, que ha dejado miles de detenciones y personas heridas (entre ellas, periodistas), no hace más que agitar una olla a presión que pide a voces válvulas de escape, no golpes. Una de las imágenes que estas movilizaciones dejan para la posteridad es la de los estudiantes de instituto arrodillados y custodiados por la policía (había 151 estudiantes detenidos, según los medios franceses). Qué paradoja que la escena se viviera en Mantes-la-Jolie, periferia de la periferia de París, ejemplo población deprimida y despoblada de Francia en la que las fachadas todavía reflejan trazas de un pasado próspero de fábricas abiertas y bares repletos.

Punto de inflexión

Macron improvisa. Está demasiado lejos de la realidad del francés de a pie para entender la rabia que expresan las calles. Primero dio marcha atrás en la subida del precio de los carburantes (se estimaba una recaudación anual de 33.000 millones de euros, de los que solo 7.000 millones serían revertidos en asuntos sociales). Después, viendo que la violencia no cesaba, apareció en televisión –23 millones de espectadores– para anunciar cuatro medidas: otorgar 100 euros extra a quienes cobran el salario mínimo (nota demagógica: Macron gastaba más de 8.000 euros al mes en su maquillador personal), anular el alza de las cotizaciones para pensiones bajas, y eliminar impuestos a las horas extra y a las bonificaciones que voluntariamente los empresarios dan a sus plantillas. Dos de estas medidas tienen trampa (están supeditadas a la voluntad del empresario), mientras que la ayuda complementaria al salario mínimo parece más una decisión publicitaria o que pretende dividir: de los casi 70 millones de habitantes que tiene Francia, solo 1,8 millones percibe la remuneración mínima y, en todo caso, ya estaba prevista una subida de 30 euros. Por si fuera poco, todo esto aumentará el gasto público. Macron puede permitírselo porque, a diferencia de Italia, Bruselas no le puede levantar la voz a Francia si se salta el objetivo de déficit(es el país europeo que más incumple este objetivo: 11 veces desde 1999). En resumen: respuestas cortoplacistas y superficiales por parte del Gobierno y la sociedad ante problemas que afectan a la médula de la nación y al gran desafío del siglo XXI.

Es probable que la rabia que expresa la población francesa no sea más que un síntoma visible de la inminente crisis ecológica y social global que se avecina. También es reflejo del individualismo que nos mueve: ni la crisis de las personas refugiadas, ni el trato favorable de Francia hacia regímenes autoritarios o su intervención en guerras lejanas produjeron niveles de indignación como los que se ven ahora ante una medida que afecta directamente al bolsillo de los ciudadanos. Pero también hay espacio para el optimismo. Por un lado, los chalecos amarillos revelan que hay vida más allá de sindicatos y partidos. Por otro, es la primera vez que en la Cumbre del Clima celebrada en Polonia (la llamada COP24), los representantes gubernamentales han hecho referencias constantes a los chalecos amarillos y la necesidad de acordar una transición ecológica justa para los trabajadores y trabajadoras. El eurodiputado español de origen francés Florent Marcellesi asegura que estamos ante una oportunidad para construir una transición, pero esta “solo puede ser justa y no dejar a nadie atrás”. La última encuesta Ipsos divulgada antes del cierre de esta edición también arroja un halo de esperanza: los Verdes aumentan del 9% al 14% en intención de voto entre los franceses de cara a las elecciones europeas.

La entrada Chalecos amarillos, preámbulo de una crisis ecosocial global se publicó primero en lamarea.com.

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¿Y si hubiera escrito la carta Irene Montero? https://www.lamarea.com/2019/01/18/y-si-hubiera-escrito-la-carta-irene-montero/ https://www.lamarea.com/2019/01/18/y-si-hubiera-escrito-la-carta-irene-montero/#comments Fri, 18 Jan 2019 13:15:35 +0000 https://www.lamarea.com/?p=111628 PODEMOS

"Cuando [los permisos] son transferibles, al final son siempre las mujeres las que tienen que asumir las tareas de cuidado de los niños, y los hombres no estamos para ayudar a nuestras compañeras, sino para corresponsabilizarnos". Sí, lo dijo Pablo Iglesias, líder de Podemos, en diciembre y lo ha repetido muchas veces, seguramente con toda la sinceridad, buena intención y creyendo en ello.

