Sladjana Mijatovic: “Tenemos que dejar de obsesionarnos por poseer cosas”

Sladjana Mijatovic en la Fundació Antoni Tàpies en Barcelona. Foto: Queralt Castillo

Experta en economía circular, Mijatovic desgrana las claves para hacer una transición de una economía lineal basada en el consumo y la acumulación a una economía circular basada en el reciclaje, la reducción y la reutilización de productos.

Si bien el reciclaje ya forma parte de los hábitos de vida de la mayoría de la ciudadanía, no tantas personas son las que conocen exactamente en qué consiste una economía circular: un sistema de aprovechamiento de recursos en el que nada se desperdicia y todo se reutiliza. La economía circular apuesta por potenciar el consumo a largo plazo de los productos, alargarles la vida y volverlos a poner en circulación una vez hayan terminado su ciclo, terminando así con el único ciclo de vida que se les da actualmente dentro del sistema de economía lineal.

Sladjana Mijatovic es una de las principales exponentes de la transición a la economía circular. Insiste en convertir las ciudades en laboratorios de ideas vivientes, conectados entre sí, en los que se aprenda a través del hacer. Apuesta firmemente por incluir a la ciudadanía en la transición a la economía circular y lo tiene claro: en 2050, los Países Bajos, lugar en el que reside, serán totalmente circulares.

Mijatovic, que el pasado viernes visitó Barcelona invitada por la Fundació Catalunya Europa en el marco del ciclo de conversaciones Fem front al canvi climàtic, desgrana para La Marea las claves para hacer una transición de una economía lineal basada en el consumo y la acumulación a una economía circular basada en el reciclaje, la reducción y la reutilización de productos. Habla de tres ejes desde los cuales trabajar: los gobiernos, la ciudadanía y las compañías.

Usted trabaja para conseguir una economía 100% circular en su país, los Países Bajos, frente al modelo de economía lineal que tenemos actualmente. ¿Cómo se produce el cambio, dónde empieza?

Es más barato comprar algo nuevo que repararlo, y eso se ha instaurado en nuestra economía y forma parte de ella. Vivir en una economía lineal significa que, a más consumo, mejor PIB tiene el país y más crece la economía. En el momento en que las compañías dejan de crecer y vender, no son competitivas. Hay que pensar en un nuevo sistema y renovar el modelo sobre el cual trabajan las empresas para ganar en sostenibilidad. Todo empieza con el diseño de los productos. Diseñar productos modulares y cambiar los modelos de negocio. ¿Por qué no ofrezco planes renove para fomentar la reutilización de mis productos? No solo gana el consumidor, sino también la empresa. Deberíamos pensar en este tipo de sistemas y fomentar la cultura del alquiler. ¿Porqué comprar un teléfono móvil si se pudiese alquilar?

¿Usted cree que los ciudadanos estarían dispuestos a aceptar ese cambio de modelo?

El cambio de modelo de consumo implica necesariamente un cambio de cultura: tenemos que dejar de obsesionarnos con poseer cosas. ‘Mi casa, mi coche, mi móvil’. El concepto de alquiler funciona. Además, aquí entran en juego la inclusión y la igualdad. Cambiar el modelo de consumo sería ir a una sociedad más justa.

Pero el modelo de consumo también viene dado por factores como la obsolescencia programada. La gente compra más porque todo se estropea. ¿Qué les decimos a las compañías?

Para las grandes compañías es complicado cambiar el modelo, el sistema. Por eso pienso que hay que apostar por las start ups, por las compañías pequeñas, porque cuando empiezas con algo, puedes diseñarlo todo desde cero y así es más fácil. Para las compañías grandes es más complicado, pero siempre pongo el ejemplo de Philips, que es holandesa. Philips era la proveedora de todo el sistema de iluminación del aeropuerto de Amsterdam y cada cinco años lo cambiaba, porque empezaba a fallar. Cuando se renovó el aeropuerto, les propusieron no solo comprarles los materiales, sino que Philips se encargase del mantenimiento de todo el sistema lumínico; fue entonces cuando Philips empezó a usar materiales que tenían una durabilidad de 15 años. Su incentivo había cambiado de lugar. Es posible cambiar el modelo, pero hay que iniciar una conversación entre la ciudadanía, las administraciones y las compañías.

