I’m a feminist, pero aún no somos presidentas

Carmen Calvo celebra la victoria del PSOE en las elecciones generales, en la sede de Ferraz. SERGIO PÉREZ / REUTERS

Es indiscutible el papel que ha jugado el feminismo y las mujeres en el freno a la ultraderecha. Pero España sigue teniendo presidentes.

No hay ninguna duda de que Carmen Calvo es feminista. La noche electoral lucía una camiseta en la que, de manera redundante, decía: «Yes. I’m a feminist». Hubiera sido impensable años atrás que las mujeres que salían al balcón de Génova hubieran llevado algún tipo de mensaje similar –ni siquiera el pasado domingo, que por no salir no salieron ni los hombres–. Los datos tras los resultados electorales indican que habrá la mayor representación de mujeres en el Congreso. Y es indiscutible el papel que ha jugado el feminismo y las mujeres en el freno a la ultraderecha. Recordemos: derogar todas las leyes con perspectiva de género, decía el programa de Vox.

Pedro Sánchez también se define como feminista y así ha querido demostrarlo en sus políticas y en su programa electoral. ¿Recuerdan la bronca que le echó a Pablo Casado y a Albert Rivera en el último debate sobre las violaciones y los vientres de alquiler? En la misma izquierda hay quien piensa que fue un gran momento, hay quien piensa que no fueron modos y hay quien piensa que quienes estaban hablando –o discutiendo– por las mujeres, una vez más, eran los candidatos, es decir, los hombres.

La resaca postelectoral, con declaraciones de unos partidos y de otros, ha dejado un titular más o menos destacado: el PSOE intentará gobernar en solitario. Puede que haya que esperar a que se celebren las municipales para saber si lo hace así, con el sí se puede, con el no se puede, con Rivera, no o con Rivera, sí. Pero más allá de todo ello, más allá de los pactos, más allá de los acuerdos y con la satisfacción de que la ultraderecha no tendrá en España la voz que de momento tiene en Andalucía, hoy existen dos certezas: que Pedro Sánchez volverá a ser el presidente de España y que a España no la ha gobernado aún ninguna mujer. Y una más: ayer, 29 de abril, hizo un día precioso y sonaban pajaritos por la calle.

aportacion la marea

Olivia Carballar

PUBLICIDAD
Banner
Comentarios

2 respuestas a “I’m a feminist, pero aún no somos presidentas”

  1. LAS “FEMINISTRAS” LAMEBOTAS DEL IMPERIO.
    «¿Hay que parar a la extrema derecha en España, pero apoyarla en Venezuela? ¿Va a ser el feminismo, como dicen vuestras propagandistas social-liberales, la única fuerza capaz de parar al fascismo, mientras le da su bendición en otros lugares?»
    …creo que merece la pena poner de relieve la crasa contradicción que implica -o debería implicar- decirse feminista y socialista y al mismo tiempo servir a las órdenes del gobierno de la mayor potencia capitalista e imperialista del mundo: Estados Unidos.
    Ya sabemos que esta servidumbre viene, en España, del tiempo de la dictadura, y que es una de esas cosas que no cambiaron con la pantomima de lo que se llamó Transición a la Democracia. Luego, con el PSOE -“OTAN de entrada no”, pero de salida sí- nos vimos involucrados en una Organización criminal que lleva 70 años “interviniendo” militarmente allí donde el Amo yanqui ordena y manda. Un currículum de Horroris Causa, sin duda, del que ahorro detalles.
    …tanto en EEUU como en España, como en Reino Unido y otras alabadas «democracias» burguesas, son dos los partidos que se alternan en los gobiernos, pero actúan como uno sólo en lo básico: la defensa del capitalismo y su expansión global, aunque sea a base de masacres. No soy admiradora de Maduro y albergo algunas críticas al proceso bolivariano. Pero aquí no se trata de Maduro contra Guaidó; se trata del pueblo de Venezuela y su soberanía contra el despotismo de la mayor potencia mundial.
    Ya no hay legalidad internacional, ni tribunales penales internacionales, a los que Trump ha amenazado, como un vulgar gangster, hasta conseguir que no se investiguen los crímenes de EEUU en Afganistán. Ahora las ejecuciones extra-judiciales son la ley. Ahora la única ley internacional es la que dicta Washington, la que dicta el capital y su política imperialista, y a la cual han hecho voto de obediencia nuestras “feministras” y “progresistas” de todo pelaje ¿Va a resultar que este era el “espíritu del 8-M”, de la “revolución violeta”?
    Señora Calvo, quítese la camiseta esa con la que apareció la noche de la victoria electoral. Si va de socialista y de feminista, demuéstrelo con hechos, no con palabras impresas en una prenda que probablemente han confeccionado las mujeres explotadas de Bangladesh, China o Marruecos. Basta de postureos, que hace mucho que sabemos de qué vais.
    http://canarias-semanal.org/art/25140/las-feministras-lamebotas-del-imperio