No sabemos quién cuidaría a sus hijos ayer. En teoría, lo debería estar haciendo él, que está disfrutando de su permiso de paternidad tras la vuelta al trabajo de su compañera, Irene Montero. "Nunca imaginé que iba a tener que interrumpir por unas horas mi permiso de paternidad por una razón tan triste", escribió Iglesias a los inscritos e inscritas en su partido. Porque, claro, todos y todas sabemos, ejem, que son unas horas, que solo es una carta, que ya hoy y los próximos días, Pablo Iglesias estará ejerciendo de padre a jornada completa.

Probablemente, si la líder de Podemos fuera Irene Montero, también habría dejado aparcado su permiso de maternidad. Lo que está pasando en Podemos no es para menos. Y es entendible por tanto –además de respetable, por supuesto– que Pablo Iglesias, que es el secretario general, lo haya hecho. Ahora bien, hubiera sido una acción simbólica, maravillosa y coherente con las ideas que se pregonan que quien hubiera escrito esa carta ayer a los inscritos e inscritas de Podemos, en respuesta a la decisión de Íñigo Errejón sobre su acuerdo con Manuela Carmena, no hubiera sido Pablo Iglesias sino Irene Montero.

"Querida inscrita, querido inscrito:

Nunca imaginé que iba a tener que asumir por unas horas el liderazgo de Podemos por una razón tan triste".

Los símbolos han logrado avances muy importantes en la sociedad. Por imaginar, que no quede. Que se lo digan a Rosa Parks.

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PODEMOS

"Cuando [los permisos] son transferibles, al final son siempre las mujeres las que tienen que asumir las tareas de cuidado de los niños, y los hombres no estamos para ayudar a nuestras compañeras, sino para corresponsabilizarnos". Sí, lo dijo Pablo Iglesias, líder de Podemos, en diciembre y lo ha repetido muchas veces, seguramente con toda la sinceridad, buena intención y creyendo en ello. No sabemos quién cuidaría a sus hijos ayer. En teoría, lo debería estar haciendo él, que está disfrutando de su permiso de paternidad tras la vuelta al trabajo de su compañera, Irene Montero. "Nunca imaginé que iba a tener que interrumpir por unas horas mi permiso de paternidad por una razón tan triste", escribió Iglesias a los inscritos e inscritas en su partido. Porque, claro, todos y todas sabemos, ejem, que son unas horas, que solo es una carta, que ya hoy y los próximos días, Pablo Iglesias estará ejerciendo de padre a jornada completa. Probablemente, si la líder de Podemos fuera Irene Montero, también habría dejado aparcado su permiso de maternidad. Lo que está pasando en Podemos no es para menos. Y es entendible por tanto –además de respetable, por supuesto– que Pablo Iglesias, que es el secretario general, lo haya hecho. Ahora bien, hubiera sido una acción simbólica, maravillosa y coherente con las ideas que se pregonan que quien hubiera escrito esa carta ayer a los inscritos e inscritas de Podemos, en respuesta a la decisión de Íñigo Errejón sobre su acuerdo con Manuela Carmena, no hubiera sido Pablo Iglesias sino Irene Montero.

"Querida inscrita, querido inscrito:

Nunca imaginé que iba a tener que asumir por unas horas el liderazgo de Podemos por una razón tan triste".

Los símbolos han logrado avances muy importantes en la sociedad. Por imaginar, que no quede. Que se lo digan a Rosa Parks.

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El todos contra todos de Somalia https://www.lamarea.com/2019/01/18/el-todos-contra-todos-de-somalia/ https://www.lamarea.com/2019/01/18/el-todos-contra-todos-de-somalia/#comments Fri, 18 Jan 2019 09:07:49 +0000 https://www.lamarea.com/?p=111622 Mujeres y niños pasean por la playa de Liido. P. L. O.