¿Qué pueden hacer los gobiernos? Más concretamente, ¿qué se puede hacer desde el municipalismo?

En primer lugar, se puede trabajar de dos maneras: de manera democrática o de manera impuesta. Creo que es mejor hacer las cosas democráticamente. Los municipios deben centrarse en objetivos a largo plazo y deben ser claros en la explicación y los instrumentos de los que se disponen para estimular e inspirar a los ciudadanos. En los Países Bajos, en 2050 seremos 100% circulares. No sabemos cómo llegaremos, pero estamos abiertos a la conversación y el experimento. A nivel local, por ejemplo, se puede establecer un sistema de incentivos fiscales para estimular los productos circulares, o se pueden dar subsidios para fomentar proyectos relacionados con la economía circular. Luego está el tema de compartir la información y los datos, que los ayuntamientos tienen pero no las compañías. Por último, hay que sentar a las comunidades en la misma mesa. Como gobierno, puedes y debes liderar esa conversación. A menudo vemos cómo las compañías dialogan entre ellas y ponen sus cartas encima de la mesa, hagamos nosotros lo mismo. Los gobiernos tienen los instrumentos necesarios para estimular el cambio y acelerar los procesos.

¿Y cómo se involucra a la ciudadanía en esos procesos? De hecho, en muchos de esos procesos, no se siente interpelada porque no se la ha dejado formar parte.

Es importante involucrar al ciudadano desde principio, cuando empiezas a desarrollar una idea o un concepto. Ellos tienen que formar parte del diseño de la Ciudad Inteligente. En lugar de poner un sensor, se tiene que preguntar a la ciudadanía: ¿cómo medimos algo en la calle? Y que los vecinos y vecinas lleguen a la conclusión de que se necesitan sensores, hacer que formen parte del diseño, de las ideas. La ciudadanía se tiene que sentir parte de la iniciativa siempre y no se la puede usar como conejillos de indias. Hay gobernantes que creen que eso requiere mucho tiempo y se saltan la parte participativa, hacen el piloto y lo implementan, pero involucrar a los ciudadanos desde el minuto cero es fundamental para conseguir su apoyo. Además, es la mejor manera de hacer publicidad de un proyecto. Cuando la ciudadanía hace suya una idea y le funciona, la comenta y la hace viajar.

Dice que en los Países Bajos habrá una economía 100% circular en 2050. ¿Nos da algún ejemplo de los proyectos que se están llevando a cabo para contribuir a ese objetivo?

Trabajamos en ello, intentando averiguar qué elementos del sistema nos sirven y cuáles no. Necesitamos, sobre todo, seguir investigando. Uno de los proyectos que ha funcionado ha sido liderado por el Instituto AMS. Se ha estado recolectando datos sobre las casas de la ciudad para identificar aquellas que eran demasiado viejas como para ser energéticamente eficientes. A continuación se hizo un estudio para determinar de qué materiales estaban hechas y saber qué se podía reutilizar después de la demolición. Se contactó con empresas que podían estar interesadas en esos escombros para reciclaje y se usaron en el mismo barrio. Esto es un ejemplo de una iniciativa 100% circular.

En el ámbito de la construcción, por ejemplo, que es donde trabajo ahora, estamos llevando a cabo un proyecto en el que damos un cheque de 25.000 euros a las familias que amueblen su casa totalmente con materiales reciclados y no compran nada nuevo. Al principio la gente se mostró reacia porque no quería meter en su casa material usado, pero luego se dieron cuenta de que no querían perder el dinero. Empezaron a ir a fábricas y a descubrir ventanas maravillosas, escaleras industriales vintage y vieron que no era complicado. Se les ayudó con el asesoramiento de diferentes arquitectos y ahora todas las casas son diferentes y tienen su propia personalidad. Los vecinos están contentísimos.

