Familia

Familias pasean por una calle. SARAI RUA

"Durante mucho tiempo a la izquierda se le ha olvidado reivindicar a las familias como ejes vertebradores de la sociedad".

Pasadas ya las semanas de bombardeo atronador de campañas que nos recuerdan el modelo de madre abnegada, sumisa y protectora que nos quieren vender las grandes marcas (las mismas que explotan a las madres trabajadoras de sus plantillas, que les niegan el derecho a la conciliación y que llegan a despedir si exigen poder cuidar a sus vástagos), hace falta que reflexionemos sobre ello de manera sosegada.

No hablo de qué modelo de madre perfecta, impecable y con aire de mantenerse siempre pulcra ante la adversidad. Hablo de otro de los símbolos que nos han arrebatado desde los espectros oscuros de la derecha. La familia. Las madres. Los padres.

Durante mucho tiempo a la izquierda se le ha olvidado reivindicar a las familias como ejes vertebradores de la sociedad. Familias suministradoras de cuidados, de amor, de red en los momentos más jodidos de la crisis. Y se nos ha olvidado quizás porque parece que hablar de familia suena a conservador.

He leído incluso a mujeres con hijos que no se sienten representadas por el término “madre”. No, yo tampoco me siento más mujer o menos mujer por serlo, pero lo soy. Soy mujer y soy madre como conceptos que no tienen que ir concatenados, pero que son complementarios. Y no, la maternidad no es el enamoramiento romántico perpetuo que se nos vende y somos muchas las mujeres que no nos sentimos reconocidas en ese espectro fantasmal. Ser mujer y madre (o padre) es algo que debemos seguir construyendo y reivindicando como seres libres que nos hemos decidido a ello. Que ya sabéis, jugar en esta liga, pertenecer a esta casa, es totalmente voluntario (o debería serlo). Si quieres que te represente el término “madre” debes hacer el ejercicio de apoderarte de él y reconstruirlo. Vivimos en una sociedad en la que es deber cívico deconstruir y reconstruir términos y este es uno de ellos.

Algo que también me llama la atención es que de repente todo el mundo quiere ser single rompedor de cadenas de lo establecido (y no, no hablo de la gente que quiere formar una familia, pero no puede por distintos motivos vinculados siempre a lo económico). Eso de vincularse a un núcleo familiar, reivindicarlo como espacio que construye, suena a las familias de los Kikos con 12 miembros, y, compañeras y compañeros, nada más lejos de la realidad.

Afrontamos el reto demográfico más desgarrador de la historia y quizás el problema social más difícil de solucionar. No, aquí no hay eslogan de campaña, ni planes a cuatro años vista, ni cheques bebé que solucionen que una persona quiera formar una familia. No olvidemos que la familia obtiene muchas formas, no solo aquellas que llevan su modelo familiar carca como bandera.

Yo echo de menos eso, que alguien (que no sean los de la defensa de la familia natural) me nombre, que diga que va a defenderme, a mí como núcleo central de mi familia.

Los discursos se llenan de palabras que en ocasiones parecen vacías, como la conciliación. La conciliación es familia (sí, podemos hablar de la conciliación para otros proyectos vitales, pero en otro momento), es apoyar lo que supone la familia, los vínculos y las necesidades económicas, pero también las emocionales.

Fijaos que nos asustábamos porque Casado de la casa de Hardravaca presentaba como medida estrella crear el famoso “Ministerio de la familia”, nos llevamos las manos a la cabeza porque sabemos qué modelo de familia reivindica, pero es que son los que se han apoderado de este concepto. La izquierda, una vez más, rehúsa dar la vuelta a ciertos discursos por no se sabe muy bien qué motivo.

Nos hemos empeñado en volvernos tan modernos, de manera equivocada, que solo nos acordamos de la familia cuando están por llegar las fechas navideñas, que todo hijo de vecino celebra. Quitémonos los complejos, la lucha se hace desde la familia también, pero poniéndola como eje central del día a día.

A mí me gustan las familias, las que llenan las calles de risas, de infantes de rodillas raspadas y las que deciden no tener prole. Me gustan los restaurantes y los hoteles donde podamos juntarnos con la tribu y se tiren migas de pan. Me gustan las madres con hijos, los padres con hijas, las parejas que deciden crecer de esta manera.

Es necesario que se nos vea, se nos reivindique, se nos tenga en cuenta como especie olvidada.

aportacion la marea

Noelia Ordieres

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