MOGADISCIO (SOMALIA) // Somalia lleva tanto tiempo en guerra que los niños y niñas le han perdido el miedo. Es jueves y, como cada jueves, decenas de adolescentes acuden a la playa de Liido a dar comienzo al fin de semana. Aunque muchos no saben nadar, pocos son los que no se atreven a zambullirse en las aguas cristalinas de Mogadiscio. Los pequeños corren, las chicas ríen, los adolescentes saltan una y otra vez sobre neumáticos que son flotadores. Y entonces todos ríen a la vez. Al otro lado, tras un enrejado que separa personas –pero no la arena que pisan–, los mayores (los que se lo pueden permitir) se protegen del sol en el Liido Seafood restaurant. "Tranquilo, aquí podemos relajarnos", comenta socarrón el enlace de prensa de la African Union Mission to Somalia (AMISOM). Se quita el chaleco antibalas y deja el casco sobre la mesa. Con un chasquido, hace un seña al camarero para que nos traiga un zumo de frutas. Hace dos años, otro jueves, un ataque de al Shabab –la franquicia de Al Qaeda en el cuerno de África– dejó una veintena de muertos en esta misma playa. En la puerta principal, en la que da acceso al restaurante desde la carretera, han instalado una garita. El resto sigue igual. Huele a pizza. A shawarma. A ese pollo especiado que llaman Digaag Duban. Seguir viviendo es la forma última de resistencia.

Buena parte de la población somalí ya nació así. En la guerra. De hecho, alrededor de un 70% de los habitantes de este país africano no ha cumplido los 35 años. Para ellos la vida siempre ha sido esto: una sucesión de atentados, de bombardeos extranjeros, de jueves en la playa de Liido. Desde la caída del dictador Siad Barre en 1991, Somalia se ha desmoronado víctima de la violencia sectaria. Los clanes, muchos de ellos liderados por señores de la guerra, han escenificado una batalla por el control territorial. Por las ruinas de un país que lleva más de 25 años en conflicto. El resultado es una nación fragmentada en la que la autoridad del presidente, Mohamed Abdullahi Farmajo, no alcanza más allá de los dominios de la capital y de las zonas controladas por las fuerzas de la AMISOM. En realidad son los clanes y señores de la guerra los que administran sus territorios.

Al norte, en el antiguo protectorado británico, en la costa del golfo de Adán, Somaliland es de facto un Estado independiente. Pese a que carece de reconocimiento internacional, ha desarrollado sus propias instituciones y fuerzas de seguridad. Es, según The Economist, la "democracia más fuerte" de África del Este, aunque en las elecciones celebradas el pasado noviembre y en las que fue elegido presidente el excomandante del Somali National Movement Musa Bihi Abdi se registraron importantes protestas –con dos muertos y bloqueo de comunicaciones– por las denuncias de fraude de la oposición.

Ruinas de una vivienda junto a la playa de Liido. P. L. O.

En las últimas semanas las disputas entre las fuerzas de Somaliland y sus vecinos de Puntland por el control de las regiones de Sool y Sanag han hecho saltar las alarmas de la comunidad internacional: "He pedido a los líderes" de ambos territorios "que declaren el cese de las hostilidades, retiren sus tropas, restauren el statu quo y abran canales de comunicación", aseguró el pasado 24 de enero el enviado especial de la ONU al país, Michael Keating, ante el temor de que el despliegue de fuerzas para evitar la visita de Farmajo al norte derivase "en violencia". A diferencia de sus vecinos de Hargeisa, el clan Daarood que domina Puntland no ansía la independencia sino la conformación de una Somalia federal. Su vasto territorio, que se extiende frente a la isla de Socotra hasta los dominios de Mudug, resulta imposible de controlar, lo que ha sido aprovechado por el ISIS para impulsar su propia milicia en la zona. "Puntland está luchando contra Al Shabab y contra el ISIS. El ataque por parte de Somaliland no hace más que ofrecer refugio y apoyo a los grupos terroristas en la zona", declaró el presidente de la región autónoma de Puntland, Abdiweli Mohamed Ali, apelando al enemigo común: los yihadistas.

La lucha por el control de la Yihad regional

Tropas de la AMISOM en el valle del Shabelle. P. L. O.