¿Influye si gobierna la izquierda o la derecha, para llevar a cabo este tipo de proyectos?

Sin tener en cuenta a los negacionistas, a los partidos de derecha se les convence haciéndoles ver que no se trata tan solo de un tema de sostenibilidad, que la economía circular no está centrada en un cambio económico sino en el fomento de nuevos modelos de negocio. Eso hace que sientan curiosidad: se dan cuenta de que con la sostenibilidad también se puede ganar dinero y de ahí empiezan a creer en los proyectos. A la derecha no le interesa la parte sociológica o ecológica, sino la económica. Y no hay nada de malo en ello, es otra manera de verlo.

¿Cómo se puede hacer una transición a una economía circular mundial, teniendo en cuenta que hay países en los que hay poca cultura del reciclaje y es ahora cuando empieza a haber consciencia ecológica?

Hay muchos países que no han pensado en la sostenibilidad porque nosotros no hemos dejado que pensaran en ella, porque interesaba que fuese así. Pero ahora el ciudadano cada vez se hace más preguntas, escogemos productos más sostenibles y estos países se están levantando. Aún no tienen las redes que hay en otros países, pero pronto las conseguirán. Creo que instituciones como la Fundación Ellen MacArthur o el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) son muy útiles para explorar las posibilidades de estos países en desarrollo, sus fortalezas y sus debilidades.

En una charla de hace unos meses comentaba que el éxito de la implantación de una economía circular también dependerá, en gran medida, de la comunicación entre la población. En un mundo en el que cada vez somos más individualistas, ¿cómo se consigue eso?

Es cierto que avanzamos en un camino individualista, con la tecnología como protagonista de nuestras vidas, pero también es cierto que la tecnología nos puede conectar entre nosotros. En muchas ciudades tenemos plataformas de decisión.

Como Decidim, en Barcelona.

Exacto. A veces los vecinos se encuentran en estas plataformas digitales y se hace el camino a la inversa, de lo digital se va a lo físico. Todo empieza con los front runners, con los curiosos y con los que tienen urgencia en solucionar un problema. Estos front runners suelen tomar la iniciativa y son los que abren camino en la comunidad. Cuando triunfan, todo el mundo quiere lo que ellos han conseguido. Esto es una manera de construir comunidad. Al principio tienes cuatro vecinos que cogen un solar y lo convierten en un huerto urbano. Cuando ves que queda bonito, quieres uno igual en tu barrio. Pero para eso necesitamos a los front runners.

¿Y cómo se incluye a la gente mayor en todos estos procesos con una base fuertemente digital?

La gente más mayor es precisamente la que tiene las mejores ideas, porque cuando eran jóvenes vivían en el sistema que nosotros queremos implantar: era normal reparar cosas, reciclar, revender los productos que no se usaban, hacer compost, no tirar la comida. Preguntarle a esta gente e incluirlos en la conversación es esencial. Tenemos la oportunidad de usar las experiencias del pasado y hacerlas dialogar con las nuevas tecnologías.  Y es en eso en lo que estamos trabajando.

aportacion la marea

Queralt Castillo Cerezuela

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Comentarios

2 respuestas a “Sladjana Mijatovic: “Tenemos que dejar de obsesionarnos por poseer cosas””

  1. E-MAIL DE UN GORRION:
    Somos una de las especies más ligadas al ser humano y a pesar de éllo (o justo por éllo) estamos sufriendo un serio declive.
    Sólo en España hoy hay 30 millones de gorriones menos que hace una década.
    Nos sentimos en la obligación de preveniros: nuestro declive es una señal de que la sociedad en su conjunto está en riesgo. Palabra de gorrión. Siempre nos hemos adaptado a vuestra forma de vida pero es que ahora el entorno se ha hecho invivible: sufrimos el abandono del campo y el deterioro de las ciudades.

  2. Hay que vivir de otra manera, sin ese afán por poseer o consumir. Aquí hay un texto que plantea unas comunidades feministas, ecologistas, autosuficientes, autogestionadas y laicas. manifiestoisterico/wordpress.com

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