  2. En este país se sigue andando «patrás» chicas:
    Sólo hay que ver la parafernalia de la semana santa y compararla con lo que le cuesta a la gente salir para defender la educación, la sanidad, la libertad de expresión, cualquier causa justa:
    SEMANA SANTA (Manuel Arredondo Valenzuela)
    Hoy es domingo de Ramos y todo está programado al milímetro: la procesión de la Borriquita con sus palmas y olivos, niños y niñas cantando loores al Señor y damas encopetadas con teja y mantilla y varas de mando de la cofradía respectiva en plata y oro a cual más bonita y lujosa. Y hoy, curiosamente, ha coincidido con el 88 aniversario de la proclamación de aquella frustrada II República Española, que vino sin sangre y desapareció con un millón de muertos y cuarenta años de dictadura y con aún más de 125.000 muertos enterrados en cunetas y tapias de cementerios. Eso sí, ganamos una patria de destino en lo universal, años de hambre y silencio y muerte, y una muy católica y apostólica España con una iglesia que estaba metida hasta en la sopa. Pero eso es historia.
    Y lo que hoy comienza es una semana de exaltación y pavoneo de las distintas cofradías con nombres peregrinos y a cuál de ellas luce el paso más rico, más engalanado y con más participantes. Palios lujosísimos bordados en oro y plata; bandas de música vestidos como si fueran almirantes del imperio alemán; estandartes que parecen filigranas bordadas en plata y oro; riqueza por todos lados y a ver quién lleva el paso más recargado y hortera, y cuál hace más ruido de fanfarrias. Y los penitentes y los hermanos mayores de las distintas cofradías con manteos y varas de mando luciendo el palmito. Y luego las tribunas para aquellos que puedan pagarse el uso de un sitial en la carrera oficial. Toda la calle Ganivet desmantelada para instalar dichas tribunas y el palco de honor que parece que hay la fiesta de la Constitución con la entrada por la puerta de los leones: cuánto lujo y con marquesina para evitar que los magnates puedan evitarse el sol o la lluvia, o la mirada curiosa de los viandantes.
    Y luego las imágenes: vírgenes que lloran lágrimas de perlas; cristos crucificados o subidos a un burro; o coronado de espinas; o colgado en la cruz en una lenta agonía. Menuda religión que nos han dejado: muerte, culpa, desolación.
    ¿Y qué podemos decir de ese enorme crucificado que cada año saca la legión en procesión a los acordes del himno “Soy el novio de la muerte”? Sólo le falta ponerle al cinto dos pistolas (Vox quiere que todos los hombres de bien vayan armados), y que como ya fue, hubiera que ir obligatoriamente a las procesiones o a las misas. ¿Dejarían a Jesús sentarse en la tribuna de las autoridades si apareciera con las espinas y vestido con solo una raída capa? ¿Pero no es España, según la Constitución, un estado aconfesional y laico? ¿Nadie destaca ese aspecto de nuestra Carta magna?
    Se dice que es una tradición antiquísima y que ello conlleva un aumento del turismo y una rentabilidad en divisas. Y llevan razón; es antiquísima, más de dos mil años, ¿pero aquel Jesús de Nazaret le seguía toda esa parafernalia que ahora resaltan? La verdad que no sé qué pensar. ¿Qué diría Jesús si apareciera por una esquina vestido de mendigo y predicando el amor, la tolerancia y la justicia? Yo, francamente, creo que lo volverían a crucificar para que callara y poder seguir otros dos mil años con la tradición. Esa es la iglesia de los pobres.
    Yo no quiero caridad ni misericordia, quiero justicia, libertad y paz. Que todos los seres humanos tengan un mínimo de dignidad vital y puedan desarrollar su vida lo mejor posible. Pero los ricos, sólo quieren su propia riqueza y que encima les alabemos el gusto por estas tradiciones de lujo y derroche de la semana llamada “santa”.
    Al menos descargo mi rabia y mi impotencia ante una sociedad hipócrita y, como dijo Jesús, “sepulcros blanqueados”.
    https://laicismo.org/semana-santa-6/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

PUBLICIDAD
Banner