En el todos contra todos que es Somalia, los escenarios bélicos se superponen. La misión internacional combate a los radicales yihadistas –al Shabab al sur, el ISIS al norte–, mientras ambas facciones dirimen su particular batalla por el control de la yihad en el cuerno de África. El ISIS lleva años "intentando ingresar en Somalia", asegura el investigador del Institute for Security Studies, Omar S. Mahmood, "pero se encontró con una importante resistencia por parte de al Shabab". El avance de la coalición internacional hacia Raqqa intensificó la apuesta por la yihad global de al-Baghdadi, quien encontró en la figura de Abdulqadir Mumin –que  había llegado desde Reino Unido en 2010 para unirse a la filial de Al Qaeda– un aliado en los territorios del clan Majerteen al este de Puntland. La incapacidad de al Shabab de canalizar el descontento de buena parte de las tribus locales de Puntland ofreció a Mumin el escenario perfecto para crear su propia insurgencia. Un año después de su creación, en octubre de 2016, el ISIS se presentó ante el mundo en Somalia con su gran golpe de efecto: la toma, durante 40 días, de la ciudad costera de Qandala, enclave natal del propio Abdulqadir Mumin y centro histórico del comercio entre África, Oriente Medio y Asia. Más de 20.000 personas huyeron durante las cinco semanas en las que, con apenas medio centenar de soldados, el ISIS convirtió Qandala en la capital del efímero califato islámico en Somalia. Aunque las fuerzas somalíes apoyadas por el ejército norteamericano lograron liberar la ciudad en diciembre de 2016, "su audaz toma de Qandala y de un tramo importante de la costa" aumentó el prestigio de Abdulqadir Mumin entre los yihadistas multiplicando su capacidad para "reclutar hombres y financiación", alertaba ya el pasado año la ONG Crisis Group.

Desde entonces, las fuerzas del ISIS se han multiplicado. Según el último informe de la ONU, cuenta ya con más de 200 combatientes, lo que ha llevado a la administración Trump a extender sus bombardeos a las posiciones de Abdulqadir Mumin en el valle del Buqo. "Según nuestras informaciones, está vivo", declaró a la prensa local el presidente Ali días después de los ataques con drones de noviembre.

No obstante, pese a la espectacularidad del discurso de las huestes de Mumin, sigue siendo al Shabab la principal amenaza terrorista. Una década de intervención militar no ha conseguido derrotarlos. "En el momento en el que la AMISOM se retire, al Shabab volverá a intentar tomar el control de Mogadiscio", reconocía el coronel Chris Ogwal, al frente del XXI batallón desplegado en Arbiska. Ni siquiera la vuelta de las tropas norteamericanas a suelo somalí catorce años después del incidente inmortalizado para siempre en Black Hawk Down ha logrado detenerlos. Su acólitos permanecen agazapados en el valle del Shabelle, apenas a 30 kilómetros de la capital, esperando su momento para volver a atacar. Como el pasado octubre, cuando un camión procedente de Lafoole explotó en el centro de Mogadiscio y causó más de 500 muertos. Semanas después, en febrero, otro doble atentando contra Villa Somalia –el palacio presidencial– y la sede de los servicios de inteligencia dejó otras 35 víctimas mortales.

Lo más peligroso, señala el profesor de Historia Africana de la Universidad de Warwick, David M. Anderson, es que pese a que gran parte de las víctimas son civiles, al Shabab continúa gozando del respaldo de la población: "A los somalíes puede que no les guste al Shabab, pero menos les gustan los invasores extranjeros".

La vuelta de los piratas de Adén

Un horizonte de plásticos de colores delimita ambos márgenes de la carretera, plagada de artefactos explosivos y de sangre seca que deja tras de sí cada emboscada de los yihadistas a las tropas de la AMISOM. Los chiquillos salen al encuentro del convoy, mientras los hombres, desconfiados, permanecen vigilantes desde la distancia. La intervención militar no ha aliviado la situación humanitaria de las miles de personas desplazadas del valle del Shabelle. En los últimos meses, la cifra de recién llegados a estos campos improvisados no ha parado de aumentar. En 2017 se desplazaron más de un millón de personas en el país, según Acnur.

La violencia, la suma de violencias, está detrás de este éxodo, pero es la sequía prolongada el principal percutor. Sin lluvias en Deyr (octubre-diciembre) ni en Gu (abril-junio), la agricultura de subsistencia ha desaparecido, el precio de los cereales y el maíz se ha duplicado, el kilo de arroz ronda los cuatro dólares y los rebaños han ido menguando hasta casi desaparecer. El resultado: 6,2 millones de personas, casi la mitad de la población, necesita asistencia humanitaria y 2,7 millones se encuentran en riesgo de hambruna.

Al sur del país, en los dominios de al Shabab en los entornos rurales del valle del Shabelle, los radicales han prohibido la asistencia humanitaria internacional, pero al mismo tiempo han puesto en marcha su propio sistema de ayudas. Son conscientes de que no pueden perder el apoyo de la población local ni permitir que otros clanes canalicen el descontento social. Solo en Hoybo, bastión bucanero de la nueva oleada de piratas que volvió a apoderarse en 2017 de las aguas del golfo de Adén, parece que los yihadistas ven con buenos ojos que sean otros los que impongan su ley. Al igual que durante la gran hambruna de principios de la década, la Piracy Network ha vuelto a imponer el secuestro como negocio frente al hambre. Ahora han diversificado sus actividades: el tráfico de armas, combustible e incluso personas forman parte del moderno engranaje delictivo del cuerno de África.

En 2011, una investigación de Reuters reveló un pacto entre al Shabab y varios líderes piratas por el cual los yihadistas se quedarían con el 20% de los rescates de los piratas y estos, a cambio, podrían fondear los barcos secuestrados en la localidad. Algunos expertos apuntan a un nuevo trato entre los extremistas y los bucaneros de Hoybo. Más que un "acuerdo entre ambas organizaciones", puntualiza Oma S. Mahmood, lo que puede existir es un pacto “basado en alianzas de clanes”. Una entente con la que al Shabab pretende salir victorioso de las mil batallas de Somalia.

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Mujeres y niños pasean por la playa de Liido. P. L. O.

MOGADISCIO (SOMALIA) // Somalia lleva tanto tiempo en guerra que los niños y niñas le han perdido el miedo. Es jueves y, como cada jueves, decenas de adolescentes acuden a la playa de Liido a dar comienzo al fin de semana. Aunque muchos no saben nadar, pocos son los que no se atreven a zambullirse en las aguas cristalinas de Mogadiscio. Los pequeños corren, las chicas ríen, los adolescentes saltan una y otra vez sobre neumáticos que son flotadores. Y entonces todos ríen a la vez. Al otro lado, tras un enrejado que separa personas –pero no la arena que pisan–, los mayores (los que se lo pueden permitir) se protegen del sol en el Liido Seafood restaurant. "Tranquilo, aquí podemos relajarnos", comenta socarrón el enlace de prensa de la African Union Mission to Somalia (AMISOM). Se quita el chaleco antibalas y deja el casco sobre la mesa. Con un chasquido, hace un seña al camarero para que nos traiga un zumo de frutas. Hace dos años, otro jueves, un ataque de al Shabab –la franquicia de Al Qaeda en el cuerno de África– dejó una veintena de muertos en esta misma playa. En la puerta principal, en la que da acceso al restaurante desde la carretera, han instalado una garita. El resto sigue igual. Huele a pizza. A shawarma. A ese pollo especiado que llaman Digaag Duban. Seguir viviendo es la forma última de resistencia.

Buena parte de la población somalí ya nació así. En la guerra. De hecho, alrededor de un 70% de los habitantes de este país africano no ha cumplido los 35 años. Para ellos la vida siempre ha sido esto: una sucesión de atentados, de bombardeos extranjeros, de jueves en la playa de Liido. Desde la caída del dictador Siad Barre en 1991, Somalia se ha desmoronado víctima de la violencia sectaria. Los clanes, muchos de ellos liderados por señores de la guerra, han escenificado una batalla por el control territorial. Por las ruinas de un país que lleva más de 25 años en conflicto. El resultado es una nación fragmentada en la que la autoridad del presidente, Mohamed Abdullahi Farmajo, no alcanza más allá de los dominios de la capital y de las zonas controladas por las fuerzas de la AMISOM. En realidad son los clanes y señores de la guerra los que administran sus territorios.

Al norte, en el antiguo protectorado británico, en la costa del golfo de Adán, Somaliland es de facto un Estado independiente. Pese a que carece de reconocimiento internacional, ha desarrollado sus propias instituciones y fuerzas de seguridad. Es, según The Economist, la "democracia más fuerte" de África del Este, aunque en las elecciones celebradas el pasado noviembre y en las que fue elegido presidente el excomandante del Somali National Movement Musa Bihi Abdi se registraron importantes protestas –con dos muertos y bloqueo de comunicaciones– por las denuncias de fraude de la oposición.

Ruinas de una vivienda junto a la playa de Liido. P. L. O.

En las últimas semanas las disputas entre las fuerzas de Somaliland y sus vecinos de Puntland por el control de las regiones de Sool y Sanag han hecho saltar las alarmas de la comunidad internacional: "He pedido a los líderes" de ambos territorios "que declaren el cese de las hostilidades, retiren sus tropas, restauren el statu quo y abran canales de comunicación", aseguró el pasado 24 de enero el enviado especial de la ONU al país, Michael Keating, ante el temor de que el despliegue de fuerzas para evitar la visita de Farmajo al norte derivase "en violencia". A diferencia de sus vecinos de Hargeisa, el clan Daarood que domina Puntland no ansía la independencia sino la conformación de una Somalia federal. Su vasto territorio, que se extiende frente a la isla de Socotra hasta los dominios de Mudug, resulta imposible de controlar, lo que ha sido aprovechado por el ISIS para impulsar su propia milicia en la zona. "Puntland está luchando contra Al Shabab y contra el ISIS. El ataque por parte de Somaliland no hace más que ofrecer refugio y apoyo a los grupos terroristas en la zona", declaró el presidente de la región autónoma de Puntland, Abdiweli Mohamed Ali, apelando al enemigo común: los yihadistas.

La lucha por el control de la Yihad regional

Tropas de la AMISOM en el valle del Shabelle. P. L. O.

En el todos contra todos que es Somalia, los escenarios bélicos se superponen. La misión internacional combate a los radicales yihadistas –al Shabab al sur, el ISIS al norte–, mientras ambas facciones dirimen su particular batalla por el control de la yihad en el cuerno de África. El ISIS lleva años "intentando ingresar en Somalia", asegura el investigador del Institute for Security Studies, Omar S. Mahmood, "pero se encontró con una importante resistencia por parte de al Shabab". El avance de la coalición internacional hacia Raqqa intensificó la apuesta por la yihad global de al-Baghdadi, quien encontró en la figura de Abdulqadir Mumin –que  había llegado desde Reino Unido en 2010 para unirse a la filial de Al Qaeda– un aliado en los territorios del clan Majerteen al este de Puntland. La incapacidad de al Shabab de canalizar el descontento de buena parte de las tribus locales de Puntland ofreció a Mumin el escenario perfecto para crear su propia insurgencia. Un año después de su creación, en octubre de 2016, el ISIS se presentó ante el mundo en Somalia con su gran golpe de efecto: la toma, durante 40 días, de la ciudad costera de Qandala, enclave natal del propio Abdulqadir Mumin y centro histórico del comercio entre África, Oriente Medio y Asia. Más de 20.000 personas huyeron durante las cinco semanas en las que, con apenas medio centenar de soldados, el ISIS convirtió Qandala en la capital del efímero califato islámico en Somalia. Aunque las fuerzas somalíes apoyadas por el ejército norteamericano lograron liberar la ciudad en diciembre de 2016, "su audaz toma de Qandala y de un tramo importante de la costa" aumentó el prestigio de Abdulqadir Mumin entre los yihadistas multiplicando su capacidad para "reclutar hombres y financiación", alertaba ya el pasado año la ONG Crisis Group.

Desde entonces, las fuerzas del ISIS se han multiplicado. Según el último informe de la ONU, cuenta ya con más de 200 combatientes, lo que ha llevado a la administración Trump a extender sus bombardeos a las posiciones de Abdulqadir Mumin en el valle del Buqo. "Según nuestras informaciones, está vivo", declaró a la prensa local el presidente Ali días después de los ataques con drones de noviembre.

No obstante, pese a la espectacularidad del discurso de las huestes de Mumin, sigue siendo al Shabab la principal amenaza terrorista. Una década de intervención militar no ha conseguido derrotarlos. "En el momento en el que la AMISOM se retire, al Shabab volverá a intentar tomar el control de Mogadiscio", reconocía el coronel Chris Ogwal, al frente del XXI batallón desplegado en Arbiska. Ni siquiera la vuelta de las tropas norteamericanas a suelo somalí catorce años después del incidente inmortalizado para siempre en Black Hawk Down ha logrado detenerlos. Su acólitos permanecen agazapados en el valle del Shabelle, apenas a 30 kilómetros de la capital, esperando su momento para volver a atacar. Como el pasado octubre, cuando un camión procedente de Lafoole explotó en el centro de Mogadiscio y causó más de 500 muertos. Semanas después, en febrero, otro doble atentando contra Villa Somalia –el palacio presidencial– y la sede de los servicios de inteligencia dejó otras 35 víctimas mortales.

Lo más peligroso, señala el profesor de Historia Africana de la Universidad de Warwick, David M. Anderson, es que pese a que gran parte de las víctimas son civiles, al Shabab continúa gozando del respaldo de la población: "A los somalíes puede que no les guste al Shabab, pero menos les gustan los invasores extranjeros".

La vuelta de los piratas de Adén

Un horizonte de plásticos de colores delimita ambos márgenes de la carretera, plagada de artefactos explosivos y de sangre seca que deja tras de sí cada emboscada de los yihadistas a las tropas de la AMISOM. Los chiquillos salen al encuentro del convoy, mientras los hombres, desconfiados, permanecen vigilantes desde la distancia. La intervención militar no ha aliviado la situación humanitaria de las miles de personas desplazadas del valle del Shabelle. En los últimos meses, la cifra de recién llegados a estos campos improvisados no ha parado de aumentar. En 2017 se desplazaron más de un millón de personas en el país, según Acnur.

La violencia, la suma de violencias, está detrás de este éxodo, pero es la sequía prolongada el principal percutor. Sin lluvias en Deyr (octubre-diciembre) ni en Gu (abril-junio), la agricultura de subsistencia ha desaparecido, el precio de los cereales y el maíz se ha duplicado, el kilo de arroz ronda los cuatro dólares y los rebaños han ido menguando hasta casi desaparecer. El resultado: 6,2 millones de personas, casi la mitad de la población, necesita asistencia humanitaria y 2,7 millones se encuentran en riesgo de hambruna.

Al sur del país, en los dominios de al Shabab en los entornos rurales del valle del Shabelle, los radicales han prohibido la asistencia humanitaria internacional, pero al mismo tiempo han puesto en marcha su propio sistema de ayudas. Son conscientes de que no pueden perder el apoyo de la población local ni permitir que otros clanes canalicen el descontento social. Solo en Hoybo, bastión bucanero de la nueva oleada de piratas que volvió a apoderarse en 2017 de las aguas del golfo de Adén, parece que los yihadistas ven con buenos ojos que sean otros los que impongan su ley. Al igual que durante la gran hambruna de principios de la década, la Piracy Network ha vuelto a imponer el secuestro como negocio frente al hambre. Ahora han diversificado sus actividades: el tráfico de armas, combustible e incluso personas forman parte del moderno engranaje delictivo del cuerno de África.

En 2011, una investigación de Reuters reveló un pacto entre al Shabab y varios líderes piratas por el cual los yihadistas se quedarían con el 20% de los rescates de los piratas y estos, a cambio, podrían fondear los barcos secuestrados en la localidad. Algunos expertos apuntan a un nuevo trato entre los extremistas y los bucaneros de Hoybo. Más que un "acuerdo entre ambas organizaciones", puntualiza Oma S. Mahmood, lo que puede existir es un pacto “basado en alianzas de clanes”. Una entente con la que al Shabab pretende salir victorioso de las mil batallas de Somalia.

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